La paciente y su mejor amigo

Near this Spot
are deposited the Remains of one
who possessed Beauty without Vanity,
Strength without Insolence,
Courage without Ferocity,
and all the virtues of Man without his Vices.
This praise, which would be unmeaning Flattery
if inscribed over human Ashes

Epitafio que le dedicó Lord Byron a su perro

La paciente y su mejor amigo (pequeña)

¡No quiero ninguna entrevista, lo que necesito es a mi perro… ¡Sólo quiero que me den a mi perro… ¿Qué le han hecho a mi perro esos hijos de su madre? ¡¿Por qué me lo han matado?! Fragmento de una conversación telefónica de Teresa Romero, con su pareja Javier Limón.

La noche del 8 al 9 de octubre empezábamos a alcanzar en Madrid temperaturas frías, por lo que cerré las ventanas del techo de mi pequeño ático por primera vez en varios meses. Cuando miro por la ventana sólo puedo ver el cielo. En febrero pude perder la mirada, tumbada en la alfombra, en la caída de pequeños copos de nieve. Mi ventana da a un paisaje que podemos ver todos, mi ventana me ensañaba la misma Luna que acompañaba a Guille en Irán. El cielo me sirve de excusa para pensar en todo lo que hay debajo y  aquella noche me dio por pensar en Excalibur, el perrete de Teresa Romero y Javier Limón, allí solo en Alcorcón y cuya vida pendía de un hilo. No porque se hubiera demostrado que estaba enfermo ni nada, sino porque corrían rumores de que iban a asesinarlo.

Excalibur IV

Miré a Milka y a Menta. Milka soñaba, dando golpecitos con una pata al aire. Menta se arremolinaba, calentita, dentro de su manta, suspirando de placer, es muy friolera. No eran conscientes de nada ni nunca lo serán en su universo perruno de juguetes, babas, premios, mimos y demás obsesiones. Entonces me entró una angustia enorme por dos razones muy concretas:

a) Tengo la inmensa suerte, que supone a su vez un inmeso dolor, de saber empatizar con seres de otras especies, por lo que me imaginé a Excalibur, con el balcón abierto de su casa, sin entender nada y sin nadie que le pusiera una mantita tal y como yo se la puse a mi Menta.

b) Fui plenamente consciente de que le había tocado a Teresa contagiarse de una enfermedad muy chunga, pero que ni yo ni nadie estábamos exentos de ese riesgo y, por ende, la probabilidad de que me separasen de mis perras, para posteriormente asesinarlas sin ningún miramiento y menos impunidad, existía.

Excalibur V

Estuve toda la mañana del día 9 pendiente de lo que pasaba con el perro, lo reconozco. Y llegué a clases de danza a las 19:00, alegando que necesitaba despejarme, que llevaba todo el día con el pensamiento del perro para arriba, el perro para abajo. Y yo sin saber que justo a esa hora, acababan de asesinar al perro. Al famoso “puto perro”, porque si bien este caso ha despertado la compasión en miles y miles de personas, también ha servido de oportunidad para que unas cuantas no sólo dejen patente su animadversión a otras especies que no son la suya, sino que se han escrito alegatos a favor de su muerte y tortura. Probablemente, durante una semana, los amantes de los animales hemos visto reacciones sociales sorprendentes y conmovedoras hacia un animal, pero también hemos tenido que bregar contra múltiples declaraciones de manifiesto desprecio hacia otras especies. Se han entablado debates feroces (gracias, Ernesto Castro), que veo necesarios, pero que me han recordado a los que se desarrollaban sobre las mujeres, los judíos, los homosexuales o los negros. Si bien hoy en día el antisemitismo, la homofobia, el sexismo y el racismo existen, cada vez más y más gente es consciente de lo devastador que puede llegar a ser la discriminación por religión, sexo, condición sexual o raza. Si existen tamañas manifestaciones de desprecio entre nuestra especie, ¿qué camino nos queda para superar el especismo? A día de hoy, casi todos los seres humanos padecen de especismo, además de obviar que todo animal tiene la capacidad para sentir dolor, un dolor que, como todos, desea evitar a toda costa, y placer, aquel que todos anhelamos alcanzar. El racista no tiene en consideración el principio de igualdad, otorgando más importancia a los miembros de su propia raza, el sexista cae en lo mismo favoreciendo exclusivamente a los de sexo y los homófobos argumentan a favor de una única y predominante sexualidad. Siguiendo la misma línea, el especista permite que los intereses de su propia especie estén por encima de los intereses básicos de los miembros de otras especies Y así es como comenzaron los ataques encarnizados a quienes defendían, según ellos, algo aparentemente insignificante y que en modo alguno afectaba a sus vidas. No sólo es una cuestión de especismo, es una cuestión de especifobia, si se me permite el palabro. Entre nosotros existe una preferencia moralmente indefendible por nuestra especie entre todas las coexistentes en el planeta, que da pie a que las torturemos, asesinemos y explotemos según nuestra propia conveniencia y beneficio. Es de sentido común no desear participar en todo esto.

