Perturbado

Tenía las nalgas infestadas de agujeros debido a las inyecciones, y los brazos arañados y amoratados. Tuvieron que cortarle las uñas al rente para que no se destrozara los brazos en sus ataques repulsivos contra sí misma. Entonces empezó a arrancarse mechones de pelo y a masticarlos, para luego tragárselos. Vomitaba bolas de pelo, igual que los gatos. La mujer que llora, de Zoé Valdés.

Perturbada (pequeña)

Subí corriendo las escaleras con el entusiasmo propio de una cría. Hace nada me espetaron, bajo una foto: “Hay algunos que cuando tienen una cámara se creen que tienen un juguete en las manos”. Dicha sentencia me hace recordar las palabras de nuestro amigo Tocayo-Guille “Aquí hemos venido a jugar”. Y lo cierto es que mi Guille me había regalado un juguete nuevo: la Instax 210 de Fujifilm. Llegué a la cocina, donde estaba mi abuela, con el corazón acelerado, “¡Abuela, mira abuela! ¡Mira lo que me ha regalado Guille!” Y ella, sonriendo, me preguntó: “¿Pero cuántos cacharros de esos tienes ya?”. Me encanta, porque para mi abuela todo son cacharros. Pues unos siete. Claro, que caros caros, sólo dos y no entran dentro de la gama alta de entre todos los cacharros que hay en el mercado.

Foto making IV

Making I

Making II

Guille, al irnos a dormir, me escondió entre las sábanas la cámara nueva. No es que la necesitara, es un capricho, pero supone que puedo realizar fotografías instantáneas de una forma más económica. Desde hace tiempo siempre disparo una foto Polaroid de cada una de mis fotos, pero comprar carrete para la Polaroid One Step suponían carretes caducados muy difíciles de encontrar o comprar a Impossible Project, donde cada foto me cuesta casi 3 euros. Me gustan mucho más los resultados de la Polaroid que de la Instax, pero no sabéis lo feliz que me hace la fotografía impresa.

Family (pequeña)

En Sevilla tenía cuatro de mis cacharros y pensaba llevármelos todos a la playa, porque yo soy de las que meten todo el equipo fotográfico en la maleta, un libro y ya si eso las bragas. El trípode, la Pentax para la fotografía acuática, la Nikon para otras dos fotos, la Instax para hacer fotos poco serias y la Polaroid para hacer una foto de las fotos serias. Todo esto más la carcasa de la acuática. Creo que todos me miraron como si estuviera realmente zumbada, pero no tienen ni puta idea de la vida. O tal vez sí que la tengan un poco. Guille alegaba que no podíamos estar haciendo fotografía acuática mientras dejábamos sin vigilancia el resto del equipo. Pero no solo eso: al llegar a Cuesta Maneli la mar estaba marejada y la marea muy alta, revuelta, enojadísima contra sabe Dios qué. No obstante, les hice caso: la Pentax y la carcasa se quedaron en casa.

Making III

Making V

El 9 de agosto Guille y yo hacemos 3 años y es ritual irnos una vez al año a Cuesta Maneli, porque el año no empieza ni en enero ni en septiembre, empieza cuando hemos conseguido mirar en silencio las nubes rosas de una puesta de sol en Cuesta Maneli ¿Dónde se encuentra esta playa? En Huelva, entre Matalascañas y Mazagón. Y los que conozcan Matalascañas y Mazagón se preguntarán, ¿puede haber algo bonito entre estos dos enclaves tan turbios? Pues sí: 27 km de playa virgen que pertenecen al Parque Natural de Doñana. No hay nada que nos espante más que la masificación, sea el lugar que sea, de ahí el recuerdo horrorizado de nuestra breve estancia en el piso de la Puerta del Sol, en Carretas. Eso sí, no nos gustan las playas donde está todo el mogollón, pero en cuanto equipo playero somos de lo peor: dos mochilas con todo el equipo fotográfico, las toallas, bañadores, mudas, agüita para las peludas (les da por beberse el agua del mar), la pelota de las perras, libros y la sombrilla. Sólo nos faltaba la neverita con comida y la radio para terminar de ser unos horteras… pero porque no nos gusta estar más de 4 o 5 horas en la playa, porque si no estoy segura de que la neverita también caía. El cuadro lo completan las perritas, que son nuestros niños tontos, como dice Guille.

Menta corriendo

La Milka (pequeña)

Menta ladrando

Aunque no es lo mismo un niño tonto, que hacer el tonto 😛 Es que siempre me tiene que imitar cada vez que hago una foto.

