El regalo

El regalo (pequeña)

El yugo

También sucede cuando viajo sola.
Me alivia ser una extranjera que camina sola.
Me alivia ser extranjera.
Por ejemplo, extranjera y sola en Shanghai.
En Shanghai siento el alivio de ser extranjera ininterrumpidamente.
Ser extranjera me ayuda a soportar el sentimiento de no pertenencia a la vida.
En general, el sentimiento de no pertenencia.
Shanghai podría seguir siendo ese lugar al que acuden los expatriados.
No importa de dónde o de qué huyen.
De sí mismos, tal vez.
Entonces puedo estar todo el día en la calle, en Shanghai.
Sintiéndome extranjera.
Cruzándome con los seres humanos más bellos jamás vistos.
Siguiéndoles hasta la puerta de sus casas.
Lo mejor es ser basura blanca en Shanghai.

Angélica Liddell.

Ya sabéis que a veces subo una foto principal… y otra semiprincipal. En la segunda me sentía algo mal y desanimada, por eso creo que no conseguí una imagen redonda. Me encanta, pero no lo suficiente como para convertirla en un mundo completo.

Creo que viajar una vez en la vida a un país cuya cultura sea radicalmente diferente a la nuestra es necesario. Me veo estúpida diciéndolo o más bien, desmintiendo certezas occidentales tales como que los chinos tienen todos la misma cara, o que la comida de los restaurantes chinos en occidente no es la que realmente comen allí. Os quiero recordar que los chinos tienen millones de oportunidades más que nosotros para sentirse diferentes. Y por lo que me ha contado Rosi, la comida que nos adaptan en los restaurantes es la cantonesa, la más suavecita.

Cocinera

A los chinos terminé viéndolos muy cercanos como personas y muy alejados de mí como cultura y sociedad. Uno de los aspectos más importantes para poder empaparse de una cultura es aprendiendo su lengua que, al fin y al cabo, es el aprendizaje de una manera de pensar. Allí lo pasamos putas para comunicarnos, y eso en la vida me había pasado: una estupenda bofetada de realidad más allá de mi burbuja occidental.

Abandono

Reconozco que hablando mejor o peor 6 idiomas, allí me agobié un poco al ser incapaz de pedir una simple cuenta o servilleta. Además, al darse cuenta de que no teníamos ni pajolera idea de chino, aprovechaban para timarnos en las cuentas de los restaurantes o comercios y darte cuenta de ello sin poder demostrar absolutamente nada con palabras es muy frustrante. Claro, que sólo subían la cuenta unos dos o tres euros y por dos o tres euros no nos íbamos a dar de hostias, así que pagábamos y nos íbamos. Es esa especie de isla en la que te convierte ser extranjero, lo que muchos de los extranjeros en China buscan. No que les estafen, claro. Yo he visto pelear admirablemente a Rosalía los yuanes de un paraguas.

El rincón

Es que es inevitable ser “el otro” en una cultura tan diferente. Quizá, para conocer el mundo, en las escuelas deberían ofrecernos estudiar no el idioma del país vecino, sino árabe, ruso, chino, inglés y una lengua románica. Podría poner más lenguas, pero creo que con esto podemos llegar comunicativamente hablando lejísimos. El chino es una de las lenguas más habladas del mundo y, aunque somos pocos los que defendemos la belleza de las lenguas en sí mismas, sin necesidad de recurrir al número de personas que la hablan, hay que reconocer que el factor comunicativo es importante. Los chinos no tienen ni idea de inglés, lo llevan tan mal como nosotros el chino. Llegamos a la conclusión de que la lengua internacional de Asia es el mandarín, como en occidente lo es el inglés. Muchos no saben lo que se desarrolla el cerebro cuando se aprende más de un idioma, pero yo voy a más: casi nadie sabe lo que cambiaría nuestro concepto del mundo y de nuestra realidad si en el cole diera tiempo a aprender unas cuantas construcciones básicas de una lengua que no tenga nada que ver con la nuestra: desde alfabetos diferentes hasta lenguas con ideogramas. Tal vez dejaríamos de mirarnos tanto el ombligo o, mejor dicho, de sentirnos el ombligo.