Excalibur III

Gracias a Excalibur, cuestiones como el especismo o conceptos como los “Derechos de los animales” se han puesto sobre la palestra. Personalmente voy a dejar muy clara mi posición al respecto desde hace ya algunos años: el derecho a la igualdad no depende de la inteligencia, capacidad moral, fuerza física y otros factores sobre los que se han apoyado para establecer jerarquías entre especies y dentro de la nuestra. Como diría el magnífico Peter Singer, la igualdad es un concepto moral, no la afirmación de un hecho. No existe ninguna razón persuasiva para asumir que una diferencia real de aptitudes deba justificar una diferencia en la consideración que otorgamos a las necesidades o intereses de otro ser. La igualdad es un principio relativo sobre cuál es el trato que deberíamos dar a los demás. Y cuando hablo de los demás, incluyo también a los animales no humanos. Entendiendo que es normal que sea más fácil confraternizar dentro de nuestra propia especie, pero hay que empezar a asimilar que para el planeta no somos más prescindibles (o imprescindibles, según se mire) que un ratón o una hormiga. O como diría el filósofo J. Bentham, gran defensor de la igualdad moral: El bien de un individuo particular no tiene más importancia, desde el punto de vista del universo, que el bien de cualquier otro.

Partiendo de esta base, si no teníamos las instalaciones necesarias para tratar a un enfermo de ébola, pero se ha luchado ferozmente hasta salvar la vida de Teresa, entiendo que Excalibur tenía exactamente los mismos derechos, a saber, una cuarentena y, en el hipotético caso de contagio, un intento por sanarlo, analizando las fases del virus en el cuerpo de un perro. Esto no es lo mismo que experimentar con él, tal y como han sugerido algunos. Tanto perro como humana tenían los mismos intereses de seguir vivos y no me cabe duda de que ambos deseaban seguir vivos el uno junto al otro. Pero a Excalibur no se le concedió la cuarentena, asesinándolo por orden de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, en colaboración de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense, lo que resulta paradójico: veterinarios asesinando animales viene a ser como si un filólogo se dedicara a quemar bibliotecas bajo la muy científica premisa del “porsiacá”.

Existe un sentimiento erróneo de dominancia y superioridad, en el que el ser humano es un ser supremo entre todas las criaturas vivientes y, por ende, se posiciona en un lugar privilegiado en el universo. Pero nuestra arrogancia es tal, que no sólo nos place hacer con las vidas de otros animales lo que nos viene en gana, sino que además estamos constantemente intentando marcar el sentido de la vida de nuestros congéneres: Sigo sin entender en qué momento la sociedad se ha visto bajo la potestad de señalarnos cuál debe de ser nuestro objeto de compasión. En el caso que nos atañe, la hipócrita acusación de los niños de África es mi favorita.

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Excalibur II

Realizad el ejercicio mental de recordar cuántas personas conocéis en vuestra vida que se dediquen a paliar el hambre en África. Yo conozco a dos y reconozco no haber hecho absolutamente nada en mi vida por la lamentable situación que sufren numerosos países africanos. Como la mayoría de vosotros. No obstante, sentir compasión por un miembro de nuestra especie no es en absoluto incompatible con sentirlo hacia un animal no humano. La compasión es un sentimiento de conmiseración y lástima que se tiene hacia quienes sufren penalidades o desgracias y, por lo visto, hay quienes establecen una clara jerarquía a la hora de compadecerse de un animal, sea humano o no, porque caen en el error de pensar que unos sufren más que otros, cuando está más que demostrado que compartimos un gran porcentaje del genoma de una rata (de ahí las barbaridades que se realizan con ellas en los laboratorios). Pero hay gente que no desea focalizar su lucha y su empatía hacia los seres humanos, sino hacia otros animales, ¿quiénes se creen algunos para redirigir sus sentimientos? ¿Bajo qué premisa os parece más correcto que deban ayudar exclusivamente a nuestra especie? ¿En qué momento tenemos la potestad para forzar a los demás a decidir junto a quién debemos amar o junto a quién debemos sufrir? Absolutamente nadie tiene el derecho a amonestaros por un sentimiento personal y hacia quién está focalizado, y mucho menos si es un estado afectivo del ánimo tan bello: somos nosotros y sólo nosotros, como individios particulares, los que decidimos por qué emocionarnos, por quién emocionarnos y por quién luchar, abandonando por completo el antropocentrismo moral.

