Arte, emociones y demás enfermedades mentales

Un textito que escribí para el blog de Microteatro por dinero, con motivo de mi exposición en su local 🙂

Microteatro por Dinero

Malditos estamos todos. Lo estamos todos, artistas o no, dados los tiempos que corren, pero no consigo tener claro qué es lo que ha fijado de manera taxativa la figura del artista atormentado. No obstante, ya existen voces que desean acabar con una imagen que, si bien existe, no es de manera antonomásica. Es más, se ha llegado a decir que cuando uno está triste es cuando nacen mayores obras artísticas. Somos muchos los que nos preguntamos por el origen del acto creativo, ese proceso mediante el cual, toda la información del sistema -tanto interior como exterior- se transforma para producir algo nuevo, expresando así la realidad a través de otros lenguajes como única forma de entender el Todo.

A pesar de ser un claro motor de creación artística, creo que hay un error al establecer como barómetro de calidad nuestros sentimientos y emociones. Se han realizado increíbles obras artísticas…

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Donde bailan los ancestros

Donde bailan los muertos (pequeña)

Mis actividades favoritas en Shanghai fueron las siguientes:

a) Estar con Rosalía cada vez que ella podía. Los días que nos podía dedicar unas horas estaban iluminados y olían a nuevo. Las noches también. Quizá porque la vi radiante, feliz y sana.

b) Pasear por los barrios más humildes. Nunca me habían fascinado tanto unas bragas tendidas.

c) Hacer fotos. De hecho, me gusta tanto el acto de hacer fotos, que una vez que disparo el botón de la cámara siento cómo el cuerpo se llena de endorfinas, llegando a quedar en un auténtico segundo plano el posterior revelado o edición.

Foto making con la cámara

Foto making Tras la tela roja

d) Comer, comer y comer. Así mi buen amigo y dramaturgo Juan, al entrar yo radiante en la plaza del Dos de mayo con mis dos perritas, me dijo: “¡Hombre, Leila! ¡Ya has vuelto de China! Estás como más… más… más… carnal ^_^ Pero eso es bueno para tus fotos, ¿no?”. Vale, me declaro auténtica fan de la comida shanghainesa, aunque no de la excesivamente picante. Cocinan de manera muy especiada y con muchas salsitas. Soy fan de su ensalada de pepino y de sus berenjenas. Cocinan tan bien, que les perdono que me sirvan todo flotando en aceite.

e) Entregarnos al vicio en nuestro cuarto de hotel shanghainés mientras fuera llueve a mares.

f) Salir de Shanghai.

Y por mucho que mis lectores quieran que me centre en el punto E, mucho me temo que este versa sobre el último. Lo cierto es que yo jamás habría escogido para viajar una gran metrópolis. Hablo de grandes urbes como Tokio, São Paulo, México DF, New York o Bombay. Yo soy más de campo y pueblos de mierda perdidos en lo más recóndito de un país, qué le vamos a hacer. Wuzhen no está perdida en lo más recóndito de China, de hecho, está a una hora y media en bus y está plagada de turisteo nacional, porque si hay unos grandes turistas dentro de su propio país, son los propios chinos. Lo malo o complejo del asunto es que si quisiera viajar a la China profunda necesitaría aprender chino como los putos locos o un guía.

Que no os suene raro que haya ido a Shanghai para decir que lo que más me gusta es salir de allí. Yo he ido a Shanghai para ir a ver a Rosi. Por encima de todo. Pero como turista, lo que más me ha llenado ha sido visitar ciudades como Wuzhen o Xitang, ciudades completamente adaptadas para el turisteo y plagadas de turistas, pero donde he podido encontrar rincones de calma y silencio. Tuve la oportunidad de entrar en contacto con una China más tradicional y menos superpoblada, imaginarme su historia a través de sus creencias, arquitectura o gastronomía y esta pequeña experiencia le otorgó cierto encanto a mi experiencia como laowai.