Paisaje

Paisaje III

Paisaje II

Viajad, malditos. Viajad dentro de vuestro viaje. No puedo parar de comentar que es de las actividades que más me gustaron de mi viaje a Shanghai. Si no, ¿cómo os podría contar que me he ido prácticamente a la otra punta del mundo para caerme a un canal de agua? Pues sí, señores. Fui a Xitang y, encuadrando una foto, me caí al agua, tal y como suena. Se lo conté a la vuelta a Rosalía y puede que se estuviera partiendo el culo al otro lado del teléfono durante un minuto. Y yo ahí, escuchándola, sin sujetador, sin bragas y con los zapatos todavía mojados. Te parecerá bonito. Fue justo en este lugar tan poético:

Paisaje IV

Yo estaba encuadrando con mi cámara analógica, la Olympus om10, concentradísima. Un pasito a la izquierda, otro a la derecha, vuelvo a abrir el ángulo a la izquierda… y de pronto escucho -demasiado tarde-:

– LEILA, ¡¡CUIDADO CON EL AGU…!!

Creo que cuanto escuché la última A ya estaba probando las tibias aguas de los canales de Xitang. De repente el tiempo se paralizó. Estaba completamente metida en el agua y lo primero que pensé fue: “No puede ser, no puede ser, ¿de verdad me acabo de caer al agua?” Seguidamente, “Mierda, mierda, mierda, estoy perdiendo la tapa de la cámara” y agitaba la mano, desesperada, en un intento de recuperarla… lo suficiente para que me saltaran todas las alarmas y… “¡MIERDA, LA CÁMARA!”. Fue en ese momento cuando conseguí bracear para salir a la superficie y, rápidamente, sentí como los brazos de Guille me asían con fuerza para sacarme del agua. Fue efectivo, pero terminé con todas las piernas y rodillas raspadas.

Pupas

Me caí al agua y me cayó una bronca monumental de Guille: “¡¡¡¡Pensé que tu concepción del espacio estaba más evolucionada!!” Y mientras él se lamentaba de lo muy torpe que soy y de lo muy evitable que podía haber sido mi chapuzón, yo iba sacando objetos de mi mochila:

– El móvil: fucked. Bueno, en el hotel le daría con el secador. Nota informativa: en la actualidad funciona.

– 16 cartas que había escrito: estaban tan bien envueltas en una bolsa de plástico que sólo se mojó un piquito del papel artesanal que compramos en Wuzhen.

– Mi libretita con forma de cámara: un poco húmeda, pero salvable.

– Mi cartera: desteñida, pero es la misma que sigo usando a día de hoy.

– Lo que no saqué: mi cámara reflex nueva, que llegó a España con tres semanas de retraso. Divina Providencia…

La cámara que estaba usando era analógica y está salvada, Guille le quitó rápidamente las pilas para que no hubiera cortocircuito, ¿daños colaterales? Perdí 10 fotos del carrete. Ña.

Asomada

Chorreando yo toda enterita, nos dirigimos a una tienda de ropa china artesanal y me compré esta falta tan bonita que veis en la foto principal. Roja, grande y tupida. Iba encantada. Guille me prestó su jersey -todavía clamando al cielo por lo muy torpe que soy y haciendo estadísticas sobre las probabilidades que existían de que me hubiera caído en otra ciudad o en otra parte del mundo-, me quité las braguitas y el sujetador y salí a la calle decidida a pasar un día de turismo con los pies empapados. Creo que eso fue lo que más me jodió de la caída, pasar el día entero con los pies mojados en unos zapatatitos marrones de polipiel. A las tres horas Guille seguía insistiendo en que no habría hecho falta que me tirara al canal para conseguir esa falda roja, que con una sencilla y sexy caidita de ojos hubiera sido suficiente. Sólo al final del día, en el hotel, me perdonó la vida por haberme caído al agua, “Es que me enfado como me hubiera enfadado conmigo mismo si me hubiera caído yo”. Desde aquí insisto a mi Guille que no sea tan duro consigo mismo, que personalmente, si le hubiera pasado a él, habría hecho lo que hice conmigo misma: reírme sin parar.

