Cuando me copiáis, me estáis destruyendo

La jaula (pequeña)

Hoy me he puesto a escribir, con el fin de poner orden a un bloqueo que sufro a la hora de llamar la atención sobre plagios o robos de mis textos o fotos. Veréis, voy a grano. Soy bastante conocida por los que me siguen en Facebook por mi condición beligerante: discuto sobre cualquier tema sociopolítico, ya sea feminismo, política, racismo, homofobia, clasismo, capacitismo, transmisoginia, etc. No me puedo callar, es una de mis virtudes y una gran desdicha que me ha traído multitud de problemas y disgustos. No me callo la boca desde que era una cría en el colegio. Llamé viejo verde cabrón a un señor que incomodó a mi hermana pequeña en una piscina con 8 años, discutí muy argumentadamente la existencia de Dios a mis abuelos con 10 años (hasta el punto que mi abuelo rompió una copa de cristal), una vez le dije a un profesor con 11 años que no tenía ningún derecho a ridiculizarme en clase por no entender la diferencia entre los adjetivos y pronombres posesivos y que no pisaría ni una clase suya hasta que no se disculpara por algo que yo creía no merecer. Me pidió perdón al día siguiente. Y creedme, a este señor nadie le decía ni mu. Con 16 años me enfrenté al director y subdirector del colegio a gritos, por ser racistas y clasistas, en medio del patio del colegio y delante de todos los padres. Y a los 17, ya hartos de mí, decidieron invitarme a marcharme tras 12 años en aquel maldito colegio concertado. No sin antes gritarle a mi tutor a la cara que me daba puto asco su sistema educativo, que me daban asco sus mentiras ante mis padres y ya de paso que era un pepero fascista de mierda. Aquello no acabó muy bien, todo sea dicho. También me enfrenté a un profesor que me discriminó durante el Máster de formación para el profesorado, por andar de psiquiátricos un día sí y otro también. A pesar de una depresión que casi me mata y de todos sus esfuerzos por no darme la titulación, me saqué aquel máster con un 7 de media. Así mismo, me he enfrentado a un “familiar” por cuestiones que no puedo relatar y por terror a las consecuencias. Pero le planté cara. Y vaya que si me enfrenté. Me he metido en todo tipo de fragaos discutiendo sobre temas que versan sobre la violencia estructural y demás opresiones. Tengo una lengua viperina, no me tiembla el pulso (o sí, pero me da igual), me como a machunos, racistas, pedofóbicos y adultocéntricos con papas. Vamos, que los reviento. Vamos, que arraso con ellos. Y eso que con Guille y a mis recién cumplidos 31 años, he ganado en diplomacia, educación y cortesía en la resolución de mis problemas. En definitiva, pocos me ganan en petardeo.

Pero tengo una debilidad. Y no sé explicar muy bien por qué la tengo, a pesar de mi carácter guerrero desde bien pequeña. Nunca me veréis quejarme públicamente sobre plagios, robos de fotos o robos de mis textos. Bueno, ahora mismo estoy dedicando un pequeño espacio a intentar explicar este bloqueo o paralización.

Me han copiado textos. Me los copian y pegan en redes sociales, me los copian para textos curatoriales de exposiciones, me los copian para dar clases en escuelas, me los copian para responder en entrevistas. Pero copiar, de copiar y pegar. No estoy hablando de robo de ideas o de teorías, que eso me da rabia, pero lo supero… y por supuesto que me pasa. Estoy hablando de coger literalmente mis palabras y ni tomarse las molestias de reescribirlas. Guille me dice que debería escribir y publicar un libro sobre toda mi teorización sobre Fotografia construida. Terminaré haciéndolo, pero es un tema tan extenso, se están haciendo cosas tan innovadoras, hay tantos parámetros que interceden, género incluido, que no sé si terminaría nunca. Y mientras tanto suelto mis ideas por este blog mío y por las redes. Y los demás las copian y pegan donde les sale de los huevos.