Paisaje Wuzchen

Paisaje Wuzchen II

La mañana para ir a Wuzhen me levanté hecha una mierda: me acababa de bajar la regla. Pero tenía un aliciente, así pues, a pesar del cansancio y los dolores, disfruté muchísimo del día. Quizá el aire lánguido de la sesión estuviera completamente contaminado por mi estado de ánimo. Soy una turista curiosa, pero aquel día fui además una turista melancólica y probablemente, si hubiera tenido la oportunidad, habría estrangulado en alguno de sus pequeños museos a más de una china chillona disfrazada con tachuelas y plataformas que paseaba entre risitas nerviosas por la sala de los broches del s. XVII. Una de las cosas que más me llamaba la atención es lo coquetas con son las chinas, llegando al extremo de presentarse en una ciudad antigua, cuyo suelo está compuesto de enormes pedruscos, con plataformas de 15 cm y minifalda. Además se hacen fotos como si estuvieran en la realización de un Book. Olvidad el turisteo con vaqueros, camiseta y zapato cómodo, eso es para los débiles.

Foto making tela azul

No obstante, yo iba a guiri profesional, así que cuando vi que por dos duros –unos 20 yuanes- te vestían con un traje regional, no puede evitar que mi cabeza empezara a maquinar una sesión. En un principio me daba algo de corte, pero tras cargarme un carrete rebobinando mal mi Olympus om10, quería darme un capricho, algo que paliara la pérdida de 36 hijos. No tengo muchas fotos de turisteo con la digital, pero iré subiendo por aquí algunas que hizo mi Guille.

La sesión fue muy rápida, porque estaba todo el mundo mirando y no quería que me vieran con el traje en cuestión por los suelos.  Yo hubiera querido hacer la foto justo en este patio interior, en el vano de esta puerta, pero bueno, no se puede tener todo. Nos señalaron una zona en concreto para hacer fotos y tuvimos que respetarla. Yo me habría saltado las reglas, me habría hecho la turista idiota y habría disparado en un visto y no visto-sin flash- allí, pero Guille se agobia mucho con estas cosas, que padece civismo crónico y el crimen desorganizado le sienta muy mal a la salud.

Foto making IV

Me hicieron escoger entre muchísimos trajes, ¿créeis que me he equivocado? Creo que el mío era el más bonito. Había muchos más a la izquierda de la foto.

Fotos de los trajes

Y luego estaba el tocado, el precioso tocado, que me traía loca y me recordó lo muy rematadamente cursi y princesita que puedo llegar a ser a mis 27 años.

Foto making corona

Me ayudaron a vestirme, que aquello no era fácil…

Foto making desvistiéndome

Foto making desvistiéndome II

Y comenzamos la sesión, sin maquillajes ni nada, aunque luego con Photoshop me he aclarado la piel como un guiño al ideal de belleza chino. Al contrario que nosotros, que nos gusta coger colorcito en verano, ellas se ven más bonitas con la piel blanca. De esta manera, el metro estaba forrado de cosméticos blanqueadores de piel o en el spa al que fui con Rosi el gel era “Skin whitening”. Pero hablo de marcas occidentales muy muy conocidas.

Foto making traje

Foto Making traje II

Foto making traje III

Foto making traje IV

Foto making VII

El título de la foto hace referencia al pasado. En cierto modo, a eso olía Wuzhen.

Foto making contrapicado

 

Todas las direcciones

Cuernos (pequeña)

Creo que sólo nos equivocamos dos veces pidiendo comida en China. Y cuando digo equivocarme, es que en vez de pedir cualquier otra cosa, pedimos carne. Dos veces en dos semanas es poco teniendo en cuenta que a veces llegábamos a un restaurante y el menú estaba completamente en chino, sin imágenes ni nada que tú pudieras señalar con el dedo ¿Os acordáis de ese pasaje de Cien años de soledad? Es oportuno mencionarlo, porque es pertinente y porque justo días antes había fallecido su autor: El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Claro, que también podía pasar que no hubiera lo que estabas pidiendo y te trajeran lo que les saliera del alma, porque venían a decirte algo y la incomunicación era total. Pero ya hablaré en otros post sobre las lenguas y en concreto del Chino, la lengua más hablada del mundo -si mal no recuerdo- y de la que sólo sé chapurrear cuatro palabras mal contadas.

Se trataba de una sopa muy típica, con fideos de arroz gruesos y largos, empanadillas rellenas de carne, verduras y setas. Así pues, mientras intentaba comérmela con palillos, ayudándome de una cuchara, tratando no hacer mucho el cerdo, surgió la conversación sobre el tema de Cuernos de Teleidoscope.

– Quisiera hacer una foto de cuernos, pero no quiero que sean de animales, aunque otorguen al personaje de un aire animalesco.

– Podrías hacer que surgieran de la cabeza unos dedos….

