La colada

(…)
Así que cuando meto la ropa para dentro,
empapada y feliz en su modo de ausencia,
no encuentro la manera de poder despertarla
hasta que no se desperece en el armario,
pequeña y encerrada como siempre
en el estrecho espacio del tiempo que nos guarda.

María Ángeles Pérez López.

La colada (pequeña)

Es la última foto de la magnífica semana que pasamos en verano en la casita de Ávila. La recuerdo despreocupada, sumergida en la lectura, escribiendo, cocinando, viendo pelis, durmiendo, haciendo fotos en las dehesas, para quedarme finalmente mirando cómo la tierra se come el sol. Se lo come despacito, como nosotros cuando nos gusta mucho algo. Mi cámara también se come la luz y yo me dedico a enseñaros la digestiones de sus entrañas.

No es creáis que cuido mucho el vestuario de mis fotos. Si os dais cuenta, casi siempre lo repito. Al principio me importaba, pero si no os preocupa verme en mi permanente traje de piel una foto sí y otra también, supongo no pasará nada por poner el mismo vestido foto tras foto. Sin que la moda ocupe un gran espacio en mi fotografía, el vestuario me importa en la medida que mantiene la misma tónica en todos mis trabajos fotográficos. Con el mismo desenfado abrí el armario y me lié a amontonar ropa en la cama: Esta camisa, este vestido, estos calcetines, los calzoncillos de Guille, estos pantalones valen… y extendiendo una cuerda en el suelo, la alineé con pinzas de tender. Seguidamente la hice un gurruño que haría rechinar los dientes de la Mari más entragada y pal coche. Guille estaba con sus quecos en su cuartito… “Guille, ¿te vieneh a haséh una foto? *_*”, “Sí, un segundo que termino de pintar todos los escudos, no tardo nada, un segundo”. Para ese momento las perrinas ya han visto movimiento y trotan como tontinas por la parcela. Y yo me cargo de tensión. Empiezan a sudarme las manos, se me encoje el pecho, se me seca el paladar y me cuesta respirar. Suele pasarme los momentos previos a hacer una foto, no sé por qué. La realización de una foto es un acto que disfruto tanto como lo sufro. Ya sale Guille por la puerta, “¿Llevas el trípode?” “Sí, sí, está en el coche”. Así pues, salimos con nuestras pintillas para la campiña.

Yo sonriendo en foto

Aquella tarde hacía más fresquete de lo normal, pero no importa, es la temperatura que mejor llevo, lo que se traduce en un auténtico tedio hacia la estación del verano. Un tractor araba a lo lejos. Quería realizar una foto que ensalzara lo cotidiano. No es ningún secreto que Guille lleva el mayo peso económico en nuestra humilde familia. Yo me empeño en escribir y en sacar adelante mi trabajo fotográfico. No porque lo considere excelente, sino porque lo necesito. De hecho, echando un vistazo en ocasiones a lo que se está haciendo en fotografía creativa, me asola la pesadumbre de pensar que soy una fotógrafa bastante mediocre. Pero eso no importa ahora. Lo que importa es que necesito hacer fotos para poder sobrellevar la vida. En ocasiones las vendo y todo, pero no nos engañemos, o los artistas somos unos malditos muertos de hambre o viven montados en el dólar. Es curioso, porque cuando hablo de que soy coleccionista de arte, siempre asocian el coleccionismo a los artistas que están montados en el dólar, porcentaje entre los artistas nimio. Que quede claro: vendemos la obra a precios irrisorios y podéis levantar una colección de arte en vuestra casa por precios irrisorios.

