Oficios

Oficio (pequeña)

En mi tarjeta de visita pone “Leila Amat, Fotógrafa de Ideas y sueños”. Pero para la próxima estoy tentada de poner, tras la fotografía en el reverso, “Leila Amat, Ama de casa, Fotógrafa y Madre”. O sólo “Ama de casa”. O sólo “Madre”. E ir alternando. Siempre he dicho de broma que mi madre se toma su maternidad como una profesión y, para más inri, como una profesión que ejerce con mucha profesionalidad. Me burlaba (con cariño) de ella, en esa especie tenacidad y persistencia en su rol de madre que tiene y tenía a pesar de que mi hermana y yo ya tenemos 28 y 30 años respectivamente. Pero ya no me río de ella. Hace tiempo que ya no me río. La RAE define “Profesión” como “Empleo, facultad u oficio que alguien ejerce y por el que percibe una retribución”. Y todo va bien hasta que aparece esa conjunción “Y”, que une dos cláusulas que parecen estar íntimamente relacionadas entre sí, la de ejercer un oficio y la de percibir una retribución por ello. No especifica si esa retribución ha de ser económica o no. Lo mismo ciertos oficios, empleos o facultades sólo se retribuyen con un abrazo. O un beso. O placer personal. O dando las gracias o una palmadita en la espalda. Y a correr. Lo mismo ni eso, porque hay ciertos quehaceres que parecen ser una obligación, tales como la maternidad, los cuidados o las tareas del hogar. Antes hablé de placer personal, porque hay de ti, mujer, si no disfrutas de tus roles de género: amargada, mala madre, desastre de mujer, desprendida de la vida. Mi madre es abogada, madre, ama de casa y cuidó de mi abuela enferma 14 años. Excepto su oficio como abogada, el resto de trabajos los ha ejercido gratis y de buen rollo y mucho me temo que, disfrutar, disfrutar, sólo su profesión como abogada y a ratos la maternidad. Porque anda que no somos petardas mi hermana y yo. Que ni se le ocurriera decir que se la estaba tratando como a una esclava, porque cuidar de sus hijas y madre y mantener el hogar en todas sus facetas, era su obligación. Y de lo que debes hacer no te quejes, porque para eso ha estado tu madre ahí apoyándote toda la vida, nadie te ha pedido que traigas retoños a este mundo súper poblado y nadie te ha obligado a tener un hogar. Así que a apechugar con ello y suspirar menos.

A mi madre le obligaron a vivir como mujer en un mundo capitalista, neoliberal y con una sociedad perfectamente estructurada para explotarla y oprimirla en su género. Podría centrarme en cada uno de los roles antes mencionados, pero como quiero ser concisa, voy a centrarme en las tareas del hogar, en las amas de casa. Hace tiempo que dedico algunas fotos a las tareas del hogar: poner lavadoras, tenderlas, guardar la ropa, planchar, hacer la comida, las camas, la compra, quitar el polvo, ordenar, fregar suelos y platos, barrer, etc, etc. En un principio tuve mis dudas “¿No estaré embelleciendo u otorgando poesía a unas tareas que una inmensa mayoría de las mujeres hacen por obligación (social) y refunfuñando?”, “¿Es esto bueno?”, “Otorgándoles una dimensión poética, ¿no estaré fomentando una situación injusta?”, “¿Por qué siento que debo dedicarles fotos a estas mujeres?”. Vivimos rodeados de imágenes en los que se asocia a la mujer fuerte y luchadora a guerreras, gobernadoras (póngase aquí cualquier puesto de poder), astronautas, bomberas, mecánicas, profesoras universitarias, boxeadoras, deportistas o juezas. Por poner. Mujeres que luchan, caen, sangran y se levantan para seguir adelante. Son mujeres dignas y fuertes. Nos encantan. Vamos, a mí me encantan. Pero en medio de toda esa imaginería de mujeres fuertes y valientes no está la del ama de casa, la de las mujeres que tienen un trabajo no considerado empleo y que tiene mucho de lucha, de caerse, de cansarse, de sangrar, de levantarse, de manos agrietadas, miradas cansadas, dolores y agotamiento. Mujeres que se dedican a empleos que no se eligen. No digo que no haya mujeres que disfruten con esto, a mí no me gusta, pero reconozco que tras la paliza de dejar limpia  y en orden la casa, mis chakras se alinean en armonía y paz con el universo. Unas veces hago las tareas del hogar con música y alegre, y otras entre abnegación y resoplidos. Porque hay que hacerlo, porque es mi deber, porque nadie (o muy pocos, que de todo hay en la vida del Señor) desean vivir entre hongos, pelusas, polvo, capas de mugre, platos y ropa sucia. O lo que viene a ser un lugar infecto. De esta forma, vacío mi labor de ama de casa de cualquier sentido laboral o de cualquier derecho a remuneración que pueda tener: “Hay que hacerlo, son cosas que hay que hacer”, me repito como un mantra. Así pues, en una de estas mañanas de lavadoras y fregoteos, entendí por qué hago a veces fotos de mujeres sumidas en tareas del hogar: necesito dignificarlas, darles visibilidad, alabar su esfuerzo, recordar que están ahí trabajando gratis, de buen rollo, sin contrato y (muy importante), haciéndolo porque se entiende que es su labor como mujeres hacerlo. Es más, es su deber hacerlo bien y disfrutarlo, sin quejarse. Así pues, mientras intentamos luchar contra esta situación, mientras yo siga alegando al teléfono o ante temas burrocráticos que estoy en situación de desempleo, empleando toda mi vida en la fotografía, en ser madre en un mundo adultocéntrico y en cuidar de mi casa, intentaré dar visibilidad a esta situación con poesía y belleza, dedicar una parcela del arte a esta situación. El arte me ayuda a interpretar la realidad, a formular preguntas, a soportar ciertos aspectos de la existencia que no llego a comprender. También es un intento de no dejar a estas mujeres de manos agrietadas, moños mal hechos y trabajo para largo, solas en sus resoplidos o trabajos invisibilizados y no remunerados.

Yo enseñaré a mi hija a ser limpia y ordenada, tal y como me está tocando enseñar a mi pareja a serlo. Limpia y ordenada sin obsesiones, pero lo justo para convivir tres en casa en paz y armonía. Es arduo, pero quiero que en un futuro Luz vea cómo sus dos padres se reparten las tareas de la casa, cómo el mantenerlo todo de manera más o menos decente no es cuestión de género, sino de tribu.

P.D: La modelo de la foto es mi hermanita Emma, que es preciosa, me aguanta todo y la quiero un montón.

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