Popea

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El martes 15 me levanté temprano para ir a un posado en Córdoba, en un viaje de ida y vuelta en el mismo día con el Ave. Quién me iba a decir, adormilada en el metro, que ese mismo día haría el cabra en una ciudad que estaba casi a 400 km de la capital y volvería al final del día para cerrar los ojos en mi nidito de Malsaña. El culpable de esta locura fue el fotógrafo Antonio José Morales Villegas, para quien ya trabajé como modelo el julio pasado y a quien debo fotos como estas:

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Nuestra relación comenzó como algo meramente laboral, pero le estoy empezando a coger un sospechoso cariño. Le aprecio como persona y como un compañero con la cabeza muy bien amueblada. Si tenéis un rato, os recomiendo que os paséis por su blog, “El cazador del tiempo”.

http://eltiodelacamara.blogspot.com.es/

Si hay algo que realmente me gusta de trabajar con él, es su gran capacidad para dirigir a la modelo. No sólo es capaz de dirigirte sin tocarte un pelo (para lo que se necesita un gran registro verbal), sino que es de los pocos fotógrafos para los que he posado que tiene las ideas muy claras de lo que quiere. En ese aspecto, un posado con él es muy relajado. Lo comento porque la gran mayoría de los fotógrafos que me contratan como modelo no tienen ni idea de con qué proyecto trabajar, sólo quieren mi físico, más allá de eso no saben muy bien qué hacer… o debería corregirme: quieren mi físico y mis ideas. Esas sesiones son aquellas en las que me devano los sesos por poner mil poses o, en casos extremos, me esfuerzo lo indecible por hacerles la foto y ponérsela delante para que aprieten el botón. Lo primero no me importa, creo que casi lo llevo en la sangre después de posar tantas y tantas veces para mí misma, pero es agotador. Claro, que todo tiene un límite, una cosa es poner diferentes poses sin que nadie te dirija y otra montar y componer la foto y encima posar en ella. Ya he hecho dos veces esto y no lo volveré a hacer en la vida, jamás. Por muchos motivos, tantos que casi dan para un post nuevo.

Así pues, si alguien hace las cosas bien, lo destaco: Antonio es un gran profesional y, aunque sus sesiones sean físicamente muy duras, los resultados son una preciosidad. En mi caso han sido dos sesiones de integración en la naturaleza, hermanando mi piel desnuda con el agua, la tierra, el barro, el musgo, las rocas.  A veces, mientras posaba y me estaba muy quietecita, trataba de olvidarme de todo, obviar que estaba en una sesión y fusionaba todos mis poros con la materia que los rodeaba. Respiraba hondo, olía la naturaleza en su estado más puro, cercano y salvaje y relajaba el rostro: era agua, era tierra, era barro, era musgo, era una roca.

Quiero decir que mi Popea no habría nacido sin él, sin todo el esfuerzo que Antonio realiza para que fotógrafos y modelos vayan a Córdoba cada vez que lo propone. Y es que Antonio tiene una capacidad de convocatoria que he visto en pocos fotógrafos. Me he ido dando cuenta con el tiempo: a su pueblo han ido a dar talleres fotógrafos de enorme talento… de hecho, hoy está maquinando nada más y nada menos que con el Niño de las luces.

El martes pasado vino a recogerme a la estación con Manolo, que resultó ser un gran ayudante… ¡y gran fotógrafo! Yo no digo nada, pero muchos grandes fotógrafos han empezado como ayudantes, ¿un ejemplo? Mi adorada Francesca Woodman. A continuación os dejo un par de fotos de Manuel y su 500px, a mí me ha sorprendido mucho su trabajo. Nos llevó y nos trajo en coche dos veces al mismo lugar, ¿cuál? Los baños de Popea, un rinconcito que se encuentra a un cuarto de hora de Córdoba y que es totalmente idílico y paradisiaco.

