Cógeme de la mano, Guille

Cógeme de la mano, amor

que vengo muy malherido.

F.G. Lorca.

Que vengo muy malherido (pequeña)

Guille y yo hacemos 3 años de casados y desde entonces, nunca he presenciado ni vivido una boda tan emocional. Conmoción a nivel mental y somático. No fue fastuosa, no hubo muchos invitados, no hubo apenas sorpresas. Guillermo Zapata y otro concejal nos despacharon como en una verdulería. Posiblemente gritaran hasta eso de “¡Siguiente!”. Pero lloramos todos como un cielo cargado. En agosto hicimos 7 años desde que cometimos la locura de irnos a vivir juntos tras conocernos de tan sólo una semana. Manos a la cabeza en mi familia, apuestas en su entorno más cercano “A ver cuánto le dura la muchacha”.

Pues duramos, sí que duramos. Hoy quiero escribiros, escribirme, escribirle, sobre nosotros. Sobre Guille, sobre mí. De nosotros se han dicho muchas cosas bellas y yo dicho de él (y espero decir) otras tantas más. Nos han dicho que somos la pareja ideal, que vernos da fe de que se puede tener una relación amorosa sin caer en una espiral tóxica y (auto)destructiva. También me han preguntado que cómo lo hacemos. Esto último muchas veces.

Mirad, a mí me han pasado muchas cosas malas en esta vida. Muchas. Unas me las he buscado yo, otras me he tropezado con ellas, otras eran inevitables. Encontrarme a Guille fue un golpe de suerte, un desvío en la línea, una buena sílaba en la cacofonía. He estado a punto de morirme tras un intento de suicidio que me dejó en coma, porque no podía más con mi vida. Tenía 23 años y llevaba 3 meses con Guille. Mi hermana en el hospital se le acercó y le dijo “Mira, Guille, estáis empezando, mi hermana está fatal, lo ha intentado tropecientas veces, aléjate. Aléjate porque te va a hacer daño y todavía estáis a tiempo”. Tiempo después mi hermana me dijo que la respuesta de Guille fue “Estamos juntos en esto”. Llevo 7 años con Guille y todavía no le he preguntado  qué es “Esto”, qué contiene ese adverbio. Pero sospecho que alberga algo parecido al estrago, a la desdicha o la calamidad. A lo mejor quiso decir “adversidad”. Algo de esto supo él al pronunciarlo, algo intuí yo al enterarme.

Os escribo para deciros que no somos la pareja ideal, que no somos la pareja perfecta, que en nosotros no reside la esperanza de nada. O sí. Tal vez sólo la nuestra. Tras 7 años, Guille y yo nos hemos tambaleado por causas externas e internas. No voy a hablar de ellas, porque hay de todo, daría para otro post y sería muy incómodo. Sólo deciros que nos han pasado muchas cosas. Y de repente ese río sobre el que fluíamos sin esfuerzo alguno, se convirtió en una carretera mal asfaltada, intransitable en algunos tramos. Nos hemos dado de hostias. Nos han dado hostias. Metafóricas, claro. Pero con todo su significado. Nos hemos estrellado, hemos saboreado lo que es el abuso del poderoso, hemos sufrido cómo los mecanismos del Sistema patriarcal y neoliberal se pasaban por el forro años y años de trabajo, nuestra mapaternidad, mi embarazo, nuestre hije y todo lo que nos era importante por el mismísimo arco del triunfo. Con total impunidad y normalidad. Con “normalidad” quiero decir “normalización”. Hemos sentido la frustración como un soplete, la humillación como mierda y fruta podrida catapultada. Traición y decepción. Nos hemos sentido desnudos, agotados, ahogados en la incertidumbre, en shock por las nuevas constantes vitales. Nos hemos sentido solos, desorientados y pequeños. Hemos llorado, hemos gritado, hemos pasado noches en vela, se nos han quitado las ganas de comer. Yo he sufrido el peor insomnio que se pueda imaginar. Ataques de ansiedad, brotes de angustia y depresión. Mi Trastorno Límite de la Personalidad desatado por dentro como una piedra negra, áspera, dura y muy muy pesada. No soy capaz de escribiros en un párrafo el lastre emocional al que hemos estado sometidos. Y me he querido divorciar mil veces, morirme otras tantas, deshacerme en un bola de furia y en un solo puño, arrasar con todo. Quisiera deciros que ninguna palabra de este párrafo es trivial.

Vengo a escribiros que tras 7 años, hemos sufrido una crisis de pareja que nos ha obligado a analizar nuestra relación sobre una mesa, sentados, con papel y boli. Partimos de la siguiente pregunta, de la que si no surgía un SÍ rotundo, no podíamos seguir adelante:

“¿Nos queremos? ¿Nos amamos? ¿Quiero a Guille? ¿Quiero a Leila?”

