Teleorito

Teleorito (pequeña)

Cuando me despertaba a las 7:00 de la mañana para ir a la Universidad, me lo tomaba con calma. Hacía la cama, me vestía, aseaba y peinaba con mimo (aquí donde lo ven la señorita iba todos los días con camisa y tacones), me preparaba el desayuno y me ponía mientras lo disfrutaba la televisión. Normalmente a esas horas veía algunas noticias del telediario y el tiempo, emisión a la que reconozco ser adicta desde hace años. A la vuelta de la Uni también. Me preparaba rápidamente la comida, pues llegaba con un hambre voraz y me volvía a poner la televisión. Para variar, volvía a repetir el mismo ritual con la cena. Lo confieso: yo degustaba las tres comidas principales del día frente a la caja tonta. Normalmente con las noticias o a la noche con El Hormiguero, cuyo humor blanco me ayudaba a desconectar y, por qué negarlo, a veces hasta me reía.

Foto making VI

Luego me mudé al Barrio del Pilar, pero allí no había televisión. Y como ya estaba sumida en una depresión profunda, toda actividad, hasta la más pasiva, era para mí una pendiente imponente. Por norma general, en una depresión lo que cuesta es procesarlo todo, incluida la vida. Sin embargo, a pesar de que muchos detalles los he olvidado debido al excesivo pastillaje que recibí, nunca dejé de leer o ver pelis, aunque no lo hacía con la misma frecuencia de antes. Vivo sin televisión desde septiembre del 2010. A día de hoy, disfruto la comida en una mesita baja, sobre una alfombra mullida, al lado de Guille. A veces en silencio, otras con la mirada de los garbanzos a sus ojos, otras charlando y otras regañándole porque se pone a jugar a la pelota con Milka y Menta entre cucharada y cucharada, si no está dándole guisantes, zanahorias y pan con paté a Menta, que es muy buitre-aspiradora.

Os preguntaréis si no tengo un vicio, una adicción o una vía que me sirva de excusa para pensar que estoy haciendo algo, cuando en realidad no estoy haciendo nada. Pues sí. Está internet, los vídeos absurdos de Youtube y las malditas redes sociales, lugares donde tanto tiempo pierdo cuando tengo tantas actividades interesantes con las que disfrutar y crecer. No obstante, estoy en proceso de desintoxicación y si logro llegar al medio año con mis objetivos, intentaré dedicarle una foto a este asunto y os cuento.

Foto making III

Sigo con el tema de la televisión. Mentiría si os dijera que no la vemos. Cuando venimos a la casa de Ávila, de vez en cuando, cuando estamos perracos, la ponemos. Suele ser igual, a la hora de cenar o de comer y normalmente las noticias… o Bob esponja, dibujos de los que me declaro fan absoluta. Cuando ponemos el telediario en cualquier canal, terminamos insultando a la tele como los viejos: “Buuuh ¡Mentirosos! ¡Ladrones! ¿Pero cuántas veces han repetido esta noticia ya! Menuda cortina de humo ¡Pero mira cómo cuentan la noticia! ¡Televisión Estatal tenía que ser! ¡Eso que dicen está manipuladíiiisimoooo! ¿Pero cómo pueden subestimar de esa manera al espectador? La presentadora se corta el pelo con un hacha” También podemos pasar de la indignación, a la melancolía: “El mundo es una mierda, la gente está muy chalada, en el fondo, qué-bien-se-vive-en-Madrid”. Si es a la hora de comer, toda esta retahíla de amonestaciones que nadie va a escuchar, pueden acabar conmigo misma en el sofá, haciendo como que toco la guitarra, cantando: “Vive en una piña debajo del mar, ¡BOB ESPONJAAA!” Y Guille a mi lado, indignado por naturaleza, diciendo que eso de vivir bajo del mar en una piña es imposible, que eso de playas debajo del mar es un absurdo, que cómo te puedes servir un zumo debajo del mar, que qué tontería es esa de encender fuegos bajo las aguas, que las esponjas no hablan y que la canción en inglés está mejor, a lo que le sigue: “SPONGEBOB SQUAREPANTS!! ¿Has visto la cuenta de Twitter que es Bob estropajo?”.

