Taller de fotografía acuática en Aracena

Rebeca (pequeña)La muerte (pequeña)

Los besos se dan sorbiendo la piel y Guille no se acuerda, pero yo quise tragarme el aire donde vivía su alma para llevármela, pendiendo de mi boca, a Sevilla. Eran las seis de la mañana, él se iba por cuestiones laborales a Valladolid y yo había quedado con mi madre en Chamartín para irme tres semanas a Andalucía. Me esperaba al día siguiente un taller que había organizado en Aracena para practicar la fotografía acuática. Estaba muy cansada. Llevaba tres semanas organizando el taller y bailando. Todo se juntó, el taller y la danza. Claro que lo de la danza no es serio, pero me empeño en que todo lo que haga en esta vida tenga los tintes de seriedad suficientes como para que me importe. En realidad las cosas tienen que importarte mucho para que les importe también a los demás. Y la danza me importa mucho, porque es de los pocos resortes que tengo para activar el sosiego en mi vida. Bailamos todas divinas, no me cabe duda. Yo bailé como una diosa-niña. Niña porque mi madre vino a verme bailar por primera vez en 7 años, diosa porque los ojos de Guille me prendieron.

Al día siguiente llené dos maletas de cuatro enseres personales y equipo para el taller “¿Has probado la carcasa en la bañera?”, me preguntaba Guille al otro lado del teléfono. Pues no, no la había probado, porque me daba pavor que estuviera rota, que se filtrara el agua y yo me hundiera por ese agujero de la perdición. Antes de ir a Santa Justa para unirme con Alba, Mia, Elena y Miriam Valle, me dediqué a husmear sus rostros en sus correspondientes perfiles de Facebook. La actividad de voyeur en las redes sociales, aunque en breves dosis y en soledad, me incomoda. Y mientras más buscaba el rostro de Miriam, más incómoda estaba. No lo encontré. No pasaba nada, sortearía el reconocimiento a un cabello oscuro y largo, en un grupo de cuatro mujeres. Pero al final llamó Alba “Yo también tengo un vestido a rayas, pero creo que todas te reconocemos”. Siempre me sorprende que me digan que me reconocen a través de mis fotos, pero no debería sorprenderme. Utilizo mi cuerpo para todos mis personajes, claro que sí, era un alivio que supieran reconocer mi cuerpo.

Ya en la estación, bajo el insoportable calor sevillano, reconocí al grupo. Alba y sus tremendos ojos verdes, piel cetrina, Mia tímida y silenciosa, Elena madura y prudente y Miriam, a la que pude darle entidad bajo su cíngaro y dulce. Cuando llegamos a Aracena casi me mareo. Pero no. Yo y los coches no nos llevamos muy bien y estoy empezando a desarrollar una durísima fobia que sólo palia vagamente la biodramina. Un Whatssap: Mari Cruz, que ya estaba allí, informa de que el charco malo de Cortelazor es una reducida poza de agua estancada, turbia y cubierta de vegetales, de muy difícil acceso. Casi me desmayo. Tenía que haber una solución, el sino no podía ser tan burlón. Pero iba a serlo, claro que iba a serlo. Una semana de llamadas a casi todos los ayuntamientos de la zona y contactos especializados no fueron capaces de decirme que en Aracena, al menos en verano, las aguas estaban turbias y muchas de ellas estancadas. Era fácil, porque yo no era nadie, sólo una voz, la inexistencia de una mirada, para admitir que se podía confesar lo muy inadecuadas que eran las aguas para mis objetivos (y nunca mejor dicho) o que, directamente, ignoraban el estado de las charcas, pozas y riachuelos de su pueblo. Pero para qué. Existen ciertas cualidades que a día de hoy son sólo para los débiles.

Al conocer a Miriam Ramírez comprendí que aquello de fotografíar y la mirada mantienen una relación más allá de la lógica que intento, de manera persistente, encontrar en los procedimientos de la fotografía creativa. Coincidimos con Mari Cruz en el Mercadona y le hice ver, con inmenso orgullo y satisfacción, que aquel grupo que conformábamos bien podría ser clasificable en el nivel 2 de veganismo. No-sé-cuántos litros de leche de soja, kilos de frutas y verduras, cereales, dulces para las más cebonas (como yo). Primer análisis muy positivo del grupo a través del carrito de la compra. Sólo un aspecto muy turbio: un grupo de once en el que sólo tres bebían cerveza no era de fiar y llegué a la conclusión de que más de uno torturaba gatitos en su intimidad.

Llegaron Rebeca y Jesús, agotados y yo, déspota, cogí a Jesús y me fui a un manantial a echar un vistazo a sus aguas: bonitas, sí, pero un riachuelo estrecho y poco profundo. Creo que en este momento empecé a ser víctima de una especie de terror cósmico que me asoló toda la noche y que me hizo dormir tan solo 3 horas. Me quedaba el pantano de Aracena, pero algo intuiría mi psique, porque el terror cósmico se me mezcló con una especie de agónica ansiedad y pinchazos en la cabeza.  Y yo sin perros, y yo sin una bola de pelo a la que abrazarme. No sé ni cómo pude dirigir nada al día siguiente, pero lo cierto es que lo hice. Nada de pantano, nada de riachuelos ni pozas ni su p. madre. La piscina de la casa rural. Les hice viajar desde diferentes puntos de España para meterlos en una piscina. Para colmo el agua debía de ser de pozo o algo, porque si no, no se explica que estuviera tan gélida. Normalmente al agua fría el cuerpo se te va acostumbrando. Pero a esta no, por lo que, si fracasé en los enclaves y localizaciones, al menos me fui asegurada de que la circulación sanguínea de los asistentes saliera satisfactoriamente beneficiada.

