La compañía/ Reliquias de Soria

La compañía (pequeña)

Reliquias de Soria (pequeña)

“Mira, Leila, estas espigas tienen bichitos por dentro”. Guille miraba con atención una espiga entre sus manos, con su palestino en la cabeza, en esa especie de psicosis que le da desde que un médico le dijo que no podía darle el sol en los lunares, “Que no me quiero morir de cáncer”, alega. Guille no es que no se quiera morir de cáncer, es que no se quiere morir. No se quiere morir, todavía-no porque tiene aún demasiados ejércitos de enanos del Caos que pintar. Creo que por eso estoy con él. Estaba muy gracioso con el turbante. Me asomé a la espiga “No tienen bichitos, yo no veo nada”. Guille se fijó con más atención en la espiga, como si su mirada emulara la mía, como si su mirada fuera la fuerza motriz que me incitara a mirar mejor “Sí que tienen, los veo moverse”. Los cierto es que nuestra incultura agraria nos tiene intrigados: el campo de al lado es trigo y… ¿y el de enfrente? Pues puede ser cebada. Y así mirábamos los campos que nos han servido una y otra vez para escenario de nuestras fotos. Los contemplamos en silencio, entre sonrisas, entre un mira-la-Menta-cómo-salta y alguna que otra conjetura sobre los campos en barbecho.

Guille y sus espigas

Estuve esperando todo el día, porque tengo debilidad por fotografiar con la luz de ocaso. En verano es una pasada, porque te puedes echar la siesta más maravillosa de tu vida, que al despertar seguirá habiendo luz para realizar una sesión de fotos, lo que lo convertirá en un día completamente maravilloso. Hace tiempo que llegué a la conclusión, gracias a mi hermana Emma, que yo las siestas las duermo para que el día se me pase más rápido, que duermo para no enterarme mucho de la vida, que mi sueño es el anhelo de un letargo. Duermo como los infelices que recurren a una borrachera. No es por nada, es que me he hecho muy vieja demasiado joven y me canso. Me canso de mí, de algunos y del mundo. Se lo dije el otro día a Guille con unas bravas por delante y un par de cervezas, que muchas veces sólo es porque la vida desde mi cerebro es agotadora. Pero no pasa nada. No pasa nada porque tengo a Guille, cámaras, dos perros y a veces hasta llueve.

Foto making IX

Foto making VIII

Foto making X

Making VI

Making VII

Making VIII

Ávila es un paréntesis muy agradable donde nos dedicamos, como quien va a un gimnasio, a entrenar la felicidad. A veces vamos solos, otras con los padres de Guille. Allí me gusta bailar, escribir, leer y editar fotos mientras la madre de Guille se dedica a sus plantas y Menta la sigue como un patito a todas partes. De vez en cuando la oigo gritar “¡¡Menta!! ¡Ahí, no! ¡Venga-fuera-de-ahí!” Y es que Menta no entiende muy bien por qué puede estar a dos centímetros del perejil, pero no en el mismo perejil. También debe de serle incomprensible eso de no pisar los calabacines, total, es suelo igualmente. Al padre de Guille le gustar estar con su leña hasta en verano. Separa los troncos por tamaños y los clasifica desde más grandes hasta las ramitas. También las trocea para hacerlas más manejables. Debe de ser una actividad realmente relajante; los sorianos están hechos de otra pasta. A veces me gusta pensar de qué manera conspiró el universo para traerme a Guille. Pienso en Asturias, de donde procede su madre y la imagino dándole de comer chocolate a las gallinas para que pusieran huevos de chocolate. Pienso en sus ojos, tan verdes como los helechos de su tierra. Pienso en Soria, de donde procede su padre, en sus piedras, en su “allí no hay ná” en la casa que nunca vi. En esa casa vivía doña Eulogia entre sillas de terciopelo granate, jofaina y aguamanil, colchas antiguas de su madre, vajillas de cerámica y tablas para lavar la ropa, de esas de madera cuya superficie la conformaban una serie de corrugaciones para frotar la ropa enjabonada. A Eulogia la pude ver sólo tres veces y cada vez pensaba que me había arreglado mejor que la anterior. Sé muy poco sobre la trama que trajo a Guille al mundo, vestigios compuestos por voces, objetos y un pañuelo de papel, aquel que medio deshecho se paseaba su abuela paterna por los ojos en un constante intento de achicar agua de esas dos barcas amables que conformaban su mirada.

