Animalismo y feminismo en mi fotografía

Creo que ninguna de las entrevistas como la que me realizó el filósofo Ernesto Castro ha generado tantísimos comentarios. Incluso críticas, la mayoría enfocadas a que Ernesto habla o se extiende mucho. Puede ser. Pero yo me lo pasé pipa. Quizá porque todas y cada una de las preguntas que me formuló, nunca me las habían planteado antes. Es más, creo que es de los pocos entrevistadores que se documentó no sólo con mi obra fotográfica, sino también con mis textos, que se tomó su tiempo para leerme. A veces me pregunto cuál es la fórmula para la entrevista perfecta, qué protagonismo debe de tener cada quien, si más que una entrevista fue un diálogo, una charla. Supongo que es egoísta admitirlo, pero a mí también me gusta disfrutar respondiendo cuando me preguntan, que una entrevista no se convierta en un auténtico tedio repetitivo en el tiempo. He de confesar que tengo un Word con respuestas a preguntas que me realizan una y otra vez, donde siempre respondo lo mismo una y otra vez y que un solo vistazo por Google os podrá dar fe de ello. Me pregunto si las personas que siguen mi trabajo no se cansan de esto, de leerme siempre respondiendo lo mismo. Obviando un anhelo de una entrevista en la que Ernesto hubiera acotado un poco las preguntas para vuestra satisfacción y goce ¿no os pareció interesante o, cuanto menos, novedoso?

Pero si escribo este post es porque me quedé con las ganas de aclarar dos preguntas. No pienso igual cuando hablo que cuando escribo. Hablando soy algo más torpe, menos concisa, más volátil, hilo peor las respuestas, soy más tímida y pequeña. De hecho, por internet doy una imagen más dura que en persona, me lo suelen decir con frecuencia. Supongo que soy una mezcla explosiva de ambas cosas, una trampa. Así pues, de forma poco ágil y clara, respondí a las dos preguntas que hacían referencia al animalismo y al feminismo en mi trabajo. Desde aquí hago un llamamiento a Ernesto Castro para que nos sople las preguntas a priori, a fin de poder meditar una respuesta algo más lúcida.

Para mí animalismo y feminismo van de la mano. Una causa lucha contra el especismo y la otra contra el machismo. Lo primero es una discriminación entre especies, sustentada bajo la teoría de que existe un prejuicio o actitud favorable a los intereses del ser humano frente al resto de animales, dando lugar al maltrato, explotación y asesinato de los mismos por parte de nuestra especie. Lo segundo es una discriminación de la mujer por parte del género masculino y se sustenta sobre estereotipos tradicionales (qué peligro eso de la tradición) que afectan a los distintos roles que debería desempeñar cada uno, otorgando una serie de privilegios al género masculino a costa del femenino. Ya sé que ambas definiciones se quedan cortas, pero quería dejar claro que ambos son dos casos de discriminación, el uno de género y el otro de especie.

¿De qué modo han influido estas dos corrientes/luchas en mi trabajo? ¿Cómo las aplico? Empiezo con la que tengo más clara: el animalismo. Hay discriminaciones que son más evidentes que otras, pero probablemente, la discriminación hacia otras especies culmina el Everest de exclusiones y segregaciones que mi variopinta especie es capaz de generar. Es la menos evidente y el animalismo la lucha más denostada y menos comprendida de todas. No sólo porque es la única que no se da entre los miembros de nuestra misma especie, sino porque los afectados no tienen voz para defenderse ni exponer todo aquello que les hacemos padecer. Para darnos cuenta de ello hay que tener muchas neuronas espejo, que son las grandes encargadas de la empatía. La sola idea de saber que estamos constantemente maltratando y asesinando a seres sintientes, con un sistema nervioso que les permite sentir una caricia o una agresión, me genera unas ganas de vomitar inmensas, un rechazo inimaginable. Es tan grande mi indignación, mi repudio y mi vergüenza, que tengo que hacer un ejercicio de abstracción para no pensar en todo el sufrimiento que le causamos a otras especies. Hace ya cerca de 5 años que tanto Guille como yo decidimos no participar en esta puta mierda que constituye el especismo y todavía seguimos aprendiendo.

Tengo por ahí una foto en la que estoy acunando y dándole el biberón a una cabeza de cordero. Si mal no recuerdo, la hice a finales de 2011 o principios del 2012. Desde entonces, no he vuelto a hacer jamás, en la vida, una fotografía que para llevarse a cabo implicara el sufrimiento o la muerte de un animal. No trabajo con vísceras ni como fotógrafa ni como modelo. He rechazado numerosas sesiones en las que tenía que posar con animales taxidermizados o con sus vísceras “¿Por qué? ¿Si no son tus fotos?”, me preguntan: porque si acepto a posar en un proyecto así, estoy contribuyendo a favor de aquello contra lo que lucho. Sí realizo fotos con huesos que me encuentro en la naturaleza (me fascinan los esqueletos…), incluso insectos. Pero sólo si me los encuentro ya fallecidos y creo que en la causa de su muerte no ha intervenido el ser humano. No obstante, tengo una fotografía en el libro Gran Hado del entierro de un conejito. Lo atropelló el coche que teníamos delante y cogí su cuerpo, todavía suave, tierno y tibio y lo enterramos bajo una encina. La fotografía animalista como forma de activismo o forma de homenajear un cuerpo maltratado o torturado en vida me parece muy loable, pero creo que me haría sufrir muchísimo practicarla con frecuencia. En la exposición de Capital Animal había una sala que presentaba toda una serie de trabajos que denunciaban el enorme problema que supone el especismo, además de dar a los animales la voz que no tienen. Era una sala horripilante, más de uno salimos llorando o muy tocados, pero esos trabajos los considero necesarios para visibilizar lo que les estamos haciendo a los animales, para pensar y reflexionar en qué punto estamos nosotros en la lucha antiespecista. Por último, la muerte natural siempre ha tenido para mí un atractivo inmenso. No la temo, la veo como un proceso más del ciclo de la vida, una culminación.

