Mascarade

Mascarade (pequeña)

“¡A ver!, ¡a ver!… es aquí… tira un poquito más p’alante… un poquito más…un poquito… AQUÍ”. Y Guille paró el coche. Ante nosotros un campo de trigo recién plantado, inmenso. Estábamos frente a una dehesa abulense y, aunque parezca difícil reconocerlo, es el mismo lugar donde hice la foto de la cuerda.

Knockin' on Heaven's Door

Making Guille

Trabajar en exteriores en pleno invierno es una locura, pero lo cierto es que los espacios cerrados me recuerdan demasiado todavía a una etapa algo oscura en la que salir de casa era lo último que me apetecía. Los exteriores para mí son el símbolo de apertura a la vida, haga frío o calor. Lo malo es cuando fuera el cielo está cargado y gris, cuando sopla un viento desagradable, y para colmo, hace cuatro grados. “Joder, Guille, estoy zumbada”, le voy diciendo mientras me voy quitando, temblando, la ropa.

En esta entrada voy a explicar por qué me desnudo en mis fotografías y qué ventajas y desventajas tiene desnudarse para un proyecto artístico.

El desnudo es algo que ya está muy explotado en el arte, por lo que desnudarse por desnudarse o una fotografía centrada sólo en un cuerpo desnudo como motivo temático no tiene ni sentido ni originalidad alguna. El desnudo en fotografía tiene que ser un elemento más, como en esta lo puede ser el pañuelo, las nubes o la gran extensión de tierra. En mis fotografías el desnudo simboliza dos estados bien diferenciados: libertad o desamparo. Pero nunca erotismo, ni feminidad ni nada que esté relacionado con mi condición de mujer. Ante todo deseo que, cuando me desnudo en mis fotos, se me considere una persona desnuda.

Making II

Ventajas de desnudarse en un proyecto artístico:

– Estar desnudo rompe con la norma, la costumbre y la rutina. Además, desde en internet, hasta en la vida real, suele estar prohibido. Y a mí estas cosas me dan la vida, me despiertan. Es un elemento discordante en una fotografía o en cualquier pieza artística, porque lo contrario levanta opiniones muy diversas, pero sobre todo levanta opiniones, que a todos nos encanta opinar. De hecho, en algunas ciudades, como Madrid o Barcelona, está prohibido. Sin embargo, según se recoge en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la desnudez pública es un derecho, en el marco de la libre opinión y creencia, y en España, desde 1989, el Código Penal ya no sanciona esta opción por “escándalo público”. Así que es una regla que se han sacado de la manga y de la que podéis salir muy bien parados en un juicio si os multan o arrestan por realizar fotografía artística de desnudo en la calle.

– Por otro lado,  te ayuda a aceptar tu propio cuerpo y a tomar conciencia de ti mismo. Creo que ya lo dije, pero fue en marzo del 2012 cuando dejé de retocarme los pequeños “defectos”. Tengo muchas estrías y, como toda mujer, bastante celulitis en los glúteos. También ojeras y bolsas bajo los ojos. Pero todo esto, a día de hoy, no me importa lo más mínimo. Estoy muy segura de mi cuerpo, tal y como es. No necesito retocarlo con Photoshop para sentirme mejor ¿Si alguna vez retoco algo? Sí, quito granitos o le doy brillo y contraste a la piel. Es lo máximo que hago.

Making III

– Como he dicho antes, soy adicta a trabajar en exteriores, en concreto en la naturaleza. Pisar la tierra con los pies descalzos, adaptarme a las rocas, sentir el viento en mi piel o la vegetación húmeda me genera un vínculo con la tierra. Es una sensación muy primitiva y espiritual, un acercamiento tanto a la vida como a la muerte. Nunca me he sentido más animal y humana que cuando trabajo en la naturaleza.

– Desnuda soy libre. Me libero de tabús, de prejuicios, de miedos. He llegado a un nivel en el que no me afectan las opiniones ni me siento oprimida por el pudor ni la vergüenza, dos elementos muy presentes en la mayoría de las enfermedades mentales de los últimos tiempos: repudiarnos a nosotros mismos, por lo que sea.