Foto making IV

Foto making II

Foto making III

Agradezco profundamente que Guille tenga un buen trabajo y seamos capaces de salir adelante con lo que tenemos. Incluso de vez en cuando nos permitimos salir a tomar unas cerves o ir al cine. Eso es felicidad. Cada uno tiene su rol en esta casa y yo asumo el del terrible ama de casa. Terrible porque no me gusta un pelo, excepto cocinar, que me encanta al cuadrado. Tiempo atrás yo habría sido feliz como panadera o cocinera de una taberna. Si Guille se levanta a las seis y media de la mañana para salir a ganarse el pan, a mí me toca fregar las sartenes, limpiar los baños, poner lavadoras y tenderlas. Ahora mismo la estantería me está mirando con una fina capa de polvo y mis chakras se desalinean. Porque todo hay que decirlo, casi todos los que nos dedicamos a las tareas del hogar coincidimos en una cosa: que no nos gusta mucho ejecutarlas, pero que cuando están hechas nos invade una agradable sensación de bienestar. Es un poco maníaco, lo reconozco, pero ayer conseguí guardar un montón de ropa limpia, bien dobladita y hoy soy una mejor persona.

Foto making I

Le dedico muchas horas al orden y a la limpieza, por lo que pensé que fusionarlo con mi trabajo fotográfico era una idea bonita. Aquí donde me veis, no sólo me obsesiona realizar una buena foto, también que no haya pelitos en el lavabo ni que Guille deje los zapatos por medio. Porque tengo una maruja en mi interior y si no saco la escoba cada vez que me ensucia o desordena algo poco me falta. El mantenimiento de una casa es un curro, nos guste más o menos. De hecho, no sé cómo se podía en un pasado relegar a la mujer a las labores del hogar, si probablemente al 70% no nos gusta. Escribo este post y os doy esta foto para decir que ole las maris, que ole el verbo “orear”, que ole el chirriar de las cuerdas de un patio interior y los platos escurriendo el agua. También es una oda a los baños limpios, a esos que miras con enorme satisfacción, pasando la mano por la frente, mientras la porcelana brilla. Escribo esta entrada para destacar lo mucho que me gusta andar descalza en verano por el suelo de mi casa. Andar descalza sin que las plantas de los pies se me llenen de arenilla o se pongan como un tizón porque he barrido y fregado. Me gusta mirar la cama recién hecha, las sábanas limpias, la alfombra sacudida y la vitro sin grasuza. Si consigo realizarlo todo, me gusta sentarme en un rincón de la casa, con un buen libro, quizá unas patatitas-premio, los chakras alineados y susurrarme a mí misma: ·”Yeah, Leila, you win”.

Moi y la Menta de fondo

La Mika y el Guille

Guille tiene algo que alegar en este post: “¿En serio hablas de los pelitos del lavabo pero no del gato de la ducha? ¡DOBLE MORAL!”

Mi larga cabellera tiene un precio, oiga.

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Los medios

Tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse. F. de la Rochefoucauld.

Los medios (pequeña)

Los medios son la mitomanía a gran escala. Recuerdo que la primera advertencia sobre la manipulación en estos nos la dio nuestra profesora de historia Lola Caraballo. Creo que no era una de sus alumnas predilectas, pero yo a ella la tenía en alta estima, pues dentro de toda la gama de profesores del Europa, era de las pocas que intentaba no sólo enseñar, sino que invitaba a pensar a sus alumnos. De qué nos sirve el conocimiento si luego no sabemos procesarlo para llegar a otras conclusiones o crear a partir de ellos. Recuerdo que una vez dijo, señalando un periódico: “Porque no es lo mismo ingresar en prisión que ir a la cárcel”.

Foto making IV

No voy a escribir un largo post denunciando la manipulación en los medios, porque es un hecho tan evidente que darle más vueltas supondría subestimar a mis lectores. Todo el mundo sabe que los medios manipulan. Otra cosa es la condescendencia a la hora de aceptarlo. Supongo que en ello estriba el ser más feliz o menos, porque la indignación es un absoluto desgaste. También mentir lo es. Por lo visto, mentimos entre unas 10 y unas 200 veces al día, incluyendo las medias verdades y las mentiras piadosas. Incluso las que damos cuando no queremos preocupar a alguien: “¿Seguro que te encuentras bien?” Y nosotros, super jodidos por dentro, respondemos: “Sí, sí, no te preocupes”. Incluso algunos tienen fuerzas para sonreír, que viene a ser engañar con el cuerpo.

