PHE: Carta a Oliva María Rubio

Estimada Oliva María Rubio:

No se vaya a usted a creer que lo de estimada es burla o ironía. Iba a poner “Querida”, pero lo mismo son ya demasiadas confianzas. No obstante, se lo digo de verdad: me es usted estimada y valorada en cuanto que admiro y respeto muchísimo todo lo que está organizando  y todo lo que lleva organizado a sus espaldas. Sacar adelante el Máster de PHE tiene que ser una locura. Fíjese, que estoy yo con mis fotos, comisariando una exposición, con ponencias, talleres, mi niñe-verano, mis perras y casi me pego un tiro. No me quiero ni imaginar si tuviera que sacar algo tan grande como lo que usted tiene entre manos. Así que le agradezco la dedicación y perseverancia. También lamento lo que está sucediendo, que viene a ser el motivo por el que yo, Leila Amat Ortega, le escribo. Incluso a lo mejor le sueno por esto mismo, por ser el azote del sexismo en la industria fotográfica (saludos a los compañeros del Diari Indultat). Vaya, que tengo fama de incómoda amén de petarda en el gremio.

He pensado meditadamente si escribirle a usted o a ese 74,5% de hombres que configuran el Máster de este año en PHE. O a La fábrica o al patronato de PHE. Pero me dirijo a usted, porque en cierto modo, es compañera en esto del género o en este amor que creo que ambas profesamos por la Fotografía. También porque la considero un poco responsable de todo este jaleo del Máster, por qué negarlo. Si me equivoco en esto, corríjame, por favor. A veces me creo que los directores pueden cambiar las cosas y que todo es demasiado fácil cuando se tiene un cargo de responsabilidad y poder. También me dirijo a usted porque pocos hombres escuchan sin retorcerse. Algunos hombres sí escuchan, unos cuatro (contaos, ¿eh?) pero a la mayoría la cesión de privilegios es lo último que les interesa. Y se preguntarán ¿Pero qué es eso de privilegios? Se lo digo yo ya: ese tambaleo, esa incomodidad, ese malestar que a usted la hace redactar un comunicado público para defender su Máster, esa inestabilidad que sienten los hombres, porque se cuestiona su presencia dominante y preponderante en todas las esferas y espacios, son sus privilegios en la cuerda floja. Ese pataleo, ese “se han vuelto locas”, esa “estupidez imperante”, son nuestros golpes en la puerta de acero de sus privilegios. Sus privilegios son liderar y acaparar eventos. Sus privilegios son acaparar festivales y másteres. Sus privilegios son el estar presentes de manera mayoritaria en clases, comisariados, presentaciones, eventos, festivales, escuelas, visionados, concursos, direcciones de todo tipo. Sus privilegios son el soltarle machistadas a las mujeres en los visionados o permitirse el paternalismo con ellas. Sus privilegios son el firmar como feministas o declarar que lo son y no ser cuestionados por sus actos. Sus privilegios son su credibilidad por encima de la nuestra. Sus privilegios son además históricos: más de 2000 años de patriarcado, que se dice pronto. Lo que sucede en su Máster, Oliva, es lo que lleva sucediendo durante siglos. De esta manera, respondo al primer punto de su comunicado: No es un error de comunicación, son siglos y siglos de destacar la labor que hacen ellos, son siglos y siglos de relegarnos a un segundo plano, son siglos y siglos de invisibilizarnos, son siglos y siglos de subestimarnos. No. No ha sido un lapsus. No es algo puntual, es un modus operandi milenario, una inercia histórica.

PHE

He destacado en la primera línea el porcentaje de hombres en su Máster. Viene a ser, que las mujeres representan el 26%. No voy a responder al segundo punto de comunicado. Ni al tercero, pues es una absoluta falacia: la equidad entre hombres y mujeres no está en la política de programación de máster, ¡que son 10 mujeres y 28 hombres! ¿Nos podemos permitir hablar de paridad con este porcentaje de mujeres en el máster? ¿Cuál va a ser el ritmo que nos lleve a alcanzar esa paridad? Porque le diré una cosa: no queremos esperar. No podemos. Porque no es que tengamos estupidez en el cuerpo, no es que nos hayamos vuelto locas de repente, es que la normalización del sexismo, la normalización de ese techo de cristal, la normalización de esa dominancia y preponderancia masculina, cada vez está más cuestionada. Porque sabemos lo que valemos. Sabemos lo que aportamos. No quiero que se me malinterprete: no es vanidad. Es plena conciencia de que las mujeres estamos aportando algo muy grande a la Fotografía de nuestro país, es querernos, es sororidad, es apoyarnos, es cuidarnos, es luchar contra el síndrome del impostor, fruto de años y años en los que se nos ha impedido internalizar nuestros logros y un miedo persistente a ser descubiertas como un fraude. Vaya, que nos hemos parado a mirarnos y nos ha dado por preguntarnos, si realmente somos una estafa, si realmente no valemos, si es verdad aquello de que somos pocas.

