Estrato de silencio

Yo que crecí dentro de un árbol

tendría mucho que decir,

pero aprendí tanto silencio

que tengo mucho que callar

(…)

Pablo Neruda.

Nereida (pequeña)

Acaba de llegarme vía WhatsApp una foto de Emma desde Lisboa. Posa junto a sus tíos y sus primas. Todos sonríen, pero ella no. No creo en modo alguno que se lo esté pasando mal, todo lo contrario, estaba deseando llegar a Portugal, allí le esperaba la playa y sus familias tanto materna como paterna. Pero el tiempo, como a todos en su día (o, mejor dicho, en sus años) le ha hecho padecer de adolescencia, así que me imagino a sus tíos “¡Vamos a hacer una foto para enviarla al WhatsApp de la familia!” Y Emma, que sólo acepta la presencia de cámaras para los selfies o una sesión de fotos mías, aceptó con cara larga “Pf, ¿en serio me tengo que hacer una foto? Porque soy educada, porque si no…”.

Seguro que cuando lea esto me da un capón, pero yo estoy realmente contenta de haber recibido una foto suya desde Lisboa. Esto también me ha hecho pensar en lo poco amiga que se hizo Emma de las cámaras cerca de los 10 años y lo muy agradecida que me siento de que acepte de vez en cuando un posado, lo hace fenomenal y pone toda su alma, le pida lo que le pida. No exijo más de una modelo: que entre en mi universo y comprenda el interior del personaje al que va a interpretar. Pero ante todo necesito que comprenda mi vida y mi manera de sentirla y esto es pedir mucho. Por eso la persona con quien tengo más fotos además de mí, es mi hermana pequeña Emma. No sólo comprende mi vida, sino que conoce el registro de los personajes que habitan en mis fotos. Algunos son solitarios, otros están perdidos, unos son débiles, otros están muertos y otros bailan como los locos. O directamente están locos. Llevo pidiéndole esto a Emma desde que era un moco y a los 15 años que tiene lo sigue haciendo con enorme cariño y precisión.

Foto making I

Foto making VI

Foto making V

¿Por qué he necesitado una modelo para fotografiar bajo el agua? ¿Por qué opino que el autorretrato es complejo en fotografía acuática y que todo fotógrafo debería buscarse un modelo? No sé si realmente lo dijo el Sr. Destripador, pero vayamos por partes.

– En el agua flotamos. Eso es así a no ser que te llenes de piedras los bolsillos a lo Virgina Wolf y todos sabemos lo que le pasó a Wolf. Que al estar fotografiando bajo el agua tanto tú como la modelo vais a tender a flotar es un hecho, así pues, si queréis realizar alguna foto bajo el agua, vais a tener que luchar unos segundos por aguantar abajo y eso implica que agitéis los brazos y las piernas de manera muy dinámica. Si a esto le sumamos con que al final subimos, fotografiar bajo el agua se convierte en algo realmente complejo. Tanto el fotógrafo como el modelo están moviéndose constantemente.

– Bajo el agua no podemos dirigir a la modelo porque no vamos a poder hablar ni el modelo podrá escucharnos.

Foto making IV

Foto making IX

Con estos dos factores en nuestra contra, el uso de nuestro muy apreciado trípode humano es complejo y el autorretrato se convierte prácticamente en una utopía. Tenemos que hacer tal esfuerzo como fotógrafos, tenemos que poner tanto de nuestra parte, que dejar eso en manos de otra persona convierte directamente esa foto de la autoría de esa persona, por mucho que nosotros aportemos una idea. No es lo mismo estar en un campo, con la cámara fija y pedir a una persona que dispare cuando tú se lo pidas, en la pose que crees la idónea, que dejar en manos de otro el encuadre, la composición y la decisión, tan importante, de cuándo hay que disparar. De esta manera, creo que todos los que trabajamos con el autorretrato, si queremos hacer una sesión acuática, deberíamos buscarnos un modelo de confianza para trabajar más cómodos, tomando nosotros las riendas de la cámara.

Foto making III

Pensando lo que pienso, no dudé en recurrir a Emma para capturar su imagen por primera vez en el agua. Fuimos a la piscina de mi urbanización y preguntamos si podía meterla con ese vestido y camisa. En un principio sí, pero luego nos echaron, alegando que el agua se mete uno sólo y exclusivamente en bañador. Supongo que si pudiéramos entrar todos con ropa de calle pasaría como con el flash automático de las cámaras compactas en los museos. Las han prohibido porque siempre tenemos al bobo de turno de “Se me ha disparado solo, yo no quería, no sé quitarlo”. Pues en el agua sucedería algo parecido. Empezaría el polo rojo a desteñir y el culpable alegaría, con toda sinceridad, que no sabía que desteñía. Pero la piscina ya tendría tinte de ropa. Luchar contra esto es más fácil que luchar contra que tanto a niños como a adultos se les afloje la vejiga en la piscina. Y no sin querer exactamente. Así pues, yo me estaba bañando en agua, cloro y meados, pero mi hermana tenía que salir de allí porque llevaba una falda y una blusa.

Con mucho gusto habría prolongado la sesión, pero me tuve que conformar con el material que ya tenía, que no está nada mal. Ahora me toca encontrar unas aguas limpias en un entorno natural, porque el azul de la piscina y sus teselas me desalinean los chakras y no dejan que yo termine 100% satisfecha con una sesión.

Foto making VIII

Foto making VII

Lo que quise plasmar con esa foto es el silencio y, en ese sentido, sería una de las fotografías que enviaría a la exposición que se realiza anualmente en la Universidad de Alcalá, “Facultad de silencio”. Esta foto puede sugerir el vientre materno antes de ser exiliados a la vida o, directamente, la meta de salida a la vida. Pero cuando me gusta imaginar que todo acabó, también me imagino flotando en el agua, en silencio, completamente aislada y a la deriva. No me pongo grotesca. La propia sociedad lo llama “hacerse el muerto” y es todo un placer hacerlo flotando en el agua, en esa especie de plácida ingravidez a la que nos entregaríamos durante horas. Es una imagen a la que recurro mucho cuando me cuesta dormir.

Quise entregaros una foto de silencio por contrarrestar tanto ruido. A veces necesitamos desintoxicarnos, porque la contaminación acústica existe, porque las palabras que duelen existen, porque personas a las que no queremos escuchar existen. Escucharlas es saber que existen. También deseaba una foto de silencio, como quien lo guarda en su boca un minuto. Una foto de condolencias hacia el mundo. Mil perdones que entregaros por la vergüenza. Vuestra vergüenza muda. El mundo la ha perdido tantas veces que acaba inmunizándose contra ella o, directamente, la recibe con gusto, de esos que no pican.

Making II

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