Mi año 2018 o el ejercicio de relatar lo que sostiene mi supervivencia

Al completo (pequeña)

Como manda la tradición, me pongo  a escribir cómo me ha ido el año. Pero esta vez voy a marcarme un Mr. Wonderful y sólo voy a quedarme con lo bueno. Voy a hacer el ejercicio de escribir sólo lo positivo, que es lo que aporta y sana. O mejor dicho, es lo que necesito ahora mismo para mirar hacia delante. Quisiera dar palabras a los asideros que me han mantenido viva durante el año 2018. Me han destrozado tanto, me han traicionado, me han hecho tanto daño, he alcanzado unos niveles de desesperación, rabia y agotamiento tan altos, que cuando me he puesto a escribir cosas buenas sentía que algo se me rompía por dentro. Una incomodidad anómala. Es la patada de lo bello al sufrimiento ya asentado, a la normalización del dolor. Me duele ese desplazamiento. Pero va a ser así. Pensar en lo bonito es un manguerazo a las entrañas, arranca costras, que les gusta mucho instalarse, coloca la medalla de la victoria hacia lo que se debe mirar, aunque sea de vez en cuando. Para mí este ejercicio es lo que oscila entra la supervivencia o la masacre.

Be running at the building (pequeña)

Nunca es la hora del sueño (pequeña)

antiresiliencia (pequeña)

Este año nevó en Madrid. Vale, fueron sólo un par de días. Pero pude ver desde aquella buhardilla, que ya ha quedado en el pasado, los tejados blancos en Madrid. También escuché el repiquetear el granizo como nunca en mi vida. Nunca se me olvidarán aquellas piedras de hielo golpeando contras las ventanas del tejado, como si el cielo gritara piedras. Entendí su lenguaje, albergué en mi pecho su furia, porque yo a los cielos los entiendo. También ha sido un año de lluvias en Madrid y escuchar llover me riega el alma. Cielos, truenos, tormenta de rayos, nevadas, aguaceros, niebla: mis hermanes han venido a visitarme este año.

DSC_0412

Vistas desde mi casa (pequeña)

Visitando casas nos tiramos buena parte del año. Envolvíamos a Luz en su pañuelo de porteo y con ella al pecho, nos recorrimos Carabanchel, el suroeste de Madrid y Vallekas en busca de una casa para comprar. Parecía imposible, pero hemos encontrado en Miguel Hernández una guarida. Somos conscientes de que esto es un privilegio que casi ninguna de nuestras amistades tiene: un hogar. El derecho a una vivienda digna a día de hoy es una utopía para la mayor parte de mi generación. Para nosotros ya es una realidad y es como cuando pensaba que nunca nadie se enamoraría de mí. Pues nunca pensé que fuera a tener nunca una casa. Y la tengo. Pintada de blanco, orientada al sur. Duermo en una cama grande de sábanas suaves y grises, escribo en un escritorio del s.XIX restaurado, tengo dos terrazas y cinco espejos grandes. Y la luz. Amigos, qué luz tan perfecta entra para hacer fotos. En invierno, la niebla nos visita y parece que me he comprado un piso entre las nubes.

Emma 20 años (pequeña)

Luz crece sana, bella, fuerte, inteligente. Es tan perfecta que siento que me espera una calamidad a la vuelta de la esquina, porque no me merezco un ser tan luminoso. Es lista a rabiar, besa mejor que besar y destila una ternura que rara vez he visto en un ser vivo. He dicho que es bonita, porque a todas las madres nos parece que nuestres hijes lo son. Vale, os conceso eso. De hecho, confieso haber visto niñes más guapes que elle. Pero si tuviera que destacar algo de Luz, es su inteligencia y su capacidad para dispensar cariño. Ayudada de una empatía que en pocos adultos he visto, tiene una madurez inusitada ante momentos sensibles. No hace falta que hables, no hace falta que lo expreses. Elle sabe leer en la mirada si estás feliz, si te sientes sola, si anhelas, si estás preocupada, si necesitas ayuda, si te genera inseguridad algo, si estás nerviosa. Entonces te abraza y te besa: en las piernas, las rodillas, los hombros, las manos, los labios, los brazos, el cabello. Qué suerte tan grande he tenido con mi hije, pero qué suerte… Y por cierto, a muchos les encanta la etapa larvita de les niñes, pero a nosotros que arracara a andar ha sido una de las emociones más brutales de nuestra vida.