Hace tiempo quedé con un amigo y me contó que estaba traumatizado, que su hija acababa de soltar su primera mentira. Por lo visto él la vio darle el postre al perro y le preguntó “María, ¿le has dado tu manzana al perro?” Y ella negó con la cabeza. Tenía cerca de un añito. Mentimos para protegernos, por inseguridad, para despistar, para no preocupar a los demás, para manipular la realidad, para deformar opiniones o para hacer creer a los demás que nuestra vida es más feliz o emocionante de lo que parece. Mentimos por la maldita condición humana. Este tipo de reflexiones hacen que abrace una y otra vez el existencialismo. Incluso me hace creer en los suicidios racionales, aquellos en los que llegas a la conclusión de que el ser humano no es como debería ser si nos atenemos a los valores más éticos y, como consecuencia, nuestra negación más absoluta a pertenecer a una especie tan inevitablemente repugnante. Ya no es solo que no interese vivir de manera ética, sino que resulta que estamos biológicamente programados para abandonar ciertos valores morales congénitos o, en este caso, programados para mentir desde el primer momento en el que tenemos conciencia de la realidad.

Foto making III

De esta manera, con la mentira en nuestros genes, conformamos la realidad que nos rodea y rodeamos la realidad que conforma a los demás. No es que yo no mienta, claro que miento, copón, sobre todo cuando me siento insegura. También soy de las de ocultar la verdad. No puedo evitarlo. Pero es algo personal, el problema radica cuando haces de la mentira tu profesión. Y te pagan por mentir lo mejor posible, mentir tantas veces hasta que sea verdad. Esto es el colmo de la impudicia. Incluso dentro de lo perverso, es obsceno. Mentir a gran escala es, además, vulgar y chabacano, así pues, mientras más nos mientan los de arriba y por ende, los títeres de los medios de comunicación, más chabacano será un país. No me cabe duda de que en otros países se miente y manipula al pueblo, pero tampoco me tiembla la mano al escribir que vivo en uno de los países más chabacanos de Europa. Chabacano, cutre, basto, ordinario. No se me ocurren más sinónimos. Somos un país de paletos porque nos mienten y vivimos a gusto entre las mentiras. Mentimos, es un hecho, pero hay un abismo entre la mentira inocua a la mentira nociva, que viene a ser la que está ligada a lo trascendente. E informar a un país es tan trascendente como gobernarlo.

Foto making II

Uno de los aspectos más humillantes de todo esto es que se obliga a asociar la perspicacia a la incredulidad. Es la inteligencia al servicio del escrúpulo. Será más agudo quien más ponga en duda toda la información que le llega y estaremos generando un auténtico ejército de acólitos del escepticismo. Ya que no tenemos todas las herramientas para discernir lo que es verdad de lo que no lo es, tenemos la posibilidad de poner en duda lo que nos venden como verdad. Esto puede tener sus ventajas como escudo ante la manipulación: ya lo dijo George Eliot, que la desconfianza es la soledad más solitaria.

Foto making I

Pero como vivir en el escepticismo es tan agotador, a veces nos instalamos cómodamente en la mentira. Sin ir más lejos, lo veo en mí misma, ¿cuándo ha sido la última vez que habéis leído o escuchado determinada información y habéis ido a contrastar si es cierta o no? Algunas veces es posible y otras no, pero con internet os asombraría ver la cantidad de noticias que pueden ser contrastadas. Y no lo hacemos. Es pura comodidad, el bienestar del ignorante, que además aprende a ignorar su propia ignorancia. De esta manera, construimos la felicidad en el valor, porque para ser ignorante activo hay que ser valiente, frente la prudencia, hija ineludible del miedo. No me cabe duda de que todo esto es aterrador.