Con esto no quiero decir que no mole hacer el gilipollas eventualmente y mucho menos que no debáis indignaros, que motivos no nos faltan para practicar ni lo primero ni lo segundo. Pero tras cinco años sin televisión, no puedo librarme de ella. El otro día, leyendo también con el ceño fruncido el periódico, vi que un programa llamado “Master Chef” ha montado la de Dios es Cristo alrededor de una patata poco cocida con seis hilitos de azafrán y dos bolitas de pimienta, ese León come gamba, que me resultó glorioso. Tanto el plato como el show absurdo que se puede liar frente a cualquier cosa, cualquier afición o profesión, ¿os imagináis un Master Photographer? Ya estoy viendo al jurado: “Es que el humor no me sale ante estas cosas, esto es un insulto para los 15.000 aspirantes a este programa, ¿y esos blancos quemados? ¿Y ese horizonte torcido? ¡Esto ofende a mi inteligencia! En mi vida he visto una marranada como esta y que tú me la intentes colar… ¿De verdad pensabas que me podrías presentar esta jamona en bikini mal enfocada? Estás expulsado, Pedrito”. Mientras tanto, el tal Pedrito dice que se quiere meter en un pozo durante dos años, que va a renunciar a su sueño de ser fotógrafo y entre pucheritos una hermosa presentadora se lo lleva con cara de circunstancias por la puerta trasera. También me imagino los grititos, las manos al rostro y la emoción semicontenida: redoble de tambores, sonido de suspense… “Hoy ha venido a visitarnos, ¡EUGENIO RECUENCO!” Unos se desmayan, otros lloran, otros pegan saltitos en el sitio. Yo lo estoy viendo, patrocinad la idea YA.

Foto making VII

Hace un mes yo estaba muy enfermita: fiebre, mocos, tos, dolor de garganta y cabeza… y nos dio una la noche por ver por primera vez en nuestras vidas Gran Hermano. El nivel de estupefacción al ver el programa fue apoteósico. Pero aumentó al pararme un segundo y ser consciente de que este programa interesa a miles y miles de espectadores, que terminan haciendo sus apuestas sobre si el Rey de la Jungla ganará o si será por casualidad ese dechado de virtudes (toas junticas) que resulta ser la llamada Princesa del Pueblo. Podría seguir con más programas chorras y no acabo el post. Supongo que alguno me saldrá con que la tele a veces hace las cosas bien, que emite programas muy educativos, culturales e interesantes. Y yo se lo acepto, pero esos momentos son tan escasos, que a mí no me compensa. Tras el paso de los años, te das cuenta de que sin televisión no te pierdes nada. Mi padre puede llevar tranquilamente más de 15 años sin televisión y también agradece a los dioses haber tomado la decisión de no tenerla. Donde esté una estantería con buenos libros, mi actividad fotográfica, buena compañía, la música y perretes a los que rascarles la tripita, la televisión puede seguir ausente en nuestras vidas.

Foto making II

¿Cómo hicimos esta foto?

Pues llevaba tiempo queriendo realizarla, pero no encontraba una televisión en la basura pequeñita e íntegra. Por lo visto tienen noséqué pieza dentro de ¿plata? y las destrozan siempre. Pero una noche, saliendo de la Jääl Photo con mi madre, nos la encontramos en la acera, casi centradita. Miré a mi señora madre y ella me puso los ojos de “No, no se te estará ocurriendo ir cargando con ella desde Tirso de Molina a Malasaña, ¿por qué tengo una hija tan anormal?“. Pues con la tele que me metí al metro y con la tele me fui a cenar con mi madre, Guille y las perrinas al Bicicleta.

Trasladamos el cacharro a Ávila y allí, en un ocaso maravilloso lleno de tonos lilas, hice la foto. Para empezar tuvimos que revolver un poco el cesped con una azada, para dar la impresión de pequeño impacto. Mi idea era una televisión-meteorito que nos hubiera aplastado, una interpretación en clave de humor dramático sobre lo que entiendo que puede llegar a ser este medio en nuestras vidas. Es un trabajo que dejé a Guille, que para eso tengo a un maromo guapo, listo y fuerte.

