A foto tendida

Cry (pequeña)No sé cuándo es la última vez que habéis llorado a moco tendido. Hablo de llorar con la mandíbula colgando, temblorosa entre llantos que simulan graznidos y cánticos desafinados. La cacofonía de las heridas. Hace tiempo que me quedé espantada con lo mucho que el llanto se parece a la risa, es irónico. Últimamente he llorado desconsolada, por unas cosas y otras. Entre mocos, babas y lágrimas me deslizo y golpeo contra las paredes, como si toda la angustia sólo fuera una pátina que se arranca a base de espátula. Me meso los cabellos y me pregunto mil veces por qué tengo que estar así de nuevo, por qué el pesar se me vuelve a subir a la chepa, ciego y completamente salvaje.

Mi madre ha subido desde Sevilla a cuidarme, ya que Guille se encuentra en Irán trabajando. Le pedí ayuda por teléfono, porque creo que a diferencia de lo que solía hacer durante mi período de depresión profunda, me veo capaz de pedir ayuda. Me acerqué a la ventana donde suelo tender la ropa y miré abajo. Pensé que un cuarto piso era muy poca altura, que si me tiraba lo mismo me quedaba paralítica o tetraplégica: de nuevo tenía pensamientos autodestructivos. Así que cogí el teléfono y le dije: “Mamá, ayúdame, me quiero morir”. Mi familia no tiene muchos recursos económicos, pero mi madre se dejó los euros en el próximo Ave que saliera de Sevilla a Madrid. Me sentí la persona más deleznable del mundo y le dije que probablemente yo era la hija que nadie quisiera tener. Ella por teléfono, con el llanto contenido, me dijo muy seria que no volviera a decir eso, que la familia está para estas cosas, que ella se siente muy orgullosa de mí, que tengo muchas virtudes, que hice muy bien en llamarla, que mi hermana Mónica ha salido del Máster y ya venía para casa.

Mónica no tardó. Como fisioterapeuta que es, me hizo un buen masaje en los pies y me echó la bronca por no cuidar las rozaduras. También mandó a darme una ducha y a frotarme bien la cara, mientras ella me ponía música pachanga de fondo para que cantara. Luego me hizo una trenza de espiga y salimos a dar un paseo andando desde Malasaña hasta Atocha con las perritas para ir a buscar a mi madre. Aquella noche cenamos juntas, hablé con mi padre por teléfono y Guille desde Irán suspiró de alivio.

Cuando me encuentro mal no suelo recurrir a nadie. Me lo trago, hago bolas gigantescas, se las vomito a Guille y seguidamente las vuelco en una foto.

Retrato Jorge

Por qué escribo esto. Escribo porque me ayuda a entender todo lo que me pasa y a asociarlo a mi persona. Últimamente siento que yo no soy yo, que la que pasea a sus perritas por la calle, en una primavera soledada (malditas, siempre, las primaveras), con pasos mecánicos, es una persona ajena a mí. Todo lo veo desde fuera, como en los sueños en los que suceden cosas y no terminamos de ser partícipes en ellas. Siento un dolor tan intenso que no sé cómo no me desplomo al suelo. No comprendo cómo esa masa espeluznante que se ha formado en mi interior no termina de salir a través de mis poros. Al final sólo siento que padezco de malestar y ansiedad envasadas al vacío.

Me siento muy sola y ya dijo en su tiempo Elsa Punset que la soledad mata a día de hoy a más personas que el tabaco. Me siento sola, pero me resulta curioso que en cuando me abrí la cuenta de ask y la gente pudo preguntarme lo que fuera de manera anónima, lo primero que hicieron fue preguntarme por mis desnudos y mi depresión: qué me pasó, cómo tratar a un familiar depresivo, cómo frenar una depresión, cuánto dura. Son anónimos, hecho que quisiera recalcar para destacar el carácter tabú de las enfermedades mentales. Escribo esto para que quienes sienten un dolor inmenso, con motivo o sin motivo, vean que no están solos y que socialmente no se os permite ser frágiles y mucho menos exteriorizarlo. Os recomiendan juntaros con personas positivas, que los que somos unos agujeros con patas arrastramos a todo aquel que nos ama y a los que no. Y lo peor de todo es que es verdad.