– ¡Oh! ¡Qué buena idea, Guille! ¡Unos dedos, no! ¡Unos brazos!

Creo que es la primera vez que me apoyo en una idea de Guille para realizar una foto. Él tiene buenas ideas a veces, pero al final no sé por qué, no le apetece hacerlas. Sospecho que la fotografía no le atrae mucho, pero no pasa nada, con que le atraiga yo, me basta y me sobra 😛

Os juro que habría querido realizar esta foto en China, pero la visualicé en bragas y entre Guille y Rosalía me metieron tal pánico en el cuerpo de que allí los desnudos no eran bienvenidos, que me resigné a hacerla en España, qué más daba. En el fondo me daba un poco igual, trabajo de la misma forma en cualquier parte del mundo, pero reconozco que los paisajes y naturaleza no son los mismos. No sé qué es lo que habría salido en China, pero lo cierto es que el Parque del Oeste es bien hermoso y estoy muy contenta con el resultado.

Ya he trabajado más veces en el Parque del Oeste, es un lugar muy ameno, que en primavera se inunda de olor a dama de noche. De hecho, nos encontramos unas ramas de dama de noche que alguien había cortado y están en el suelo de la foto. No obstante, Guille lo pasa fatal con la alergia, así que la primavera ya no me gusta todo lo que me gustaba antes. Paramos frente a este gran árbol, parecido al ficus, pero que no sé cómo se llama y me quité mi vestido para quedarme en bolas con mis ya famosas braguitas de leopardo.

Foto making I

Foto making II

Foto making III

No me voy a quejar. La temperatura era agradable, teníamos justo al lado un banquito (este en el que aparece Guille) donde dejar todas nuestras cosas para tenerlas controladas y no pasaba nadie. La sesión se hizo en cinco minutos, ni más ni menos. Normalmente las fotos ya las tengo hechas en la cabeza, por lo que luego la realización suele ser muy rápida…

Foto making Guille

… aunque no por ello menos sufrida.

Foto making VII

Vale, sí, ya sé que a veces tengo el glamour justamente donde señalo con el dedo, pero Guille seguía disparando y esta foto me pareció muy graciosa. Es lo que tiene trabajar en la naturaleza como Dios nos trajo al mundo, que acabas lleno de barro, magulladuras y, en el menor de los casos, de tierra. Cualquiera que me viera…

Llevo bastante tiempo queriendo romper con el posado tradicional que nos adjudican a las mujeres. Pero no sólo eso, las mujeres, por norma general, se sienten más bonitas en según qué poses: las que embellecen su cuerpo, sus curvas o resaltan su feminidad. A esto le sumamos que se retocan, incluso en el mundo de la fotografía creativa. Yo desde marzo del 2012 no me retoco el cuerpo y ahora quisiera centrarme en el posado más salvaje y asilvestrado, proponer otro tipo de belleza del cuerpo femenino… o al menos, con las fotos de making, dar otra imagen de mí misma mucho menos estilizada. Fue leyendo a Susan Sontag cuando me di cuenta de que la fotografía va sobre algo más que salir guapo en una foto, de ahí que la fotografía haya sido siempre considerada como un gran icono de registro de lo que consideramos bello o favorecedor.

Creo firmemente que si la idea o la estética de la foto atrapa al espectador, los considerados socialmente como defectos físicos o taras estéticas quedan en un segundo plano. Así pues, si tengo un poco de tripita,  me la sopla. Me la sopla porque en la vida real hace tiempo que me la sopla. Lo mismo pasa con las estrías, la celulitis, las ojeras, vello en las axilas, piernas o pubis. Creo que desde que tomé la decisión hace dos años de respetar mi cuerpo me llevo mejor conmigo misma. Respeto mi cuerpo, mis ritmos, lo que me apetece y lo que no. Así pues, si ese día tengo ganas de tomarme un enorme trozo de pastel, no me privo. Y normalmente me gusta ir depilada, pero si un día no me sale del alma torturarme, tampoco me cae el mundo al suelo. No será la primera vez que he ido a clases de danza sin depilarme y he bailado sintiéndome una reina mora más.

Foto making IV

Foto making V

Foto making VI

Por último, los famosos cuernos. Los cuernos señalan al infierno, al cielo y a mi casa, a Guille, a mi madre y a mi abuela, a las hojas, a la lluvia y al viento. Señalan a mis perras corriendo detrás de una pistola de agua, a Emma creciendo y estudiando y a mi cámara disparando la próxima foto. Mis direcciones.