Foto making IV

Luego me encargué yo de romper el cristal de la tele, que lo suyo costó, creo que lo conseguí al tercer golpe… y por si se os estaba pasando por la cabeza preguntar, sí, lo disfruté. Después de romperla, salió un humillo chungo de dentro.

Milka y Menta se tiraron toda la sesión escarbando como si no hubiera un mañana ¿un topillo? ¿Conejos? A Milka no conseguimos arrancarla de su obsesión hasta que no nos montamos en el coche, lo arrancamos y hacíamos como que nos íbamos. Llegó llena de tierra y tuvo legañas de tierra durante 12 horas.

Foto making V

Hacía muchísimo frío, pues en las puestas de sol se generan unos cambios de temperatura muy bruscos, acompañados de un viento intenso. Reconozco que al día siguiente, me levanté medio enferma. En realidad, llevo un mes enferma y estoy hasta los ovarios de dolor de garganta y toses, es agotador.

También quisiera destacar de esta sesión que colocar en mi espalda la tele rota y que no se cayera (pasó varias veces), fue todo un arte.

Reconozco el derecho social a desconectar y entiendo que esa es la principal función de la televisión. Iba a decir también nuestro derecho a vivir informados, pero tengo mis serias dudas de que ese sea el objetivo de quienes manejan los hilos de un medio que podría ser fabuloso, pero que resulta ser un pifostio, una estafa y un insulto deliberado a nuestra capacidad de racioninio o de interpretación de la realidad. Opino que la televisión que nos ofrecen es indigna, un medio que tiene la fórmula perfecta para vaciar vuestras vidas sin intención alguna de llenarlas.

Foto making I

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Quedadas entre fotógrafos creativos

Luciérnagas (pequeña)

Siempre he defendido el carácter solitario e íntimo de la fotografía creativa y, si me apuran, defendería la soledad que implica cualquier actividad artística, en tanto que es un acto que se destila de nuestro interior y que no siempre tiene tintes agradables. Me he preguntado innumerables veces por qué una persona decide ser artista, independientemente de cuál sea el nivel de su talento, y barajo la firme hipótesis de que tamaña decisión sólo puede venir dada por un cúmulo de dudas y preguntas, por una necesidad de interpretar la realidad que nos rodea y la propia, por el alivio que supone descargar parte de nuestra lucha interior en un lienzo, una foto, una hoja de Word o de papel, una pieza musical o un vídeo. No lo duden ni un segundo: estamos solos, sobre todo en lo que atañe a lo más remoto de nosotros mismos, lodazal del que proceden innumerables ideas que luego se plasman en una obra artística. Esa especie de aislamiento se hace prácticamente imprescindible a la hora de plasmar nuestro universo interior, en la medida que nadie mejor que tú lo conoce, nadie tan único como tú para volcar esa unicidad en una fotografía y por ende hacerla única.

Alegre tristeza de un árbol (pequeña)

Llegados a este punto, quisiera dedicar esta entrada al blog a una situación completamente contraria a la descrita. Fue el año pasado, en Aracena, cuando organicé un taller de fotografía creativa acuática. Mis talleres son complejos porque siempre parto de la idea de que el arte en su mayor esencia debería practicarse en solitario, y por lo tanto inspirarse y producir algo medianamente interesante ante otros se convierte en una tarea ardua e intimidatoria: implica desnudarnos ante otras personas que de poco o nada conocemos y eso suele ser duro. Pero quisiera hablaros de un placer descubierto el año pasado, de una experiencia grata que en ocasiones es saludable practicar: tu arte con otras personas que también se dedican a ello.

El otro día íbamos paseando por la calle los fotógrafos Elena Palace y Jesús Solana, tras visitar la exposición WomenToWomen en la Galería Cero de Efti, y nos fijamos en dos sillas roídas, desgastadas y viejunas abandonadas en la calle: “Foto, foto, pueden servir para una foto”, pensamos los tres en nuestro fuero interno y luego en voz alta. Estas coincidencias de pensamiento o modus operandi sólo pueden hacerme sonreír.
Pero voy a lo que me atañe ¿Quiénes de los que me leéis sois fotógrafos creativos? ¿Quiénes de vosotros habéis trabajado con otros compañeros? Y no me refiero exclusivamente a colaboraciones. El hecho de trabajar juntos no siempre implica una fusión de universos. Os pregunto si alguna vez habéis construido una fotografía al lado de otra persona que a su vez está maquinando otra o si alguna vez habéis creado codo con codo con otro fotógrafo o le habéis ayudado a realizar su propia foto. Como fotógrafos, ¿habéis posado para otro fotógrafo? En este post hay intercaladas fotos que he hecho rodeada de muchísimos fotógrafos y al final fotografías de compañeros para los que he posado en las quedadas.