Para finalizar, pido perdón a #teresaromero y a #javierlimon. Pido perdón por la panda de desgraciados que nos gobiernan y por no haber podido evitar que asesinaran “al hijo que nunca pudisteis tener”. Algunos han luchado de manera activa para salvarlo y otros, tras la amarga derrota, sólo podemos llorar y apretar los dientes de rabia, soltar algún que otro exabrupto, realizar fotografías y escribir. Escribir para recordaros que no estáis solos, escribir como forma de lucha para concienciar y desahogarnos. Esta foto es vuestra y está dedicada a todas aquellas personas que lucharon en su tiempo de manera activa o con una firma por salvar a Excalibur. Excalibur además es para nosotros un símbolo: aquel que representa lo que el gobierno puede llegar a hacer, a saber, lo que le dé la gana, cuando le da la gana, como le dé la gana y con quien le dé la gana. Que esto sea un ejemplo para tener muy claro lo que no queremos y frente a quién tenemos que oponernos. Teresa, me alegra que te hayas superado la enfermedad y que además quieras seguir ayudando a los enfermos de ébola. Es admirable. En cuanto a Excalibur, recuerda que los perros nunca mueren, duermen junto a tu corazón.

Excalibur I

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II Concurso de Fotografía Creativa.

Tras poner sobre la mesa a 24 artistas de 118, tras mucho meditarlo y debatirlo con Javier Gamonal, Viet-Ha Tran y Mònica Vidal, cediendo unos y otros, razonando y argumentando, hemos llegado al consenso del siguiente fallo en mi II Concurso de Fotografía creativa:

GANADOR: Jairo Álvarez.

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MENCIÓN ESPECIAL PARA: Aída Pascual con Arcadia VII

Aida Pascual Arcadia (7)  2

FINALISTAS (Por orden alfabético)

David Catá con “Mi piel es tu piel”.

“Todas las personas que conocemos nos marcan de alguna manera. Sus vidas se convierten en parte de la nuestra. Mi piel es tu piel y tu piel mi recuerdo. Tras ella me oculto, protejo y guardo mi vida…”.

Mi piel es tu piel. David Catá

Rebeca Cygnus con “Ingravity”.

Ingravity

Víctor Gente Bastarda.

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Guadalupe Molina

“Corriendo y asustada, estar sola en el bosque nunca fue tan difícil. La luz se disputa y no hay donde esconderse. ¿Por qué no hay una manera de escapar? No importa si miro detenidamente, no hay ninguna evidencia de salida. ¿Por qué no me puedo mover? ¿Qué me está reteniendo, aprisionando mi alma y no dejando que corra y sea libre? Estoy atada, y soy la única responsable de ello”.

Guada Molina

Tiziana Mastropasqua con “Il suono del silenzio”.

“Il suono del silenzio … l’immobilità del fluido … la calma del continuo movimento… l’acqua come paradosso dell’esistenza”.

the sound of silence

Alfonso Ordóñez con su “Serena”.

Serena de Alfonso Ordoñez 2014

Marta Pérez con “Agonía”.

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José Velasques Correa con |Catarsis mental|

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Lídia Vives con Stairs.

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¡Enhorabuena al ganador y a los finalistas! A todos los concursantes os quisiera dar unas enormes GRACIAS. A pesar de que el premio era bien humilde, este año habéis sido el doble de participantes. También quisiera dar las gracias por el gran nivel que se ha visto este año, yo he llorado seleccionando, de la rabia que me daba dejar a algunos fuera. Más de un fotógrafo de reconocimiento me ha escrito para señalarme el increíble talento que se respiraba en la segunda edición de este concurso, y es que el album abierto en mi página era una gran galería virtual por la que se han paseado grandes titanes de la fotografía creativa en España. Estoy orgullosísima de vosotros.