Radio

Fallen angel

Fallen angel (pequeña)

En este post quería hablar sobre el valor de la amistad. Para mí es un asunto complejo, porque he perdido muchas amistades a lo largo de mi vida o, por qué negarlo, me he alejado de ciertas personas con las que creía que me unía un vínculo de amistad. Probablemente haya roto con más amistades que con novios y también he iniciado más amistades que relaciones amorosas. La amistad es una de las múltiples caras que puede tener el amor, por eso es a veces tan difícil mantenerla o iniciarla. No sólo es cuestión de tener amigos, es cuestión de que tú seas capaz de asimilar lo que implica el valor de la amistad y cuidarla. La cualidad de tener amigos es inversamente proporcional a tu capacidad para serlo. Vale, es verdad que en ocasiones somos grandes amigos de una persona y luego nos mandan a paseo de manera poco elegante. Reconozco que me lo han hecho y que lo he hecho, pero de nuevo tengo que recurrir al amor: si no te quieren, pues no te quieren y esa es una premisa muy respetable. Habrá que agachar la cabeza y pensar que el mundo está lleno de imbéciles, pero también de personas que pueden llegar a ser muy interesantes… vaya, una extraordinaria mezcla de lo que puedo llegar a ser yo.

María I

A día de hoy, ¿tengo amigos? Bueno, yo creo que sí. Dentro del reducido abanico en el que puedes clasificar a varias personas como amigos, creo que los tengo. Cuando Guille se fue a Irán, puse en marcha los mecanismos de autoayuda necesarios para no caer en la infraexistencia y entre ellos estaba el contactar con mis amigos de Madrid para salir a tomar cafés o cervezas o plantear picnics en El Retiro (aunque eso de llevar cubiertos sea para los débiles). Y absolutamente todos respondieron de manera positiva… incluso hubo alguno que otro que me sacó de los pelos de casa en mis estancamientos de soledad. Entre estos amigos está María, cuyo seudónimo es Mewy Waldorf. María contactó hace tres años conmigo porque le gustaban mis fotos. Contactó conmigo en la última etapa de mi depresión y no sé por qué cojones, le dio por creer en mí y en mi trabajo. La gente me susurraba al oído: “No te fies de ella, fue monja”, “Que sepas que esa mojigata acaba de salir de un convento”. Porque hay gente que no tiene una lengua en la boca, tiene culebras. Que María hubiera sido monja me llamaba la atención, que María fuera criticada por algunos de la Universidad de Alcalá, tal y como lo hicieron conmigo, me llamaba todavía más la atención. Hay veces que ser criticado por según qué personas es positivo. Es como cuando Carlos Boyero realiza una crítica de cine, si es que se puede llamar crítica a las moñigas que escribe: si es mala sé que esa película en cuestión me seducirá. Pero yo subestimé a María. Ya que estamos, confieso. La quería, la respetaba. Pero no llegué a admirarla hasta que leí uno de sus poemas en una de las exposiciones de “Facultad de silencio”. No. No, maldita sea, María no era una cualquiera. Y es que María, a pesar de escribir muchas veces de manera anónima, puede dar múltiples patadas en la boca a muchos pseudopoetas que conozco y a otro puñao de librepensadores también.

Pic nic

María II

María IV

María es de esas personas que se dedica a abrir bocas y a cerrarlas también, en esa capacidad que tienen muchos para colmarnos de asombro. Humanista, escritora y guapa, profesional en los tres campos. Cuando le dije que tenía que realizar una fotografía que simbolizara un ángel caído, no lo dudó, “Que a mí no me importa, en serio”, decía mientras cargábamos puñados y puñados de hojas para cubrir todo el suelo.

Algo de fatale tiene María en esta etapa de su vida, algo de ángel-mujer, algo de caída fatal. Supongo que los componentes perfectos para que alguien me caiga bien. Si una persona no se mueve en esa especie de cuerda floja que oscila entre la sonrisa y lo melancólico o entre el llanto y la belleza, jamás encajará con nadie que decida, llegado un momento, pasear su vida por el abismo.