Guille mordiendo el sombrero

Para llegar a la playa hay que recorrer 1200 metros de pasarela de madera. La conforman una sucesión de tablas, pero sufro enormemente, porque a veces llegan a tener hasta 10 cm de separación y a mí no me importa -aunque algunos hayan tenido la hostieja asegurada-, pero a la Menta y a la Milka sí, sobre todo a la Milka. A la luz del día puede ver más o menos por dónde mete las patitas, pero cuando nos volvemos, tras la puesta de sol, la luz empieza a escasear y se le meten sus mini patas de perro por todas la ranuras, por lo que Guille y yo nos alternamos para llevar en brazos a la perrina el kilómetro largo. La perrina o ese amasijo de rastas, salitre y arena en el que se convierten.

Pasamos 4 horas entusiasmados con la Instax, con las perras corriendo y tragando arena, con Milka obsesionada con su pelota morada y Menta obcecada con su boya amarilla. Soplaba mucho viento y ni siquiera me quité el vestido, ese mismo vestido que veis en la foto. Estuve apurando hasta la luz de ocaso que tanto me gusta y me metí de rodillas en la orilla. El mar chupaba con tanta fuerza hacia dentro, que me desplazaba hasta con la tierra de base que me ayudaba a descargar mi peso. También me metí mi melena en la boca, aunque no se aprecie, lo que me daban unas arcadas inmensas. Cuando Teleidoscope propuso el tema de “Perturbado” me entusiasmé, porque todos los personajes de mis fotos lo están, casi o más que yo. El texto que me ayudó a redondear este imagen fue el que aparece al inicio de la novela de Zoé Valdés, que encabeza esta entrada, porque uno no entra loco en un psiquiátrico, uno se vuelve loco allí. No quiero convertir esta entrada en una crítica a los famosos manicomios que se encuentran bajo eufemismo de “Centros de salud mental”. Sólo digo que violan varios derechos humanos y que si deseas algo medio qué, tienes que pegar uno privado, que cuesta un pastizal.

Pelos en la boca

Yo llegué a un punto en el que ya no sabían donde encerrarme. Porque a los que atentamos contra nosotros mismos también nos encierran. Los que atentan contra los demás, acaban en cárceles, pero los que atentan contra sí mismos acaban en manicomios. O eres una persona equilibrada o te ocultan y narcotizan, no se vayan a dar cuenta de que hay enfermos mentales, no os vayáis a dar cuenta de que todo el mundo a lo largo de su vida ha padecido un desequilibrio mental o emocional como quien pasa un resfriado, no se vayan a dar cuenta de que para 2020 la depresión vaya a ser la 2º causa mundial de invalidez. Silencio.

Making VI

Pero ya estoy a salvo, porque Guille me ha prometido que si vuelvo a caer enferma, si vuelvo a ser una trasnochada, una perturbada, una chiflada de la muerte y la subsistencia o una alienada por la vida, no me encerrarán nunca más, que él lo impedirá, que me llevará a una playa solitaria para que se me llenen los pulmones de aire y sal. Me ha prometido que me acompañará bien lejos para empuñar el rifle de mi cámara contra mis sienes y ensartarme a imágenes, que me ayudará a anclar mi cuerpo en la orilla de un mar tan embravecido como mi pecho.

Guille y yo (pequeña)

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La compañía/ Reliquias de Soria

La compañía (pequeña)

Reliquias de Soria (pequeña)

“Mira, Leila, estas espigas tienen bichitos por dentro”. Guille miraba con atención una espiga entre sus manos, con su palestino en la cabeza, en esa especie de psicosis que le da desde que un médico le dijo que no podía darle el sol en los lunares, “Que no me quiero morir de cáncer”, alega. Guille no es que no se quiera morir de cáncer, es que no se quiere morir. No se quiere morir, todavía-no porque tiene aún demasiados ejércitos de enanos del Caos que pintar. Creo que por eso estoy con él. Estaba muy gracioso con el turbante. Me asomé a la espiga “No tienen bichitos, yo no veo nada”. Guille se fijó con más atención en la espiga, como si su mirada emulara la mía, como si su mirada fuera la fuerza motriz que me incitara a mirar mejor “Sí que tienen, los veo moverse”. Los cierto es que nuestra incultura agraria nos tiene intrigados: el campo de al lado es trigo y… ¿y el de enfrente? Pues puede ser cebada. Y así mirábamos los campos que nos han servido una y otra vez para escenario de nuestras fotos. Los contemplamos en silencio, entre sonrisas, entre un mira-la-Menta-cómo-salta y alguna que otra conjetura sobre los campos en barbecho.