Making I Reliquias

Making II reliquias

Making III reliquias

Making IV Reliquias

Making V Reliquias

Sillón soriano

Recogiendo flores

Estas dos fotos son un pequeño ejercicio creativo, dos preguntas y una búsqueda. Son una tarde agradable de verano, entre sonrisas, silencio y fotografía. En la primera me enciendo un ramito de flores, para lanzar bocanadas fragantes en una tarde estival. En la segunda poso con mis perras, con quienes hacía mucho tiempo que no hacía una foto. Fue el día del perro sin raza, cuando me pidieron una foto junto a mis dos perras, cuando me di cuenta de que en casi todas mis fotos tengo que clonar a mis perras, pero en pocas salen. Es realmente difícil pillarlas juntas en una foto y no sabéis la de tonterías que tenemos que hacer para que se queden en el sitio… pero no sólo es mantenerlas en el sitio, también es que no miren para otro lado. Obviamente, en cuanto disparamos unas cinco tomas, Menta salió corriendo a los prados como alma que lleva al diablo. Milka es más fácil que pose, tiende más a hacer el mal, pero está menos asilvestrá que la Menta.

Volvimos a la casa entre cielos rosados y violáceos. Empezaba a soplar un viento agradable y mi cuerpo empezaba a relajarse como si segregara una gran cantidad de endorfinas. Cuando termino una foto siento como si hubiera acabado de reírme a carcajadas, como si hubiera coronado una buena coyunda o me hubiera echado al cuerpo dos horas de baile. Me voy pensando en lo bien que me hace sentir realizar una buena foto, pero es algo más que eso, porque este año sólo habré hecho unas cuatro fotos buenas, es más bien el enorme equilibrio que me aporta el hacer fotos, en una inexplicable dedicación irracional, en esa especie de porque-sí que me salva la vida.

Paisaje I

Paisaje II

Paisaje III

Milka y Menta

Guille pequeña

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2 thoughts on “La compañía/ Reliquias de Soria

  1. ¡Qué envidia me das! Llevo sin hacer fotos para mi desde Enero, a excepción de una pequeña sesión rápida en la que tampoco pude explayarme, y me siento MAL. Me noto vacío, malhumorado, triste, hundido…

    Parece mentira que algo tan tonto como hacer una foto nos afecte tanto en nuestro estado de ánimo. No te imaginas las ganas que tengo de ordenar mi casa y mi vida, y volver a fotografiar.

    Por cierto, no me pongo la foto del puro de flores en el escritorio del ordenador del curro porque la política de grupo que tienen aplicada no nos deja personalizarlo 😛

  2. Hola Leila. Te he descubierto gracias a mi prima Merce que tiene una foto tuya de un burrito. Me ha encantado tu trabajo. Tiene frescura y magia. Me han gustado tus fotos (he visto el Flickr también) pero no menos tus palabras. Te entiendo a un 90%. El otro 10% es exclusivo de quien lo escribe. Los demás podemos creer que lo comprendemos pero sólo tiene pleno significado para él/ella. No vivo de la fotografía pero la fotografía me da vida. Yo acabo de empezar mi blog y he decidido abrirlo estando en estado de construcción, asumiendo que es como un edificio sin paredes. Pensé, inicialmente, en madurarlo y sacarlo cuando fuera perfecto. Pero supe enseguida que, en ese caso, nunca lo sacaría. He asumido que nada es perfecto y acepto vivir con mis imperfecciones y tolerar todo lo que me rodea que, al igual que yo, no es óptimo. No confundir con la mediocridad, contra esa, lucho cada día. Un “momento”, haberte conocido. Te sigo desde ahora.

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