Detalle espalda

Detalle III

He elaborado una pequeña lista sobre algunas circunstancias y virtudes sobre las que se balancea la amistad. Cada caso puede repetirse en una misma persona. Personas o ángeles caídos, porque la mitad de mis amigos lo son.

– Justamente ayer, hablando con María, llegué a la conclusión de que un verdadero amigo será aquel que te ayudaría a enterrar un cadáver sin dejar pruebas y no decirle nada a nadie. Todo esto independientemente de que esté de acuerdo o no con lo que has hecho.

– Seguro que tenéis un amigo al que no veis desde hace la tira, pero que cada vez que quedáis surge esa conexión tan especial de siempre. Hace nada, en Sevilla, quedé con mi amigo Lino, al que no veía desde hace tres años. Y tan ricamente, oiga. Le adoro y me lo pasé genial con él. La amistad está hecha de algo más que presencia y palabras.

– Existen amistades que cuando se rompen, te rompen también las entrañas. A esta conclusión he llegado después de hablar con varios amigos, muchos de los cuales han llegado a experimentar grandes depresiones después de la pérdida. A mí me ha pasado y es muy jodido.

Detalle IV

Detalle I

Detalle II

– Hay amigos y amigos y una gran escala de grises. Entre los top 10 se encuentran los que están ahí no sólo para pasárselo bien, sino que se presentan a tu lado hasta cuando estás en la más absoluta porca miseria. Creo que tal es el caso de mi amiga Rosalía, la petarda que vive en Shanghai. Sí, sí, es muy petarda, pero cuando yo estaba más sola que la una tras una larga depresión, en un hospital, hecha un trapo, fue la única amiga que vino a mirarme a los ojos y a decirme “Eres una borrica hija del mal, no vuelvas a hacer esto en la puta vida, ¿te enteras?”. Me regaló un libro de Mercedes Cebrián y su cita roja, la que siempre llevaba al cuello.

– “Azrael, Alí: me agotáis intelectualmente”. Porque esto sólo se lo puedo decir a este par de dos. Son los amigos de las conversaciones profundo-trascendentales, donde puedes rozar las teorías de lo más pérfido y caníbal. Te puedes permitir ser cruel, nihilista y alentar el humor negro como sólo tu yo más perverso puede hacerlo. Son los amigos de la libertad, el pensamiento, la complicidad y las nubes. Hay ciertas cosas que sólo se pueden decir si te conocen muy bien, si les conoces muy bien, si lo políticamente correcto te la sopla, si desentrañar la condición humana entra en tus planes existencialistas.

María III

– Los amigos de profesión. No estoy diciendo ninguna tontería. Aunque el mundo de los fotógrafos me parezca las más de las veces corrupto, interesado, narcisista y plagado de envidias, tengo grandísimos amigos fotógrafos. Lo mismo que Guille de vez en cuando agradece quedar con sus amigos para hablar de hormigón, ladrillos y andamios, yo quedo para hablar de archivos RAW, procedimientos de creación fotográfica y (en ocasiones veo) blancos quemados y negros empastados.

– No sé en qué medida los hombres hacen lo mismo, pero muchas de nosotras quedamos para hablar de temas que conciernen a la sexualidad. De cómo nos gusta que nos traten en la cama, qué postura nos gusta más, cómo la tiene tal o cual de grande (o tal o cual de pequeña) o narrar entusiasmadas lo que mola ese juguete nuevo llamado joya anal. Si estás algo desanimada en este terreno, nada mejor que una cita con amigas para volver calentitas. Lo siento, chicos, el hábitat de esta conversación es exclusivamente femenino.

The eye

– Por último, están los amigos a los que permites que te digan los errores que cometes a la cara. Con cariño y sin intención de herir. Esos que te dirán que vas con un trozo de lechuga en un diente o un moco fuera, los que te comentarán que la combinación de dos estampados diferentes entre vestido y zapatos es de tener poco criterio estético, los que siempre te comentarán que tal o cual foto es mejor o peor o que has cometido un error garrafal de Photoshop, los que te comentan que te has pasado con un comentario, los que desaprueban una actitud o los que te aconsejan desviarte de una senda errónea. Pero no os flipéis, los encargados de ver nuestro orgullo por los suelos son cuatro Elegidos y la cualidad de sacar los colores no te va a dar más categoría como amigo.