Guille y sus espigas

Estuve esperando todo el día, porque tengo debilidad por fotografiar con la luz de ocaso. En verano es una pasada, porque te puedes echar la siesta más maravillosa de tu vida, que al despertar seguirá habiendo luz para realizar una sesión de fotos, lo que lo convertirá en un día completamente maravilloso. Hace tiempo que llegué a la conclusión, gracias a mi hermana Emma, que yo las siestas las duermo para que el día se me pase más rápido, que duermo para no enterarme mucho de la vida, que mi sueño es el anhelo de un letargo. Duermo como los infelices que recurren a una borrachera. No es por nada, es que me he hecho muy vieja demasiado joven y me canso. Me canso de mí, de algunos y del mundo. Se lo dije el otro día a Guille con unas bravas por delante y un par de cervezas, que muchas veces sólo es porque la vida desde mi cerebro es agotadora. Pero no pasa nada. No pasa nada porque tengo a Guille, cámaras, dos perros y a veces hasta llueve.

Foto making IX

Foto making VIII

Foto making X

Making VI

Making VII

Making VIII

Ávila es un paréntesis muy agradable donde nos dedicamos, como quien va a un gimnasio, a entrenar la felicidad. A veces vamos solos, otras con los padres de Guille. Allí me gusta bailar, escribir, leer y editar fotos mientras la madre de Guille se dedica a sus plantas y Menta la sigue como un patito a todas partes. De vez en cuando la oigo gritar “¡¡Menta!! ¡Ahí, no! ¡Venga-fuera-de-ahí!” Y es que Menta no entiende muy bien por qué puede estar a dos centímetros del perejil, pero no en el mismo perejil. También debe de serle incomprensible eso de no pisar los calabacines, total, es suelo igualmente. Al padre de Guille le gustar estar con su leña hasta en verano. Separa los troncos por tamaños y los clasifica desde más grandes hasta las ramitas. También las trocea para hacerlas más manejables. Debe de ser una actividad realmente relajante; los sorianos están hechos de otra pasta. A veces me gusta pensar de qué manera conspiró el universo para traerme a Guille. Pienso en Asturias, de donde procede su madre y la imagino dándole de comer chocolate a las gallinas para que pusieran huevos de chocolate. Pienso en sus ojos, tan verdes como los helechos de su tierra. Pienso en Soria, de donde procede su padre, en sus piedras, en su “allí no hay ná” en la casa que nunca vi. En esa casa vivía doña Eulogia entre sillas de terciopelo granate, jofaina y aguamanil, colchas antiguas de su madre, vajillas de cerámica y tablas para lavar la ropa, de esas de madera cuya superficie la conformaban una serie de corrugaciones para frotar la ropa enjabonada. A Eulogia la pude ver sólo tres veces y cada vez pensaba que me había arreglado mejor que la anterior. Sé muy poco sobre la trama que trajo a Guille al mundo, vestigios compuestos por voces, objetos y un pañuelo de papel, aquel que medio deshecho se paseaba su abuela paterna por los ojos en un constante intento de achicar agua de esas dos barcas amables que conformaban su mirada.

Making I Reliquias

Making II reliquias

Making III reliquias

Making IV Reliquias

Making V Reliquias

Sillón soriano

Recogiendo flores

Estas dos fotos son un pequeño ejercicio creativo, dos preguntas y una búsqueda. Son una tarde agradable de verano, entre sonrisas, silencio y fotografía. En la primera me enciendo un ramito de flores, para lanzar bocanadas fragantes en una tarde estival. En la segunda poso con mis perras, con quienes hacía mucho tiempo que no hacía una foto. Fue el día del perro sin raza, cuando me pidieron una foto junto a mis dos perras, cuando me di cuenta de que en casi todas mis fotos tengo que clonar a mis perras, pero en pocas salen. Es realmente difícil pillarlas juntas en una foto y no sabéis la de tonterías que tenemos que hacer para que se queden en el sitio… pero no sólo es mantenerlas en el sitio, también es que no miren para otro lado. Obviamente, en cuanto disparamos unas cinco tomas, Menta salió corriendo a los prados como alma que lleva al diablo. Milka es más fácil que pose, tiende más a hacer el mal, pero está menos asilvestrá que la Menta.