El espejo

La vuelta la realizamos sin ningún incidente, incluso llevé un poco mejor el viaje en avión. No es que me den miedo, para nada, es que me agobio en un lugar tan cerrado, tan apretado y con tantísima gente. Le compré en el aeropuerto a mi familia variadas bebidas de té. Pagué unos yuanes de más en el aeropuerto, pensando que pasada la aduana ya no me arrebatarían los líquidos… pero luego en el aeropuerto de París nos hicieron pasar por otro control y sí, reconozco que soy de las campeonas que se niegan a tirar las botellas al contenedor. Era té, pero llega a ser vino y me hubiera montando con un pedo de la hostia al avión. Pero sólo era té. Y me lo bebí entero como cuenta la leyenda de Tor cuando bebió del cuerno, para enterarse posteriormente que su largo trago había generado las mareas.

Peces

Y hasta aquí el palabrerío de mi viaje a China. Estoy untada de recuerdos y de inmensidad, derramada de nostalgia, herida de lo monumental que es el mundo, con los brazos doloridos por la extensión y el esfuerzo de abrazarlo todo tan fuertemente. Hasta la memoria.

Foto making

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Romanticismo

Romanticismo (pequeña)

Volvíamos de China, de la boda de nuestros grandes amigos Alberto y Alegría, de volver a abrazar a nuestras perrinas tras un mes sin verlas. Compréndanme: es lo más parecido que tengo a unas hijas.

Era un 2 de mayo, primavera, pero yo estaba con un catarro impresionante y Guille igual, pero moqueando y estornudando por la alergia. Vaya, que no estábamos en plenas facultades. Llevábamos un mes de un ritmo frenético y la cosa no quedaba ahí: no podíamos descansar porque él tenía que trabajar y a mí me esperaba el montaje de la exposición, ineludible. Sí, sí, es cierto, lo de China eran vacaciones, que sólo sirven para desconectar mentalmente, porque físicamente nos dimos la gran paliza. Jamás me he dado unas vacaciones de relax en otro país y cuando cuando me llegue ese abrazo y un millón de dólares que todos esperamos, me voy al Caribe unos meses y ahí os quedáis. Por cierto, esta foto me la hizo mi Guille, ¿a que me ve guapa y risueña?


Retrato de Guille

Esta sesión está hecha en Las doblas del Guadiamar, justo saliendo de Sanlúcar la Mayor, en Sevilla, que es donde vive mi padre. Se trata de las pocas decisiones bonitas que tiene la Junta de Andalucía: convirtió en espacio protegido todo el Corredor Verde del Guadiamar, que conecta nada más y nada menos que Doñana (donde he hecho muchas fotos) con Sierra Morena (donde imparto un taller de fotografía acuática maravilloso a finales de junio). La zona donde estuve yo es en una ribera donde acaban de plantar más de 200 alcornoques, acebuches y encinas. Incluso hay una laguna artificial preciosa donde la fauna y flora se ha adaptado con gran éxito. Han creado una especie de microhábitat que recomiendo visitar. Allí encontraréis silencio, belleza y naturaleza ¿Algún defecto? Sí, claro, el gran defecto de este planeta es el ser humano, que puede hacer lo mejor y también lo peor. La administración pública ha ido abandonando el mantenimiento y vigilancia de las instalaciones y diversos actos vandálicos han acabado con un centro de ocio y avistamiento de Aves que hay unos metros adentro. No creáis que me parecía muy buena idea lo del centro de ocio en un entorno natural, pero una casita para observar en silencio los pájaros, como en Doñana, habría sido una pasada.