http://500px.com/manuesr78

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¿De dónde le viene el nombre a este lugar de estructura Kárstica? Pues la toponimia da muchas vueltas. El poeta Pablo García de Baena cuenta que una vez, paseando con Juan Bernier y Ricardo Molina, este último, al ver a unas muchachas bañándose en una poza, comentó que le recordaban a Popea en sus baños. A las chicas pareció gustarles el comentario y lo difundieron entre sus amigos y familiares, de tal manera que el lugar ha pasado a tener este nombre en referencia a Popea. El único defecto que saco del lugar (y no es un defecto cualquiera) es la enorme cantidad de basura que había por todas partes, incluso en el agua: latas, botellas de plástico, de cristal, bolsas, compresas… Yo sólo  les digo una cosa a los cerdos hijos de mal que están jodiendo lo más bello de este planeta: sois una panda de asquerosos que deberíais estar en la cárcel. O siendo más constructiva, por cada lata que tiráis al suelo os dejaba todos los años que cuesta su desintegración limpiando con la lengua el suelo que pisáis, ese suelo que desde el primer momento que lo habéis contaminado, no os merecéis.

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Volviendo a Popea, ¿quién fue esta mujer? ¿Por qué me inspiró a la hora de idear el universo de esta foto? Existe una frase hecha que dice “Estar como Popea”, que viene a expresar un grado máximo de bienestar. Esto hace alusión a la vida que llevaba esta mujer, que llegó a ser la esposa (y víctima) de Nerón.

Nació en Roma en el 30 d.C y tras un par de matrimonios, consiguió ser amante de Nerón a los 28 años. Lo que nos ha llegado sobre ella resalta su gran coquetería y de ahí la anécdota más famosa que la define, y es que tenía un establo con 500 burras, de las que obtenía todos los días leche para darse un baño y así conservar su juventud. Además se dice que solo salía a la calle con una mascarilla de cera para proteger su rostro del aire y del sol.

Las referencias que se tienen de ella como persona no son muy halagadoras, pero yo lo atribuiría a dos cosas. Por un lado, la historia siempre ha sido profundamente misógina. Las mujeres eran malas, adúlteras, lascivas, diablos. Así mismo a Popea nos la describen como una mujer dura, fría e injusta, que llegó incluso a forzar el suicidio de Séneca. También se dice de ella que en sus matrimonios sólo hubo afán de poder y riquezas. En realidad, no sé si créermelo todo. Sólo voy a creerme la mitad, porque, efectivamente, personas malas existen, pero ya sería menos. Por otro lado, hay que señalar un dato importante: quienes escribieron sobre Popea, eran claros opositores al régimen de Nerón: Suetonio, Cornelio Tácito y Dión Casio. Tácito fue quizá el menos duro, pero aun así no fue del todo condescendiente con ella: Residía en la ciudad de Roma una tal Sabina Popea. Esta mujer poseía todas las virtudes salvo un alma honesta. Afectaba recato, pero era de costumbres lascivas; rara vez aparecía en público, y siempre con el rostro parcialmente velado, para no satisfacer las miradas o porque le convenía”. (An., XIII, 45)*

*Estoy citando sus “Anales”, traducidos en Gredos por quien fue Premio Nacional de traducción y profesor mío de Latín, José Luis Moralejo.

Siguiendo con Tácito, en su versión más benevolente de Popea, destaca su belleza, heredada de su madre, sus riquezas familiares, su conversación brillante y su cultivada inteligencia. También se dice que no distinguía entre maridos y amantes o como explica Tácito, “trasladaba su pasión adonde se le mostraba la utilidad”.

