En serio, qué más pedir

Guille guapo (pequeña)

Hace nada estuvimos en París y allí la traductora y escritora Aline Schullman me comentaba que ojalá tuviera la suerte de que el mundo de la cultura reconociera mi labor como fotógrafa, que ojalá llegara lejos. Yo sonreí tímidamente, complacida. Que me diga eso una persona como ella, a la que admiro tanto, es de un enorme regocijo. Pero le estuve dando vueltas a eso del reconocimiento. Si bien de ello depende el alcanzar cierta independencia económica (y aún así), me pregunté si realmente esa era una de mis máximas metas en la vida. De esta forma forma, me puse ante la clásica situación del genio de la lámpara: si tuviera que pedir un deseo en el terreno profesional, ¿qué es lo que pediría? Podría pedir cualquier cosa, pero sólo una. Hagamos una lista, así, peliculera, como mi propia esencia:

  • Fama, reconocimiento, prestigio. Esto supone un hueco dentro del mundo del arte, un amparo para poder vivir de lo que te gusta. Pero también puede tener sus contras. Cuando se tiene fama, somos víctimas de lo que nuestro público demanda de nosotros. Se enamoran de una etapa artística de tu vida, de un modo de hacer y producir arte y ¡ay de ti como se te ocurra cambiar! Como se te pase por la cabeza hacer algo diferente a todo lo que llevas haciendo. A veces pienso que el tener mucho éxito nos impide evolucionar por miedo a defraudar a nuestros seguidores, clientes o compañeros. Y sé de amigos fotógrafos que no están haciendo lo que realmente les apetece en el momento por miedo a ser juzgados en el cambio. Aun así, aunque suene vanidoso, ambicioso o poco humilde, reconozco el subidón que un momento de prestigio puede aportarnos.
  • Si todo esto no tiene nada que ver con vuestra personalidad, porque sois muy zen, muy espirituales, más que humildes y algo misántropos (los que sois así, moláis) o los que simplemente tienen el don empresarial en el ojal o ningún manager ha apostado por ellos, podéis pedir reconocimiento post-mortem. Lo cierto es que queda muy romántico. Tener una vida de mierda, ser un desamparado toda tu vida, el clásico artista incomprendido y oculto. Pero resulta que tras tu muerte a la sociedad le da por darte una vida no vivida, esa que jamás experimentarás, pero que te eternizará en la Historia del arte. Entonces podrán hablar de lo injustos que han sido contigo, de la estulticia de la sociedad, de la conveniencia del mundo del arte de ensalzar a unos sí y a otros no, de convertir al fin y al cabo tu memoria en un producto.
  • Luego podemos pedir vivir de nuestro arte. Así a secas, sin florituras, sin mamoneos, ni postureos, sin ser víctimas de nuestro ego ni demás pavoneos alentados por ejércitos de palmeros, lameculos o, en su defecto, Industria fotográfica aupando por detrás like you were the chosen one. He estado a punto de saltarme este punto porque en la fotografía creativa o de autor, el prestigio es fundamental a la hora de hacer exposiciones en lugares importantes, a la hora de que te llamen para ferias, a la hora de entrar en galerías, dirigir visionados, impartir clases en escuelas de renombre, etc, etc. Vosotros sabéis. Vivir de vuestro trabajo sin pertenecer a la élite. Suena bien. Muy bien.
  • Que la profesión de artista sea vista como una más y no como algo diferente. Que alguna vez la sociedad viera el arte como una disciplina en su beneficio. En esto los artistas y el mundo del arte tienen una gran responsabilidad. Hace tiempo que escribí un post sobre esto.
  • Como mujer (y en breve, madre), no tener que luchar el doble que mis compañeros varones para alcanzar mis objetivos, no tener que demostrar constantemente mi profesionalidad o mi valía. Lo incluyo como deseo porque es una tarea agotadora que quisiera ahorrarme. Desearía con todas mis fuerzas que no me consideraran un objeto ni un sujeto erótico, que no me clasificaran dentro de la categoría (esa que los hombres se han inventado) de “Fotografía femenina”, quisiera que no nombrasen la palabra “Feminidad” cada vez que ven una de mis fotos. Porque señores, no hago fotos con mi coño y en un 85% de los casos, mi género no es mi máxima motivación. He dejado un 15% para mi fotografía activista que gira en torno a los roles de género. También me encantaría que me dejasen de explicar cosas que ya sé, es decir, que paren de subestimar mis conocimientos como fotógrafa.
  • Tener talento. Puede que parezca una tontería, pero es la primera posibilidad que contemplé a la hora de pedirle un deseo a mi genio. Me he generado tantas inseguridades, el mundo de la fotografía ha llegado a soterrar tanto mi autoestima y el respeto hacia mí misma, que en mi fuero interno tengo la duda real de si tengo o no talento. No obstante, estoy casi completamente segura de que yo trabajo bajo el influjo de una corriente fotográfica que nunca, en sus casi dos siglos de vida, se había dado en fotografía. Ojalá esto se valore alguna vez en su justa medida.
  • Ser feliz con mi propio trabajo. Voy escribiendo deseos en orden de los que menos me apetecen a los que más desearía. Lo cierto es que resulta bastante goloso y he estado a punto de decantarme por este deseo… ¡pero!…
  • Hace cerca de dos meses me pasó algo terrible. Estaba yo en la casa de campo de Ávila, cuando de pronto sentí todo mi ser ensombrecido. Era angustioso, un sentimiento de vacío terrible: quería hacer una foto, pero no se me ocurría nada. No sentía motivación alguna, en definitiva, no estaba inspirada. Y de todos los sentimientos que he podido experimentar a lo largo de mi vida profesional, este es el más devastador, el más nefasto, el más dañino. De qué me iba a servir entonces ser feliz con mi trabajo si un día no estaba inspirada y no podía producir nada. Yo, que hasta en los momentos más terribles de mi vida siempre he tenido la cabeza llena de ideas, la mente a rebosar de proyectos, la imaginación maquinando con entusiasmo para una próxima foto, me sentía creativamente hueca. La perturbación fue tal, que cuando Aline me deseó reconocimiento en vida, me pareció que desearlo era banal, iluso, estúpido.