Doblas

Doblas del guadiamar

Carlota

Nuestra visita a Sevilla fue fugaz y comprendía una visita a mi papi, aunque la pequeña Emma estaba de picos pardos por Barcelona. Vale, tiene 15 años, pero para mí va a ser siempre pequeña. A las Doblas fuimos con mi padre, Carlota, mi Guille y las perrinas. Allí hicimos la mejor foto Polaroid hasta el momento, porque mira que es difícil cogerle el tranquillo a las fabricadas en los años 70 con los carretes de Impossible Project. Polaroid ya no fabrica carretes, pero se niega a dar la fórmula para que se sigan fabricando por otras marcas. Ya hablaré de esto en un post que le dedicaré a mis fotos Polaroid, que tengo que escanearlas en condiciones. Eso sí, mi padre opina que soy una retro-hipster, que para qué trabajo en analógico con las posibilidades de la era digital, si con 4 filtros tengo los mismos resultados. Pues porque soy una romántica, oiga, por mucho que diga mi padre -y otros tantos-, la foto realizada con cámaras analógicas tiene un encanto especial: te piensas más las fotos, sopesas los parámetros fotográficos que en digital habrías resuelto con el Ligthroom y te conecta con el pasado de un arte que, aunque parezca mentira, es uno de los más recientes de la actualidad.

Estuvimos paseando felizmente, con ya la amenazante calorina Sevillana, que en estas fechas ya es insoportable. Milka y Menta hicieron el cabra, como ya es usual en ellas, pero con una novedad: en nuestra vida las hemos visto a posteriori con tantísimas garrapatas. Tres noches después, durmiendo una apacible siesta en Madrid, siento como un cosquilleo en la cara… y sí, efectivamente era una señora garrapata paseándose por mis mejillas. Las llevamos mucho al campo, pero es que nunca las habíamos visto con tantos bichos. Recuerdo que en Portugal, en Peniche, pillaron pulgas, pero bueno, les ponemos la pipetita y palante. Me hace gracia que no me salgan bien las fotos de las perras en tierra, porque se me camuflan

Menta

La milka agarrando pulgas

Esta foto está tomada al final del camino. Me lo pensé dos veces, porque sabía que venía con un par de kilitos de más de China, pero conseguí superar ese demonio que llevamos dentro y que nos hace sentir infraseres con mil inseguridades por motivos nimios y me quité la ropa ¿Que estaba mi padre? Bueno, sé que le sigue impresionando un poco verme desnuda en fotos, pero cada vez le choca menos. A mi madre igual, les llevo entrenando años 😛

La sesión, como siempre, fue muy rápida y la realizamos desde un puente, como la Aristócrata suicida. Esto tenía toda la pinta de ser un caudal seco. Pasaron unos viandantes, pero no hubo problema y yo ya estoy acostumbrada a estas cosas. Además, yo lo llevo con mucho glamour, pero me estaba clavando todas las rocas.

Puente

Esta foto pertenece a una serie muy estética, pero a su vez perturbadora, que es la serie de los cadáveres. Giran entorno a una muerte ficticia de diferentes personajes, siempre femeninos, y reflejan una especie de prisión emocional de la que soy incapaz de salir. Obviamente, todo el que me conoce sabe que ya no intento nada desde hace dos años y medio, pero sufro de un innegable desequilibrio emocional vitalmente molesto que a veces me juega malas pasadas y lo paso mal. No es que desee estar muerta o ser un cadáver, pero posar como tal es lo más parecido a bajarme del tren o a pagar la luz en una realidad paralela. Es mi manera de descansar más allá de mi propia existencia, entre otras cosas, porque la fotografía no deja de ser el remanso de mi vida, junto a mi Guille. Sé que toda esta serie puede resultar preocupante, pero el simple hecho de poder hacerla es un alivio existencial.