Luego están mis fotos. Me las roban para publicarlas sin mi permiso en las webs y redes más insospechadas. Las roban, las reeditan y las publican. Me plagian, me plagian y me plagian hasta la saciedad, me cogen fotos para proyectar en las escuelas e impartir cursos en escuelas sin que me llamen jamás para dar ninguna clase ni pedirme permiso para mostrar estas imágenes. Proyectan fotos mías bajo el nombre de premios nacionales. Lo que no me haya pasado a mí con mis fotos… o mejor me callo, porque la vida y sus putadas pueden llegar a ser de una variedad muy ingeniosa.

Podría inundar las redes todas las semanas con un lamento de este calibre. Pero no lo hago. Cuando veo algo así, siento una paralisis. Me quedo bloqueada. Siento una vergüenza ajena tan inmensa, que no abro la boca, no digo nada. Me limito a desfogarme y a patalear con Guille. Y os sorprendería la gente que puede llegar a copiarme, gente muy conocida, con cerebro y sin necesidad alguna de robarme nada.

fusilado

¿Por qué no actúo? ¿Por qué no denuncio? Porque estamos hablando de mis tripas. Yo hablo y escribo con las entrañas. Yo fototografío porque no todo sé decirlo. Y lo que fotografío son mis recovecos, mis terrores, mis debilidades, mis inseguridades. Mi interior es mi materia prima de trabajo. Así que cuando veo mis palabras o mis fotos por ahí, con o sin autoría, lo que veo es que estáis usándome. Pero usándome en un sentido muy literal: porque yo trabajo con mi cuerpo, trabajo con mi vida, mis pensamientos son el resultado de muchas experiencias vitales, no todas gratas. Incluso si he llegado al feminismo, ha sido por una serie de sucesos en mi vida que me han destrozado y necesito un asidero con el que empoderarme. Porque yo soy muy guerrera, yo no me callo la boca, pero hacéis cosas con mi trabajo, (ese fruto de mi vida y mente) que me paralizan, que me avergüenzan tan profundamente, que me callo. Porque no sé cómo guerrear para salvar mis tripas. Porque trabajo con mis mierdas, mis amores e inquinas, cincelo la luz con lo que me derrumba, imagino y escupo con el pudor más absoluto, con la entrega más descarnada. Porque fotografío y escribo para pensar, para estar viva. Y ver que fusilan mis pensamientos, mis entrañas, me hace sentirme utilizada, subestimada y cero respetada. También me siento violada. Violación en el sentido de que siento que entran dentro de mí para destruirme y usarme, tanto a nivel físico, intelectual, como psicológico. Siento que entran dentro de mí para apropiarse de mí.

Sin permiso.

Sin avisar.

Con mi materia espitual.

Con mi esfuerzo.

Con mis experiencias vitales.

Con mi pasado.

Con mi presente.

Con lo que me hace débil.

Con lo que me hace y conforma.

Y me paralizáis. Me dais vergüenza. Y por el momento os podéis seguir aprovechando de esta situación, porque no tengo fuerzas para solventar ni atajar todo esto. No me veo con fuerzas para realizar este esfuerzo de una forma tan frecuente.

Me reconforta inspirar. Me reconforta de aquí a Pekín ser una referencia. Me flipa que veíais, disfrutéis y contempléis mi trabajo, es un sueño que me leáis tantas personas, es una pasada haceros vibrar con lo que fotografío y escribo. Pero tengo un agujero por el que se cuelan todos los horrores. Y ese es cuando me siento usada. Porque si me usáis, me estáis destruyendo.

Advertisements

2 thoughts on “Cuando me copiáis, me estáis destruyendo

  1. Tienes toda la razón, es un robo, una violación y esto no lo podemos dejar pasar como si nada. Las cosas cambian cuando todos hacemos que cambie, no consiste solo en denuncias de la víctima, consiste en que nos afecta a todos.
    Yo creo, que sí los que te seguimos y admiramos bombardearamos a los usurpadores, denunciando públicamente en su artículo o en su post y citando el verdadero autor algo cambiaría. Un abrazo y mi admiración.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s