– En verano es una gozada. Recuerdo aquella tarde en Palencia, una hora antes de que cayera el sol. El trigo me hacía cosquillitas en los muslos y, después de un día tórrido, estaba yo allí sola, sin población alguna a un par de km a la redonda, rodeada de una brisa suave y muy muy agradable. También estaba el ruido de los molinos, un zumbido que rozaba casi un mantra. Lo recuerdo como una experiencia casi mística.

http://500px.com/photo/62305141

Desventajas de desnudarse en un proyecto artístico:

– Como sea invierno, claramente el frío. Normalmente consigo sortearlo con la propia adrenalina que me produce el acto creativo, pero tengo que reconocer que a veces ha sido insoportable. En ocasiones he llegado a sentir un frío tan extremo, que casi no hago la foto. Y eso es muy raro en mí. Un ejemplo es esta foto o la siguiente que voy a publicar. No sé cómo no he enfermado, pero lo cierto es que sólo me he resfriado fotografiando con abrigo y bufanda a una modelo desnuda. Cosas de la vida…

– Este punto es quizá lo que más rabia y asco me da. Existe sobre el cuerpo femenino el peso de una visión hormonada, normalmente masculina, y que las mujeres, con los posados a los que nos prestamos a veces, contribuimos. Una mujer desnuda no siempre es sexualidad, pero se nos asocia a lo erótico en cero coma. Es por ejemplo la lacra de las Femen, que protestan con el torso desnudo y se las critica por ello, “Que-no-es-necesario”. Ni innecesario, señores. Pero mientras sigamos mirándole los pechos y no leyendo lo que tienen escrito en ellos, seguiremos teniendo el grave problema de asociar nuestra desnudez a la sexualidad. Y os juro por lo más sagrado que es en lo último que pienso cuando aparezco desnuda en mis fotos, es lo último que quiero transmitir. Olvidaos de mi condición de mujer, olvidaos que se puede follar conmigo, olvidaos de que puedo ser madre. Sólo soy una persona que se desnuda y utiliza su cuerpo para sentir mejor su entorno o transmitir unos valores que van más allá de una visión sexual de un cuerpo desnudo femenino. Pensar en sexo o erotizarse cuando tenemos delante una mujer desnuda es sexista y nos limita. Nos relega a la condición de seres sexuados y, aunque a muchos les cueste ver más allá, desnudas podemos ser mucho más que eso.

Making IV

¿Qué me llevó a realizar esta foto? Un tema semanal de Teleidoscope. En modo alguno quise ser tan literal para utilizar una máscara real o estándar. Pero exploremos en la etimología de la palabra, que es muy bonita.  Recuerdo una clase de Filología románica en la que se hizo alusión a la etimología de esta palabra. En realidad es un pupurri de orígenes lingüísticos. Nos llega del árabe Mashara (payaso) y este de sakhira (ridículo). Pero esto no sucede directamente, sino através del latín masca, que vino a significar “fantasma”, “espectro” e incluso “bruja”. La palabra “máscara” se incorpora al vocabulario hispano evidenciado un claro origen árabe. Etimológicamente viene de “más-hara” y a su vez proviene del árabe sáhara o sahir (burlador), viniendo a denotar un sentido de la palabra que me encanta: la máscara no es otra cosa que una impostura, una ficción, un ardid para burlar la realidad.

Por no usar una máscara al uso, pensé en un pequeño velo o pañuelo, en una tela ligera que, a merced del viento, pasara durante milésimas de segundos por mi rostro. Esta pretende ser una foto de absoluta precisión, la búsqueda de una casualidad ficticia.

Making V

Making con el pañuelo

Las telas al viento son divertidas. Hasta a Guille le dio por bailar con ella. Creo que es el único sol que vi ese día.

Making Guille haciendo el payaso

Visto de esta manera, todas mis fotografías son una careta, un antifaz, una máscara para interpretar algo de lo que muchas veces todos deseamos huir, a saber, un desdichado presente o esa bola con cadena que muchos arrastramos y que a veces le da por llamarse pasado. No se aleja mucho del rol de un personaje o del anhelo que buscan todos aquellos que se disfrazan o interpretan otras vidas que no son la suya.