Mis dos fotos son las primeras, con Rebeca, Gente Bastarda y Alba, nada sobrados de talento, inteligencia y sensibilidad. Faltan algunas fotos, pero quisiera que se echara un vistazo detenido a los resultados de los asistentes al taller.

Elena Palace

Modelo: Alba Blue.

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Modelo: Miriam Valle

Elena Palace

Jesús Solana.

Título: Economía sumergida.

Modelo: Víctor Gente Bastarda

Jesús Solana Economía sumergida

Modelo: Leila Amat.

Foto jesus solana

Miriam Ramírez

Títulos: “Bajo el agua” y “Comienza un camino”.

Modelo: Miriam Valle.

Miriam Ramírez

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Alba Blue.

Título:”Fragile” y “El silencio de Ofelia”.

Modelos: Víctor Gente Bastarda y Leila Amat.

Alba Blue Fragile

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Rebeca Cygnus.

Modelo: Leila Amat.

Rebeca Cygnus

 Mia Madrid.

Título: Good bye my love.

Modelo: Miriam Valle.

Good-bye-my-love Mia Madrid

Modelos: Alba Blue y Leila Amat.

Mia Madrid

Víctor Gente Bastarda.

Título: Donde mueren los sueños.

Modelo: Leila Amat.

Gente Bastarda Donde mueren los sueños

Miriam Valle.

Título: The way to the deep.

Modelos: Alba Blue y Víctor Gente Bastarda.

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Mari Cruz G M.

Títulos:”Ofelia” y “Estado de espera”.

Modelos: Leila Amat y Miriam Valle.

Mari Cruz Ofelia

Mari Cruz Estado de espera

Este fue un taller muy especial. Lo fue porque ha sido el grupo con más talento que he tenido nunca, donde probablemente más de uno podría haberme dado clases a mí. Desde el principio intenté tomármelo como una excursión entre compañeros. Porque eso es lo que son, compañeros de profesión, de estilo y de corriente fotográfica. Ciertamente, yo dirigí, les puse minideberes, invité a una pequeña charla sobre fotografía, me puse sargento varias veces, entre ellas para que las modelos (lo siento, Víctor, éramos mayoría), no estuvieran más de un cuarto de hora en el agua. Pero nada más. Las ideas, la inspiración y el talento, son 100% suyos. Mis talleres jamás generarán clones de mí misma, porque van en contra de mi filosofía sobre la fotografía y su necesario vínculo con la imaginación y el estilo personal.

Creo que este taller me sirvió para no sentirme sola. O más bien, para sentir que mi forma de trabajar es la misma que en otras personas. Sentí escalofríos al ver las siguientes coincidencias:

– Verles fotografiarse a sí mismos y actuar como personajes de su propio mundo. El fotógrafo creativo es el director de su propio universo. Quizá fue este detalle lo que hizo que la idea de posar todos entre todos diera tan extraordinario resultado.

– Reconocí el esfuerzo que estaban realizando muchos al fotografiar en grupo, pues en muchas ocasiones este estilo de fotografía, tan introspectiva, entraña un modo de trabajo solitario.

– La mayoría fotografía en la naturaleza, por lo que me resultó entrañable verles luchar contra el frío, pisar musgo y lodo, sentir el agua y la tierra como si fueran una prolongación de su propio cuerpo.

– La forma de trabajar la idea de una fotografía: es una sesión de fotos, es luchar descarnadamente por que salga La foto que tenían en mente, con todas las emociones y sentimientos que ellos conlleva. El esfuerzo para transformar la realidad y transformarse con ella fue precioso.

– La fotografía creativa  es un cúmulo de preguntas y respuestas sobre la vida, la experiencia y la naturaleza humana, un análisis interior profundo para dar a luz una realidad paralela. Su carácter terapéutico, incluso a veces obsesivo, la aleja de la fotografía artesanal y la acerca a la artística, con todas las connotaciones poéticas que ello conlleva.

No lo desarrollo más, porque quisiera volcar muchas intuiciones en mi humilde ensayo sobre fotografía creativa. Pero quien se dedique a este tipo de fotografía, sólo tiene que analizarse a sí mismo para llegar a muchas conclusiones que se globalizan en un movimiento nuevo, practicado de manera colectiva.

De esta manera, mi agradecimiento y mis disculpas a José Antonio, a Elena, a Víctor, a las dos Miriam, a Jesús, a Rebeca, a Alba, a Mari Cruz y a Mía. Mis disculpas por lo que pudo haber salido mejor y mi agradecimiento por nublar ciertas caras de la soledad, la de organizar este tipo de convivencias entre fotógrafos, la de compartir formas de proceder que sólo se construyen con los ojos cerrados, se juzgan con el corazón y se sentencian con el seco sonido de un obturador.

 

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