Foto making cambiando de postura

Foto making I

Foto making II

Foto making III

La estética que me ha inspirado es la prerrafaelita y el resto de corrientes pictóricas pertenecientes al Romanticismo. Ahora mismo en fotografía creativa hay una corriente que se centra en la belleza más clásica, pero con unos tintes oscuros en los que bailan personajes frágiles. La atmósfera suele ser inquietante, lóbrega y en ocasiones genera una tensión en el espectador, un suspense, una pregunta…

… preguntas algo más profundas que las que suele hacer la Milka cada vez que se cuela en una foto, una mezcla de “Ola k ase” con “Puedo ayudá en argo?”… o lo mismo me sentencia: “Mamá, te quiero un montón, pero no entiendo por qué eventualmente te sales del paseo a hacer unos minutos el mamarracho y luego retornas a la normalidad”.

Foto making intrusa

Foto making IV

Foto making V

Foto making VI

Instinto animal

Instinto animal (pequeña)

Una nunca sabe cuándo va a hacer una buena foto. Mantengo el ritmo de 52 o 53 fotos al año, pero al final sólo son buenas unas 10. A veces tengo la sensación de que por mucho que imaginemos una foto, luego la realización es diferente, hay ciertos elementos que se nos escapan de las manos y que determinan si estás haciendo un buen trabajo o, por el contrario, una foto más del montón. Si os soy sincera, creo que en lo que va de año sólo he hecho tres fotos buenas y una de ellas es esta, fotografía con la que estoy muy contenta.

Ante todo, quisiera daros las gracias por la recepción tan cálida que ha tenido esta fotografía, coincidir con quienes siguen mi trabajo es muy agradable y me hace sentir muy bien. No nos engañemos: por mucho que se diga, que te reconozcan un trabajo te despierta una sonrisita y te hace feliz, somos humanos. A veces me pregunto si el público es un barómetro para determinar si una imagen es buena o no, si una pieza artística tiene la calidad suficiente para ser considerada decente. Incluso quiero ir más allá: si el público premia o castiga al fotógrafo en función de la calidad de lo que produce. Y me voy a atrever a responderme: creo que sí, sobre todo cuando el público está curtido en la visualización o creación de obras de arte, en este caso, de fotografías.

Yo tengo siempre mi opinión y, salvo casos muy contados, lo normal es que la evaluación de mi trabajo esté en consonancia con la del público. Cuando no lo he hecho bien, se me ha hecho ver –es lo que tiene hacer tu trabajo público- y las pocas veces que acierto, me ha aplaudido. Puede que sea una feliz coincidencia, pero me da que pensar, llegando a la conclusión de que, por norma general, e independientemente de la publicidad de la que se beneficie el artista, la gente sabe reconocer un buen trabajo del que no lo es. Obviamente, ser bueno es publicidad per se. Por cierto, no vale que una foto haya gustado mucho para repetirse. Para mí ser bueno en el arte es, entre muchas cosas, tener la capacidad para renovarte dentro de tu propio trabajo… y lo peor de todo es que no existe una fórmula para acertar, para prever una buena fotografía, ni siquiera alguna pista para innovar más allá de la autosuperación, que ya es de por sí, una gran pista.

No obstante, creo que el día que realizamos esta imagen tenía unos cuantos ingredientes que, para mí, de manera personal, era aptos para realizar una buena fotografía: soledad e intimidad en plena naturaleza, felicidad junto a mi Guille y a mis perras, que corrían, salvajes y pletóricas, entre los trigales. Las circunstancias en las que se realiza una fotografía pueden ser decisivas para el resultado final. Esta foto no era especialmente difícil, ya que no he tenido que posar en posturas incómodas, clavándome tierra o piedras, ni aguantar temperaturas perturbadoras. Es más, estaba en mi hábitat natural, que viene a ser que no estaba haciendo el cabra en el agua o en la nieve.