Os dejo aquí con un espíritu, a veces disfrazado con ropa, otras disfrazado de piel, últimamente perdido y ciego, desamparado en el frío de una mañana de invierno, huyendo de sí mismo.

Making botas

Making I

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El arte para una élite

No suelo escribir sobre temas que no ronden mi propio trabajo, pero dado que ahora mismo es época de prestigiosas ferias de arte, me he tomado unos minutos para clamar al cielo. Y es que toda esta parafernalia es absurda, ridícula y está muy alejada de la realidad económica de las personas.

Vamos a partir de la base de que artistas hay muchísimos. Si buscamos sólo los buenos, me como el superlativo y digo que muchos. Pero no deja de ser un adverbio indicativo de abundancia. Pues bien, de estos muchos, los que viven de manera paupérrima o con el agua al cuello para llegar a fin de mes son la mayoría. Son tan tan pocos los que viven exclusivamente de su producción artística, que pensar que la mayoría de los artistas nos movemos en los mundos que ARCO, Art Madrid, Just MAD, Art Innsbruck, o FLECHA han recreado como paraísos de venta de obra es un error y una idea completamente falsa del mundo del arte y del coleccionismo.

He citado estas ferias de arte porque son las que ahora mismo tienen sus puertas abiertas, pero podría nombrar otras más. No obstante, ARCO es la feria de arte por excelencia donde desde el precio de la entrada, la calidad de ciertas obras de arte o los precios de numerosas obras, rozan los límites de lo que no es ético. Por norma general se cree que a la compra de arte sólo tienen acceso los bolsillos más acaudalados, pero eso no es cierto. Yo soy coleccionista de arte desde hace dos años, en la actualidad tengo 27 y mis ingresos no ascienden a más de 250 euros al mes, con la humilde ayuda de mi mami, que a su vez tira de todos con la pensión de mi abuela. Nuestra situación económica no es para tirar cohetes, y aún así tengo más de 40 piezas artísticas en casa, ¿cómo es posible? Es posible porque la realidad del mercado del arte no es la que nos venden las galerías. Supongo que algún día tendré que morderme la lengua, porque lucho con vehemencia por entrar en una, pero que no os induzcan al error.

No me malinterpretéis. Es cierto que existen obras de arte muy costosas tanto en materiales como en producción, para empezar el cine, que posiblemente es el arte más caro que existe. Le sigue la fotografía y la escultura. La fotografía no ya por las cámaras, al fin y al cabo, una vez que tienes una, si la cuidas bien, puedes disparar fotos prácticamente hasta que te mueras. La fotografía es cara por las impresiones. Había un grupo o una página por Facebook que venía a decir “La impresoras son baratas, pero la tinta debe de ser sangre de unicornio”. En cuanto a la escultura, dependiendo del material con el que trabajes, es realmente cara. Pero para mí, lo que realmente la hace cara es el propio trabajo que conlleva trabajarla. Por cierto, en la feria de arte Art-Madrid, para quien le interese, la escultura es lo más potente que tiene. Os juro que no sabía hasta qué punto se estaban haciendo maravillas en ese terreno.

Yo no soy de las que dicen que en las ferias de arte hay muchas tomaduras de pelo y que no merece la pena ir. Merece la pena ir para estar al día y porque realmente hay piezas increíbles. Que cuatro gilipollas se quieran quedar con el público y os vendan según qué cosas como arte sólo depende precisamente de nosotros que no estén ahí. Hay que evitar por todos los medios no darles publicidad ni aliento, porque realmente son un insulto que no debe eclipsar lo que los demás han realizado con muchísima emoción y talento.

Partiendo de todas estas premisas: costes de producción, costes emocionales y físicos y del evidente talento que hay sobre la faz de la tierra, quisiera expresar mi absoluto rechazo a convertir el coleccionismo de arte en una afición elitista. Hoy escribía en El país una tal Prado Campos: “Ocho pistas para iniciarse en el coleccionismo de arte”. Suelta una serie de sandeces como la copa de un pino, como las razones que da para “desvirgarse” en pintura, que viene a ser ninguna. Pero la más graciosa es la pista nº2:

“Pista nº 2: Ahorrar 3.000 euros. Como fresh collectors (coleccionistas novatos), nos enfrentamos a una cantidad apabullante de obras y artistas, muchos desconocidos para nosotros. Por eso, nuestro objetivo es descubrir artistas emergentes con proyección futura y cuyas obras tengan un precio “asequible”. 3.000 euros como tope es la propuesta de Elisa. Si es menos, mejor. “Hay que romper el mito de que hay que ser millonario para ser coleccionista de arte. Aquí podemos encontrar obras desde 500 euros. Cada vez hay más clientes de clase media que en vez de ahorrar para un gran viaje o un cochazo, lo hacen para comprar arte”, afirma”.

