Los sentidos

Foto I

Título: Sueño de Bambú. Perteneciente a la serie dedicada a los cinco sentidos. El oído.

Edición de 20x30cm. Tirada de 20 copias.
Edición de 20x60cm. Tirada de 10 copias.

Sueño de bambú (pequeña)

Foto II

Título: La mano que se inventa. Perteneciente a la serie dedicada a los cinco sentidos. El tacto.

Edición de 20x30cm. Tirada de 20 copias.
Edición de 20x60cm. Tirada de 10 copias.

La mano que se inventa (pequeña)

Cuando realicé esta sesión di por sentado que no podríais ver estas imágenes en un año, ya que el proyecto para el que iban destinadas exigía trabajos inéditos. Al final no salió, así que las publico con alegría. Es la primera vez que publico en un mismo post dos fotos principales, pero es que tengo mucho trabajo que editar y el ritmo de una foto por semana se me quedaba corto. Estas dos fotos las hice el mismo día en el mismo parque y aún me guardo una bajo la manga, la que más me gusta, que también la hice en el mismo lugar. Al final ha tenido que venir Rosalía a recordarme cómo se llama este parque: Parque de Xujiahui. Este enclave era precioso, pero estaba rodeado de edificios y rascacielos, lo que rompía para mi gusto con parte del encanto del lugar. No obstante, es de agradecer entornos como estos. Nos cruzamos varios en medio de la ciudad y se agradecen para desconectar un poco del ruido y el ajetreo.

Lago con edificios

Recuerdo esta tarde estar medio tristes. Quizá era el tiempo, nublado y lluvioso, quizá es que era nuestro penúltimo día en Shanghai, quizá era la alergia, quizá, en mi caso, cierta desazón por no haber podido realizar determinadas fotos en plena naturaleza en aquella punta del mundo. Además tenía en mente un desnudo, el de los cuernos, que al final tuve que hacer en España. Guardarse una foto porque no puedes hacerla causa tanta impotencia y malestar como retener un estornudo. Tal vez sólo estábamos cansados. El turisteo está mal enfocado: vas a saco durante muchísimos días y te das cuenta de que tal vez habrías dado tu reino por estar un par de días en un lugar íntimo, en pijama, con una infusión, una sesión que editar en un ordenador, música de fondo y Milka y Menta enrroscadas a mi vera.

La sesión está realizada en un parque precioso lleno de plantas autóctonas y gatitos. Y, para lo superpoblado que está Shanghai, había muy poca gente. Tan poca, que tuve el privilegio de hacer tres fotos en la más absoluta intimidad. Bueno, no. Tengo que destacar que había uno andando en círculos… dando pasos hacia atrás. Iba erguido, ceremonioso, buscando cambiar de sentido al tiempo. Creo que allí es medio deporte, medio ritual, medio costumbre. De vez en cuando pasaba por el caminito donde estábamos trabajando nosotros y llegué a pensar que a su actividad, con un par de retrovisores, lo mismo me apuntaba hasta yo.

En la foto de los cuernos utilicé dos trozos de bambú que se usan para construir los andamios. Es extraño, porque nosotros aquí los construímos con metal y allí de bambú. Parecen muy frágiles, que se van a caer en cero coma, pero por lo visto son bastante resistentes y a ellos les funciona. Estaban desmontando uno lanzando troncos por los aires -sí, todo un espectáculo… y temeridad- y les pedí que si me dejaban llevarme dos trocitos. Me miraron raro, pero los chinos son por norma general muy simpáticos y finalmente me salí con la mía.

bambús

Y lo que se ve bajo los cuernos no es helado derretido, como sugirió mi propio ¬¬! —–> Guille , sino unas telas de encaje que compré como tocados en una calle dedicada a la venta de telas y tejidos. Es allí donde conseguí también la cinta de flores que tengo enrollada en la cabeza en la foto de los brazos… y todo por dos duros.

Yo con mis telas

Yo con mis trapos

Justo después de hacer tres sesiones de fotos, empezó a llover y tuvimos que refugiarnos bajo una pérgola, al lado de un lago de cisnes negros. Además, para más detalles, durante el diluvio salieron a nadar sus tres crías grises, que eran una monería. No obstante, para mí fue un momento deprimente en el que me sumergí en recuerdos de mi pasado y empecé a avergonzarme de mí y de mi vida. Intentando salir de esa especie de espiral autodestructiva en la que me había metido, me levanté bajo el chispeo para ver si conseguía capturar alguna instantánea de los cines, pero cuando estaba centradita haciendo fotos…

Cisne negro

… el guarda que estaba allí vigilando y les daba de comer esta lechuga mohína que veis en la foto, escupió al animal. No sólo me pareció horrible que le escupiera, sino que además sopló una ráfaga de viento que hizo que me llegara al menos la mitad del asqueroso gargajo. Porque si hay algo que me revuelve las tripas de los chinos, es que escupen con toda la naturalidad del mundo. Pero no escupen de cualquier forma, es que lo escuchas nacer con reverberaciones. Reflexionando sobre esto, estuvimos Guille y yo pensando qué factores y costumbres de nuestra cultura serían para ellos considerados como de mala educación. Escupir no, desde luego.