SÍ.

Y de ahí partimos, sin psicólogos mediante. Lo hemos hecho solitos. Nos dimos la mano, lo analizamos todo, buscamos una solución a todo. Una solución para aquel caos y entropía a base de escuadra, cartabón, papel y boli. También de miradas y abrazos, de calor, comprensión, de cesiones y concesiones.

Últimamente siento que el amor se trata igual que el capitalismo a las personas y objetos: el amor es algo que está para consumir, usar y tirar. No quiero que se me malinterprete. Guille y yo nos preguntamos si, desde el amor, podíamos poner solución a nuestras vidas, volver a comenzar ¿Qué cómo lo hacemos? El esfuerzo humano que realizamos para seguir amando en paz, sin que la humanidad nos devore, es preguntarnos: ¿Cuáles son nuestros problemas? ¿Son agentes externos? ¿Derivan de agentes internos? ¿Merece la pena arreglarnos? ¿Qué es legítimo pedir que cambiemos? ¿Estamos dispuestos a cambiar? ¿Estamos dispuestos a mirar con perspectiva? ¿Sabemos perdonar no sólo de boquilla? ¿Sabemos ayudar a perdonar en la búsqueda de ese perdón? Pararse, escribir todo esto, sus respuestas. Decidme. Cuántas veces habéis hecho esto.

Sólo ahora veo un sentido real a unas palabras que escribió hace años Manuel Rivas: “Casarse es una transgresión. En un mundo donde cada movimiento es medido por la unidad métrica del ego, donde todo conspira para que la regla sea competir y no compartir, la noticia de que dos personas se casan debería ser recibida como un suceso revolucionario”. Yo no pienso bien bien así. No es que casarse sea un suceso revolucionario, de hecho, casarse, en el fondo, poco tiene de meritorio más allá de parar un día para celebrar el amor. Que ya es retador pararse de vez en cuando para amar, para decir “Este es día es NUESTRO y es para gritar a los cuatro vientos que nos queremos”. Pero lo revolucionario, lo transgresor, es ser lo suficientemente inteligentes como para mantener la paz, la armonía, el bienestar, el equilibrio, el amor y el respeto de una forma perdurable. Amar de forma inteligente nos hace fuertes y es resistencia.

Cuenta Rivas al final de su artículo que en su viaje de bodas, en Ginebra, caminaban por un lago helado, cuando de repente escucharon un fuerte golpe: les estaban tirando piedras al grito de “Fuera extranjeros”. “Nos quedamos quietos. Abrazados. Creo que ahí sí. Ahí fue donde de verdad nos sentimos casados. Ese momento en que sientes que el amor, sobre una frágil capa de hielo, va a poder con todo”.

Guille y yo tenemos los pies agrietados de caminar por senderos de hielo, los cráneos rotos de tantos proyectiles lanzados en tan poco tiempo. Pero tal y como le escribo en la última foto “Guille, yo poco a poco oigo el agua. Nos cubre los pies, se lleva la sangre. Es una luz líquida y sabemos emanarla. Porque estamos juntos en esa especie de resistencia odiosa para muchos, que se llama amor”. Y qué Luz la nuestra, Guille. Luz procede de un polvo tan tosco, tan animal y basto (y lo que nos gustó…), que parece que se hizo a sí misma. Y que ya de paso, nos está haciendo a nosotros.

Guille prueba

Guille, no. No puedo asegurarte que no vayan a volver a dañarte. No puedo asegurarte que “Esto”, esas vicisitudes o desavenencias de la vida no vayan a volver a ponernos en la misma situación o peor. Pero sí puedo asegurarte que voy a dejarme las entrañas en que nuestra relación perdure de forma sana, equilibrada, armónica, consciente y fuerte. Porque yo no concibo la vida sin pasarla por mis entrañas, mis tripas como un colador. Porque estoy segura que después de todo lo que he sufrido, tu llegada a mi vida no fue gratuita. Ni banal. Llamadme karmafílica. Pero mi línea era otra y, os lo puedo asegurar: iba abocada a estrellarse contra el muro más cercano. Y no estoy estrellada en ese muro. Estoy junto a ti, viéndote crecer, madurar, evolucionar, deconstruirte. Seguimos juntos en esto porque lo de “Juntos” se trabaja y “Esto” se combate. Nuestros cuerpos como un pedazo de escudo donde ya podéis lanzar todas las piedras que queráis, que de momento no ha sido suficiente para quebrarnos. Porque Guille y yo nos queremos. Nos queremos porque queremos y sabemos querernos mientras queremos. O amamos.

 

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