El Diari indultat: mi experiencia

El Diari. Ese proyecto que trabajó la belleza de lo efímero, del arte que arde, de lo que se construye en la destrucción. También es un intento de reunir varias voces en un mundo en el que todo es individualismo, de hacer algo único a través de variadas unicidades. Es como un hijo con el genoma de cincuenta y pico personas. Creo que en el crepitar de sus hojas en el fuego, se parece un poco a mi.

Hace tiempo que quiero escribir sobre mi experiencia en El diari indultat. Bueno, en realidad hace tiempo que tengo la necesidad de escribir. Pero cuando escribo tengo la necesidad de decirlo todo. O casi todo, de ahí que dejara de escribir de forma habitual en mi blog. Pero voy a volver a intentarlo, ser la esencia de lo peor y mejor de mi misma, en un intento de paliar dudas, circunstancias, colapsos, experiencias, sentimientos y demás daños colaterales de la existencia.

Cuando Pollobarba me escribió para participar en el proyecto de El Diari Indultat, lo primero que le dije al pobre fue que no, aunque me consta que no fuimos pocos los que nos entró un ataque de pánico ante la sola idea de ponernos a fotografiar en Las fallas de Valencia. Pero no. Aunque los que tengáis el Diari podáis apreciar un índice alto de fallas y falleras, se nos dio absoluta libertad para fotografiar. De esta forma, contacté con mi gran amiga y fotógrafa Bárbara Traver, que si no conocéis su trabajo, ya estáis tardando.

Desde aquí quisiera agradecer al equipo y organización del Diari indultat el hecho de hacerme partícipe de un proyecto tan bonito, con tantísimo curro detrás. No obstante, quisiera mostrar mi agradecimiento en especial a Pollobarba, que sé y soy consciente de cuánto le debo en esto. Le agradezco que haya confiado en mi trabajo y que haya apostado por mi. Seguidamente, quisiera centrarme en Bárbara Traver. Ella no fue seleccionada ni nada por el estilo, pero es la modelo de mis cuatro fotos y la lucecita de esos tres días en Valencia. Tengo una extraña relación con ella, más epistolar y fotográfica que presencial, pero cuando es presencial, existe una química mágica. Debe de ser su mirada, su forma de reflexionar, su voz o su gatita Sally, no lo tengo claro. Siento que la conozco de toda la vida, la comprendo en todo lo que le emociona, inquieta o crea. Bárbara es una mujer muy sensible, culta, generosa y con un potencial como creadora admirable. No sabéis hasta qué punto siento como un privilegio el conservar su amistad, amén de haber podido introducirla en mi mundo.

Allí hice cuatro fotografías, de las cuales sólo se publicó una. Cuestiones de edición, por lo visto. También escribí un texto, que tampoco se publicó, así que os lo pongo aquí, por tener reunido todo el material en este post. La fotografía que se publicó fue “1, 2, 3 Murder” y hace referencia a una petición por parte de amigos y seguidores de representar en una imagen el rechazo por los petardos y el ruido que generan: sin horarios y a tus pies si hace falta.

1,2,3 Murder (pequeña)

La verdad es que en cuestiones de ruido soy una rancia y tengo que reconocer que la contaminación acústica me hace pensar en cosas que no son legales. O dejémoslo en el intenso deseo de que un meteorito borre el planeta tierra del cosmos. Allí estaba yo, metida en la cama de mi hotel, con los tapones para los oídos metidos hasta el tímpano, con una cara de WTF a las tres de la mañana y el “Mata, mutila, quema” en los labios. Claro, que eso de quemar debe de ser contagio propio del Proyecto. No. No me gustan los petardos. No me gusta el exceso de ruido y las fiestas un par de horitas a lo sumo. Lo mismo con los eventos tipo inauguraciones y demás vernissages. Trascurrido ese tiempo, suelo hacer una bomba de humo y desaparecer. Valencia es una ciudad fascinante en la cuento con numerosos amigos. Valencia es además una ciudad que cada vez que he ido me ha acogido maravillosamente bien, en concreto su comunidad fotera (esa Escuela Reverlarte <3). Y volvería ¿En fallas? Pues no sé. Lo mismo me pasa como con la Semana Santa y la feria de abril en Sevilla, que han tenido que transcurrir 30 años para que termine sientiendo algo parecido al amor por sus luces… y encogiéndome de hombros ante sus sombras.

