La paciente y su mejor amigo

Near this Spot
are deposited the Remains of one
who possessed Beauty without Vanity,
Strength without Insolence,
Courage without Ferocity,
and all the virtues of Man without his Vices.
This praise, which would be unmeaning Flattery
if inscribed over human Ashes

Epitafio que le dedicó Lord Byron a su perro

La paciente y su mejor amigo (pequeña)

¡No quiero ninguna entrevista, lo que necesito es a mi perro… ¡Sólo quiero que me den a mi perro… ¿Qué le han hecho a mi perro esos hijos de su madre? ¡¿Por qué me lo han matado?! Fragmento de una conversación telefónica de Teresa Romero, con su pareja Javier Limón.

La noche del 8 al 9 de octubre empezábamos a alcanzar en Madrid temperaturas frías, por lo que cerré las ventanas del techo de mi pequeño ático por primera vez en varios meses. Cuando miro por la ventana sólo puedo ver el cielo. En febrero pude perder la mirada, tumbada en la alfombra, en la caída de pequeños copos de nieve. Mi ventana da a un paisaje que podemos ver todos, mi ventana me ensañaba la misma Luna que acompañaba a Guille en Irán. El cielo me sirve de excusa para pensar en todo lo que hay debajo y  aquella noche me dio por pensar en Excalibur, el perrete de Teresa Romero y Javier Limón, allí solo en Alcorcón y cuya vida pendía de un hilo. No porque se hubiera demostrado que estaba enfermo ni nada, sino porque corrían rumores de que iban a asesinarlo.

Excalibur IV

Miré a Milka y a Menta. Milka soñaba, dando golpecitos con una pata al aire. Menta se arremolinaba, calentita, dentro de su manta, suspirando de placer, es muy friolera. No eran conscientes de nada ni nunca lo serán en su universo perruno de juguetes, babas, premios, mimos y demás obsesiones. Entonces me entró una angustia enorme por dos razones muy concretas:

a) Tengo la inmensa suerte, que supone a su vez un inmeso dolor, de saber empatizar con seres de otras especies, por lo que me imaginé a Excalibur, con el balcón abierto de su casa, sin entender nada y sin nadie que le pusiera una mantita tal y como yo se la puse a mi Menta.

b) Fui plenamente consciente de que le había tocado a Teresa contagiarse de una enfermedad muy chunga, pero que ni yo ni nadie estábamos exentos de ese riesgo y, por ende, la probabilidad de que me separasen de mis perras, para posteriormente asesinarlas sin ningún miramiento y menos impunidad, existía.

Excalibur V

Estuve toda la mañana del día 9 pendiente de lo que pasaba con el perro, lo reconozco. Y llegué a clases de danza a las 19:00, alegando que necesitaba despejarme, que llevaba todo el día con el pensamiento del perro para arriba, el perro para abajo. Y yo sin saber que justo a esa hora, acababan de asesinar al perro. Al famoso “puto perro”, porque si bien este caso ha despertado la compasión en miles y miles de personas, también ha servido de oportunidad para que unas cuantas no sólo dejen patente su animadversión a otras especies que no son la suya, sino que se han escrito alegatos a favor de su muerte y tortura. Probablemente, durante una semana, los amantes de los animales hemos visto reacciones sociales sorprendentes y conmovedoras hacia un animal, pero también hemos tenido que bregar contra múltiples declaraciones de manifiesto desprecio hacia otras especies. Se han entablado debates feroces (gracias, Ernesto Castro), que veo necesarios, pero que me han recordado a los que se desarrollaban sobre las mujeres, los judíos, los homosexuales o los negros. Si bien hoy en día el antisemitismo, la homofobia, el sexismo y el racismo existen, cada vez más y más gente es consciente de lo devastador que puede llegar a ser la discriminación por religión, sexo, condición sexual o raza. Si existen tamañas manifestaciones de desprecio entre nuestra especie, ¿qué camino nos queda para superar el especismo? A día de hoy, casi todos los seres humanos padecen de especismo, además de obviar que todo animal tiene la capacidad para sentir dolor, un dolor que, como todos, desea evitar a toda costa, y placer, aquel que todos anhelamos alcanzar. El racista no tiene en consideración el principio de igualdad, otorgando más importancia a los miembros de su propia raza, el sexista cae en lo mismo favoreciendo exclusivamente a los de sexo y los homófobos argumentan a favor de una única y predominante sexualidad. Siguiendo la misma línea, el especista permite que los intereses de su propia especie estén por encima de los intereses básicos de los miembros de otras especies Y así es como comenzaron los ataques encarnizados a quienes defendían, según ellos, algo aparentemente insignificante y que en modo alguno afectaba a sus vidas. No sólo es una cuestión de especismo, es una cuestión de especifobia, si se me permite el palabro. Entre nosotros existe una preferencia moralmente indefendible por nuestra especie entre todas las coexistentes en el planeta, que da pie a que las torturemos, asesinemos y explotemos según nuestra propia conveniencia y beneficio. Es de sentido común no desear participar en todo esto.