comunicado

Finalizo esta carta con los puntos cuatro y cinco. Lo del “error de comunicación” nos ha hecho gracia, más que nada porque no nos lo hemos tomado como un intento de justificar la desigualdad de género imperante en la industria fotográfica, sino como una ingenuidad, un despiste. Lamentamos que lo lamentes, de verdad. Pero los puntos cuatro y cinco son indignantes, nos enfurecen a muchas. Alega que asigna cargos a  los “Profesionales más adecuados para tratar cada una de las asignaturas”. Vaya, que no encuentra usted mujeres adecuadas y profesionales para impartir asignaturas. Me pregunto a qué se puede deber esto. He intentado no ponerme como una energúmena (lo soy) y pensar que lo mismo lo que usted expone lo hace toda la sinceridad del mundo, que no actúa con maldad alguna y que lo ha intentado. Vaya, que lo mismo dice la verdad: no las encuentra. No ha sido capaz de encontrar mujeres fotógrafas que sean profesionales, que tengan talento, trayectoria y capacidad docente.

Suele pasar mucho ¿Pero  sabe por qué? Porque estamos invisibilizadas. Pero profesionales hay a patadas. Profesionales las hay en una cantidad abrumadora. Si la imperante selección de hombres para impartir estas clases fuera puntual y casual, no le estaría escribiendo yo esta carta. Ni las mujeres fotógrafas estarían poniendo el grito en el cielo. Ni PHE estaría saliendo en los periódicos de este país por este hecho generalizado, reiterado y bochornoso. Porque a las mujeres sí se nos discrimina, infravalora, invisibiliza y subestima por el mero hecho de ser mujeres y no como usted argumenta en el quinto punto. No, Oliva: Los hombres jamás son discriminados por el mero hecho de ser hombres, porque ocupan el lugar más alto en la jerarquía de opresiones. A las mujeres sí que se nos oprime y discrimina por el hecho de ser mujeres.

A las mujeres se nos debe paridad. Se nos debe hasta discriminación positiva, tras milenios de opresión. Y no nos merecemos esto por ser mujeres, sino porque somos igual de válidas, incluso algunas son mucho más válidas que decenas de hombres juntos. Se nos debe por la violencia ejercida sobre nosotras durante siglos. Y en fotografía, desde hace dos: apartarnos, meternos en expresiones como “y otros”, hacer como que no existimos, soterrarnos, impedirnos ejercer, no valorarnos, ningunearnos. Todo esto es violencia.

De esta forma, en esta carta ruego que recapacite, que reflexione, que eche un vistazo a la pirámide de opresiones, quiénes están arriba, quiénes están abajo. Que reflexione sobre los puestos de poder, sobre la endogamia (los amiguismos, esos que usted debe de conocer mejor que yo) y, ya que estoy pidiendo, el clasismo dentro de la Industria de la Fotografía. Supongo que a una semana de que comience PHE esta carta llega tarde. Pero confío plenamente en usted si el año que viene ocupa el mismo cargo en PHE. Me gusta que haya una mujer en su cargo. Me gusta que esté usted. Confío en usted. Y confío plenamente en que el año que viene, la paridad sea una realidad. Y no una disculpa. Y no un grito en el cielo. Porque ya no podemos parar. Nos han desatado, han soltado las cuerdas. Y se están dando cuenta de lo que realmente somos las mujeres: salvajes, libres y magna, negros y luces. Casualmente, y este caso concreto que nos atañe, la luz es la materia con la que tejemos: cuando queremos la materializamos en fotos, cuando debemos, propagamos incendios. Ojalá el año que viene todo esto sea una sombra, un negro empastado, esos hombros del gigante sobre los que erigimos y levantamos. Para eso están los errores, para ser un peldaño sobre el que sentirnos más altos. Ocupa un puesto de poder dentro de la industria de la fotografía y la necesitamos. Porque esta es la lucha de todas. Esta lucha nos atañe y afecta a todas.

Oliva, le he escrito un poco enfadada. También con fiebre y escalofríos. Pero con todo el respeto y admiración. Confiando en usted,

Leila

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