El arte para una élite

No suelo escribir sobre temas que no ronden mi propio trabajo, pero dado que ahora mismo es época de prestigiosas ferias de arte, me he tomado unos minutos para clamar al cielo. Y es que toda esta parafernalia es absurda, ridícula y está muy alejada de la realidad económica de las personas.

Vamos a partir de la base de que artistas hay muchísimos. Si buscamos sólo los buenos, me como el superlativo y digo que muchos. Pero no deja de ser un adverbio indicativo de abundancia. Pues bien, de estos muchos, los que viven de manera paupérrima o con el agua al cuello para llegar a fin de mes son la mayoría. Son tan tan pocos los que viven exclusivamente de su producción artística, que pensar que la mayoría de los artistas nos movemos en los mundos que ARCO, Art Madrid, Just MAD, Art Innsbruck, o FLECHA han recreado como paraísos de venta de obra es un error y una idea completamente falsa del mundo del arte y del coleccionismo.

He citado estas ferias de arte porque son las que ahora mismo tienen sus puertas abiertas, pero podría nombrar otras más. No obstante, ARCO es la feria de arte por excelencia donde desde el precio de la entrada, la calidad de ciertas obras de arte o los precios de numerosas obras, rozan los límites de lo que no es ético. Por norma general se cree que a la compra de arte sólo tienen acceso los bolsillos más acaudalados, pero eso no es cierto. Yo soy coleccionista de arte desde hace dos años, en la actualidad tengo 27 y mis ingresos no ascienden a más de 250 euros al mes, con la humilde ayuda de mi mami, que a su vez tira de todos con la pensión de mi abuela. Nuestra situación económica no es para tirar cohetes, y aún así tengo más de 40 piezas artísticas en casa, ¿cómo es posible? Es posible porque la realidad del mercado del arte no es la que nos venden las galerías. Supongo que algún día tendré que morderme la lengua, porque lucho con vehemencia por entrar en una, pero que no os induzcan al error.

No me malinterpretéis. Es cierto que existen obras de arte muy costosas tanto en materiales como en producción, para empezar el cine, que posiblemente es el arte más caro que existe. Le sigue la fotografía y la escultura. La fotografía no ya por las cámaras, al fin y al cabo, una vez que tienes una, si la cuidas bien, puedes disparar fotos prácticamente hasta que te mueras. La fotografía es cara por las impresiones. Había un grupo o una página por Facebook que venía a decir “La impresoras son baratas, pero la tinta debe de ser sangre de unicornio”. En cuanto a la escultura, dependiendo del material con el que trabajes, es realmente cara. Pero para mí, lo que realmente la hace cara es el propio trabajo que conlleva trabajarla. Por cierto, en la feria de arte Art-Madrid, para quien le interese, la escultura es lo más potente que tiene. Os juro que no sabía hasta qué punto se estaban haciendo maravillas en ese terreno.

Yo no soy de las que dicen que en las ferias de arte hay muchas tomaduras de pelo y que no merece la pena ir. Merece la pena ir para estar al día y porque realmente hay piezas increíbles. Que cuatro gilipollas se quieran quedar con el público y os vendan según qué cosas como arte sólo depende precisamente de nosotros que no estén ahí. Hay que evitar por todos los medios no darles publicidad ni aliento, porque realmente son un insulto que no debe eclipsar lo que los demás han realizado con muchísima emoción y talento.

Partiendo de todas estas premisas: costes de producción, costes emocionales y físicos y del evidente talento que hay sobre la faz de la tierra, quisiera expresar mi absoluto rechazo a convertir el coleccionismo de arte en una afición elitista. Hoy escribía en El país una tal Prado Campos: “Ocho pistas para iniciarse en el coleccionismo de arte”. Suelta una serie de sandeces como la copa de un pino, como las razones que da para “desvirgarse” en pintura, que viene a ser ninguna. Pero la más graciosa es la pista nº2:

“Pista nº 2: Ahorrar 3.000 euros. Como fresh collectors (coleccionistas novatos), nos enfrentamos a una cantidad apabullante de obras y artistas, muchos desconocidos para nosotros. Por eso, nuestro objetivo es descubrir artistas emergentes con proyección futura y cuyas obras tengan un precio “asequible”. 3.000 euros como tope es la propuesta de Elisa. Si es menos, mejor. “Hay que romper el mito de que hay que ser millonario para ser coleccionista de arte. Aquí podemos encontrar obras desde 500 euros. Cada vez hay más clientes de clase media que en vez de ahorrar para un gran viaje o un cochazo, lo hacen para comprar arte”, afirma”.