El de Popea fue un tiempo marcado por las conspiraciones y los asesinatos más atroces, tan frecuentes en los reinados de Tiberio, Calígula, Claudio, Otón y, por supuesto Nerón, cuyo currículum mujeriego y psicópata incluyó el canibalismo y las ansias matricidas respecto a Agripina. Por supuesto, los historiadores sitúan la cabecita de Popea detrás de este asesinato. Pero a lo que íba: efectivamente, Nerón no era un angelito y tampoco es que fuera realmente difícil sentir ciertas reticencias ante este emperador y que muchos intelectuales escribieran contra él y contra quienes le rodeaban. Es así como se puede justificar el perfil demoledor que en ocasiones realiza Tácito de Popea: la joven patricia, una vez introducida en el palacio imperial, se habría valido de las estratagemas para seducir al emperador, quien, ya caído en sus redes, tuvo que sufrir los desplantes y remilgos de la amante, sólo calmada cuando al fin Nerón repudió a su mujer Octavia, acusándola de esterilidad, y se casó con Popea. Suetonio cuenta la historia de ese amor de modo más neutro… o al menos más prudente: “A los once días de haberse divorciado de Octavia, tomó por esposa a Popea y una vez casado con ella la amó como a ninguna otra mujer; pero con todo la mató también a ella de una patada, porque, un día que regresaba tarde de una carrera de coches, Popea, que se hallaba enferma y encinta, le cubrió de improperios. Tuvo de ella una hija, Claudia Augusta, pero la perdió cuando aún estaba en pañales.” (cita de la ‘Vida’ de Suetonio por la traducción de Mariano Bassols de Climent en Alma Mater).

¿Cómo murió esta diva? De una patada en el vientre por parte de Nerón cuando estaba embarazada. En la actualidad muchos creen que al tener tantas referencias negativas de la pareja, su muerte puede haberse exagerado y Popea sólo falleció tras un aborto y una posterior infección. Sin embargo, y volviendo a Tácito, éste llega a ser paradójicamente benevolente con el emperador, pues admite que la patada mortal fue casi como un accidente,  “aunque tal es la versión de algunos historiadores, dictada más por el encono que por la convicción; de hecho Nerón estaba ansioso de hijos y prendado de amor por su esposa”.

Sea lo que fuere, es quizá uno de los casos históricos de violencia de género (y perdonen el anacronismo) más sonados.

Lo que hizo Nerón tras su muerte da para otro post, porque por lo visto se arrepintió tanto, que le hizo unos espléndidos funerales públicos, hizo que entrara en el panteón de los dioses romanos e incluso llegó a castrar a un esclavo al que llamaba “Mi Popeíta”, debido al gran parecido a su fallecida esposa.

¿Cómo realicé esta foto tan sencilla y que ya en Flickr, besada por el explorer, tiene más de 28.000 visitas? La hice en un escaso cuarto de hora. Obviamente, aquel día estaba dedicado a Antonio y era él quien puso todos los medios para que yo estuviera allí para trabajar en su proyecto, por lo que desde aquí le doy las gracias por haberme dejado trapichear un ratito. El lugar era muy tentador… ¡y además ya estaba metida en el agua! Había que aprovechar. Todo hay que decirlo: aunque estoy segura de que esta es la última sesión acuática en muchos meses, el agua no estaba ni por asomo tan fría como la de La Pedriza, ¿os acordáis de mi Aristócrata suicida?

Por cierto, quisiera decir que aunque esta foto tiene unos colores muy parecidos a la Ofelia de Millais y la protagonista también está en el agua, no tiene ni por asomo el espíritu de ese cuadro, que cuando hago un trabajo lúgubre lo digo sin problemas. Mi popea no está muerta, ¡está llena de vida!.

Aquí os dejo un par de fotillos de mi breve making-of que nos hizo Manolo… y sí, no hace falta que me digáis que tengo cara de mal genio, ya me han dicho varias veces que cuando dirigo en mis sesiones me convierto en una dictadora, incluso ya hay alguno que otro que de fondo hace el sonido del rastallar de un látigo.

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Y aquí un par de making de mi sesión, que me gustaron mucho. Como podéis ver, yo me las arreglo con cualquier cosa. La tela utilizada en esta pequeña sesión es nada más y nada menos que una cortina. Me la encontré en la basura hace unos años y la verdad es que está dando mucho de sí en mis fotos. Ya sabéis que a mí me encanta utilizar telas en mis imágenes. La verdad es que no son algo especialmente barato cuando se compra por muchos metros, así que si la calle me regala una cortina, yo se la acepto. Hasta los pliegues de los enganches en la cintura me gustan.

