Sueños rojos

Sueños rojos

“Quiero ir allí” Y señalas con el dedo el horizonte. Y luego llegar allí no es tan fácil como parece. ¿Nunca os ha pasado? El monte Gurugú es grande. Es de lo primero que se ve al entrar a Alcalá de Henares si vas desde Madrid, como un señuelo natural de bienvenida. He vivido un año en Alcalá y he estado yendo a su universidad durante 5 años, pero jamás había pisado aquel lugar. Por ello me maldigo mil veces, porque es uno de los rincones más lindos que tiene la zona, los montes y sus cerros. Sí, Alcalá es relinda, pero a mí lo bello del lugar se me quedaba pequeño y una localidad donde uno de los partidos más votados es España 2000 no es de fiar. Así que cogí y me piré a la zona de Santa Eugenia-Vallecas-Vicálvaro, que son más rojos.

No. Es broma. Me fui de Alcalá porque deseaba estar más cerca de Madrid y ahora que vivo en pleno km 0, en ese lugar infernal que es la Puerta del Sol, puedo decir que estoy en uno de los núcleos más fachas de este planeta tierra.

Llegar al Gurugú no fue fácil, casi tiro la toalla de las vueltas que tuvimos que dar con el coche. O más bien debería decir que tiro la pota, porque es muy fácil que yo me maree en cualquier tipo de transporte, incluido el metro. Tenía pensado realizar la sesión en la cima, pero resulta que las faldas se ajustan más al tipo de paisaje que suele inspirar mis fotos, campos de trigales segados y horizontes limpios. Creo que es un lugar muy atractivo para los que os guste practicar la fotografía en exteriores, de hecho, fotógrafos como José Javier Martínez Palacín o Nuria M. Alonso ya lo han hecho. Hace nada mi compañera Emi Picazo me dijo que una de sus fotos más importantes está realizada allí. Os pongo aquí tres fotos suyas, en el orden que he mencionado a sus autores:

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Quedé con María para tomar algo antes de la sesión y, tal y como me dijo, me esperaba con su bufanda de rayas blancas y negras. Por cierto, yo no digo ná, pero era una bufanda que hacía conjunto con la camiseta que llevaba puesta… ¡y sus braguitas! Y yo que me presento a las sesiones con un sujetador negro, unas bragas naranjas y unos calcetines verdes…

¿Cómo di con esta modelo? “Llámame kuiya, me dijo. Me llaman así desde pequeña y ya se ha quedado así”. Kuiya se presentó para mi proyecto de belleza anómala. Su caso me resultó muy interesante, ya que me dijo que tenía un pecho de un tamaño diferente al otro. Me hizo mucho reflexionar la valentía de querer presentarse a una sesión de fotos donde este defecto físico quedaría visiblemente explícito, pero este es un tema al que le voy a dedicar otro post más adelante. Ese mismo día hice dos fotos, esta en la que está metidita en la maleta y otra más, que voy a conservar inédita hasta el día de la publicación en la revista Stravagance Magazine.

Resultaba sorprendente ver lo bien que se amoldaba a mi mundo y fue cuando me di cuenta de que para ser modelo, lo más importante de todo es la actitud y la capacidad de interpretación. Ella consiguió desprenderse de sí misma para para asumir dos de mis personajes y aquello era un regalo. Ser modelo no es sólo tener un físico interesante, implica también una teatralidad y para mí es posiblemente una de las cualidades más importantes. Ya me comentó María por teléfono que había hecho teatro y resultó ser un dato muy positivo, porque la cámara intimida mucho. A veces veo lo muy asumido que tenemos que la fotografía sólo saca a gente guapa. O que sólo debe de sacar nuestra faceta más favorable. Nos sentimos tremendamente inseguros ante una cámara, por si nos saca con un gesto que nos afea o en plena mueca. Yo hace tiempo que superé esos miedos, porque muy pocas cosas me han hecho tomar conciencia de mí misma como el fotografiarme y el ser fotografiada. Pero no sólo se trata de ser más consciente de uno mismo, es quererse un poco más desde todos los gestos y ángulos. Asumirnos.

Nunca pongo maquillaje en mis fotos, pero siempre, siempre y siempre pinto los labios de rojo. Es una manía. Quizá porque mi percepción de la realidad cambia bastante cuando me subo a unos tacones y llevo carmín en los labios. Por cierto, quiero dejar muy clara una cosa: mis modelos son tal y como las veis, 100% naturales, sin retoque ni nada. Nunca quito líneas de expresión, a lo sumo elimino ojeras o granitos. Nunca adelgazo ni aumento nada, rara vez utilizo la herramienta de licuar para fines estéticos en mis modelos. A mí me gustan las personas tal y como son y, en el caso de mis modelos, me gusta su capacidad para adaptarse al universo de una foto, porque será eso lo que aporte belleza a una imagen y, por lo tanto, a sí mismas. Si queremos sacar a una persona bonita o disimular alguna que otra imperfección, yo siempre recomiendo analizar su lado más bonito, las poses que le sientan mejor y, en el caso de manchas o arrugar: señores, la luz puede hacer milagros. Como fotógrafos, vuestra misión es sacarle el máximo partido.