Si realmente os apasiona el arte y os queréis hacer coleccionistas, pensar en una posible proyección futura de un artista en cuestión me parece el colmo de la avaricia. Si tú tienes un dibujo en tu puñetera casa es porque te colma, porque te gusta, porque estéticamente te satisface. No debéis de buscar nada más. Y por 500 euros podéis compraros no una, sino hasta cinco o seis obras de una calidad inmensa. Y no es la excepción, es lo normal. Que el mundo “oficial” del arte mueva cantidades ingentes de dinero y nos hagan creer que la mayoría de los artistas ponemos esos precios y ganamos tal cantidad de pasta es una farsa. Haceros creer que es normal tener que ahorrar 3000 euros cada vez que deseáis adquirir obras artísticas es una farsa.

Con tal cantidad de excesos en el mundo del arte, es normal que el coleccionismo de arte no se haga popular, es normal que la mayoría de los artistas seamos unos muertos de hambre, es normal que al adquirir una obra de arte penséis en seguida en los beneficios económicos que os pueden traer en un futuro. Pero todo esto es una aberración. Ya me diréis cuántos os compráis un libro o unos zapatos pensando en cuánto podrían valer en un futuro. Suena absurdo, pero si os compráis unos zapatos es porque os gustan. Si compráis una novela, es porque el autor en cuestión os gusta. Y tanto en literatura como en moda podéis adquirir un libro o un vestido muy bonito a precios asequibles.

En el mundo del arte la cosa se desborda, desvirtuando la misma esencia del arte. El arte no debería ser para una élite, el arte debe de estar presente en vuestras vidas de manera rutinaria, como el comer, como el vestiros. La contemplación de una obra artística debería ser tan obligatoria como leer una hora al día o saborear un poema antes de irse a dormir.

Me pregunto por qué nos hacen creer que vuestra casa no puede ser un pequeño museo como tu estantería puede ser una pequeña biblioteca. Me pregunto.

Me duele aquí

El árbol de la libertad debe ser regado con la sangre de los patriotas y los tiranos. Thomas Jefferson

Me duele la ponzoña (pequeña)

Hace unas semanas, en un diminuto y oscuro piso de la calle San Dimas, Batania me comentaba que posiblemente él fuera de los pocos poetas políticos de España. Él es todo talento, pero un poco exagerao, así que si os dedicáis a la poesía política me (le) escribís, que como a todo poeta, estaré encantada de leeros.

La política no es uno de mis grandes intereses, siendo plenamente consciente de que es una ciencia que me afecta muy directamente. No obstante, Ana Pastor, en una sencilla reflexión que escribió no hace mucho en una revista, señalaba como dato curioso el que los niños nunca quisieran ser políticos de mayores. Ser político, al menos hoy en día, no es una profesión con la que se pueda soñar. Y no porque sea una meta difícil de alcanzar, sino porque es un mundo tan sumamente degradado, que el propio hecho de gobernar a un pueblo, un acto que puede ser realmente bello y gratificante si se hace bien, no es el anhelo ni en las mentes más imaginativas y libres que existen, a saber, las de nuestros pequeños.

Tras aquella breve pero intensa tarde con Batania, me pregunté si existían en fotografía fotógrafos políticos. Pero fotógrafos políticos creativos, fuera de la evidencia que nuestros propios ojos puedan ver y que de manera tan bonita muchos de los de documental, urbana, reportaje o periodismo saben registrar. Me refiero a que no conozco fotógrafos en España que compongan una imagen para realizar una crítica política. Sería intenresante seguir el trabajo de alguien que se dedique a crear con imaginación fotografías políticas de manera rutinaria.

