Escultura de carne

Edición de 20×30 cm firmada y numerada por mí. Tirada de 30 copias.
Edición de 40×60 cm firmada y numerada por mí. Tirada de 20 copias.

Lo mejor de quererte
es que ya no tengo
que tenderte.

Ajo.

Escultura de carne (pequeña)

Mi amigo Ramsés se acuerda muchísimo de las cosas que digo, para bien o para mal. Desde siempre. Pero yo también tengo muy en cuenta sus palabras. Nos conocemos desde que él tenía 12 años y yo 15. Fuimos al mismo colegio pijo sevillano, donde los valores que transmitían y nos aplicaban olían mitad a rancio, mitad a vacío. Claro, que siempre nos quedaban cuatro profesores –sí, cuatro, no nos flipemos- que me educaron de manera inteligente y sensible. Aquel criadero de canis con cuatro motos sólo ha consolidado mi idea de que, si alguna vez tengo un hijo, deseo que estudie en un colegio público fuera de un ambiente de catetos aristócratas y elitistas, si es que estos dos términos no tienen demasiados rasgos semánticos en común. En medio de aquel ambiente lo mejor que te podía pasar era caer en la más discreta indiferencia, tal y como era mi caso, siempre y cuando algo tan útil como unas gafas no se convirtiera en un buen objetivo para volcar toda la crueldad infantil o adolescente. En Sevilla está absolutamente condenado ser diferente. Si tienes mucha suerte, por no entrar en temas más escabrosos, estás condenado a la más absoluta soledad y, como diría Elsa Punset, hoy en día la soledad mata a muchas más personas que el tabaco. Así pues, un poco por gustos, otro poco por la forma de pensar y otro por personalidades afines, tenía cuatro amigos diferentes con los que me salvaba de la soledad. Entre estos amigos se encontraba el bueno de Ramsés.

No hace falta decir que salí de Sevilla escopetada, lanzando venablos durante años a los sevillanos. Esto también le pasó a Cernuda, aunque con el tiempo esta actitud le hizo más mal que bien. En la actualidad me he reconciliado con la ciudad en la que me he criado, pero sólo soy capaz de mantener esta componenda en la distancia: que no me dejen pasar más de dos meses en esa ciudad, porque vuelvo a tensar la cuerda. Ramsés, como la mayoría de mis amigos sevillanos con un poco más de sensibilidad, salieron echando leches de Sevilla, pero de vez en cuando volvemos, porque a la familia se la quiere y mucho. Fue una mañana soleada y hermosa –Sevilla, creedme, tiene muchos días hermosos-, cuando Ramsés me soltó, en Plaza Nueva, algo que me hizo mucha gracia: “No entiendo por qué la gente quiere llegar virgen al amor de su vida. Lo lógico sería que ensayáramos por el camino y, llegado el momento en el que apareciera el amor de tu vida, darle un alegrón”. Me pareció de una lógica aplastante.

Claro, que siempre nos gusta pensar que estamos saliendo con el amor de nuestra vida, si no el amor carecería de sentido. No obstante, en la actualidad, siento realmente que Guille es algo muy parecido al amor de mi vida. No hablo del todo bajo las condiciones químicas del enamoramiento, porque por raro que os parezca, con Guille amo con el corazón, pero sobre todo he aprendido a amar con la cabeza. Siempre se ha localizado el amor en el corazón, quizá porque cuando lo pierdes duele muchísimo justamente ahí, pero en realidad el sentimiento amoroso está localizado en el cerebro y creo que jamás en mi vida había utilizado tantas zonas de mi cerebro para amar a una persona. Vayamos por partes:

¿A qué viene la reflexión de mi amigo Ramsés?