Excalibur III

Gracias a Excalibur, cuestiones como el especismo o conceptos como los “Derechos de los animales” se han puesto sobre la palestra. Personalmente voy a dejar muy clara mi posición al respecto desde hace ya algunos años: el derecho a la igualdad no depende de la inteligencia, capacidad moral, fuerza física y otros factores sobre los que se han apoyado para establecer jerarquías entre especies y dentro de la nuestra. Como diría el magnífico Peter Singer, la igualdad es un concepto moral, no la afirmación de un hecho. No existe ninguna razón persuasiva para asumir que una diferencia real de aptitudes deba justificar una diferencia en la consideración que otorgamos a las necesidades o intereses de otro ser. La igualdad es un principio relativo sobre cuál es el trato que deberíamos dar a los demás. Y cuando hablo de los demás, incluyo también a los animales no humanos. Entendiendo que es normal que sea más fácil confraternizar dentro de nuestra propia especie, pero hay que empezar a asimilar que para el planeta no somos más prescindibles (o imprescindibles, según se mire) que un ratón o una hormiga. O como diría el filósofo J. Bentham, gran defensor de la igualdad moral: El bien de un individuo particular no tiene más importancia, desde el punto de vista del universo, que el bien de cualquier otro.

Partiendo de esta base, si no teníamos las instalaciones necesarias para tratar a un enfermo de ébola, pero se ha luchado ferozmente hasta salvar la vida de Teresa, entiendo que Excalibur tenía exactamente los mismos derechos, a saber, una cuarentena y, en el hipotético caso de contagio, un intento por sanarlo, analizando las fases del virus en el cuerpo de un perro. Esto no es lo mismo que experimentar con él, tal y como han sugerido algunos. Tanto perro como humana tenían los mismos intereses de seguir vivos y no me cabe duda de que ambos deseaban seguir vivos el uno junto al otro. Pero a Excalibur no se le concedió la cuarentena, asesinándolo por orden de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, en colaboración de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense, lo que resulta paradójico: veterinarios asesinando animales viene a ser como si un filólogo se dedicara a quemar bibliotecas bajo la muy científica premisa del “porsiacá”.

Existe un sentimiento erróneo de dominancia y superioridad, en el que el ser humano es un ser supremo entre todas las criaturas vivientes y, por ende, se posiciona en un lugar privilegiado en el universo. Pero nuestra arrogancia es tal, que no sólo nos place hacer con las vidas de otros animales lo que nos viene en gana, sino que además estamos constantemente intentando marcar el sentido de la vida de nuestros congéneres: Sigo sin entender en qué momento la sociedad se ha visto bajo la potestad de señalarnos cuál debe de ser nuestro objeto de compasión. En el caso que nos atañe, la hipócrita acusación de los niños de África es mi favorita.

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Excalibur II

Realizad el ejercicio mental de recordar cuántas personas conocéis en vuestra vida que se dediquen a paliar el hambre en África. Yo conozco a dos y reconozco no haber hecho absolutamente nada en mi vida por la lamentable situación que sufren numerosos países africanos. Como la mayoría de vosotros. No obstante, sentir compasión por un miembro de nuestra especie no es en absoluto incompatible con sentirlo hacia un animal no humano. La compasión es un sentimiento de conmiseración y lástima que se tiene hacia quienes sufren penalidades o desgracias y, por lo visto, hay quienes establecen una clara jerarquía a la hora de compadecerse de un animal, sea humano o no, porque caen en el error de pensar que unos sufren más que otros, cuando está más que demostrado que compartimos un gran porcentaje del genoma de una rata (de ahí las barbaridades que se realizan con ellas en los laboratorios). Pero hay gente que no desea focalizar su lucha y su empatía hacia los seres humanos, sino hacia otros animales, ¿quiénes se creen algunos para redirigir sus sentimientos? ¿Bajo qué premisa os parece más correcto que deban ayudar exclusivamente a nuestra especie? ¿En qué momento tenemos la potestad para forzar a los demás a decidir junto a quién debemos amar o junto a quién debemos sufrir? Absolutamente nadie tiene el derecho a amonestaros por un sentimiento personal y hacia quién está focalizado, y mucho menos si es un estado afectivo del ánimo tan bello: somos nosotros y sólo nosotros, como individios particulares, los que decidimos por qué emocionarnos, por quién emocionarnos y por quién luchar, abandonando por completo el antropocentrismo moral.

Para finalizar, pido perdón a #teresaromero y a #javierlimon. Pido perdón por la panda de desgraciados que nos gobiernan y por no haber podido evitar que asesinaran “al hijo que nunca pudisteis tener”. Algunos han luchado de manera activa para salvarlo y otros, tras la amarga derrota, sólo podemos llorar y apretar los dientes de rabia, soltar algún que otro exabrupto, realizar fotografías y escribir. Escribir para recordaros que no estáis solos, escribir como forma de lucha para concienciar y desahogarnos. Esta foto es vuestra y está dedicada a todas aquellas personas que lucharon en su tiempo de manera activa o con una firma por salvar a Excalibur. Excalibur además es para nosotros un símbolo: aquel que representa lo que el gobierno puede llegar a hacer, a saber, lo que le dé la gana, cuando le da la gana, como le dé la gana y con quien le dé la gana. Que esto sea un ejemplo para tener muy claro lo que no queremos y frente a quién tenemos que oponernos. Teresa, me alegra que te hayas superado la enfermedad y que además quieras seguir ayudando a los enfermos de ébola. Es admirable. En cuanto a Excalibur, recuerda que los perros nunca mueren, duermen junto a tu corazón.

Excalibur I

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