He conocido a muchas personas en plena depresión profunda y no soy capaz de decirles qué deben hacer. Lo cierto es que después de todo, me avergüenza decir esto. Quizá escribo sin ningún fin concreto, para desahogarme parcialmente, para señalar que el dolor, a pesar de que socialmente se esconde, es universal.

La noche que vino mi madre, los borrachos emparon a agolparse en mi calle. Malasaña por la noche es la jungla. Cantan, vociferan y yo, acurrucada en la cama al lado de mi madre, no sé si es de amargor o felicidad. A la mañana siguiente me arrastré al estudio de Jorge Pozuelo (que me ayudó a realizar la foto anterior) y quise participar en su proyecto We are what we think: “Existe una inter-relación entre lo que pensamos y cómo eso hace que nos comportemos de determinada manera ante la vida. La serie nos desplaza a un determinado momento dentro de un espacio/tiempo concreto por el que todos alguna vez en la vida nos hemos visto. El poder de los pensamientos es, realmente, muy evidente en toda la serie”. Yo llegué con el vómito todavía dentro de mis poros, pero tras participar en el proyecto, me sentí un poco más limpia. La fotografía me hace sentir bien. Este fue el resultado. En este instante me hundí en ese vómito en el que me suelo convertir mi vida y mi persona. O en el vómito que suelen hacer de mí.

Leila-Amat

De nuevo, metida en esta espiral de zozobra, la fotografía vuelve a tener un papel relevante. La fotografía y mi madre, ya casi no veo diferencia entre ambas palabras, entre lo que me engendra y la luz.

 

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12 thoughts on “A foto tendida

  1. Me parece un post genial, y que tienes mucha valentía al abrirte así frente al mundo. Cuando te sientas sola, piensa que en realidad no lo estás, que tú te estás jugando una mala pasada a ti misma, porque si estuvieses realmente sola… Guille no hubiera suspirado aliviado, y tu madre y hermana no hubiesen ido corriendo. Mucho ánimo y mucha fuerza!! Ahh y mucho talento el que tú tienes muchacha!!

  2. AMIGA, si, amiga con mayúsculas, ya se que no hay nadie como la familia y por supuesto Guille, pero hay más amigos a los que puedes recurrir en estos momentos y que estaríamos encantados de estar sin estar y estando siempre contigo…. Un beso grande, mejor dicho GRAAAANDEEE on mayúsculas.

  3. Uff! Que forma de materializar en palabras toda esa vivencia. Hace falta mucha fortaleza, valentía, grandeza de espíritu y por supuesto arte para hacer esto que tu haces.

    Inmensa siempre. Jesus

    > El 09/03/2015, a las 20:25, Leila Amat Ortega escribió: > > >

  4. Siempre tenemos a alguien a quien pedir ayuda, no hay que tener miedo ni vergüenza, los nuestros siempre están ahí cuando nos vemos en el agujero. Yo hay días en los que me cuesta un mundo salir de mi rinconcito en el sofá y enfrentarme al mundo…pero no queda otra. Mucha fuerza Leila!

  5. Mi princesa, es estremecedor leer como desgarras tus sentimientos, dan ganas de ir y darte un enorme abrazo por valiente, pues valiente es quien se atreve a abrirlos al mundo y lanzarlos al viento.
    Un día de estos descubrirás que abres el balcón y no miras los pisos que hay abajo miras hacia arriba y te entran ganas de volar, y de sonreír a la vida, que cada mañana pones el pie y que siempre sea el pie que te lleva a la sonrisa y de esos tus perritas y tu interior saben mucho mas de lo que imaginas, solo tienes que escucharlas ….. y dejar que el viento siga dejando volar tu tremenda imaginación, y eso si genial si lo acompañas de el abrazo de los que mas te quieren…
    Y nadie te va a querer tanto como tu misma. …..

  6. Aunque sólo te conozco por las fotos me quito el sombrero y te mando un abrazo. Y otro también para los de tu alrededor.

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