Infinito

Three years together (pequeña)

Se podría decir que la casa de Ávila tiene habitaciones espaciosas. Y un gran salón con una gran mesa. Pero nos hemos hacinado en el cuarto más pequeño de la casa. María Jesús ha instalado a Guille allí porque cuando se pone a trabajar con sus miniaturas no tiene límites de expansión: si el salón tiene, pongamos, 50 metros cuadrados, Guille decidirá que él y todas sus figuritas, incluidas las pinturas, pinceles, acetona, cajas, paletas de mezcla de pinturas, tablas, piedras, botes de tierra, etc, deberán estar bien distribuidos por esos 50 metros cuadrados. No sabemos cómo lo hace, pero así es. De esta manera, se le habilitó el cuarto más pequeño, que siempre tiene manga por hombro, para él y sus quecos. Lo que pasa es que yo también he terminado trabajando en ese cuartito. Supongo que es cuestión de estabilidad y hábito. Estabilidad porque nos sentimos más cómodos trabajando el uno junto al otro y hábito porque vivimos en un piso pequeño y asociamos los espacios pequeños al confort de nuestro hogar. Guille también es mi hogar, ergo el pequeño cuartito de la casa de Ávila, es hogar. Esta sesión nació allí dentro, mientras escribía en un libro íntimo que tenemos exclusivamente para nosotros. Nació con Guille pintando unos orcos horribles de rojo. Luego vendrá y me dirá hecho un basilisco que no eran orcos, que eran enanos del caos, soldados de la oscuridad o transformers mutantes. Es que no puedo preguntarle qué eran porque no está aquí. Guille no está aquí. Le habría preguntado que qué narices eran esas figuritas de rojo radiactivo, esas que dudó entre pintar entre un rojo radiactivo y un rojo más burdeos.

Foto making Plenitud

Foto making mordiendo

Foto making V

“¡Gracias por no irte a Irán! ¡Sabía que no te irías! Oh, Guille, gracias, gracias!” Y me miraba con ojos tristes, “Ya sabes que no quiero irme”. Drama. Odio que se vaya a Irán, pero le toca irse una vez al año y yo suelo hacer que coincida con las vacaciones a Sevilla, por lo que al menos tengo que eludir esa ardua tarea de ser adulta y responsable. Pero a última hora surgió el maldito viaje, inesperadamente, como cuando se da un susto. Hinché pecho, le dije a mi madre que no iría a Sevilla, que ya era hora de saber vivir sola y lloré exactamente media hora, 5 minutos fregando los platos y 25 en la cama cuando salió por la puerta. Milka también lloró a mi lado. Lloramos las tres perras, hasta que asumimos que teníamos que hacer piña para sobrellevar tal calamidad y no caer en la infraexistencia. Pasamos un día mirándonos furtivamente a los ojos, hasta que empezamos a quedar con amigos -benditos amigos- y el drama empezó a ser menos drama. Ahora sólo nos sentimos un poco solitas, pero a raíz de una conversación en FB, estoy elaborando una lista de cosas que puedo hacer cuando no está Guille:

– Cagar con la puerta abierta.

– Beber a morro de la litro.

– Dormir en su lado de la cama, tirando pal centro, que es el lugar más molón.

– Rebañar con la lengua el plato de guacamole.

– Ponerme las bragas rosas con manchas de leopardo.

– Poner una canción horripilante en bucle infinito.

– Acostarme a las tantas.

Foto making IV

Foto making III

Y mientras tanto edito. Acaricio su rostro con mi ratón dactilar. A mí me gusta trabajar con un ratón dactilar porque es como acariciar mis fotos. Recuerdo aquella tarde en la que hicimos la sesión en un campo de girasoles de chiripa, porque todos aquellos que vimos una semana anterior estaban ya secos. Quiso la suerte que yo a la ida, yendo a Ávila, me atiborrara a biodramina e instara a Guille a ir por el camino más corto, pero lleno de curvas hasta el final. Y fue en ese trayecto, antes de entrar a Maello, cuando vimos este precioso campo.

Guille

Guille campo de girasoles

Guille campo de girasoles II

Guille campo de girasoles III

Es un clásico dentro de las localizaciones en fotografía creativa, nos encantan las flores que tintan el paisaje de rojo, rosa, morado, azul o amarillo. También es un clásico que yo utilice este tipo de telas, que quiero ir dejando poco a poco. No es que no me gusten, es que me da la impresión de que me repito. Las telas simbolizan lo que siento al contacto con Guille, una descarga que me desgarra la piel en hilos, en un vestido vivo de células proyectadas al viento. Resulta que cumplimos tres años y, sobrevalorando ese ciclo de 365 días, realizo una foto para conmemorarlo. A Guille, desde Irán, le ha encantado la foto. Me llama desde el móvil de la empresa de Emiliano, “Fotaca ¿eh, amore? Qué foto”. Pero es que siempre me dice lo mismo, es muy dulce.

La sesión fue realmente fácil, aunque tuvimos que fotografiar, por la posición del campo, en un contraluz que dificultó un poco trabajo. Él sólo tenía que aguantar mi peso cuando yo me echaba hacia atrás, subida a una neverita de Coca-cola para darme altura. Yo, si no fuera por la danza, habría sido incapaz de aguantar tanto tiempo echada hacia atrás sobre ese horrible taburete.

Foto making I

Foto making II

Guille campo de girasoles IV

¿Y las telas? Es el mismo método de siempre. Las fotografiamos primero por separado y luego realizo el montaje con Photoshop, como si fuera un puzzle. Murieron al agitar la tela dos girasoles, que nos llevamos a casa, ¡qué poquito duran! Se marchitaron en seguida. Recuerdo que ya al atardecer empecé a sentir frío. Para mí lo único bueno que tiene el verano es que puedo fotografiar hasta bien entrado el día y que puedo realizar todos los desnudos que quiera sin sufrir porque me estoy helando.

Foto making telas

Making if tela II

Making of tela

Girasol

Al irnos, Milka y Guille cruzaron un campo hasta el coche y yo iba con la Menta. Pero a medio camino Menta se quedó mirando atenta al campo de girasoles. Yo la llamaba: “¡Pero Menta, que nos tenemos que ir! ¡Venga, andaaaa!” Y Menta seguía mirando, con atención y preocupación, los girasoles. Entonces es cuando me di cuenta de que estaba buscando a su Milka del alma. Fue muy tierno: no se había dado cuenta de que se había ido con Guille. Empecé a animarla para que fuera hacia el coche, llamaba a Milka a la vez… hasta que Menta localizó a lo lejos a Milka y empezaron a correr la una hacia la otra, en una especie de estallido de amor perruno, ese inexplicable que tienen los perros cuando dejan de ver a sus seres queridos tras una ausencia que puede durar segundos. Chocaron entre sí, se dieron besos en los morros y la vida siguió su curso.

Yo sigo mirando, con preocupación, ese campo de girasoles. Miro el horizonte buscando a mi hogar. Mi Guille en Irán, en una misión poco poética. Es esperar a que entre por la puerta, para llenarle de besos los morros y poder seguir asumiendo el curso de la vida.

Guille girasol

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2 thoughts on “Infinito

  1. Nos han gustado mucho tu blog y tus fotos. VIVA.Me llamo Adela y tengo 8 años y estoy con mi madre Mercedes la actriz.

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