Volvimos a la casa entre cielos rosados y violáceos. Empezaba a soplar un viento agradable y mi cuerpo empezaba a relajarse como si segregara una gran cantidad de endorfinas. Cuando termino una foto siento como si hubiera acabado de reírme a carcajadas, como si hubiera coronado una buena coyunda o me hubiera echado al cuerpo dos horas de baile. Me voy pensando en lo bien que me hace sentir realizar una buena foto, pero es algo más que eso, porque este año sólo habré hecho unas cuatro fotos buenas, es más bien el enorme equilibrio que me aporta el hacer fotos, en una inexplicable dedicación irracional, en esa especie de porque-sí que me salva la vida.

Paisaje I

Paisaje II

Paisaje III

Milka y Menta

Guille pequeña

Introducción a la fotografía creativa.

Siempre se ha entendido la fotografía como un procedimiento de captación de la realidad con la mirada, es decir, el fotógrafo se nos presenta como un cazador de imágenes más o menos hábil de cuya capacidad para captar la realidad con maestría dependerá el resultado final. Todo el mundo puede tener una cámara, pero no por ello ser fotógrafo o, si se me permite el símil, todo el mundo puede tener un lápiz, pero no todos serán dibujantes o escritores. La herramienta no hace la profesión, sino la vocación. Vivimos en una era tecnológica que ensalza la imagen como vía comunicativa y que ha permitido el acceso a la fotografía a cualquier persona, lo que supone una clara evolución en la educación de la mirada o, como decía Moholy- Nagy “Los límites de la fotografía no se pueden predecir (…) El analfabeto del futuro no será el inexperto en la escritura sino el desconocedor de la fotografía”.

La globalización de la fotografía tanto en su calidad contemplativa como productiva es toda una dicha social y artística y, dentro del universo fotográfico, uno de los artes más jóvenes de la historia del arte reciente junto al cine. La fotografía clásica siempre se ha centrado en el ojo más observador y en la capacidad de fotógrafo para producir una obra artística que defina su estilo transformando e interpretando la realidad. Siempre se ha entendido que la fotografía era fiel a la realidad porque es, hasta el momento, lo que mejor capta visualmente lo que ven nuestros ojos, pero ello no implica que el resultado sea real, se trata exclusivamente de una interpretación de lo que nos rodea. No me atrevería a decir que es un universo de ficción o al menos no tal y como se entiende una obra ficcional en literatura. Toda narrativa contiene ficción, por lo que si queremos narrar una historia o una imagen nos sugiere una historia, estamos haciendo uso del lenguaje a la hora de interpretarla, por lo tanto, la fotografía no contiene en sí misma una historia, la historia es un suplemento verbal añadido a posteriori. La ficción, por lo tanto, no es antónimo de la realidad.

¿Existe, por lo tanto, la realidad? ¿Somos capaces de captarla? Muchos dicen que no existe o no se puede tener un total conocimiento de ella desde el primer momento en el que al interpretarla la contaminamos a través de factores como pueden ser la experiencia, ideología o educación. Lo incognoscible es todo aquello que la humanidad, dentro de este universo, nunca podrá entender por su capacidad cognitiva como especie. De esta manera, muchos han llegado a la conclusión de que al ser sólo capaces de aportar una interpretación de la realidad y al tratarse nuestra realidad de una percepción, lo único que existe pues, es la ficción, porque sólo en ella sabemos vivir… o porque sólo a través de la ficción conseguimos comprender el mundo.

De esta manera, ¿se puede hablar de ficción en fotografía? Se puede hablar de la presentación de un mundo imaginario al receptor. La fotografía son universos inventados y, tal y como dijo la niña del pelo blanco, la recién fallecida Ana María Matute: “Créanse esta historia, porque me la he inventado”. Hay que creer en las fotos, porque no es que valgan mil palabras, es que pueden generar más de mil palabras. Muchas fotografías son el subterfugio para contar una historia y es ahí cuando una imagen se nos presenta como motor para generar una ficción. No obstante, sería interesante indagar en qué nos puede transmitir la sucesión de una serie fotográfica por sí misma.