Guille Polaroid

Guille

Menta corriendo salvaje

La localización es Ávila, en los alrededores de la urbanización de Pancorbo, al lado de un pueblucho llamado Velayos. Muchos me preguntan que dónde encuentro estos paisajes, pero yo creo que más que encontrarlos, me encuentran ellos a mí. A veces los veo desde el coche, otras me pillan al lado de casa, como puede ser el Parque del Oeste, el Retiro o las dehesas y campos de cultivo cuando voy a Ávila. Luego existen parajes que son garantía de encontrar un buen escenario, como lo pueden ser Doñana y sus alrededores o la Sierra de Madrid.

Paisaje I

Paisaje II

Por la mañana le pregunté a la madre de Guille si tenía un delantal blanco. Me comentó que no, pero que mirara en la caja de los disfraces de Guille y Lorena a ver si encontraba algo que se pudiera apañar. Pues sí, Lorena, si te quieres volver a disfrazar creo que, lamentándolo mucho, tu stock de disfraces ha mermado. En un abrir y cerrar de ojos, aquella túnica se había convertido en el delantal de mi recolectora de fresas.

Making delantal

Madre de Guille cosiendo

Guille estuvo muy malito con la alergia durante ese fin de semana. Estaba trabajando en casa y no daba pie con bola, por lo que decidí sacarlo al aire libre. Llevarlo a la naturaleza era un suicidio, pero al final no noté que mejorara ni empeorara. Por lo menos sirvió para que se despejara, la luz era increíble, mi cámara la detectaba como la luz perfecta. Debían de ser sobre las 20:15 cuando empezamos a fotografiar. Por cierto, os tengo que enseñar mis fotos con Polaroid, a ver si cuando baje a Sevilla este día 27 las escaneo en condiciones en con el escáner de mi padre.

Para realizar esta foto me manché de pulpa de fresa cual campesina salvaje y glotona. Me inspiré en los osos cuando comen miel, en Menta cuando relame los restos de puré de una olla, en los tigres disfrutando de una cebra, en los bebés comiendo papillas. El tema de Teleidoscope “Instinto animal” está teniendo poca repercusión, pero yo llevaba semanas esperándolo, ya sabéis lo que me gusta a mí lo más salvaje.

Ensuciando de fresas

Making Instinto animal

Yo y la fresa

Como casi siempre, en disparar tardamos cinco minutos. En un principio me había imaginado la foto más estática, pero me di cuenta, durante la sesión, de que si daba un golpe al aire con el pelo la foto adquiría un atractivo dinamismo.

Foto making

Foto making II

“Guille, me ha encantado esta sesión”, le dije mientras volvíamos paseando por un camino de arena y piedras. “Es que hemos sido felices”, me respondió.

Bichos

Los sentidos

Foto I

Título: Sueño de Bambú. Perteneciente a la serie dedicada a los cinco sentidos. El oído.

Edición de 20x30cm. Tirada de 20 copias.
Edición de 20x60cm. Tirada de 10 copias.

Sueño de bambú (pequeña)

Foto II

Título: La mano que se inventa. Perteneciente a la serie dedicada a los cinco sentidos. El tacto.

Edición de 20x30cm. Tirada de 20 copias.
Edición de 20x60cm. Tirada de 10 copias.

La mano que se inventa (pequeña)

Cuando realicé esta sesión di por sentado que no podríais ver estas imágenes en un año, ya que el proyecto para el que iban destinadas exigía trabajos inéditos. Al final no salió, así que las publico con alegría. Es la primera vez que publico en un mismo post dos fotos principales, pero es que tengo mucho trabajo que editar y el ritmo de una foto por semana se me quedaba corto. Estas dos fotos las hice el mismo día en el mismo parque y aún me guardo una bajo la manga, la que más me gusta, que también la hice en el mismo lugar. Al final ha tenido que venir Rosalía a recordarme cómo se llama este parque: Parque de Xujiahui. Este enclave era precioso, pero estaba rodeado de edificios y rascacielos, lo que rompía para mi gusto con parte del encanto del lugar. No obstante, es de agradecer entornos como estos. Nos cruzamos varios en medio de la ciudad y se agradecen para desconectar un poco del ruido y el ajetreo.