Foto making Cuernos I

Fotos making cuernos II

Integré los brazos como mejor pude con Photoshop, intentando fusionarlos entre el pelo y unas cuantas manchas cutáneas. Los dedos en esta foto tienen la misma función que si fueran una brújula de carne. Los de las manos, los de los pies, los de los cuernos. Señalan todas las direcciones de mi vida.

Foto making Guille y las perras

El canto hondo del eco

El canto hondo del eco (pequeña)

Mientras escribo este post, que tenía atrasado, mis amigos sevillanos suben fotos y vídeos pasándoselo de puta madre en la feria. Ya os vale. Guille me suelta por el chat que he estado en Shanghai y que he tenido la oportunidad de ir a la feria de abril que organizan allí, pero sin cientos de miles de sevillanos -a veces han llegado al millón- concentrados en 450.00 m2 no hay feria, eso lo tengo más que claro.

Esta última fotografía es un homenaje a dos cosas. Por un lado a Sevilla, en un intento de reconciliarme con esta ciudad y por otro, a la danza, actividad que llevo practicando al menos 7 años. Está realizada en Ávila, en uno de los últimos días de frío del año, mientras las perrinas corrían como los dos espíritus libres por los campos de cosecha y pagaban el precio con un buen fregao,

Menta y su baño

Milka y su baño

La hice por supuesto con mi Guille, a quien veréis más adelante imitándome para enfocar, jaja.  Abajo del todo veréis mi primer gif, para que os hagáis una idea de cómo ha sido el posado. Hacía tiempo que no dedicaba tiempo a una foto alegre y es que quizá ya esté empezando a salir de un pequeño agujero en el que me metí durante cinco meses. El viaje a Shanghai o la exposición de Microteatro por dinero son acontecimientos que me revitalizan mentalmente. Claro, que no se puede tener todo, dado que la fecha de la inauguración y el montaje de la exposición han propiciado que mis trajes de flamenca se queden en el armario cogiendo polvo.

En un primer bloque voy a hacer un enorme ejercicio de reconciliarme parcialmente con Sevilla ¿Qué tiene Sevilla que hace que la adore como ciudad sin caer en el Síndrome de Estocolmo?

– Mi familia. Probablemente asocio Sevilla al lugar donde viven mis padres, mi abuela y mi hermana pequeña y como en numerosas ocasiones no son las ciudades, sino su gente, probablemente este motivo sea más que suficiente para tener esta ciudad en mente casi todos los días.

Foto making I

Foto making II

– El azahar en primavera y el resto de los días el olor a incienso. Se ha creado un meme muy gracioso con respecto a esto. La primavera comienza en Sevilla cuando nace el azahar, cuando el coche de mi madre, aparcado bajo un naranjo, se cubre de florecitas blancas, cuando por la noche abres la ventana para que entre el fresquito y un golpe de olor a azahar inunda la casa.

– No sé si es porque vivo en Mairena del Aljarafe, pero me encanta despertarme con pájaros. Por las mañanas y por las tardes con vencejos. En cada amanecer o atardecer, los vencejos salen chillando como los putos locos, revoloteando frenéticos por el aire. Bajo mi ventana hay cacofónicas urracas, palomas, mirlos y otro pájaro que se parece al cuco pero que todavía no he identificado. En Madrid hay pájaros, sí, pero no tantos como en Sevilla. Y a mí los pájaros me fascinan.

– La luz. Vuelvo de Shanghai siendo consciente de la luz tan bonita que hay en España, pero sobre todo de la luz tan bonita y dorada que ha tenido Sevilla siempre. Creedme que como fotógrafa estos detalles visuales no se me pasan por alto.

– De su gente (sí, con g aspirada) me gusta su calidez y alegría. No es que conforme vayamos ascendiendo al norte sean menos alegres, pero lo muestran un poco menos. Yo me pongo un traje de flamenca y se me planta una sonrisa en la cara como a los tontos. No estamos hablando de clichés españoles, allí los clichés son una realidad: la guitarra, “er flamenquito bueno”, el albero y los volantes, el sol, el azahar y er duende.