¿Existen otros procedimientos fotográficos que vayan más allá de la creatividad que nos suscita la mirada? En la actualidad, a pesar de que muchos fotógrafos comparten procesos clásicos, defienden otra manera de producir una fotografía: la imagen se genera en la mente del fotógrafo y éste hará lo posible por llevarla a cabo para convertirla en una realidad visual. Se tiene constancia de este procedimiento desde hace más de un siglo, pero sólo ahora está empezando a arrancar entre la gente joven en una corriente sólida, definida y aceptada. El fotógrafo adquiere más que nunca la conciencia del “yo” para proyectarlo a través de una imagen y se convierte en el director de su universo personal, en uno de las corrientes fotográficas más introspectivas que existen. La fotografía se convierte en una herramienta mediante la cual canaliza su interior para explicarlo y hablar de sí mismo. De esa realidad interna, además de la externa, sabrá seleccionar lo que le pertenece y transformarlo en algo parecido a una metarealidad, es decir, la fotografía tiene una carga de verdad absoluta dentro de nuestro universo interior y exterior de la que forma parte todo aquello que podemos percibir y comprender, como aquello que no podemos percibir ni comprender. Muchos se han atrevido a calificar de manera muy acertada y concisa este tipo de fotografía como “Fotografía constructiva”, ya que interviene y manipula la realidad, generando una imagen de la nada. Sin la existencia del fotógrafo, esa composición jamás se habría dado en el plano visual de ninguna otra persona. Este tipo de fotografía tiene como base la imaginación. Estimular el proceso imaginativo nos permite manipular información generada en nuestro interior, con el fin de crear una representación percibida por los sentidos de la mente. Es un proceso potencialmente creativo, porque en ausencia de estímulos del ambiente, somos capaces de inventar. La imaginación nos permite pensar en algo que se había percibido previamente pero que ya no se encuentra presente. El procedimiento se nutre de la memoria para manipular la información y relacionarla con experiencias que no dependen del estado actual del organismo, por lo que se entiende que toma elementos antes percibidos y experimentados, y los transforma en nuevos estímulos y realidades.

La carga semántica de este tipo de fotografía es enorme, ya que se carga de símbolos desde el plano más conceptual hasta el compositivo, incluso se podría hablar en su desarrollo y realización de un proceso performativo. Toda persona es rabiosamente única y esta corriente fotográfica explota esa unicidad que vuelca en una imagen bajo un proceso intelectual y emocional muy elaborado. Todo esto no tiene nada de novedoso, pero sí estamos asistiendo a una nueva forma de entender la fotografía de manera colectiva. Ya no son (loables) casos aislados, sino que se está convirtiendo en un movimiento que entiende el proceso fotográfico de manera íntima e introspectiva, siendo ellos mismos el motor y mecanismo para fabricar, mediante un artificio mental, una imagen visual que poco tiene de fortuita. Ese cúmulo de experiencias, sentimientos y emociones se transforman en un universo paralelo en el que vivir y soñar para canalizar y transformar nuestra realidad y la ajena.

Estrato de silencio

Yo que crecí dentro de un árbol

tendría mucho que decir,

pero aprendí tanto silencio

que tengo mucho que callar

(…)

Pablo Neruda.

Nereida (pequeña)

Acaba de llegarme vía WhatsApp una foto de Emma desde Lisboa. Posa junto a sus tíos y sus primas. Todos sonríen, pero ella no. No creo en modo alguno que se lo esté pasando mal, todo lo contrario, estaba deseando llegar a Portugal, allí le esperaba la playa y sus familias tanto materna como paterna. Pero el tiempo, como a todos en su día (o, mejor dicho, en sus años) le ha hecho padecer de adolescencia, así que me imagino a sus tíos “¡Vamos a hacer una foto para enviarla al WhatsApp de la familia!” Y Emma, que sólo acepta la presencia de cámaras para los selfies o una sesión de fotos mías, aceptó con cara larga “Pf, ¿en serio me tengo que hacer una foto? Porque soy educada, porque si no…”.

Seguro que cuando lea esto me da un capón, pero yo estoy realmente contenta de haber recibido una foto suya desde Lisboa. Esto también me ha hecho pensar en lo poco amiga que se hizo Emma de las cámaras cerca de los 10 años y lo muy agradecida que me siento de que acepte de vez en cuando un posado, lo hace fenomenal y pone toda su alma, le pida lo que le pida. No exijo más de una modelo: que entre en mi universo y comprenda el interior del personaje al que va a interpretar. Pero ante todo necesito que comprenda mi vida y mi manera de sentirla y esto es pedir mucho. Por eso la persona con quien tengo más fotos además de mí, es mi hermana pequeña Emma. No sólo comprende mi vida, sino que conoce el registro de los personajes que habitan en mis fotos. Algunos son solitarios, otros están perdidos, unos son débiles, otros están muertos y otros bailan como los locos. O directamente están locos. Llevo pidiéndole esto a Emma desde que era un moco y a los 15 años que tiene lo sigue haciendo con enorme cariño y precisión.