También me quieren. Tengo amigos que me quieren, familia que me sostiene. Esto último debería tatuármelo en la frente, para acordarme de ello todas las mañanas. Sufro una especie de “Memento” al respecto. Y de culpa si recurro a ellos. Esto de la culpa es una tarea pendiente desde hace años.

resiliencia (pequeña)

He encontrado una nueva afición que quiero seguir manteniendo: el boxeo. En La Fábrika he encontrado un espacio donde poder dar rienda suelta a todas las energías que acumulaba dentro y que me sobraban. Me cansé de ser fina y delicada. Me cansé de que me llamen “elfa”, me cansé de asociar mi feminidad a lo estilizado, a lo sutil. Golpear y defenderme con técnica me ha cargado tanto las pilas que pienso que tras los guantes me espera un futuro de plenitud. Necesitaba canalizar la ira, necesitaba dejar la violencia que me habita en un saco.

Me casé hace 3 años (pequeña)

Esta última terapia es reciente, pero creo que la acupuntura me hará mucho bien. Nunca en la vida me había centrado en mis energías y creo que ya va siendo hora de cuidarlas. Me dejo en manos de Eva Love, que ella sabe qué le gusta a mis chakras.

Angelillo (pequeña)

He cambiado de estilo fotográfico. Lo escribo aquí, pero está en el limbo de lo que considero positivo y negativo. Positivo porque a mí me está llenando y me ayuda a encontrarme, negativo porque no sé si es lo que la gente espera de mí. Esto último me afecta, pero no es suficiente para dejar de insistir en ese cambio. Las figuras de desdibujan, lo figurativo deja paso al abismo. A veces os muestro la caída, la pérdida, la locura. También he decidido derramarme todavía más en mis fotos, porque es una forma de protegerme. Últimamente fotografío desde el pozo y he tomado la decisión de que ese desnudo del alma sólo lo veréis a través de imágenes. Porque las personas neurodivergentes no estamos protegidas ante esta sociedad… pero como no lo exprese de alguna forma, exploto. Así mismo, quisiera realizar más fotografías que vayan más allá de lo personal y que contengan un contenido político y activista. Aunque todo es político. Hasta el desnudo lo es.

borrosa (pequeña)

Borrón (pequeña)

Estrella fugaz I (pequeña)

Y ya que hablamos de fotografía, me compré al fin mi primera fullframe, una Nikon D750 con su objetivo 24-70mm. Ahora no podría volver atrás en mi herramienta de trabajo.

Los colores de mi bandera (pequeña)

He vivido tres exposiciones. La primera fue en Railowsky. Juan Pedro es un amor y no voy a consentir en la vida que nadie diga lo contrario. Eligió mi foto del “Diari Indultat” como la mejor del proyecto en el año 2016, me hizo una exposición en febrero del 2018, la montó él, la difundió él, me vendió fotolibros, me pagó el viaje, el alojamiento y paseó conmigo atravesando una Valencia bañada por la noche y el eco de nuestros zapatos. Larga vida a Juan Pedro y a su preciosa librería-espacio Railowsky. Así mismo, quisiera dar las gracias a Diana Livas por dejarme comisariar “Ni crianza ni crianzo” en su preciosa “Galería Rizoma”. Para mí fue todo un reto. La comisarié con Luz en la chepa. Pero con Luz en la chepa hasta en el montaje. Tuve mis errores. Pero para la próxima expo prometo no cometerlos, con la experiencia una se pule. Por favor, dar aliento a Rizoma, que es un espacio construido con esfuerzo, amore y muchísima profesionalidad. Por último, pasé un ratito precioso en la exposición de “MujeresMirandoMujeres” en el espacio “Est_Art”. La muestra quedó preciosa no, lo siguiente. Y estuve rodeada de artistas a las que admiro e infunden un inmenso respeto. Tras cada obra había un universo. Por último, la fotógrafa, comisaria y activista Estela de Castro me dio la oportunidad de colaborar en la II Edición de PHES en la Escuela TAI.