Encontré en el suelo estos petardos sin explotar, que luego puse sobre su vientre, pólvora en el origen de la vida, dinamita en el útero, puerta de lo que se germina. Claro, que aquí cada uno puede interpretar lo que quiera, y así como muchos creemos que los valencianos nacen con la pólvora en la sangre, muchos podrán interpretar, muy a mi pesar, que esta foto es una oda a la mascletà. La foto ya no es mía, sigue su camino y tiene tantas interpretaciones como espectadores deseen contemplarla.

La realización de esta foto fue la que grabó el equipo de vídeo, gente majísima que trabajó como el que más los días de la creación del Diari.

Por cierto, miles de gracias a la bella Librería Railowsky por mojarse y señalar qué foto le gustó más. Para mí es más que un honor.

LibreríaLa siguiente foto la realizamos en un puente subterráneo que daba muy mal rollo, a la izquierda pasaban coches y su ruido reverberaba por todas sus paredes. Era como si las hondas del ruido ¡ruido otra vez! me atravesaran la carne y me amasaran las entrañas. Pero realizarla supuso una especie de purga. Es quizá la cara B de mi viaje a Valencia. Viajar para mí tiene doble cara, me trastorna y me fascina a la vez. También me sentí algo sola, por lo que la figura de Bárbara tiene una relevancia aún mayor. En esta fotografía lo que hice fue fotografiar el pasadizo sin gente (que en fallas ya tiene mérito) y luego con gente, para capturar posteriormente las sombras. Nos miraron raro, hicieron gilipolleces ante la cámara. La gente tiene la necesidad de hacer el idiota cuando ve una cámara y yo de ponerme dramática, cosas de la vida.

Cuenta hasta diez (pequeña)

La siguiente foto la hicimos en el lago-fuente que está frente al Palau de la música. Tuvimos suerte y no nos dijeron nada, lo cual estuvo genial. Uno de los puntos a favor de una ciudad en fiesta (sagrada o profana) es esa especie de fluir inconsciente de la gente, en una especie de borrachera en la que hacer locuras o tener un comportamiento considerado incívico es de manual. Sería feo no confesaros que cierto caos o falta de reglas me resulta muy atractivo, inmensamente animal, profundamente primitivo.

Bárbara salió del agua con su piel blanca mojada, tiritando, una sonrisa en la boca, la ropa negra aferrada a su cuerpo “¿A ver la foto?” “¿Ha salido bien?”, “Si quieres repetimos”. “Está perfecta así”.

Heartbreak (pequeña)

Por último esta foto, en el Café de las horas, maravilla entre maravillas dentro de los rinconcitos mágicos del centro de Valencia. No teníamos planeada hacer la foto, pero surgió y los del Café tuvieron la amabilidad de dejarnos realizar esta imagen. Para mí es el resumen más positivo que podía hacer de Valencia: Fotografía, Bárbara, una buena conversación y una copa de vino. Se nos pasó el tiempo volando y sentí una conexión con Bárbara aún mayor.

Participar en un proyecto como el Diari supuso proponerme el reto de realizar cuatro imágenes que intentasen estar a la altura de mi trabajo habitual, fue un intento de colaborar con otros compañeros, aunque les diera un poco de caña por la falta de paridad entre fotógrafos y fotógrafas (me hice un hueco de amor entre algunos de ellos, que con estos temas ya se sabe), fue una experiencia nueva en la que se mezclaron amor, fascinación, creación, cansancio, inquina y soledad. Y a veces me pregunto si esos no son los ingredientes que me conforman y destilo, si son mi calvario intrínseco y dicha emocional, la dicotomía o binomio sobre los que transcurren mi vida.