Mi foto inicialmente iba a ser esta, pero debido a que el cabello me tapó parte del rostro, escogí la otra, que en un principio era de making. Me encantaba el rollo animalesco de esta, es casi un gollum.

Ponzoña animalesca pequeña

Con esta sesión no pienso abrir una puerta a la fotografía política dentro del terreno creativo. No porque soy una persona muy sensible y hay ciertos asuntos que me superan demasiado como para mantener constantemente la cabeza metida en ellos. Y uno de esos asuntos es la política. Sólo he querido expresarme con respecto a una situación que me afecta de manera directa o indirecta, una situación con la que las más de las veces no estoy de acuerdo y que me parece incomprensible e injusta.

No os voy a tomar por idiotas: todos sabéis a lo que me refiero y creo ya haberlo comentado en algún que otro post. Mi país se está hundiendo en la más absoluta miseria política e ideológica, tiranos everywhere que un día normal y corriente disparan balas de goma a cuatro desesperados que cruzan a nado el estrecho, para luego, a pesar de haber pisado territorio español, devolverlos (a los que quedaban vivos, claro) a la frontera. Hijos de puta que en las manifas bromean con los de Samur, pidiéndoles que les unten las porras de Betadine “para ahorrarles el trabajo”, degenerados con mansiones y ganancias de más de 150.000 euros al año que alegan que en España se vive mejor con poco dinero. No voy a extenderme mucho más, no voy a escribir más párrafos sobre esto: todos sabéis a lo que me refiero.

Making I

Me animé a hacer esta foto para aportar mi granito de arena crítico con la situación que vive mi país, pero quisiera dejar clara una cosa: no odio a España. Amo mi país de la manera más tierna posible, como todo el conjunto de personas, costumbres y culturas que han rodeado mi vida desde que nací. Empecé a valorarlo el día que llegué de París, tras medio año viviendo sola allí. Me senté en el porche de mi casa de Sevilla, con un cuenco de aceitunas a la izquierda y una cervecita a la derecha. El sol me calentaba el rostro, mi abuela me recomendaba por quincuagésima vez en el día recogerme el pelo, “para que yo te vea la carita” y mi madre cocinaba algo en la cocina que desprendía un olor exquisito. Por primera vez en medio año mi piel se estremecía con un agradable calor mediterráneo y podía entender lo que se decía a mi alrededor. Puede parecer una tontería, pero cuando todavía no dominaba el francés, el andalú sonaba en mis oídos como los ángeles. Oh, Dios, qué pereza tener que volver allí, qué bien estaba yo en España.

Mi Guille es madrileño, Madrid me ha acogido cálidamente y me declaro fan nº1 del tomate frito y la tortilla de patatas. Los paisajes de la mayoría de mis fotos son españoles y mis lugares de descanso, retiro e inspiración son españoles. Dioses, no. Yo no odio España. Sí odio lo que cuatro desgraciados están haciendo con los que queremos vivir en paz y alegría en ella.

Making IV

Guille sufre terríblemente cuando, tras el concepto de una de mis fotos, hay un elemento degradante. Entre otras cosas porque durante la realización tiendo a humillarme a mí también. Necesito posar yo en mis propias fotos, porque sólo así soy capaz de sentir la fotografía de manera plena. Y durante esta foto pasé mucho frío, de hecho, al día siguiente nevaba. Posar desnuda en invierno es durísimo, pero como se me cruce por la cabeza una foto, estoy pedida, me obsesiono y tengo que hacerla. Últimamente mis desnudos, alejados del erotismo que siempre sugiere y se busca con el cuerpo femenino, únicamente simbolizan desprotección y desamparo. Me embadurné de barro como si fuera crema para el sol y me puse la bandera mojada y destrozada encima.