Porque quiero extrapolarla a mi experiencia amorosa. He tenido varios novios, sí. Y a todos les he querido con locura con el corazón, pero no con el cerebro. No es malo racionalizar una relación, por muy anti romántico que suene la palabra “razón” en una pareja. Mis ex han cometido muchos errores conmigo –unos más que otros-, pero yo también la he cagado de una manera que podría llamarse ya “profesional”. Dejar que los errores cometidos por parte mía y de ellos caigan en saco roto es tirar a la basura buena parte del tiempo invertido en tu vida, así pues, me gusta pensar que todo lo que he hecho mal me sirve ahora para no volver a caer en ello con Guille. También me gusta pensar lo contrario: que todo lo que han hecho mal conmigo sirva para que sus relaciones futuras estén salpicadas de menos dolor. Hacer un esfuerzo por conservar a tu pareja a tu lado forma parte del enorme compromiso –nótese aquí el doble significado de esta palabra- que conlleva mantener –otra palabra con doble significado- una relación amorosa. Porque no quiero perder a Guille, no quiero volver a hacer lo que le hice a Fulanito, porque no quiero perder a Guille, estoy dispuesta a hacer lo que no hice por/con Venganito. Es así de sencillo y de triste a la vez: es probable que antes de tener una relación estable y equilibrada, hayas tenido que pasar antes por varias relaciones con final desastroso. Nadie nace conociendo cuáles son los vínculos que consolidan las relaciones humanas a lo largo del tiempo.

Foto making II

¿Por qué creo que Guille es el amor de mi vida?

Porque por primera vez en mi vida no me planteo que esto vaya a acabar. Estamos muy bien juntos y no hay problemas que no vayan más allá de las super broncas que le echo por dejar las botas por medio. Y el guacamole. Y restos de nachos. Y tres camisetas. Y un papelito de las galletas. Y el cortauñas. Y… ¡Dioses, Guille! En fin, como iba diciendo, nuestros problemas no son trascendentales ni huelen ni por asomo a psicoesfera. Seguro que todos hemos vivido una de esas relaciones que sólo nos aportan ansiedad. Relaciones que nos mantienen todo el tiempo angustiados, relaciones en las que hay discusiones día sí y otro también, relaciones en las que sientes oprimido el pecho y con las que te cuesta respirar, problemas que nunca se solucionan y que si se hablan, sólo es en modo de reproche. Esas relaciones no tienen futuro, son las llamadas “Tóxicas” y son realmente adictivas. Con Guille estoy tranquila, vivo en calma y siento que uno de los pilares más importantes de la vida de una persona, el amor, lo tengo colmado en todos los aspectos. No me preocupa, no me inquieta, me siento protegida, amada, admirada y rodeada de múltiples cuidados y atenciones.

Foto making I

El día de esta sesión fue un día soleado, agradable, sin ruidos. Las perris corrían tanto que creo que he tenido que clonarlas prácticamente de casi todas las fotos.

Making perris

Las fotos de la sesión “Líneas” son del mismo día. Si digo que no pararon de correr en dos sesiones, es que no pararon. El viernes 11 de abril me voy a Shanghai y hoy nos vamos a Sevilla a dejarlas con mi madre. Las voy a echar de menos infinito. De hecho, cuando no tengo a la Milka cerca, sueño con ella.

Milka y Menta corriendo II

Milka y Menta corriendo

Tengo que agradecer a Guille que me posara desnudo. Y en general, que me pose, que no le gusta un pelo y se me pone muy nervioso. De hecho, pasó un coche y casi le da un chungo. Además la tierra estaba durísima y los terrones le arañaban la piel. A mí también, pero yo estoy ya acostumbradísima. O al menos creo que Antonio José Morales Villegas me tiene muy bien entrenada para este tipo de vicisitudes del posado. Mi idea inicial era realizar una escultura de carne, como quien escribe una oda al amor, como quien hace una fotografía con su amor. Como podéis ver, cogí varias fotos y las fusioné. Ya ha escrito por ahí un graciosillo preguntando que qué va a hacer Guille con tanta Leila. A mí se me ocurren ideas muy sucias para hacer con dos Guilles.

Por cierto, esta foto de aquí es mi favorita de todo el making.