Foto making I

Foto making VI

Foto making V

¿Por qué he necesitado una modelo para fotografiar bajo el agua? ¿Por qué opino que el autorretrato es complejo en fotografía acuática y que todo fotógrafo debería buscarse un modelo? No sé si realmente lo dijo el Sr. Destripador, pero vayamos por partes.

– En el agua flotamos. Eso es así a no ser que te llenes de piedras los bolsillos a lo Virgina Wolf y todos sabemos lo que le pasó a Wolf. Que al estar fotografiando bajo el agua tanto tú como la modelo vais a tender a flotar es un hecho, así pues, si queréis realizar alguna foto bajo el agua, vais a tener que luchar unos segundos por aguantar abajo y eso implica que agitéis los brazos y las piernas de manera muy dinámica. Si a esto le sumamos con que al final subimos, fotografiar bajo el agua se convierte en algo realmente complejo. Tanto el fotógrafo como el modelo están moviéndose constantemente.

– Bajo el agua no podemos dirigir a la modelo porque no vamos a poder hablar ni el modelo podrá escucharnos.

Foto making IV

Foto making IX

Con estos dos factores en nuestra contra, el uso de nuestro muy apreciado trípode humano es complejo y el autorretrato se convierte prácticamente en una utopía. Tenemos que hacer tal esfuerzo como fotógrafos, tenemos que poner tanto de nuestra parte, que dejar eso en manos de otra persona convierte directamente esa foto de la autoría de esa persona, por mucho que nosotros aportemos una idea. No es lo mismo estar en un campo, con la cámara fija y pedir a una persona que dispare cuando tú se lo pidas, en la pose que crees la idónea, que dejar en manos de otro el encuadre, la composición y la decisión, tan importante, de cuándo hay que disparar. De esta manera, creo que todos los que trabajamos con el autorretrato, si queremos hacer una sesión acuática, deberíamos buscarnos un modelo de confianza para trabajar más cómodos, tomando nosotros las riendas de la cámara.

Foto making III

Pensando lo que pienso, no dudé en recurrir a Emma para capturar su imagen por primera vez en el agua. Fuimos a la piscina de mi urbanización y preguntamos si podía meterla con ese vestido y camisa. En un principio sí, pero luego nos echaron, alegando que el agua se mete uno sólo y exclusivamente en bañador. Supongo que si pudiéramos entrar todos con ropa de calle pasaría como con el flash automático de las cámaras compactas en los museos. Las han prohibido porque siempre tenemos al bobo de turno de “Se me ha disparado solo, yo no quería, no sé quitarlo”. Pues en el agua sucedería algo parecido. Empezaría el polo rojo a desteñir y el culpable alegaría, con toda sinceridad, que no sabía que desteñía. Pero la piscina ya tendría tinte de ropa. Luchar contra esto es más fácil que luchar contra que tanto a niños como a adultos se les afloje la vejiga en la piscina. Y no sin querer exactamente. Así pues, yo me estaba bañando en agua, cloro y meados, pero mi hermana tenía que salir de allí porque llevaba una falda y una blusa.

Con mucho gusto habría prolongado la sesión, pero me tuve que conformar con el material que ya tenía, que no está nada mal. Ahora me toca encontrar unas aguas limpias en un entorno natural, porque el azul de la piscina y sus teselas me desalinean los chakras y no dejan que yo termine 100% satisfecha con una sesión.

Foto making VIII

Foto making VII

Lo que quise plasmar con esa foto es el silencio y, en ese sentido, sería una de las fotografías que enviaría a la exposición que se realiza anualmente en la Universidad de Alcalá, “Facultad de silencio”. Esta foto puede sugerir el vientre materno antes de ser exiliados a la vida o, directamente, la meta de salida a la vida. Pero cuando me gusta imaginar que todo acabó, también me imagino flotando en el agua, en silencio, completamente aislada y a la deriva. No me pongo grotesca. La propia sociedad lo llama “hacerse el muerto” y es todo un placer hacerlo flotando en el agua, en esa especie de plácida ingravidez a la que nos entregaríamos durante horas. Es una imagen a la que recurro mucho cuando me cuesta dormir.