Lago con edificios

Recuerdo esta tarde estar medio tristes. Quizá era el tiempo, nublado y lluvioso, quizá es que era nuestro penúltimo día en Shanghai, quizá era la alergia, quizá, en mi caso, cierta desazón por no haber podido realizar determinadas fotos en plena naturaleza en aquella punta del mundo. Además tenía en mente un desnudo, el de los cuernos, que al final tuve que hacer en España. Guardarse una foto porque no puedes hacerla causa tanta impotencia y malestar como retener un estornudo. Tal vez sólo estábamos cansados. El turisteo está mal enfocado: vas a saco durante muchísimos días y te das cuenta de que tal vez habrías dado tu reino por estar un par de días en un lugar íntimo, en pijama, con una infusión, una sesión que editar en un ordenador, música de fondo y Milka y Menta enrroscadas a mi vera.

La sesión está realizada en un parque precioso lleno de plantas autóctonas y gatitos. Y, para lo superpoblado que está Shanghai, había muy poca gente. Tan poca, que tuve el privilegio de hacer tres fotos en la más absoluta intimidad. Bueno, no. Tengo que destacar que había uno andando en círculos… dando pasos hacia atrás. Iba erguido, ceremonioso, buscando cambiar de sentido al tiempo. Creo que allí es medio deporte, medio ritual, medio costumbre. De vez en cuando pasaba por el caminito donde estábamos trabajando nosotros y llegué a pensar que a su actividad, con un par de retrovisores, lo mismo me apuntaba hasta yo.

En la foto de los cuernos utilicé dos trozos de bambú que se usan para construir los andamios. Es extraño, porque nosotros aquí los construímos con metal y allí de bambú. Parecen muy frágiles, que se van a caer en cero coma, pero por lo visto son bastante resistentes y a ellos les funciona. Estaban desmontando uno lanzando troncos por los aires -sí, todo un espectáculo… y temeridad- y les pedí que si me dejaban llevarme dos trocitos. Me miraron raro, pero los chinos son por norma general muy simpáticos y finalmente me salí con la mía.

bambús

Y lo que se ve bajo los cuernos no es helado derretido, como sugirió mi propio ¬¬! —–> Guille , sino unas telas de encaje que compré como tocados en una calle dedicada a la venta de telas y tejidos. Es allí donde conseguí también la cinta de flores que tengo enrollada en la cabeza en la foto de los brazos… y todo por dos duros.

Yo con mis telas

Yo con mis trapos

Justo después de hacer tres sesiones de fotos, empezó a llover y tuvimos que refugiarnos bajo una pérgola, al lado de un lago de cisnes negros. Además, para más detalles, durante el diluvio salieron a nadar sus tres crías grises, que eran una monería. No obstante, para mí fue un momento deprimente en el que me sumergí en recuerdos de mi pasado y empecé a avergonzarme de mí y de mi vida. Intentando salir de esa especie de espiral autodestructiva en la que me había metido, me levanté bajo el chispeo para ver si conseguía capturar alguna instantánea de los cines, pero cuando estaba centradita haciendo fotos…

Cisne negro

… el guarda que estaba allí vigilando y les daba de comer esta lechuga mohína que veis en la foto, escupió al animal. No sólo me pareció horrible que le escupiera, sino que además sopló una ráfaga de viento que hizo que me llegara al menos la mitad del asqueroso gargajo. Porque si hay algo que me revuelve las tripas de los chinos, es que escupen con toda la naturalidad del mundo. Pero no escupen de cualquier forma, es que lo escuchas nacer con reverberaciones. Reflexionando sobre esto, estuvimos Guille y yo pensando qué factores y costumbres de nuestra cultura serían para ellos considerados como de mala educación. Escupir no, desde luego.