Foto making

Imagen making 1

Normalmente me siento muy insegura cuando le pido a alguien hacer de trípode humano. Alguien que no sea Guille, que se conoce todos mis encuadres, que ya lleva un gran bagaje de producciones conmigo. Pero lo cierto es que Antonio, con cuatro instrucciones que le di, lo hizo perfecto, quedé contentísima. Tenía un poco de miedo de que saliera mal, de que no me hubiera entendido, siempre es algo que me intranquiliza mucho cuando no disparo yo misma, pero lo cierto es que estoy más que satisfecha con mi Antonio-trípode. Mirad qué foto le saqué desde el agua (sí, yo siempre tan temeraria con mi Pentax x-k).

Antonio José

Llegué a casa hecha polvo, entre otras cosas, porque aquí donde me veis, soy muy débil físicamente, tengo muy poco aguante. Basta que un día me dé más leña de lo normal para que al final del día no me tenga en pie. Y así pasó que a las 22:00 de la noche, mientras iba en la línea 1 del metro, no consiguí viajar de pie y me senté en el suelo negro de goma (no había asientos libres). Apoyé la cabeza en mi macuto y me quedé casi dormida. Debo de dar mucha penita a veces cuando salgo de sesiones duras, porque una vez, tras una sesión con la vietnamita Viet-Ha Tran, una señora en el metro me vio tan mal que me cedió el asiento.

Ya en casa cené como pude, me reí mientras Guille me contaba que Menta, en protesta por mi ausencia, se había comido una vela roja que había ido cagando durante el día. También me lamí las heridas. Posar en la naturaleza no es fácil, pero no me digáis que unos cuantos arañazos, ampollas y cortes, no merecen dar cabida al arte. Yo al menos no siento de manera tan plena mi cuerpo ni lo que me rodea que en una sesión de fotos como la que me hizo Antonio José Morales Villegas. Por cierto, ahora que me doy cuenta, su nombre completo es un endecasílabo. Sólo así puedo explicarme tanta poesía.

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Lorena, eléctrica

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Hace tiempo que tenía ganas de dedicarle una foto a la escritura de la luz, a las fuerzas motoras que son la base del oficio al que he decidido dedicarme aunque me muera de hambre. Quería realizar una foto a la mezcla de todos los colores, a ese rayo de luz blanca que moldea y da forma a mis pequeños universos, a esa sábana que recoge, como en un paño inmaculado, a mis hijos todavía berreantes. Aunque no lo parezca, esta es una imagen que trata la metafotografía… incluso en ella está inserta la historia de la luz en mis fotos. En un inicio, la fotografía de interiores, con iluminación con flexos, ¿quién no ha iluminado (o sigue iluminando) una foto con flexos o pequeñas lámparas? Son los primeros focos como un pilar de libros es nuestro primer trípode. Luego está la luz natural, a quien sirvo en la actualidad. Ni iluminación artificial ni reflectores, ni nada, sólo la luz que al día se le antoje proporcionarme. No obstante, lo reconozco, me pica la curiosidad por saber cómo cambiarían mis fotos con un pequeño reflector… o hablando de los orígenes, quizá debería empezar por una cartulina forrada de papel de aluminio.

Después de estar planeando esta foto durante un mes, cada vez que miraba el tiempo, anunciaba lluvia. Temiendo un poco por la modelo (que no por mí), me dije que esa foto se hacía lloviera o no, aunque tuviera que realizar la sesión paraguas en mano. Fotografiar bajo la lluvia es todavía un misterio para mí, pero me pica enormemente la curiosidad.

El sábado en Ávila nos despertó con lluvias alternantes, cielos cargados y un viento fortísimo. Por momentos llegué a pensar que si me animaba a colgar las bombillas en aquella encina muerta que tanto  me había seducido, chocarían entre sí y se romperían. Era muy perturbador, después de haber anunciado y prometido esta foto a tanta gente, después de habérmela prometido a mí misma, no podía volver a Madrid con las manos vacías. Y me puse a pensar frenéticamente en otra idea… muy chula, por cierto, pero afortunadamente, mi idea inicial no se fue a pique.