Quise entregaros una foto de silencio por contrarrestar tanto ruido. A veces necesitamos desintoxicarnos, porque la contaminación acústica existe, porque las palabras que duelen existen, porque personas a las que no queremos escuchar existen. Escucharlas es saber que existen. También deseaba una foto de silencio, como quien lo guarda en su boca un minuto. Una foto de condolencias hacia el mundo. Mil perdones que entregaros por la vergüenza. Vuestra vergüenza muda. El mundo la ha perdido tantas veces que acaba inmunizándose contra ella o, directamente, la recibe con gusto, de esos que no pican.

Making II

La luna en el agua

Este mundo, que lo aprieta a uno por todos lados, que va vaciando puños de nuestro polvo aquí y allá, deshaciéndonos en pedazos como si rociara la tierra con nuestra sangre. Pedro Páramo, Juan Rulfo.

La luna en el agua (pequeña)

Os confieso, embrutecida por la superstición, que este es el post nº 47. Y el número 47 me aterra. Os confieso. Es triste llegar a la conclusión de que estoy a solas con mi sexo y mi heterosexualidad agónica. Agónica porque soy una mujer que ha follado siempre con hombres, que se ha enamorado siempre de hombres, pero que no concibe el clímax orgásmico sin imaginar a una mujer. Estoy a solas con mi sexo porque nunca nadie ha querido que sea mío y yo siempre lo he regalado gustosamente por amor. Me inicié sexualmente con perturbados y aún arrastro esa lacra con un manto enorme y mojado que impregna todo el camino de mi vida. Mi sexo me da asco y así es como mi cerebro milenariamente herido quiere verlo, sangrando como sangra mi deseo. Mi deseo. Mi deseo pálido, frágil y moribundo.

Foto making II

Foto making III

Arreglándome el pelo

Esta fotografía es anómala en mi trabajo, pero ha bastado para que en Flickr me inviten a tropecientos grupos de pornografía. No se enteran de nada, porque mi coño está muy alejado del ensalzamiento del deseo. A mí vuestro deseo me da asco, vuestros penes erectos y vuestras vaginas palpitantes me dan ganas de vomitar, quizá porque toda mi vida sexual ha consistido en ocultar al animal, en disimular la animalidad bajo la civilización del vestido, bajo la civilización de mi propio cuerpo desnudo. Desde que ellos me tocaron, desde que ellos no me tocaron, sólo quiero ahogar mi sexo, ahogarlo como se ahogan a las mariposas en frascos, para su posterior colección. Es justamente eso: taxidermizar al bicho. Cuando me miro al espejo desnuda, brillando de agua, con los cabellos sellados a las sienes, sólo veo eso. Un bicho. Dos bichos.

Sólo confesándolo seré libre: que arda. Que arda con sus labios de carne triste, que sólo sea el reflejo de la luna en el agua.

“¿Es necesario que lo enseñes?” Enseñar algo que nadie ha visto, enseñarte algo que nunca te he dejado ver, con los ojos tan claros que tienes. En el mar como en el cielo sólo me baño desnuda y hace tiempo que decidí que sólo debía bañarme en tus ojos. Mojar mi cuerpo enfermo en la inmensidad. Sólo así consigo no matar a las hormigas, no ahogar a las arañas, exhumar de la tumba lo que había estado enterrado tanto tiempo.

Guille

Siempre las he querido vociferar porque me sangra la sangre de sus fotos. Me sangran sus fotografías sin calidad, porque una fotografía mala es como un texto mal escrito y lleno de faltas. Las feministas sacan de procesión su regla, las feministas suben al Facebook fotografías de sus bragas sucias de sangre y sus dedos impregnados de coágulos hediondos. Y yo, que soy feminista y fotógrafa, miro con estupor esas fotografías torpes y reivindicativas. Creo que cualquier cosa que no esté fotografiada bajo una intencionalidad artística termina por darme igual, incluso los deshechos humanos. Vuestra mierda, la mancha de esperma seca entre las sábanas, la mácula diaria de flujo en unas bragas, la orina en las esquinas de Malasaña, el escupitajo de un borracho y vuestra maldita regla.

Foto making I

EjEZEjW

La menta corriendo

Mi foto es dolorosa y mis padres, Guille, Milka y las amapolas se han dado cuenta, ya no puedo hacer otra cosa que miraros con esta imagen derramada a mis pies, como un jarrón de flores roto en mi infancia. Pero últimamente convivo bien con el dolor y con el asco, el asco que me dan algunos y el asco que me doy a mí misma. Sólo se trata de unas dioptrías más en mi vida, pero son muchos los que no terminan de ver bien y sobreviven. Sobreviven cargando a sus espaldas el enemigo en el que nos hemos convertido, en estos días tan hermosos.