Los amigos te aceptan tal cual eres. Los amigos te admiran. Los amigos te dicen las cosas (con cariño) a la cara, conversan y aconsejan. Con los amigos te cocinas el orgullo. Los amigos tan pronto se emborrachan contigo alegremente como te acompañan al tanatorio. Los amigos te quieren. Mejor lo dejamos en ese básico. Y si no tienes amigos, puedes probar a adoptar un perro, por algo dicen que son el mejor amigo del hombre.

Milka rompe una lanza

Infinito

Three years together (pequeña)

Se podría decir que la casa de Ávila tiene habitaciones espaciosas. Y un gran salón con una gran mesa. Pero nos hemos hacinado en el cuarto más pequeño de la casa. María Jesús ha instalado a Guille allí porque cuando se pone a trabajar con sus miniaturas no tiene límites de expansión: si el salón tiene, pongamos, 50 metros cuadrados, Guille decidirá que él y todas sus figuritas, incluidas las pinturas, pinceles, acetona, cajas, paletas de mezcla de pinturas, tablas, piedras, botes de tierra, etc, deberán estar bien distribuidos por esos 50 metros cuadrados. No sabemos cómo lo hace, pero así es. De esta manera, se le habilitó el cuarto más pequeño, que siempre tiene manga por hombro, para él y sus quecos. Lo que pasa es que yo también he terminado trabajando en ese cuartito. Supongo que es cuestión de estabilidad y hábito. Estabilidad porque nos sentimos más cómodos trabajando el uno junto al otro y hábito porque vivimos en un piso pequeño y asociamos los espacios pequeños al confort de nuestro hogar. Guille también es mi hogar, ergo el pequeño cuartito de la casa de Ávila, es hogar. Esta sesión nació allí dentro, mientras escribía en un libro íntimo que tenemos exclusivamente para nosotros. Nació con Guille pintando unos orcos horribles de rojo. Luego vendrá y me dirá hecho un basilisco que no eran orcos, que eran enanos del caos, soldados de la oscuridad o transformers mutantes. Es que no puedo preguntarle qué eran porque no está aquí. Guille no está aquí. Le habría preguntado que qué narices eran esas figuritas de rojo radiactivo, esas que dudó entre pintar entre un rojo radiactivo y un rojo más burdeos.

Foto making Plenitud

Foto making mordiendo

Foto making V

“¡Gracias por no irte a Irán! ¡Sabía que no te irías! Oh, Guille, gracias, gracias!” Y me miraba con ojos tristes, “Ya sabes que no quiero irme”. Drama. Odio que se vaya a Irán, pero le toca irse una vez al año y yo suelo hacer que coincida con las vacaciones a Sevilla, por lo que al menos tengo que eludir esa ardua tarea de ser adulta y responsable. Pero a última hora surgió el maldito viaje, inesperadamente, como cuando se da un susto. Hinché pecho, le dije a mi madre que no iría a Sevilla, que ya era hora de saber vivir sola y lloré exactamente media hora, 5 minutos fregando los platos y 25 en la cama cuando salió por la puerta. Milka también lloró a mi lado. Lloramos las tres perras, hasta que asumimos que teníamos que hacer piña para sobrellevar tal calamidad y no caer en la infraexistencia. Pasamos un día mirándonos furtivamente a los ojos, hasta que empezamos a quedar con amigos -benditos amigos- y el drama empezó a ser menos drama. Ahora sólo nos sentimos un poco solitas, pero a raíz de una conversación en FB, estoy elaborando una lista de cosas que puedo hacer cuando no está Guille:

– Cagar con la puerta abierta.

– Beber a morro de la litro.

– Dormir en su lado de la cama, tirando pal centro, que es el lugar más molón.