Making V

Making VII

Making VI

La bandera. Los españoles tenemos un poso funesto con la bandera: nos recuerda al franquismo y, por ende, al fascismo y todas las atrocidades que éste conllevó (y conlleva). Es un símbolo que no terminamos de encajar muy bien. Y lo confieso: cuando entré a la tienda a comprar “la bandera más grande que tengáis”, sentí vergüenza. Cuando la tuve en mis manos la deslicé en mi bolso casi con la misma culpabilidad que si estuviera escondiendo una revista porno. No fui consciente de todo esto hasta que llegué a casa: he comprado la bandera de mi país y, sintiendo vergüenza, la escondido para que nadie viera lo que he hecho. Toda bandera tiene una historia y nuestra bandera esconde detrás la historia de una herida.

Cuando le dije a mi familia que había quemado, embarrado y hecho jirones la bandera para una foto, se lío. Al final todos estuvieron de acuerdo en que, en el hipotético caso de que acabara en la cárcel, se turnarían para llevarme bocadillos, además de a la Milka y la Menta. Porque sí, señores. Parece que no, que pertenece a otros años más desdichados, pero todavía está vigente en el Código Penal, en el artículo 543,  que las ofensas o ultrajes de palabra, por escrito o de hecho a España, a sus Comunidades Autónomas o a sus símbolos o emblemas, efectuados con publicidad, se castigarán con la pena de multa de siete a doce meses. Dos requisitos han de concurrir: La publicidad y el inequívoco desprecio al símbolo en cuestión.

Making III

Como he defendido antes, yo no desprecio ni ultrajo en modo alguno el símbolo, pero si me hubiera dado la gana el hacerlo, debería tener la libertad de poder hacerlo, pese a quien le pese. “La libertad se aprende ejerciéndola”, como bien dijo Clara Campoamor. Pero he tenido que justificarme. Públicamente y ante mi familia, aunque esto suponga una clara confrontación con los límites de derecho de libertad y expresión. Este precepto va en contra de la Constitución como garante ya no sólo de la libertad de expresión, sino también de la libertad ideológica, pues para algunos, trabajar con el trapo rojigualda puede constituir una forma de expresión ideológica o política.

Making II

No defiendo, como las filosofías comunistas/marxistas, el arte como una herramienta de transformación o denuncia social o el arte al servicio de la política. Si sirve para ello, estupendo, pero el artista sólo está obligado a hacer lo que le dé la real gana. El arte puede estar genial como respuesta política, pero el arte en sí no es necesariamente político, entre otras cosas porque el espacio y la producción del arte no debe de verse interferido por cuestiones ideológicas. El arte puede ser ajeno a la política, por mucho que a demasiados les pique esta cuestión. Que se rasquen. El arte tiene que servirle al artista, a nadie más.

Cuando la subí a Facebook o Flickr la mayoría disteis unas interpretaciones muy buenas. He logrado transmitir con una sola foto lo que quería, sin palabras. Con esta foto he querido ejercer la libertad de expresión que me corresponde como persona, sin hacer daño ni involucrar a nadie. Es una especie de activismo doméstico, una manifestación a gritos hecha imagen.

Making IX

De pétalos y pájaros

De pétalos y pájaros (pequeña)

Creo que hacía mucho tiempo que no llevaba un intervalo tan largo sin escribir o hacer fotos. He pasado unas vísperas de mudanza angustiosas, con toda mi vida en cajas y objetos rebozados en polvo. Ese polvo… todavía, en mi casa nueva, lo estoy quitando de libros, sábanas, cosméticos, cuadros. Aceptar que las obras de La Palma, 60 iban a ser positivas y aguantar dos meses y medio haciendo el gilipollas ha sido de los episodios más absurdos de nuestras vidas. En cuanto vimos el plan de la comunidad de vecinos, de la constructora y, por supuesto, de la casera, debimos habernos mudado. Algo olía a podrido y en medio estábamos nosotros. Pero aguantamos y hemos acumulado mucho estrés, hemos vivido momentos deprimentes que nos han pasado factura. A mí sobre todo, que soy más débil. Por otro lado, he perdido a una gran amiga que resulta que no lo era tanto y eso me está lastrando muchísimo. He visto caer a muchos en su círculo de amistades, por lo que creo que el problema ha sido mío al haberme creído más especial que otros junto a ella. También Guille y yo hemos pasado por una intoxicación alimenticia y cuando uno está agonizando en la cama, retorciéndose de dolor, sin control alguno sobre su cuerpo, piensa en muchas cosas. Luego están las envidias que me rodean en mi entorno profesional. No me creo más que nadie, desarrollo mi profesión con pasión y muchos de los resultados me tienen muy satisfecha. Soy feliz fotografiando, no hago daño a nadie y apoyo de manera absoluta a mis compañeros, por lo que no entiendo por qué muchos han decidido ocupar parte de su tiempo libre en intentar destruirme. Ya se lo digo de antemano: no pueden. No pueden al menos en el terreno fotográfico, porque en pocas facetas de mi vida soy tan fuerte como en la fotografía, ¿que me va mal? Lo vuelco todo en una foto y saldrá Esta angustia de cielo ¿Que soy muy feliz? Saldrán fotos tan espectaculares como Flor de viento. Fotografiar para mí es una experiencia catártica. Es, junto al amor, lo más bello. Asumid que voy a seguir adelante con la fotografía, independientemente de lo que vomitéis en la puerta de mi casa.