Elegir no ha sido fácil, porque esta selección es el resultado de cuatro concepciones diferentes de entender la fotografía, en palabras de Javier: “(…) esto es lo fantástico de un concurso y de que no exista una endogamia intelectual en el jurado: que todos tenemos razón y todos estamos equivocados. Y de esa variedad, seguramente, emana una cierta justicia”. Si me preguntasen si el año que viene, en el hipotético caso de que vuelva a organizar un tercer concurso, recurriría de nuevo a un jurado, diría que sí. Que el poder de decisión recaiga sobre mí cuando hay tanto talento es limitar el veredicto final, porque ante todo este es el resultado de la opinión de cuatro personas, cada uno con un determinado criterio y que en modo alguno son mejores que muchísimos de los concursantes. Como ya habré dicho, sólo necesitaba a personas inteligentes, sensibles y con una enorme delicadeza a la hora de entender el arte. Creedme que he abusado muy poco de mi condición de organizadora y mis compis me sabrán perdonar las pocas veces que me he aprovechado. Hemos intentado en la medida de lo posible abandonar los vínculos emocionales que nos unían a algunos artistas participantes, además de no recurrir a su trayectoria artística: por el momento, esto se trata de un concurso de fotografías, no de fotógrafos. Así mismo, hemos intentado ir más allá de la estética, para sumergirnos en la idea y el concepto de una fotografía, algo que no es fácil en absoluto. Creo que es el único aspecto en el que ha habido absoluta unanimidad: hemos explorado la belleza de una imagen al límite, pero siempre ligada al concepto o mensaje, a veces esperanzador y positivo, otras doloroso y violento, en ocasiones íntimo y sutil. La fotografía creativa, es la fotografía, ante todo, de las ideas. Muchos me habéis escrito largo y tendido en los emails donde estaba adjunta vuestra foto, compartiendo conmigo inquietudes, alegrías e incluso miedos. En este concurso hay grandísimos fotógrafos, pero sobre todo gente que se atreve a lidiar con lo más recóndito de nuestro interior, que viene a ser también un intento de sincerarse con nosotros mismos y nuestra propia condición humana. Leyendo vuestras palabras y perdiéndome en vuestras fotografías, he llegado a auscultar vuestro corazón através de imágenes. Y con cada uno he latido a la par.

La fotografía creativa se está convirtiendo en un movimiento joven, colectivo y fuerte, es decir, que la fotografía como arte y no como artesanía está empezando a explorarse como se merece ahora, casi dos siglos después de la aparición de la primera foto. No está, ni mucho menos, todo inventado en este arte tan joven. Ya no hablo como fotógrafa, sino que como humilde espectadora tengo la impresión de estar asistiendo a un momento mágico dentro de la fotografía, que no os digan lo contrario, que el panorama fotográfico nacional, elitista, dominado por otras generaciones no tan jóvenes, no os diga lo contrario, que las becas y concursos no os engañen, que las galerías sometidas al más puro capitalismo no os desalienten: que no se le esté dando pie, ni facilidades ni visibilidad, no significa que no exista y de una forma tan radiante. A modo personal opino que no sólo había mucho nivel, es que los métodos para llevar a cabo una fotografía creativa ya son un nivel en sí mismos (Y así es como Leila se enemistó con el resto del gremio). Reconociéndome una forofa de la fotografía en general, para mí es un mundo aparte dentro de la misma fotografía: el universo que se vuelca en una fotografía de carácter artístico es tan íntimo y emocional, que por fuerza son pedazos de nuestra alma en imágenes. La fotografía creativa es la fotografía del desnudo, volcar nuestro interior en un acto artístico no es una energía a subestimar. La imaginación, que viene a ser un complejo proceso mental, toma las riendas de un arte que transforma la realidad, la manipula y reconstruye, el artista es el director de su propio universo, una realidad más vívida que la misma existencia, ¿cómo no considerar esto un salto en la concepción fotográfica? ¿Cómo no considerar esto un salto en la realización y desarrollo de vosotros mismos como personas?