¿Cómo comencé a moverme con este proyecto? Primero necesitaba bombillas. Bombillas fundidas, para ser más exactos. Comprarlas era una puñetera locura, además de que las tradicionales, esas redonditas con forma de gota o campana, ya apenas se venden. No obstante, en el hipotético caso de que hubiera presupuesto ¿qué hacía yo con las 100 bombillas que quería conseguir? “Pídelas por el barrio”, sugirió Guille. Así fue comencé mi tour por Malasaña, pidiendo comercio por comercio bombillas fundidas:

– ¡Hola! Estoy recogiendo bombillas fundidas…

– ¿Bombillas fundidas?

– … sí… para un proyecto fotográfico, ¿no tendréis por casualidad alguna, ¿no?

Es curioso, pero Malasaña es como una pequeña comunidad porque, salvo excepciones, son vecinos realmente fraternarles, amables y sonrientes.Las respuestas eran las siguientes, según iba ampliando la periferia del barrio y me iba alejando de él.

a) ¡Pues creo que tengo dos que se fundieron el otro día! Voy a ver: y volvían triunfantes, tras rebuscar en la basura, con una o dos bombillas en la mano. ¡Pues muchas gracias! Y me iba tan contenta con mi trofeo.

b) “Pues no, de momento no se me ha fundido ninguna, pero si de aquí al jueves 26 se me funde alguna, nos acordamos de ti y te la guardamos. Pues muchas gracias igualmente 🙂

c) “¿Que quieres esa que está ahí?” Bueno, pásate mañana, que ya te la bajaremos. Y al día siguiente volvía a estar allí. Pero no la habían bajado. Estos locales, que en un inicio no quisieron quitar la bombilla, nunca las quitaron, aunque yo me pasara por allí todos los puñeteros días, en plan plasta. Ruego que se acuerden de mí cuando un día las desenrrosquen y las tiren a la basura, en ese cubo serán muy útiles.

d) “Uhm… ¿y para qué quieres tú las bombillas?” Y me miraban acusadoramente, como si fuera una contrabandista o algo por el estilo.

Casi todos los comercios aportaron entre una y seis bombillas, pero el premio se lo lleva la tienda de bombillas que hay en la calle Manuela Malasaña, que aportaron nada más y nada menos que 97 bombillas.

¿Quién es la modelo? Lorena Mateo López, nada más y nada menos que la hermana de Guille. Deben de llevar la belleza en los genes, porque yo les veo muy guapos a ambos. En la foto principal no se aprecia mucho, pero os adjunto una en la que se ve su rostro más de cerca.

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Lorena vive en la actualidad en Chile, como esas miles de estrellas que nuestro país, cual agujero negro atrofiado, ha ido escupiendo últimamente. Mientras escribo esto, la madre de Lorena me llama llorosa desde el aeropuerto, “Acabamos de dejar a la niña…”.

Los padres de Guille, en su casita de Ávila, le hicieron una fiesta de despedida. No sé si es que yo no soy de grandes multitudes, pero hubo un momento, en el que estaba sentada en un escalón, sola y taciturna, con mi vaso de sangría en una mano y mi delicioso bocadillo de pimientos y tortilla de patata en la otra, ¿Por qué estábamos haciendo esa fiesta? ¿Por qué se va Lorena? Lorena se va porque este país de mierda no le ofrece las oportunidades acordes a su valía y formación, porque este país está plagado hasta las entrañas de ladrones, de cínicos, de corruptos, de jetas, de timadores, de paletos, o lo que últimamente viene a ser lo mismo, de banqueros, políticos y grandes empresarios, oportunistas hijos del mal a los que dan ganas de acercarse y ciscarse en su puta madre. Como mínimo.

Lorena, mientras redacto ahora mismo estas palabras, me ha escrito triste que nos quiere, que nos echa de menos y que ya no puede escribir más, que le quedan 5 minutos de internet, que en una hora se sube al avión. Sube a ese maldito avión y nos deja a todos con los corazones tan apagados como las bombillas fundidas que conseguí para esta foto. Así pues, mientras comía en medio del tumulto, en medio de aquella enorme fiesta, entre tantísima gente, me preguntaba por qué narices estábamos de jarana y no salíamos a la calle en barricadas a tirar piedras a los escaparates, a quemar cajeros, contenedores y coches, a levantar adoquines, a pegar patadas en las puertas de las sedes políticas, vociferando su nombre, “¡LORENAAAAAA!” como perfecto grito de guerra.