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No puedo hablar de cosas positivas sin mentar el taller de desnudo en Revelarte, el de Puertollano organizado por Enrique González y el otro que hice en Madrid en el Estudio Artika. No puedo estar más contenta con los alumnos, con la organización, con los resultados y esos pedazo de modelos, que les propuse trabajar conmigo como un buen pálpito. Con Viceli Flores, que es amor puro, tuve uno de los mayores reconocimientos fotográficos del año, ¡lo que sufrimos haciendo esta foto! Nos ayudaron entre tres asistentes, si no llega a ser por ellos, no acierto en la simetría.

Peces (pequeña)

Os confieso una banalidad: mi cuerpo ha vuelto a ser el de antes. Me ha costado un año y medio recuperarme tras el embarazo, pero creedme si os digo que para todas las movidas que tengo en la cabeza, volverme a ver como antes ha sido de gran ayuda.

Refugio (pequeña)

La Manifestación del 8 de marzo me pareció una experiencia tan brutal, lanzó un mensaje tan claro, que es cuando fui consciente de que esto no tiene marcha atrás. Fue la más grande de la historia de España y la más grande del mundo en el día de la mujer. Aquello no se movía hacia ningún lado porque éramos probablemente más de un millón de mujeres ocupando Madrid. Aquello no era una marcha, era una auténtica ocupación de nuestras calles. La lucha por los derechos de las mujeres avanza irremediablemente. Con sus conflictos internos, sí, pero avanza como una mechita. Y cuidado, machirulos. Porque nos sobramos y bastamos para explotaros desde dentro, desde fuera y desde más allá. Os hablo en la lengua del fuego, esa que se ha forjado del frote de tantas piedras que nos habéis lanzado. Que nos seguís lanzando.

No tengo la culpa (pequeña)

Tuve el placer de dar una ponencia en la Sede Universitaria Ciudad de Alicante, en el festival de “INFOTÓGRAFOS IX”. Aquí tenéis la charla completa. Me trataron como a una reina.

 

La mejor película que he visto en el año (que son pocas, es lo que tiene la maternidad), es “Cold war”, del polaco Pawel Pawlikowski ¿Y el mejor libro? “La amiga estupenda”, de Elena Ferrante.

Cold war

elena ferrante

No pienso escribir nada de lo malo, que sería darle más presencia de la que ya tiene en mi vida. Y bueno, para volcar estas cosas he decidido que están mis fotos. Porque me sirven a mí para derramarme y no dan la información que otorga la crudeza de las palabras ¿Que qué le pido al 2019? Eso lo sabe la encina de la que hemos colgado más de cuarenta papelitos con deseos. Ojalá los lea el viento. Yo me entrego desnuda (cómo iba a ser de otra manera) al 2019. Sin espectativas, sin presiones. De momento una meta que no estaría nada mal sería entregarme a los cuidados y al autocuidado sin sentir culpa. Esto que parece tan sencillo, es mi Everest.

Le toilette (pequeña)

Y si no, para desayunar (pequeña)

Que vengo muy malherido (pequeña)

Fantasía (pequeña)

Y aquí os dejo esta foto de gratis. Es por si me pierdo en la tormenta, en la noche oscura, saber dónde está el faro.

La Luz atraviesa a la luz (pequeña).jpg

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2 thoughts on “Mi año 2018 o el ejercicio de relatar lo que sostiene mi supervivencia

  1. Es increible leerte y ver tus imagenes Leila, de verdad… Me llena y me inspira muchisimo leerte de verdad… Me falta ver los videos y tu charla que los vere, escuchare en breve con tranquilidad…
    Y me alegra ver este ejercicio que has hecho de positividad que a veces cuesta tanto, en esa atraccion parece tenemos los humanos para ver solo lo negativo. Tambien me alegra sentirte o intuir que estas saliendo de la oscuridad. Un abrazo de corazon!

  2. Reblogged this on marinacarresi and commented:
    Este es el testimonio de un grandísima artista, Leila Amat Ortega. Honesto, puro y lleno de fuerza. No os perdáis el video donde se ve su fabuloso trabajo. Cuando editabamos la revista Yes (Your English Supplement) publicamos dos de sus fotografías, en concreto en el número 9, una de ellas en la portada. Su trabajo es original y visceral y nunca te deja indiferente.

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