En vista de que a mi destino no le pareció bien mi idea de romper con mi espiral de aniquilamiento psicológico, volví bajo mi pérgola. Y cuando a los hechos de desolación y catátrofe le dan por encadenarse, lo hacen de manera virtuosa. Decidí alzar la vista y me encontré con esto:

Pájaro muerto

Me dio la impresión de que el pajarillo iría volando y no vio que la pérgola era transparente, por lo que se estrelló mortalmente. Os juro que por momentos me dio una bajada de tensión, los sonidos se transformaron en un rugido deformado y me vi reflejada en un espejo. Pues claro que no me iba a librar de sentirme así en China, soy la misma estando en la otra punta del mundo, que en Madrid o Sevilla y mis desequilibrios me los llevo conmigo a donde sea, como si no pudieran dejarse en casa bien escondidos en una maleta.

Foto de Guille

Esta última foto es de Guille, otra cosa no, pero las fotografías abstractas que hace son una pasada. Estoy haciendo una pequeña selección para el próximo post. Creo que fue todo un acierto realizar este viaje con él, sola quizá habría sido un poco peligroso. Cuando le comenté a mi madre hace un par de años que quería ir a Shanghai a ver a Rosalía, me dijo un rotundo NO. Yo me mosqueé muchísimo, pero ella tiene una especie de vínculo conmigo que roza lo esotérico, porque no sólo huele cuando estoy mal o voy a estar mal, es que directamente lo sueña o coincidimos en sueños. La quiero mucho, pero es una bruja. Os cuento lo que me pasó una vez. Una mañana discutí con ella y nos enfadamos entre las dos muchísimo. Le colgué. Pasadas un par de horas, empezó a dolerme el dedo donde tenía un anillo que le pertenecía desde muy joven. Me lo quité y me encontré con un eccema que me dejó parte del dedo casi en carne viva durante una semana. Por supuesto que se lo he devuelto, a ver si eso de “Un anillo para gobernarlos a todos” no se iba a quedar sólo en la ficción.

De esta manera mi madre ya sabía que yo sola, perdida y desubicada, soy un peligro para mí misma. No fue mala idea meterme a Guille en la maleta, creo que ha sido lo más valioso que me llevé ese viaje.

Sentada

Casi todas las fotos que tengo en formato digital son suyas, yo era torpe y feliz con mi analógica.

Yo con mi cámara

Seguía sumergida en mi espiral de desolación, cuando levanté la vista y vi a Guille de pie, con la maleta en la mano. Había dejado de llover “¿Nos vamos a llamar a Rosalía?” Ella iba a hacernos el favor de buscarnos un hostal baratito donde pasar la última noche, pues nos equivocamos y escogimos una menos de nuestro hotel. Pasamos las noches en uno que se llamaba Elegance Bund Hotel, justamente porque estábamos al lado del Bund. Para que os hagáis la idea, son como Las Ramblas de Barcelona, un paseo petado de guiris constantemente… y donde se ve una de las vistas más conocidas de Shanghai.

Bund II

Bund

Monumento

Esta última foto simboliza un monumento gigantesco, quizá a los caídos en una guerra o algo por el estilo. La fotografía nocturna mola mucho y allí anochecía a las 18:00, por lo que ya me valía no familiarizarme con ella.

Ey, no penséis que las circunstancias que rodearon las sesiones del parque fueron las que prevalecieron. No es cierto. Hubo numerosos momentos de sonrisas y sé que no viene a cuento, pero para que no se os quede mal sabor de boca, os dejo esta foto mía con perretes. La situación de estos seres en China deja mucho que desear y prefiero no hacer comentarios, pero de vez en cuando te encontrabas estas bolitas de pelo y no podía evitar pararme para darles un par de besos en los morros. Y no, malpensados, eso que tengo a mis pies no es Whisky, es el bendito té rojo. Oh, China y su enorme variedad de bebidas de té…

Yo con perretes

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