Por último, voy a dejar de posar. Voy a dejar de posar debido a que he tenido experiencias terribles con fotógrafos: trabajar gratis y que no me pasen las fotos, que me traten como a una puta, que intenten rebajarme como mujer y como fotógrafa o prepararles así by the face las sesiones para que ellos sólo tengan que apretar el botón. Lo del posado lo voy a desarrollar en un largo post, porque le he dedicado una foto a este asunto. Una foto, en la ejecución, humillante y dolorosa.

Dadas las explicaciones pertinentes de mi pequeño paréntesis en el terreno artístico, os explico un poquito la sesión de las gallinas. Aquel día cargaba las cámaras bien apretadas al pecho, con la esperanza de no perder el corazón por el camino. Seguro que muchos lo entendéis: esa adrenalina que te invade en los momentos previos a una foto, o lo que es lo mismo, el abismo. Es lo más parecido a tirarse de cabeza o el placer de estrellarse con otra realidad, que resulta ser prácticamente tu hija.

Ya no andaba bien, claro que no andaba bien. Hacía dos meses que muchos aspectos de mi vida se habían torcido. Y como si yo no contara nada, mi cara decide también hablar por mí mientras va conmigo a todas partes.

Making II

No es que esté en contra del retoque de modelos, es que yo entiendo la fotografía y la belleza de otra manera. O al menos mi propia imagen, indepedientemente de lo que hayan hecho con ella otros fotógrafos.

Mientras íbamos en el coche a Ávila, visualicé una imagen con gallinas y aquello era realmente perturbador, ¿quién me iba a dejar trabajar con sus gallinas? ¿Dónde podía encontrarlas? La foto no era en un inicio nada convencional, aunque los resultados finalmente desembocaron en una escena costumbrista, quizá algo anómalo en mí. Lo malo de imaginar una foto difícil de hacer es que acabas de realizar mentalmente una foto y no sabes si podrás llevarla a cabo. Esta situación genera una especie de ansiedad que roza la neurosis. Eso y que todo te la resbale bastante a la hora de llevar a cabo tu imagen. La vergüenza. Pierdes sobre todo la vergüenza, así que cuando Leandra nos dijo que venía de la casa de la señora que vendía huevos, le formulé LA PREGUNTA: ¿Y tú crees que esa señora me dejaría hacer fotos en su corral?”. Guille se llevaba las manos a la cabeza. Siempre se lleva las manos a la cabeza con la mitad de las fotos que le propongo, pero siempre acaba ayudándome. Leandra y su marido Gonzalo me miraron raro… “Pero, claro, sí, podemos intentarlo, mañana vamos a preguntarles, una hora que no sea la de comer, una hora en la que no hayan ido al pueblo, a misa”.

El domingo a las 11:30 estaban allí, por lo que cogí todo el equipo y con arranque me dirigí a la casa de Jesusa, “¡¡En seguida os traigo los huevos!!”… “Eeeeh, ¡No! ¡Pero, oiga!, es que hemos venido para algo más, ¿puede abrirnos la puerta, por favor?”. Le expusimos que queríamos hacer una foto, “¿Una foto? ¡Claro! Ya han fotografiado más de una vez a mis gallinas, mirad estas enanas, y ese gallo de allí”.