Lorena. Hay tantas Lorenas…

Mientras pensaba todo esto, terminé de comer mi bocadillo, piqué ensaladilla rusa, tal vez boquerones en vinagre y no sin humor me disculpé ante los amigos de mi modelo: “Lo lamento, chicos, pero os la secuestro un rato antes de que me la emborrachéis, que me la llevo a afotar”.

Nos dirigimos hacia nuestra encina, ya engalanada de tintineantes bombillas. Nos habíamos tirado toda la mañana subidos a una escalera colgando las bombillas. Yo las colgaba en lugares estratégicos y un equipo alternante con Guille a la cabeza les ataba hilo y nylon en pequeños nuditos. Hablo de lugares estratégicos porque hacía un viento increíble. No hubo una racha fuerte en la que no pensara que iban a chocar entre sí y romperse. Las colgaba a diferentes alturas y así fue cómo a lo sumo se nos rompieron unas tres o cuatro bombillas.

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Eduardo, Miguel, Leticia y su chico, Franki o los propios hermanos Mateo López: mi equipo ampliado, la mayoría gente que no conozco y que se ofreció desinteresadamente a ayudar. Gracias, miles de gracias a todos, sin vosotros habríamos tardo quizá un par de horas más en montarlo todo. Pero sobre todo gracias a mi Guille. A veces hacemos tan buen equipo que pienso que deberíamos ponernos un nombre. Le preguntamos a Milka y a Menta que cuál veían más oportuno y nos sugirieron algunos como “Pelota”, “Caca” o “Premio”. No volveremos a preguntarles más.

El estilismo de esta foto me fascina y se lo debo a mi buena amiga y fotógrafa Merche Clover, que tiene un armario de vértigo. Creo que ya van tres sesiones en las que recurro a ella para el vestuario, tanto como fotógrafa como modelo. Lorena llevaba una falda con tiras de tul blanco, un vestidito blanco de imitación de corsé adquirido en Japón y un turbante tipo años 20. Merche ya ha usado la falda para algunas de sus sesiones y entre esas fotos se encuentra esta, que es una de sus imágenes más conocidas. A mí al menos me tiene enamorada.

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¿Y Maquillaje? No hizo ni falta, Lorena tiene un cutis increíble, juro no haberle retocado para nada, ni una mancha, ni granitos, ni ojeras. La tuvimos lista en 10 minutos.

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Bombillas, modelo, cámara, ¡ACCIÓN!

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Sí, ya sé que es una injusticia, yo bien abrigadita y ella en tirantes… pero Lorena vino a la sesión en manga corta. Ella dice que en Chile ha pasado mucho frío, pero yo apuesto por la sangría 😛

Esta foto casi se convierte en principal si no fuera porque la que he escogido como definitiva era la que estaba persiguiendo durante meses:

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Bonita y delicada, ¿verdad? Es que Lorena, para ser su primer posado, me atrevería a decir que tiene madera para esto.

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Como podéis ver, las perritas siempre vienen conmigo a fotografiar y esta sesión le daban un toque muy dulce. Fotografiar con animales es muy divertido, salen sesiones muy bonitas, pero no exentas de gritos tipo: “Mentaaaaa, ¡quita de ahíiii! O sales en la foto posando como una señorita o no sales, que no pega nada que salgas pastando como una cabra… ¿Menta? ¡Que salgas de ahíii! ¡Guille! ¡Quita a tu perra del plano!”. Nosotros es que decimos medio en broma medio en serio que Milka es mía y que Menta es de Guille. Razones las hay, todo el mundo dice que Milka se parece a mí y Menta a Guille… pero es que además Menta tiene una papitis aguda que no puede con ella… sospecho que es porque no la regaña y yo sí… vaya, que yo las educo y Guille sólo las utiliza para darles besos, así luego le quieren tantísimo.

A decir verdad, nos brindaron momentos graciosísimos, ojalá os pudiera poner todas las fotos sin aburriros. Hay más fotos de Milka, pero porque ella, al parecerse a su madre, el posado le gusta y se le da bien.