Amapola

La Mika

Amapolas

La mitad que respira

La mitad que respira (pequeña)

Impacto (pequeña)

Corría el río Voltoya fiero y cargado de agua, como hablando muy rápido. Les pasa a los ríos tras charlar con las lluvias, tras discutir con el deshielo, que el agua te cuenta su viaje de manera acelerada, pero fluida, sin trabársele la lengua. Yo lo escuchaba de manera fugaz, mientras pasábamos por el puente que nos llevaba a Maello. “Dice cosas bonitas, tengo que hacer un día una foto aquí, que me susurre al oído, más lentamente y en la lengua de las cosas que viven mojadas, cómo se puede llegar tan alto, para acabar lamiéndole los pies a la tierra”. Porque al final me he dado cuenta de que yo también he pasado muchos años lamiendo lo más bajo, para desembocar en la nada. O en algo que me queda demasiado grande, que viene a ser lo mismo.

Foto making VIII

“¿Que te vas a meter en el río? A ver si va a haber sanguijuelas” Pues sí, claro que sí, a estas alturas ya tengo pocos remilgos en meterme en cualquier entorno natural de este planeta, siempre y cuando esté limpio. No me dan asco las algas, ni el musgo ni las babosas. Tampoco el barro, ni los gusanos ni la nieve sucia. Me dan asco las personas, soy de las que prefiero veinte lametones en la cara de un perro a que una persona me roce en el metro, ya ni os cuento si es pleno verano y está sudando. El dolor no me lo ha dado el agua, ni las algas, ni el musgo, ni las babosas, ni los gusanos, ni el barro ni la nieve sucia. El dolor nace en mí como persona y me lo provocan las personas. Hace tiempo, paseando de noche por el cementerio de Père Lachaise en París, un guarda que me encontró me preguntó, “¿Pero no tienes miedo paseando por aquí sola?” Pues mire usté, creo que cuando están muertos es cuando menos miedo me dan.

Foto making VII

Me meto en el río porque los vivos me dan miedo, creo que es por eso. Fotografío sola y el lugares apartados porque el miedo me lleva allí, porque el agua me cuenta que entre lamer el cielo y lamer el suelo no hay tanta diferencia. Termino en el suelo porque estoy cansada, termino reptando por la tierra porque me gusta sentir, durante unos minutos, que soy parte del agua de ese río.

Foto making I

Foto making II

Foto making III

Hacía tiempo que no llegaba a una localización de tan difícil acceso. Había una auténtica jungla de zarzas y demás flora que cercaba las orillas. Además flotaba en el aire como una especie de semillas con pelusilla que me hacían estornudar hasta a mí. A Guille, que estaba con la alergia e iba abriendo el camino, ya ni os cuento. Las podéis ver en las fotos como una pátina blanca en el agua o un extenso velo de novia tímida. Las perrinas, que son bajitas, iban metiéndose por recovecos hasta que llegamos a la orilla. La Milka acabó siendo un amasijo de rastas, algas, barro y pelusa y tuvimos que cortarle bastante mechones de pelo en casa, porque no había manera de peinarla. Si le corto el pelo se lo debilito -comprobado- pero es que no sabéis cómo acaba cada vez que la metemos en una zona de naturaleza más o menos frondosa.

Senda

Las petardas II

Las petardas

Creo que es de las pocas veces que he realizado una foto por mi cuenta y que se adaptaba perfectamente a uno de los temas de Teleidoscope, estoy realmente satisfecha con ella. Por cierto, tengo que alegar que el encuadre final a la izquierda fue sugerencia de Guille <3. Además, la segunda foto semiprincipal, que la considero de making, la presenté al tema de “Impacto”. No es gran cosa, pero hacerla nos despertó una sonrisa, esa bella durmiente de las caras ¿Que cómo estaba el agua? Pues fría, señores, bastante fría. Yo problemas de circulación no voy a tener por el momento.

“La mitad que respira” es mi cubierta, esa boca enorme que grita al cielo y vaticina horizontes. Pero la otra mitad, macerada en lágrimas, a veces atrapada en cuerdas de flores, es la quilla de mi cuerpo. Mi cuerpo: navío de mi vida.

Foto making IV

Foto making VI