La infusión/ Alas en azufre/ La cría II

Dedico una entrada al blog a tres fotografías, algo inusual, pero las tres fueron realizadas en el transcurso de menos de 24 horas. Lo lamento muchísimo por la quedada teleidoscopera madrileña del 27 de septiembre, pero el fin de semana en el que caía era sagrado desde hacía tiempo: llegaba la hermana de Guille, Lorena y sólo viene una vez al año, ergo cualquier movilización que gira en torno a ella tiene prioridad. Y con mucho gusto, oiga. Lleva ya dos años en Santiago de Chile trabajando en unas condiciones laborales mucho mejores que las que puede obtener en España… aunque eso no quita que cuando llega a la capital del reino clame por todo lo alto que “De Madrid al cielo”. Sé lo que es volver a tu país después de una larga temporada viviendo fuera. Es vivirlo todo intensamente porque sabes que ese momento en el que bebes cerveza con tus amigos no se va a volver a repetir en un año. Es comer cocido, bravas, tortilla de patatas y croquetas como si no hubiera un mañana, ya que hay platos y sabores que se echan de menos: el paladar no olvida, el estómago tiene sus costumbres y su memoria. También es mirar con ternura a tu familia, importándote una mierda si no es tan perfecta como en un tiempo anhelaste, es olvidarte de la responsabilidad que supone vivir sola para permitirte volver a ser niña, para volver a ser frágil y buscar mimos por la cocina como un gato remolón. También es aguantar a la bizarra novia de tu hermano, qué le vamos a hacer.

El fin de semana de excesos en la casita de Ávila parece haberse convertido en ritual. Cuando me refiero a excesos, me refiero a todos aquellos que puedes cometer delante de tus padres y sus amigos, que vienen a ser todos de carácter gastronómico. A título personal, tengo que reconocer que las reuniones multitudinarias me perturban un poco, pero tengo mis momentáneas vías de escape, a saber, hacer fotos. Puede sonar algo egoísta y tal vez lo sea, sobre todo cuando te crees prescindible. En eso pensaba, picoteando con gula los maravillosos pimientos asados de María Jesús. Pero quizá estaba algo equivocada, en ese empeño que tengo de machacarme, de utoconvencerme del gran estorbo que puedo llegar a ser. “Guille, ¿sales media horita a ayudarme a hacer una foto? Me tengo que meter en el agua”. Y Guille empezó a avisar de que nos íbamos a hacer una foto un momentito. Cual no fue mi sorpresa al escuchar “Pues yo quiero ir a ver”, “Pues yo voy también”, “Si no os importa, yo voy a mirar y a echar un cable si hace falta”, “Yo os acompaño”. Y así hasta que éramos un nutrido grupo de 10 personas. Me invadió como una mezcla de pánico y parálisis que producen las situaciones más terroríficas. Fotografiar es para mí un acto tan íntimo e introspectivo que casi me aferro al brazo de Guille como una pequeña de 8 años: “Diles que no, que no puedo, que no saldrá nada bien”. Me estaba fotografiando encima. No obstante, superar nuestras fobias irracionales es una asignatura pendiente para todos, así que me pregunté por qué iba a ser menos válida con gente presente que sin ella, por qué iba a creer menos en mi trabajo con público delante. Si la foto ya la hice sola, bajo el nórdico, en la tranquilidad de mi casa. La foto ya estaba hecha, hacerla es sólo tener la capacidad para reproducir visualmente, con la mayor fidelidad posible, una imagen mental. No obstante, ni se me pasaba por la cabeza meter a Lorena en el charco con verdina en el que planeaba fotografiar. No me apetecía meterme ni a mí. Además, como curioso paralelismo con la foto que le hice el año pasado, amenazaba lluvia. Así pues, quizá como último intento de mi subconsciente de no realizar la foto, me aferré al brazo de Guille y le susurré: “Mejor no la hacemos, está a punto de llover”. Si no fuera por él, esta foto de Lorena no se habría realizado, “Pues nos llevamos un paraguas”, dijo cogiéndome del brazo y llevándome hacia el coche.

La infusión (pequeña)

Ya una vez en la localización, se me acercó una de las grandes amigas de Lorena, mi tocaya fonética (que no gráfica) Leyla: “Lorena dice que quiere posar, pero le da corte decírtelo”. Fue como una luz. Me moría de ganas de fotografiar de nuevo a Lorena, pero no iba a pedirle que se metiera en agua estancada, lloviendo y a 18 grados de temperatura. No obstante, existe mucho amor al arte y no sabía que Lorena formaba parte de ese elenco de resignados por una buena causa. De esta manera, con mi tocaya sosteniendo el paraguas para que no se me mojara la cámara (segunda foto, por cierto, realizada bajo la lluvia), Lorena se metió poco a poco en el agua, con menos muecas de asco que las que yo habría puesto. “Esto huele raro” o “Disculpa, estoy empezando a temblar de frío”, creo que fueron sus máximas quejas. Disparé además en picado sin mirar por la pantalla ni el visor de la cámara, porque a veces no sé qué cojones pasa con las réflex -así en general- que de vez en cuando, si intentas hacer una foto mirando por la pantallita, no enfoca bien. Para esta sesión apreté el botón un total de 19 veces. Reconozco haber estado algo nerviosa, porque a mí me pueden hacer lo que quieran, pero a mis modelos me da mucho apuro. Así mismo, descubrí mi enorme capacidad para obviar lo que me rodea cuando estoy haciendo algo que me importa o me fascina. Era mi aromática infusión de Lorena disfrutando a su vez de una infusión, una redundancia conceptual. Todo acabó con una foto que resulta ser una de las que más me han gustado este año, una ducha de agua caliente y un “Cómo has podido hacerlo…” de su padre.