Words run (pequeña)

Por último, escribí un pequeño texto, horas antes de la fecha límite de entrega. No se publicó, que por lo visto les bombardeamos con centenares de imágenes, pero aquí os lo pongo yo.

Leila Amat Ortega (1987) Fotógrafa de ideas e hija de las grietas. También estudió Filología hispánica. Estos días he estado ardiendo en Valencia, positivándome en la luz, buscándome entre los bastidores de las cámaras.

Texto:

Me escuecen los ojos de no mirarle. Tengo la mirada herida por las noches en las que no la baña su azul. A veces siento que me hostiga  un espejo en la espalda, un cristal que me devuelve la mirada a golpes, que me grita como los sordos que tengo la nuca violada por el tiempo ¿Dónde están los que me quieren? Pare, estic a València, he venido a trabajar sola con muchos.  Mare, los masclet me dan ansiedad, me estallan por dentro, me abren las costillas y me arañan el pecho como cien gatos aterrados ¿Cómo está la abuela? Dile que las manos me huelen a la misma materia con la que está hecha el fuego, que a mí me sobra el calor en los poros para estrechar sus palmas entre la suerte de mi tacto, que yo también pienso en mi madre las mañanas en las que me inunda el susto o lo desconocido.

Escribo sobre fuentes resecas porque esto es una carta abierta a las llamas. Ya no oigo su crepitar, sólo escucho las cenizas tras el detonante, su levedad es el mayor estruendo, la sorpresa grisácea de lo que fue. Hace tiempo que entendí que la pólvora tiene zapatos de silencio o que la memoria siempre está quemada de la luz más tenue.  Apoyo los dedos en mis labios, pierdo las uñas por sus hendiduras, escucho el aliento de la niebla que me habita. Tengo cuatro fotos en las entrañas, se lo he contado a la blancura de mi lecho, porque las cosas importantes se dicen gritando o en susurros, muy quedo. Lo más valioso refleja la letanía del secreto mejor guardado. Pienso todo esto acariciando el recuerdo de mis perros, el cuerpo contraído entre las sábanas, rodeada de los cigotos que traigo latiendo entre papeles. Qué serán esas criaturas que viven en los retratos, los que me indagan por dentro y se nutren de lo que fui, de lo que soy y del futuro que me observa con la mirada del hijo que no tengo. Quiero ser el futuro de un bebé que no existe, el hipo de una foto o el indulto de las horas derrotadas.

 

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5 thoughts on “El Diari indultat: mi experiencia

  1. Echaba de menos leerte porque lo haces de maravilla, Leila. Cada vez que veo las fotografías me enamoro más, no sé cómo lo haces pero sacas lo más bello de las personas – seguramente sea también porque ambas coincidimos en el mismo concepto de belleza -. En tal caso, sigo fascinada y admirada. No puedo decir mucho más ya que el sentimiento es mutuo, tanto de ese odio al ruido como a la conexión.

    Y hablando de conexiones, desde que me vi “La doble vida de Verónica” esto es lo que me pongo todas las mañanas: https://www.youtube.com/watch?v=dJqUZFunBsk

    P.D.: Aún pienso en ese momento del café y de como ese momento íntimo me salvó, lo guardo como uno de mis secretos más profundos.

  2. Compré el diario por qué cuando vi tu fotografía me atrapó y eso que conozco personalmente a la mitad de fotógrafos que colaboraron … Tu foto es excelente tanto en la composición como en el procesado pero sobretodo lo que transmite usando el cuerpo de o modelo como lienzo del pincel del artista, en este caso tu cámara y tu mirada, tanto interior como a través del objetivo. Felicidades por la fotografía, tu trabajo es fantástico.

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