En el caso de fotografías con animales muertos, me gusta esta con unos escarabajos que fui recogiendo por Doñana, en una tarde de playa. Me metí entre la vegetación y fui buscando bichitos que fui guardando en una cajita. Creo que morían a causa de la ola de calor que se dio durante el año 2015, estaban sequísimos.

Escarabajos (pequeña)

O con estas polillas. Cuando mi suegra se va a dar paseos por los encinares de Ávila, a veces me trae maripositas, escarabajos, polillas o abejas. Mis amigos cuando se encuentran también me las regalan.

Portada (pequeña)

En cuanto a los animales vivos con los que trabajo, son mis perritas o caballos. Mi favorita por ejemplo es esta, en la que además aparecieron estas dos yeguas sin riendas ni monturas ni nada. Estaban sucias de revolcarse por ahí, algo viejitas, pero las vimos libres por el campo, pellizcándose la una a la otra para que les hiciéramos un masaje en la tripa.

Cartujana (pequeña)

Nana del caballo grande (pequeña)

Libertad (pequeña)

Tea time (pequeña)

También me encanta esta del buitre, que nos estuvieron rondando durante toda una mañana de recogida de setas.

Volar (pequeña)

Así mismo, trabajar con los animalitos del Santuario de Valle Encantado fue una gozada.

Foto Esperanza (pequeña)

Foto Alfonso (pequeña)

No soy el gran ejemplo de la fotografía animalista, pero sí quería dejar claro que el animalismo me está enseñando muchísimo y que intento aplicarlo a mi vida en todos los ámbitos.

Luego está el feminismo. Ay, el feminismo. No sabéis la de enemistades y odios que me he generado por aferrarme a esta lucha. En general, todo codeo con cualquier tipo de activismo, genera rechazo en buena parte de la sociedad, pero sobre los hombros de personas que han luchado contra la ausencia de derechos y desigualdades nos erigimos y avanzamos much@s. Conozco pocas fotógrafas que luchen de una forma activa contra el sexismo en fotografía. Entre ellas tengo como referentes a Yolanda Domínguez, Alba Cosz, Dara Scully, Mònica Quintana, Cristina de Middel, Eider Massilia o a Verónica Ruth Frías, machetes y bofetadas en diferentes terrenos del feminismo.

Emily Davison (pequeña)

El beso

¿En qué me baso para pensar que una fotógrafa es feminista? Pues he pensado en una serie de puntos y, ya sólo cumpliendo uno, me parece un enorme avance.

  • Son mujeres libres. O todo lo libres que el sistema patriarcal nos permite ser.
  • Son mujeres guerrilleras. Llámenlas molestas, la motita en el ojo. Generan incomodidad, hacen tambalearse el bienestar y privilegios de la supremacía masculina.
  • Luchan, a pesar de todo el dolor y desgaste que conlleva nadar contra corriente, a pesar de todos los insultos y faltas de respeto. Son mujeres que no se callan ante una situación de desigualdad a pesar del aislamiento o ninguneo profesional que esto puede conllevar.
  • En su obra se muestran genuinas, primigenias y primitivas, salvajes, transparentes a nivel humano, subversivas y, en el caso del autorretrato, son dueñas de su propio cuerpo. Y si ya de paso trabajan temáticas que visibilizan la problemática en cuanto a desigualdades de género se refiere, lo bordamos (roles de género, estereotipos, etc).
  • Apoyan a sus compañeras en un acto de sororidad o sisterhood, como se prefiera llamar.

El parto (pequeña)

No obstante, quisiera añadir que, siendo mujer, si te dedicas a la fotografía ya tienes mérito. En realidad, si eres mujer y decides desempeñar tu trabajo con toda la profesionalidad posible, ya estás contribuyendo al feminismo, dado que no existe gremio que no se vea afectado por la supremacía machista: tienen que luchar el doble que los varones para buscarse un hueco, cobran menos, son subestimadas, lidian con bromas y comentarios sobrados, aguantan que les tengan que explicar cosas que ya saben, les aleccionan, las invisibilizan, etc De hecho, me encanta ese súper poder que parecemos tener todas, el de ser invisibles.

Creo que tanto el animalismo como el feminismo no son terrenos o ideologías completamente cerradas, sino que varían y crecen, están en plena reflexión y revisión permanente, además de existir tantas formas de pensamiento como formas tiene cualquier tipo de discriminación de golpear, de golpearnos. De esta manera, una no puede decir que es animalista o feminista de una forma rotunda, sino que crece, piensa y aprende cada día con estos movimientos. También pienso que cualquier lucha contra cualquier tipo de discriminación tiene que hermanarse o ir de la mano de las otras. Es decir, no se puede ser feminista y luego ser especista, tránsfobo, racista, homófobo, etc. Hágase cualquier tipo de combinación. Aunque nuestra lucha se centre más en un movimiento que en otro, la solidaridad por cualquier persona o animal no humano debería estar ahí. Y lo sé: cuesta. Salir de los moldes y parámetros establecidos cuesta, así que, como diría Verónica Ruth Frías, lo mismo nuestros hijos e hijas podrán disfrutar de los frutos de nuestra lucha, mientras tanto, nos vemos en las trincheras. O como digo yo, nos podéis comer un poco el higo, que es vegano.

Masturbate (pequeña)

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