Alas en azufre (pequeña)

La segunda foto la hice horas después. Salimos a dar un paseo, Guille quería enseñar a Lorena y a sus amigos una casa “abandonada” inspirada en una de Mies Van der Rohe. Está en venta y la valla que cerca la parcela, rota, por lo que de vez en cuando entramos a explorar… y por qué no, a hacer fotos. Perdí mi mandito a distancia en China cuando me caí al canal (D`:), así que fue una suerte que estuviera nuestro amigo tocayo para ayudarnos. Hacía tiempo que le tenía ganas a esa piscina, de aguas fétidas y teselas sucias, rotas y desgastadas. “Alas en azufre” era una foto rápida, muy fiel a la pequeña desorientación que sufría esos días y algo incómoda, pero si aquella foto salía bien mi cuerpo segregaría endorfinas extras ese día. Le encuadré la foto a Guille y, en el bordillo, con nuestro gran amigo tocayo sujetándome fuertemente de las piernas para no partirme el cráneo, hice la bisagra hacia atrás. Para reflejarme en el charquillo de la piscina tenía que “colgar” bastante. Fueron dos intentos, uno fallido y otro con éxito. Lorena y sus amigos nos miraban a lo lejos y no tengo ni idea de qué se les pasó por la cabeza cuando nos vieron de tal guisa, pero en el reencuentro nos dijeron, que en unos tablones cercanos, alguien había escrito “Muerte”.

La cría II (pequeña)

La tercera foto fue al día siguiente y me sentó de maravilla. Era la segunda en menos de 24 horas que realizaba a un ser querido. Pero no eran mis hermanas, no era Guille, no era yo. Era nuestro gran amigo Guille, Tocayo para nuestra pequeña familia. Le tengo un aprecio especial porque de todos los amigos de Guille, es probablemente el único con el que me he sentido cómoda, incluso he llegado a sentir el valor de la amistad, a día de hoy privilegio para unos pocos. En mi universo de personajes principalmente femeninos, una presencia masculina aporta nuevos matices, porque como fotógrafa tengo que meterme en la piel de mi protagonista. Tengo que vivir así la fotografía porque es la vía que más me hace vibrar para explicar e interpretar la realidad, creando un mundo paralelo en el que poder vivir, un auténtico refugio de la existencia. Retratar a Tocayo ha supuesto empezar a hacerle bailar en mi universo como una de las crías del bosque. Es una serie inspirada en los polluelos, todavía protegidos en los nidos, sin plumas, frágiles, tan cerca de la vida como de la muerte. Todo es inminente: el vuelo y la defunción. Le quiero dedicar una serie, la primera de ellas es esta, no sé si os acordáis. Durante la sesión salió por la puerta trasera de su casa un vecino con cinco perros y, mientras las mías y los suyos armaban la de Dios es Cristo, el susodicho se quedó mirando para mi enorme incomodidad. De nuevo tuve que recurrir a la máxima concentración para que aquello saliera bien. Queda demostrado: soy capaz de trabajar en las circunstancias más insospechadas. No descarto explotar de nuevo a Tocayo para otras sesiones, así que le prometo un poco más de paz la próxima vez.

El día anterior a su partida a Chile, Lorena nos preparó unas hamburguesas veganas de lentejas que harían resucitar a un muerto. Las aderezó además con guacamole y tomate confitado. Salieron tan ricas, que a ver si le pido la receta para mi blog gastronómico. Al irnos, me dijo, “Que sepas que todavía tengo alguna uña del pie negra del lugar dónde me metiste”. Y sonreí con la familiaridad que despierta lo entrañable. Lo entrañable por ancestral. Aquel lodo era la última letanía de la realización de una foto, retazos de un suspiro. Instantes tan pequeños por los que muchos morimos.

Qué menos que dar las gracias por ser parte de mi aliento.