Foto making III

Foto making IV

Foto making V

– Os puedo asegurar que no hay nada más bonito y mágico que pasear por la noche por la orilla del Guadalquivir o ver Triana o la Torre del Oro reflejadas en el agua. Tampoco tiene desperdicio el Barrio de Santa Cruz a las dos de la mañana. Porque hay algo que es indudable: Sevilla es probablemente una de las ciudades más bellas de España. Antonio Gala decía “lo malo no es que los sevillanos piensen que tienen la ciudad más bonita del mundo… lo peor es que puede que tengan hasta razón”.  Sevilla tiene el casco histórico más extenso de España y uno de los más grandes de Europa. Desde que han hecho la Avenida de la Constitución peatonal la Catedral me quita cada vez más el hipo. Por cierto, es la tercera más grande del mundo.

– No hay nada que me importe más en este mundo que mis seres queridos -perras incluidas-, la fotografía y la lluvia. Y en Sevilla llueve a lo tropical. Estar en mi cuarto leyendo, editando una foto o pintando y escuchar cómo el cielo se cae encima de mi casa es uno de los grandes placeres de la vida. En Sevilla llueve un promedio de 51 días al año, muy poco si se compara por ejemplo con Galicia. Para colmo la mayoría de los días están repartíos entre Semana Santa y la Feria de abril, paradoja de una impertinencia cuanto menos curiosa.

Foto making Guille II

Foto making Guille

– Soy vegetariana y me pierdo mucho de su gastronomía, pero os juro que soy muy fan de comerme unas buenas papas con alioli desde el escalón más alto del Patio de San Eloy. Y los helados del Rayas… dioses…

Como filóloga su dialecto me fascina. Los “Sí o qué”, el “tamoh tó ciego, abeh”, los “chalecos” pa tó, el balón que no se cuela, “se embarca”, las tres negaciones para una afirmación profunda: “No ni ná”. Los sevillanos no sienten dolor, están “geñíos”, no son desagradables, son “saboríos” o “malajeh”, no van rápido, van “follaos”, no vas despistado, vas “ehnortao”, las cosas no están ajadas, están “chuchurrías”, los pendientes son “zarcillos”, no se dan duchas, se las pegan y beben más que “los peces del villancico”.

No lo puedo negar, un poco sí que me gusta Sevilla.

Por último, cierro este post con un segundo bloque, porque es algo que está muy patente en la foto: la danza. Este traje me lo ha prestado Estrelli, de mi grupo de danza del vientre y, por supuesto, lo ha hecho ella. Reconozco que pocas cosas, como rutina, han sido tan necesarias en mi vida como la danza. Es algo que mantengo un poco oculto, pocos saben que bailo danza oriental y entre los que me conocen, casi nadie me ha visto bailar, pero desde que conozco a Puchi desde el año 2006, salir de casa aunque estés hecha una mierda para bailar ha sido de las mejores actividades que me ha ofrecido la vida. No será la primera vez que me he arrastrado a las clases de baile, dejándome el alma en casa y he salido alegre, liviana, sonriente y reconciliada con mi vida.

Foto Making VII

Foto making VI

Foto making IX

La danza es importante, sí. He pasado por varias profesoras de danza del vientre, pero al final he llegado a la conclusión de que si tengo que perseguir a Puchi Dueñas hasta Carabanchel, allí me voy aunque sea una hora de ida y otra de vuelta. Puchi es quizá de las personas más sonrientes, risueñas y sensibles que conozco, sin abandonar la profesionalidad más absoluta. Es mi profe, pero a estas alturas ya es amiga y foco de las confesiones más dementes que os podáis imaginar.

Por otro lado, a mí no me gustan en exceso los niños -raro, porque me encantan los perros-, pero el otro día la vi con su Yoel, de poco más de un año, y sentí la ternura en su más entrañable significado. No se me olvidará tan fácilmente el brillo de sus ojos, su voz y la enorme dulzura que destilaba. Os juro que fue tan emocionante que casi lloro.

Esta es mi profe, esta cordobesa de cabello largo y ojos verdes, la danza ya viene después. Por cierto, si queréis acudir a un espectáculo de danza oriental para caeros de culo, el 25 de junio presentamos varias coreografías tocando desde el velo, los abanicos, los crótalos o las alas de Isis. Habrá percusiones, danza oriental fusionado con flamenco y yo bailaré una coreografía romántica que hasta ahora es el mayor reto que se me ha presentado en los casi 7 años que llevo bailando. Nos queda por perfilar mucho, pero como salga va a ser impresionante.

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