Mis amores (pequeña)

De esta forma, de todo lo que se puede desear como profesional, me quedaría con eso: Inspiración. Genio, quiero vivir inspirada toda mi vida. Vivir inspirada hasta cuando estoy en la porca miseria. Parece simple, pero no lo es. Conozco a muchos artistas que se han quedado sin ideas ni motivos por los que trabajar y están pasando una de las etapas más decadentes de su vida. Porque ¿qué es la inspiración para mi? La inspiración es un motor de vida, el ingenio, una chispa de aliento, una energía que te bulle por dentro, que te acelera el corazón, que te eleva de la realidad, de tu cuerpo, de tus circunstancias. Te sumerge en otro mundo. Es sentirse con el poder de generar algo que nos llena, que nos hace sentirnos plenos. El nivel de satisfacción vital que nos puede dar el vivir inspirados es altísimo. Para mí, vivir inspirada es sentir una llamita de esperanza dentro, es sentirse motivado. Si alguna vez habéis perdido momentáneamente todo esto, entenderéis de lo que estoy hablando.

Por encima de todas las cosas, creo que es primordial, no sólo para los artistas, sino para cualquier persona, el cómo se siente uno en relación con su profesión.  No importa cómo nos vaya, cuánto nos paguen, cuánto nos reconozcan o incluso si tenemos talento o no, si nuestra profesión no nos hace sentirnos vitales, entusiasmados, si nuestro trabajo no nos motiva. O al menos esta es mi perspectiva. Porque la inspiración es un sentimiento capaz de hacer cualquier trabajo y de nuestra propia vida, algo grande. Y cuando hablo aquí de vida, pienso en las ganas de vivir. En levantarte entusiasmado por las mañanas o de una siesta, sintiendo que tienes una tarea fascinante y apasionante en las próximas horas. Además hay un plus: la inspiración se transmite, irradia una energía especial muy contagiosa, no sólo te afecta a ti como individuo, sino que los que te rodean sentirán un poquito de esa luz. Y con suerte, se sentirán también activados. Y en serio, qué más pedir. A la basura con el resto de los deseos.

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