Madre de luces

Madre de luces (pequeña)Recuerdo mis 16 años. Adquirí un estilo hippy-heavy, me enamoré hasta las trancas por primera vez de alguien que no lo merecía (un clásico) y se la lie pardísima a grito pelao a mi tutor de 1º de bachillerato en su despacho porque el colegio nos hizo creer que estábamos estudiando Humanidades, cuando en realidad era Sociales. O al menos yo debía y quería estudiar Latín en vez de Probabilidad y Estadística, aspecto que solucioné pirándome de un colegio en el que había estudiado durante 12 años. Con 16 años empecé a pintarme las uñas de negro y ya de paso los ojos y los labios. Tuve mi primer móvil, me gustaba Blind Guardian y Metallica, me siguen encantando y tenía una mejor amiga del alma. Mi perra Luna existía, a mi abuela todavía no le había dado el derrame cerebral y me leí con entusiasmo los dos últimos libros de “El Señor de los anillos”. También acudí a los dos primeros estrenos disfrazada, al primero de Nazgûl y al segundo de elfa. Creo que fue de los últimos trajes que pudo coserme mi abuela. Cuando salía lo hacía a la Alameda, en Sevilla, intentando integrarme entre la maraña de hippies, góticos, heavies, nadas y porretas entre litros. Sin éxito, claro. Volvía a casa hecha una mierda, no por consumir alcohol o marihuana (no lo hacía), sino porque no conseguía integrarme. Pero insistí un par de años más en salir de esa guisa hasta darme cuenta de que si a mí lo que me gustaba era quedarme en casa leyendo o viendo pelis, eso era lo que realmente haría. También escribía, pero mi profesora de lengua tuvo a bien decirme que esas diarreas mentales no las entendía ni Dios y ya de paso me alentó a no estudiar la carrera que más adelante estudié: Filología hispánica. Y no porque no tuviera cualidades para ello, sino porque ella era la que estudió y por lo visto aquellos estudios le fueron infumables. Aquella era mi profesora de lengua. Cuando yo tenía 16 años, mi hermana Emma tenía 4 y lucía de esta forma:

Emmacorre

(Te la comes) Y yo de esta otra:

Leila 1

(No sabéis la vergüenza que me da enseñaros esta foto) A los 16 supe lo que era llorar por amor como una condenada y desde entonces despertarme con el canto de un mirlo me hunde en la más profunda miseria. Aquello de abrir los ojos sin querer seguir viva, angustiada, una primavera, mientras el pajarito entonaba su son recordándome que tenía que afrontar un nuevo día de mierda, creo que se me ha quedado grabado en el ADN y mis hijos también lo odiarán.

Madre de luces III (pequeña)

Emma tiene ahora 16 años y por fortuna su equilibrio dista mucho de estar tan torcido como el mío. Pero no por ello es menos sensible. He podido asistir de una manera u otra a su desarrollo tanto físico como personal y hay unas variables que no han cambiado: es sensible, inteligente, cariñosa y gran amante de aquellos a los que ama. Iba a decir que es muy amiga de sus amigos, que sí, pero quisiera ampliarlo a que es una persona que a quien quiere, sea familiar o amigo, lo hace con lealtad y sinceridad. Emma tiene buen fondo y puedo decir eso de pocas personas. Está en una edad complicada, la fucking adolescencia, los complejos 16 años. Le he preguntado a muchas personas sobre este tema y creo que muy pocos, si tuvieran la oportunidad, querrían volver a su adolescencia. Uno empieza a encontrarse a ratos y a buscarse las más de las veces. Comienza una lucha por definirse, todo lo pasamos por un filtro muy crítico y la conciencia por nuestro entorno cada vez va tomando más y más peso. Cuestionamos a nuestros padres, a los profesores, a los amigos y a Satán. También lloramos por todo y por nada, porque de repente todo nos duele y afecta más que nunca. Para colmo, desde un punto de vista neurofisiológico, la maldita hipófisis segrega unas hormonas que hacen que nos sintamos emocionalmente frágiles y variables. A los 16 años el cuerpo empieza a entablar una lucha feroz con la mente y los estrógenos nos la juegan durante años hasta que conseguimos madurar y la mente consigue alcanzar nuestro cuerpo a fin de llegar a un equilibrio. De todas maneras, en ese aspecto, yo sigo todavía en una tardía adolescencia.

Madre de luces II (pequeña)

Emma, a la que yo recuerdo ver por primera vez, amarilla y llena de trozos de placenta, es ahora una chica madura, reservada, lista y bella. Cada vez lo es más. Y la siento algo perdida, ligeramente decepcionada con lo que le rodea, porque llega un punto en el que el juicio crítico se desborda como un río demasiado cargado, con sus consecuentes inundaciones. Que yo le diga que es normal no va a cambiar nada, ni siquiera consuela, pero quisiera transmitirle que puede contar con su hermana mayor para lo que quiera, que en medio de toda la mierda debe apoyarse en quienes la queremos. Cómo no iba a estar con la madre de las luces, mi Manuela Malasaña, mi sirena de piscina, la mujer del traje de pino, la bailarina de los abanicos de fuego, con mi musa.

Madre de luces IV (pequeña)

En esta foto no sólo hay una bombilla, no sólo luchan cuatro rayos de sol por mantener el parque encendido. Agradezco a Emma que se haya metido en este personaje, mitad hada, mitad espíritu del bosque, delante de todos mis compis fotógrafos. Me lo pasé genial con ellos, estuve muy inspirada. La fotógrafa Lara Corrales tuvo la generosidad de regalarnos este vídeo, donde podréis ver el adelanto del making-of de un par de fotos más y lo que está por venir: La visita de la fotógrafa Mònica Quintana a Madrid y las consecuencias que su presencia tuvo, entre otras, el precioso vestido blanco que lleva Emma en las fotos, que me lo prestó ella. Durante la quedada para hacer fotos en El Retiro, nació esta nana de luz, una canción de cuna a los últimos rayos del ocaso, a ese sol tenue que, pequeño y débil como un bebé, se va a dormir.

Madre de luces V (pequeña)

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5 thoughts on “Madre de luces

  1. Es una pasada verte en acción en el vídeo, después de tanto tiempo siguiéndote! Me ha encantado el post, la foto, el making off…que bonito es este arte leñe!! Ah por cierto, creo que a tod@s nos dan vergüenza nuestras fotos con 16 años así que no te preocupes y gracias por enseñarnos ese trocito de ti.
    Abrazos.

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