En vista de que a mi destino no le pareció bien mi idea de romper con mi espiral de aniquilamiento psicológico, volví bajo mi pérgola. Y cuando a los hechos de desolación y catátrofe le dan por encadenarse, lo hacen de manera virtuosa. Decidí alzar la vista y me encontré con esto:

Pájaro muerto

Me dio la impresión de que el pajarillo iría volando y no vio que la pérgola era transparente, por lo que se estrelló mortalmente. Os juro que por momentos me dio una bajada de tensión, los sonidos se transformaron en un rugido deformado y me vi reflejada en un espejo. Pues claro que no me iba a librar de sentirme así en China, soy la misma estando en la otra punta del mundo, que en Madrid o Sevilla y mis desequilibrios me los llevo conmigo a donde sea, como si no pudieran dejarse en casa bien escondidos en una maleta.

Foto de Guille

Esta última foto es de Guille, otra cosa no, pero las fotografías abstractas que hace son una pasada. Estoy haciendo una pequeña selección para el próximo post. Creo que fue todo un acierto realizar este viaje con él, sola quizá habría sido un poco peligroso. Cuando le comenté a mi madre hace un par de años que quería ir a Shanghai a ver a Rosalía, me dijo un rotundo NO. Yo me mosqueé muchísimo, pero ella tiene una especie de vínculo conmigo que roza lo esotérico, porque no sólo huele cuando estoy mal o voy a estar mal, es que directamente lo sueña o coincidimos en sueños. La quiero mucho, pero es una bruja. Os cuento lo que me pasó una vez. Una mañana discutí con ella y nos enfadamos entre las dos muchísimo. Le colgué. Pasadas un par de horas, empezó a dolerme el dedo donde tenía un anillo que le pertenecía desde muy joven. Me lo quité y me encontré con un eccema que me dejó parte del dedo casi en carne viva durante una semana. Por supuesto que se lo he devuelto, a ver si eso de “Un anillo para gobernarlos a todos” no se iba a quedar sólo en la ficción.

De esta manera mi madre ya sabía que yo sola, perdida y desubicada, soy un peligro para mí misma. No fue mala idea meterme a Guille en la maleta, creo que ha sido lo más valioso que me llevé ese viaje.

Sentada

Casi todas las fotos que tengo en formato digital son suyas, yo era torpe y feliz con mi analógica.

Yo con mi cámara

Seguía sumergida en mi espiral de desolación, cuando levanté la vista y vi a Guille de pie, con la maleta en la mano. Había dejado de llover “¿Nos vamos a llamar a Rosalía?” Ella iba a hacernos el favor de buscarnos un hostal baratito donde pasar la última noche, pues nos equivocamos y escogimos una menos de nuestro hotel. Pasamos las noches en uno que se llamaba Elegance Bund Hotel, justamente porque estábamos al lado del Bund. Para que os hagáis la idea, son como Las Ramblas de Barcelona, un paseo petado de guiris constantemente… y donde se ve una de las vistas más conocidas de Shanghai.

Bund II

Bund

Monumento

Esta última foto simboliza un monumento gigantesco, quizá a los caídos en una guerra o algo por el estilo. La fotografía nocturna mola mucho y allí anochecía a las 18:00, por lo que ya me valía no familiarizarme con ella.

Ey, no penséis que las circunstancias que rodearon las sesiones del parque fueron las que prevalecieron. No es cierto. Hubo numerosos momentos de sonrisas y sé que no viene a cuento, pero para que no se os quede mal sabor de boca, os dejo esta foto mía con perretes. La situación de estos seres en China deja mucho que desear y prefiero no hacer comentarios, pero de vez en cuando te encontrabas estas bolitas de pelo y no podía evitar pararme para darles un par de besos en los morros. Y no, malpensados, eso que tengo a mis pies no es Whisky, es el bendito té rojo. Oh, China y su enorme variedad de bebidas de té…

Yo con perretes