– Rebañar con la lengua el plato de guacamole.

– Ponerme las bragas rosas con manchas de leopardo.

– Poner una canción horripilante en bucle infinito.

– Acostarme a las tantas.

Foto making IV

Foto making III

Y mientras tanto edito. Acaricio su rostro con mi ratón dactilar. A mí me gusta trabajar con un ratón dactilar porque es como acariciar mis fotos. Recuerdo aquella tarde en la que hicimos la sesión en un campo de girasoles de chiripa, porque todos aquellos que vimos una semana anterior estaban ya secos. Quiso la suerte que yo a la ida, yendo a Ávila, me atiborrara a biodramina e instara a Guille a ir por el camino más corto, pero lleno de curvas hasta el final. Y fue en ese trayecto, antes de entrar a Maello, cuando vimos este precioso campo.

Guille

Guille campo de girasoles

Guille campo de girasoles II

Guille campo de girasoles III

Es un clásico dentro de las localizaciones en fotografía creativa, nos encantan las flores que tintan el paisaje de rojo, rosa, morado, azul o amarillo. También es un clásico que yo utilice este tipo de telas, que quiero ir dejando poco a poco. No es que no me gusten, es que me da la impresión de que me repito. Las telas simbolizan lo que siento al contacto con Guille, una descarga que me desgarra la piel en hilos, en un vestido vivo de células proyectadas al viento. Resulta que cumplimos tres años y, sobrevalorando ese ciclo de 365 días, realizo una foto para conmemorarlo. A Guille, desde Irán, le ha encantado la foto. Me llama desde el móvil de la empresa de Emiliano, “Fotaca ¿eh, amore? Qué foto”. Pero es que siempre me dice lo mismo, es muy dulce.

La sesión fue realmente fácil, aunque tuvimos que fotografiar, por la posición del campo, en un contraluz que dificultó un poco trabajo. Él sólo tenía que aguantar mi peso cuando yo me echaba hacia atrás, subida a una neverita de Coca-cola para darme altura. Yo, si no fuera por la danza, habría sido incapaz de aguantar tanto tiempo echada hacia atrás sobre ese horrible taburete.

Foto making I

Foto making II

Guille campo de girasoles IV

¿Y las telas? Es el mismo método de siempre. Las fotografiamos primero por separado y luego realizo el montaje con Photoshop, como si fuera un puzzle. Murieron al agitar la tela dos girasoles, que nos llevamos a casa, ¡qué poquito duran! Se marchitaron en seguida. Recuerdo que ya al atardecer empecé a sentir frío. Para mí lo único bueno que tiene el verano es que puedo fotografiar hasta bien entrado el día y que puedo realizar todos los desnudos que quiera sin sufrir porque me estoy helando.

Foto making telas

Making if tela II

Making of tela

Girasol

Al irnos, Milka y Guille cruzaron un campo hasta el coche y yo iba con la Menta. Pero a medio camino Menta se quedó mirando atenta al campo de girasoles. Yo la llamaba: “¡Pero Menta, que nos tenemos que ir! ¡Venga, andaaaa!” Y Menta seguía mirando, con atención y preocupación, los girasoles. Entonces es cuando me di cuenta de que estaba buscando a su Milka del alma. Fue muy tierno: no se había dado cuenta de que se había ido con Guille. Empecé a animarla para que fuera hacia el coche, llamaba a Milka a la vez… hasta que Menta localizó a lo lejos a Milka y empezaron a correr la una hacia la otra, en una especie de estallido de amor perruno, ese inexplicable que tienen los perros cuando dejan de ver a sus seres queridos tras una ausencia que puede durar segundos. Chocaron entre sí, se dieron besos en los morros y la vida siguió su curso.

Yo sigo mirando, con preocupación, ese campo de girasoles. Miro el horizonte buscando a mi hogar. Mi Guille en Irán, en una misión poco poética. Es esperar a que entre por la puerta, para llenarle de besos los morros y poder seguir asumiendo el curso de la vida.

Guille girasol