Gallo

Gallina

Las gallinas tenían currículum, pero a pesar de ello, seguían siendo gallinas. Nada más entrar en el corral volaron espantadas hacia un rincón. Aquella sesión iba a ser difícil. Por otro lado, la pose inicial era yo misma descalza con la boca rebosante de maíz. Creo que ni Leandra ni Jesusa habían visto en la vida tamaño bizarrismo, pero tenía que aprovechar esa poca vergüenza que me quedaba para sacar adelante la foto.

Making III

Making IV

Making VI

“Guille, no hables, no te muevas”. Nuestra táctica fue la siguiente: las gallinas estaban muy asustadas. Es algo que hay que asumir si trabajas con pájaros, que huyen del ser humano en cero coma. Pero es normal y hacen bien. Lo que hicimos fue quedarnos muy quietos y no hablar. Teníamos gallinas delante, detrás y en el centro. Las que estaban entre nosotros dos eran las más atrevidas. Así pues, disparando numerosas tomas, conseguí una imagen que no me esperaba, superponiendo fotos, es decir, que todas las gallinas que veis en la foto principal o estaban ahí o pasaron por ahí en algún momento. Hay algunos que me han dicho que debería haber lanzado un flash de relleno, ¿pero estamos locos? Para empezar, es mi foto y en mi foto hago lo que me dé la gana. Lo que sea, en vuestras fotos, las mías las dejáis en paz. Para continuar, estoy trabajando con unos animales muy sensibles, estaban muy alteradas y, probablemente, estuvieran pensando que las estábamos rodeando, ¿deslumbrarlas con flash? Muy inteligente. Por último, los fotógrafos suelen olvidarse de la principal fuente de luz que tenemos: el sol. Con un sol de medio día, radiante, es absurdo utilizar flashes, iba sobrada de luz. Con la luz natural del sol y unos cuantos reflectores no hacen falta, el resultado sería muy artificial… a no ser que sea exactamente lo que buscáis.

Making V Indicaciones a camara

Dicho lo dicho, me encanta trabajar con animales. Es muy difícil, pero si eres de esas personas que consideran que su especie no es el ombligo del planeta, fotografiar con animales puede ser una experiencia muy satisfactoria, además de divertida. Hace dos años que soy vegetariana, con mucho esfuerzo. Después de toda una vida incluyendo en mi vida la carne, apartarla de mi dieta ha sido duro. Pero de mi dieta, de mi ropa, mis zapatos, complementos o bisutería. Utilizamos de manera innecesaria a los animales para muchas cosas que pueden ser sustituidas por otras. Soy más feliz desde que soy vegetariana, puedo vivir con salud de hierro sin que peligre mi subsistencia y con todas las necesidades cubiertas. Y el primero que me venga con lo de la lechuga lo mismo se lleva una hostia, entre otras cosas porque lo que yo coma o deje de comer le debe de importar una mierda. Yo no sería capaz de comerme a ninguno de los modelos de mis fotos, a los que respeto muchísimo. Considero que tienen tanto derecho a disfrutar de sus vidas tanto como nosotros la nuestra. Y no soy tan dura con el tema de los animales que llevan vidas plenas en libertad y completamente atendidos, como la vida que llevan en los mataderos o naves ganaderas o avícolas, donde se comenten atrocidades que a mí, personalmente, me destrozan. Es un tema que me supera. No sé si habéis visto el documental de Earthlings, pero si sois capaces de llegar hasta el final (yo no pude), os hará reflexionar sobre el tema. Os lo dejo aquí.

Durante la sesión pisé una plasta bien gorda de gallina: blandurria, maloliente y asquerosa. Pero muy digna y con disimulo, me puse el calcetín, cumplí bebiéndome unas cervezas en la casa de Gonzalo y Leandra y me fui con calma a la casa a frotarme bajo el agua la piel como si no hubiera un mañana. “Ya que estamos aquí, tenemos que tirar como sea p’alante”, repite resignadamente mi madre. Supongo que gran parte de la vida consiste en eso, en pisar sin querer mierda tras y mierda y llevarlo con más o menos dignidad, con la esperanza de que siempre llegue la oportunidad de darte una buena ducha de agua caliente.

Making VII