Si realmente os apasiona el arte y os queréis hacer coleccionistas, pensar en una posible proyección futura de un artista en cuestión me parece el colmo de la avaricia. Si tú tienes un dibujo en tu puñetera casa es porque te colma, porque te gusta, porque estéticamente te satisface. No debéis de buscar nada más. Y por 500 euros podéis compraros no una, sino hasta cinco o seis obras de una calidad inmensa. Y no es la excepción, es lo normal. Que el mundo “oficial” del arte mueva cantidades ingentes de dinero y nos hagan creer que la mayoría de los artistas ponemos esos precios y ganamos tal cantidad de pasta es una farsa. Haceros creer que es normal tener que ahorrar 3000 euros cada vez que deseáis adquirir obras artísticas es una farsa.

Con tal cantidad de excesos en el mundo del arte, es normal que el coleccionismo de arte no se haga popular, es normal que la mayoría de los artistas seamos unos muertos de hambre, es normal que al adquirir una obra de arte penséis en seguida en los beneficios económicos que os pueden traer en un futuro. Pero todo esto es una aberración. Ya me diréis cuántos os compráis un libro o unos zapatos pensando en cuánto podrían valer en un futuro. Suena absurdo, pero si os compráis unos zapatos es porque os gustan. Si compráis una novela, es porque el autor en cuestión os gusta. Y tanto en literatura como en moda podéis adquirir un libro o un vestido muy bonito a precios asequibles.

En el mundo del arte la cosa se desborda, desvirtuando la misma esencia del arte. El arte no debería ser para una élite, el arte debe de estar presente en vuestras vidas de manera rutinaria, como el comer, como el vestiros. La contemplación de una obra artística debería ser tan obligatoria como leer una hora al día o saborear un poema antes de irse a dormir.

Me pregunto por qué nos hacen creer que vuestra casa no puede ser un pequeño museo como tu estantería puede ser una pequeña biblioteca. Me pregunto.

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4 thoughts on “El arte para una élite

  1. Es muy interesante esta reflexión que nos expones. Estoy bastante de acuerdo contigo en el hecho de que “consumir” obras de arte debería ser algo así como ir a la Fnac a comprarse un buen libro o un Blu-Ray. El problema, creo yo, es una cuestión de raíz.
    Desde siempre, la obra de arte era un “artículo de lujo” para las élites (ya sabes, monarcas, nobles, etc…) y eran ellos que elegían a los artistas más modernos y vanguardistas de la época, solamente porque estos artistas se convirtieron en sinónimos de prestigio y novedad. El hecho de hacer una obra de arte antiguamente llevaba un tiempo, una dedicación y, sobretodo, los materiales que se empleaban no era nada baratos (y ya no citemos cosas como el caché del artista en cuestión). Pero otros tipos de arte en la época (véase los libros) se podían reproducir con facilidad (desde el invento de imprenta). Por lo tanto, la literatura se convertiría en un arte de “masas” y asequible a casi todo el mundo… Pero las obras de arte como tal no porque era algo que aún no se podía reproducir y era un objeto único (seguiría pues con ese aura individual y elitista).
    Esa costumbre elitista perdura hasta hoy. Es verdad que existe la fotografía y el cine, pero este tipo de arte “industrial” (más el cine que la fotografía) frente a una obra de arte conceptual (que puede ser tanto un montaje, una escultura, etc.), los dos primeros quedan en un plano más llano y mas asequible al público en general, por lo tanto, menos elitista.
    Espero que mi reflexión se haya entendido, pues tampoco soy muy hábil explicando este tipo de cosas. ¡Un saludo!

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