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De hecho, se siente tan cómoda en una sesión, que la pillamos en el tul sobadísima.

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Me encantan los animalicos y el tul, hacen un conjunto adorable. Ahora mismo estoy trabajando para mi próxima foto una falda de tul negro y la dejo en el sofá. Pues cada vez que me despisto, una de las dos se sube a dormir encima y no puedo regañarlas, las hace tan tiernas que muero de HAMOR.

Y esta foto me gusta mucho, me transmite tanta paz y ternura que la tengo ahora de fondo de pantalla.

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No sólo mis perritas estuvieron merodeando por la sesión, también su amiga Chula, el perro-hiena que tiene los ojos más extraños y hermosos que haya visto en un perro. Los tiene mitad azules, mitad color miel. Pero no uno miel y otro azul, tiene como los ojos partidos, cada iris mitad azul, mital color miel y marrón.

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¿Su dueña? Esta señorita de aquí, Carla:

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Le gustó muchísimo esta bombilla. Era quizá de las más bonitas, como si fuera una burbuja de cristal. Creo que al final se la llevó. Carla no es muy charlatana, pero fue una presencia constante durante la sesión. Creo que el escenario que teníamos montado llamaría la atención de cualquier niño, no sólo dispuesto a soñar, sino también dispuesto a vivir lo que más se le parezca a un sueño.

Centrándome en los detalles, no quiero dejar de enseñaros las múltiples caras de la encina muerta. Puede que ya no tuviera vida, pero a mí no se me ocurre mejor manera de hacerla renacer que prolongarla en una foto o adornarla con bombillas, darles un uso más allá de la condición de tronco muerto. Además, fijáos en las caras y bocas que le encontramos, ¿no son tan fascinantes como perturbadoras?

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La sesión fue muy bella, de hecho, la hice bajo uno de los sonidos que más me gustan: el de los truenos. Se acercaba una tormenta de la leche al fondo, justo a la izquierda de la foto. Y menos mal que decidí hacer la foto en el momento oportuno, durante el tiempo oportuno, porque a los minutos de terminar cayó una tromba de agua alucinante… como las que a mí me gustan. Aquí tenéis a una de las mayores admiradoras de la lluvia y las tormentas. Al acabar, el cielo seguía muy cargado, pero nos dejó este tenue arcoiris.

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Al acabar la tormenta, el cielo volvía a estar más o menos despejado, así que decidimos ir a quitar nuestras bombillas y hacer un Stop Motion… pero a las diez fotos, empezó a llover de nuevo. No pudimos hacer todas las fotos hasta el día siguiente, con un pequeño accidente incluido. Guille quitaba bombilla y yo disparaba una foto. Pues en una de estas, una de las patas de las escaleras se dobló y mi Guille se me fue al suelo, con unas cuantas bombillas incluidas. Se hizo algunos cortes y heridas, pero con un poco de amore y cuidados, pudimos seguir hasta al final. Cuando consigamos montar el Stop motion os lo enseñaré, será el primero y el más cutre, pero para ensayar no está mal ^^

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Realizar esta foto no ha sido fácil. Desde la “instalación” que ha supuesto, hasta el largo tiempo y esfuerzo invertido. Además el día anterior incluyó una llamada desesperada a mi Santa Madre (como si ella, a cientos de kilómetros de distancia, pudiera solucionar algo): pensé que no podría hacer esta foto, que no me dejaría el mal tiempo, que se romperían las bombillas, incluso temí que yo sola no tuviera tiempo de montarlo todo… pero los planetas y karma incluido se alinearon y aquí os puedo enseñar esta sesión, de final feliz.

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Gracias, Lorena, por unirte a esta otra aventura, por enriquecer un poco más mi universo, por ayudarme a parir esta foto de potentes pulmones, por dedicarme un poquito de tu tiempo cuando justo ese día estaba dedicado a ti. Te he tenido muy cerca, a golpe de obturador, te tengo cerca, en mi mundo, en mis fotos y, a pesar de todo, te lo pido muy seriamente: Vuelve, Lorena, siempre eléctrica. Tu luz ilumina muchas vidas.

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