Lo que sangró el perro (pequeña)

Disfruté de esta experiencia por primera vez en Aracena y fue más que gratificante. Obviamente ninguno de nosotros trabajaría siempre así, pero ver que los demás trabajan de forma semejante genera complicidad, es una vivencia muy grata. Agradeces que los demás se estén dejando, la piel y las entrañas para plasmar su interior en una foto. A tu lado. En Aracena no sólo acabamos todos en pelotas dentro del agua, nos despelotamos el alma entre unas 10 personas y eso para mí supuso un antes y un después a la hora de concebir la producción artística. Tal y como he empezado la entrada, sigo defendiendo la soledad a la hora de crear cualquier pieza artística, pero de vez en cuando, sólo de vez en cuando, es saludable que varias personas que se dedican a lo mismo que tú, se reúnan con el fin de trabajar juntos, en un ejercicio que requiere imaginación, poesía y mucha concentración. También es una ligera lección de humildad, empatía y complicidad: no sólo tú trabajas así, no sólo tú te metes en el agua y las pasas putas para sacar tu foto, no sólo tú sufres cuando sales a hacer fotos o al contrario, no sólo tú rozas la catarsis en la realización de determinadas instantáneas. De este modo, no sólo tú padeces fobias, ilusiones, inquietudes o entablas en tu interior una lucha interna. El carácter performativo en la realización de una fotografía construída está en la obra de cualquier fotógrafo creativo. Empatizas con otros compañeros y terminas sintiendo con mayor intensidad su propio trabajo en esa especie de “teatralidad” y “montaje” que se desarrolla antes de un disparo con la cámara.

Todas y cada una de las veces que he quedado con otros fotógrafos creativos para fotografiar he sentido una especie de comunión con ellos: “Esta localización es muy bonita”, “Pósame así o asá”, “¿No te importa meterte en esa charca con moho y musgo?” Nos sitúa a todos en una misma corriente que no por ser corriente, tendencia o la misma categoría fotográfica nos impide volcar toda nuestra esencia en nuestro trabajo y seguir siendo nosotros mismos.

Sí, quisiera repetir, al menos una vez cada dos meses. Sentirme en mi salsa en compañía, salir ocasionalmente del individualismo del artista para crear frente a frente con otros artistas. Eso genera hilos, nos enriquece, palia la soledad y genera complicidad, conoces a una persona más allá de los personajes de sus fotos, lo que abre nuevos caminos de interpretación de su obra.

En las quedadas, además de hacer fotos, también posamos entre nosotros y cada vez lo tengo más claro. Si alguna vez queréis dedicaros a posar desnudos, vestidos o como os venga en gana, hacedlo con fotógrafos creativos, si queréis trabajar dentro de un marco más sensible, poético e introspectivo. Yo os posaría a todos ad eternum. Me hacéis sentir fenomenal, me siento arropada, segura y feliz de pertenecer a vuestros mundos. Para mí este muestrario es un gran regalo.

Josh León.

Midnight Echo

Mònica Quintana (Modelo además de la foto de mi chica en el árbol con el traje blanco).

Mònica quintana I Mònica Quintana

Dani Pelirrojo.

Dani

Mara Saiz Gomis.

Fotografía Mara Saiz

Foto Mara Saiz II

Sebas Oz.

Sebas Oz - Sin gravedad

Fotografía de Sebas Oz

Aliena Nieto.

Aliena Nieto I

Aliena, foto definitiva

Mia Madrid

Mia Madrid

Jesús Solana.

Jesús solana

Rafa Macías.

Rafa Macías

Bárbara Traver.

Bárbara traver

Mónica Sanz.

Mónica sanz

B