Foto making III

Quisiera finalizar con las bases para que una relación funcione, dando por sentado que el amor, en todas sus vertientes (deseo, cariño o amistad)  existe, claro. Son premisas que a mí me han ido bastante bien.

– Imprescindible encajar. Esto tiene mucho de inexplicable, pero somos como un montón de piezas sueltas que de vez en cuando encajan como un lego. Me gusta decir lego porque lo considero un juego más creativo que el puzzle. Y, como diría nuestro amigo Tocayo (Guille), “Aquí hemos venido a jugar”. Sea quien sea, tenga la edad que tenga, independientemente de sus gustos o su profesión, la adaptación tiene que ser, desde el principio, como el agua al recipiente que la contiene… o como la Menta al sofá.

– Si resulta que hemos encontrado a una persona así, merece la pena echar mano de nuestra imaginación para generar situaciones diferentes. No hace falta que sean todos los días ni mucho menos, de hecho, es algo tan sencillo como romper con la rutina y bajar por la noche a dar un paseo a un parque, irse a tomar unas cervezas el finde o practicar sexo en un lugar de la casa que no sea siempre el mismo. Como veis, tampoco hay que comerse mucho el tarro, sólo esforzarse en llenar de matices y detalles lo cotidiano.

– Hacer muchas cosas juntos. Parece una tontería, pero la creación de una memoria conjunta es importantísima. Basta con ver pelis juntos, leeros un libro a la vez o, por ejemplo, en nuestro caso, putopirarnos a la naturaleza a hacer fotos o salir a dar paseos con las perras. No tiene que ser un proyecto creativo enorme, basta con pequeños gestos que os hagan sentir partícipes de un objetivo común. Ya no seréis dos personas que se quieren, seréis dos personas que comparten el recuerdo y el pensamiento… o, dicho de una manera más poética por Ángel González, “Yo sé que existo/ porque tú me imaginas”.

– Por último, un pilar que nos cuesta mantener, porque con la confianza se violan muchos valores: el respeto y la educación. Sí, lo siento, si sois algo empáticos -y debéis hacer el esfuerzo de la empatía, porque si sois incapaces ya entráis dentro del grupo de los psicópatas-, hay que ser educado y sensible hasta con tu pareja. No es que sea yo un paradigma de esta regla, pero es primordial y me he dado cuenta de que cuando la aplico, las cosas siempre salen mucho mejor.

No sé si habéis tenido la inmensa suerte de vivir una relación así. Bastó, a mis 24 añitos, salir a vender fotos a Fuencarral, bastó, a sus 26 añitos, ir al cumple de unas amigas por la calle Fuencarral. Conspiraciones del cosmos, del destino o de energías fortuitas. Pero me encontré a una de las personas que más bien han aportado en mi vida una tarde de verano, como aquel sueño…

Foto making IV

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2 thoughts on “Escultura de carne

  1. Que quieres que te diga de esta entrada? Sencillamente es preciosa, cada palabra, cada imagen… Lo que más me ha gustado de todo es: yo existo porque tu me imaginas… Y como bien dices todos hemos pasado por relaciones tormentosas hasta que un día te vas a hacer unas fotos con un grupo de gente, aparece un chico en el que ni reparas, lo añades porque en la quedada le hiciste unos robados como a los demás que iban contigo y una cosa lleva a la otra y desde el primer momento sabes que esto será diferente y como bien dices has tenido que pasar por todas esas relaciones anteriores para saber que si no quiero perder a tengo que hacer lo que no hice por… Lo de compartir las cosas, cambiar la rutina, el crear memoria entre los dos es algo maravilloso…

    • Lo triste, como dice Mònica Quintana por ahí, es que pocos tienen el privilegio de hablar en pasado sobre una relación tóxica. El amor es muy complejo, lo peor del mundo cuando sale mal y lo mejor del mundo cuando sale bien. Creo que podemos llamarnos privilegiadas.

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