Making II Maquillando a María

Making III Maquillando a María

Making IV Explicando la foto

Por cierto, ¿habéis visto qué luz tan bonita y dorada había? Es lo que tiene trabajar con luz de ocaso. Posee la ventaja de que podéis conseguir lens flayer o rayos de luz cada vez que queráis, que embellece mucho la imagen, resalta los colores o contrasta las líneas ¿Desventajas? Pues que tenéis que tener las ideas muy claras y fotografiar muy rápido antes de que se vaya la luz. También que la luz está cambiando constantemente, casi por segundos, y por lo tando tenéis que estar modificando todo el rato los parámetros de la cámara para que la luz salga más o menos igual en toda la sesión. Os pongo unas fotos al final donde podéis ver que no es algo fácil, que al final salen algunas fotos con un tono de luz difente. Eso le quita quizá homogeneidad a la sesión… ¡pero no belleza!

Edité las fotos de María en varios lugares, desde diferentes locales y cafés. Lo cierto es que trabajar desde un lugar que no es tu casa es complejo. Recuerdo que en la actualidad vivo en la Puerta del Sol y no tenemos internet. Es un rollo, porque yo curro desde hace años desde casa, sobre todo el postprocesado de de las fotos. Pero amplío el asunto un poco más: me gusta trabajar al lado de Guille y de mis perras y, si es posible, vigilando un puchero. Hace nada he encontrado en Antón Martín, en la calle Santa Isabel, una librería-café que se llama La fugitiva. Me dejan entrar con Menta, me sirven infusiones, tengo internet y estoy rodeada de libros. A mí ya me tienen comprada.

Mi super equipo me acompañó el día de la sesión con María. Las perritas corrían como locas, se perdían en el horizonte y luego volvían. Milka se llenó de pinchitos y luego no sabéis lo que es eso a la hora de quitárselos, lo pasa muy mal, como tiene el pelo larguito se le engancha todo. Ahora mismo está con mi madre en Sevilla y, según dicen las malas lenguas (pero que muy muy malas), no me echa nada menos. Este domingo viajo a Sevilla y achucharé a mi chucha… que por cierto hizo muy buenas migas con la modelo.

Making XII María y Milka

Making XIX Guille recogiendo bombillas

Making XIII Guille recogiendo bombillas

¿Dónde conseguimos esa maleta? Pues me la prestó La Íntegra, un espacio que se dedica principalmente al teatro, pero donde yo organicé dos de mis talleres. Me puse en contacto con Tamara y Begoña, que muy amablemente me cedieron esa maleta antigua. Nos vino de maravilla. El día anterior a la sesión me fui andandito con esa maleta -los dioses bendigan las maletas con rueditas- y montón de bombillas fundidas desde Plaza España a Sol. Si la poli me llega a registrar se habría pensado que estoy zumbada. Por cierto, ¡sí! Las bombillas que veis son las que sobraron de la foto de Lorena, las que colgamos en el árbol. Después de esta sesión, todavía quedan unas pocas… ¡y prometo seguir dándoles uso!

Guille hizo esta foto que me pareció relinda. Bueno, de hecho, él hizo todas las de making, ¿a que ya fotografía bastante bien mi moreno? No sólo es un ayudante de cámara fenómeno, sino que cada vez la fotografía la trata con mayor delicadeza… con mayor delicadeza que sus dedos, sí. Esto de Guille y sus pellejitos es muy sospechoso, porque tiene la punta de los dedos destrozada, pero rara vez le pillo autodestruyéndose. Le pasa como a mi tío, el ya fallecido pintor cubano Jorge Camacho, que se comía las uñas hasta el punto de que al final apenas tenía. Pero nadie, ni mi tía, le vio comérselas nunca.

Making I Guille reflejado en la bombilla

Making XI Explicando la foto

Creo que cada vez voy adquiriendo mayor destreza a la hora de dirigir las modelos, cada vez me siento más a gusto trabajando con personas que no son yo misma o de mi ámbito más cercano. No obstante, siempre me voy a sentir más a gusto posando yo sola, no me entiendo mejor con nadie que conmigo misma… y a veces ni eso.

Por último os dejo unas cuantas fotos de retrato de esta mujer bella, que nunca ha posado para nadie. Desde aquí le doy las gracias por participar en esto, por ser tan buena y ponerme las cosas tan fáciles. Le hice muchas fotos, pero ya sabéis que soy terríblemente selectiva. De hecho, antes lo era más, sólo publicaba una foto de la sesión y punto. Quizá es uno de los fines de este blog, mostrar un poco más todo el curro que hay detrás de una sesión, toda la experiencia, que por norma general siempre es muy bonita, que hay detrás de una de mis fotos principales.

Making XX María Retrato

Making XVI Retrato

Making V María tumbada

Making VI María tumbada

Making IX María

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One thought on “Sueños rojos

  1. Muy buenas, tienes que venir a la zona donde estoy yo, a treinta pocos kilometros del centro de Madrid, con unas vistas expectaculares y los atardeceres mas increibles. El sitio es bueno porque se ve la sierra de Madrid, el cielo esta libre de casi todo y la luz se comporta de una manera maravillosa. Creo que te vendria bien este platoo. Un saludo

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