Perenne

Perenne (pequeña)

Aquel 30 de octubre íbamos a ir de excursión a la Sierra de Grazalema. Se presentaban grandes fotos, increíbles paisajes, aire puro, jornada divertida con la familia y amigos, pero lo cierto es que yo estaba demolida. Tenía un cansancio en el cuerpo abrumador. Fueron los días en los que estaba editando como los locos las fotos con Diana Galayo para presentarlas al concurso de Caminos de Hierro. No es que tenga muchas esperanzas, pero como en algún concurso que otro ha sonado la campana y no cuesta absolutamente nada presentarse, pues a ellos que me lanzo. Si miráis las fotos ganadoras de otros años de este concurso de Renfe, veréis que son bastante flexibles con la fotografía contemporánea. O al menos las fotos que ganan no me parecen las típicas y clásicas que suelen ganar siempre.

Me fui unos cuatro días a Sevilla a descansar, pero sólo encontré mucho tiempo para seguir trabajando, para estar un tiempo con los míos y para dormir y comer bien. Me pasaba las horas en mi cuarto editando, bajo los lamentos de mi abuela de que no me presentaba en el salón ni para estar con ellas un ratito. El 22 de diciembre vuelvo a viajar a Sevilla para quedarme hasta Reyes y ya son 15 días para repartir entre fotos, ediciones, textos, mimos y cebamiento. Cebamiento típico navideño y el que viene a ser por costumbre en casa de mi madre y mi abuela… y bueno, últimamente también en casa de mi padre. Comer hasta reventar, comer hasta no poder más, comer más allá del estar muy saciado. Y aún así mi abuela se quejará a mi madre de que mira-lo-poco-que-ha-comido-la-niña-¿tú-te-puedes-creer?-está-en-los-huesos.

Ains, les echo de menos.

Después de una de esas suculentas comilonas de las que hablo, Emma y yo decidimos irnos a echar una siestuqui, así que con los estómagos llenos y más que motivos para meternos en la cama, nos arremolinamos bajo el nórdico y nos quedamos dormidas como gaticos… pero no pasó ni una hora hasta que mi padre nos despertó diciéndonos que eran las cuatro y media -normalmente media hora más de la hora que es- alegando que nos teníamos que ir al pinar de Aznalcázar, a ver si encontrábamos robellons, que se nos estaba yendo la luz.

He aquí al culpable de que os pueda enseñar esta foto, porque nosotras, en aquellos instantes, dábamos nuestro reino por una siesta de tres horas.

Papá

Ya una vez en el pinar, mientras buscábamos y recogíamos los primeros níscalos de la temporada, Emma y yo nos pusimos a buscar el paraje y el material necesario para hacer una foto sencilla. Nos planteamos si realmente teníamos que hacer una foto, porque no nos encontrábamos muy bien. Al final llegamos a la conclusión de que nos vemos de Pascuas a Ramos, había que aprovechar esa oportunidad. Era un sentimiento mutuo. Desde aquí le agradezco el esfuerzo, porque ella estaba fatigada, con fiebre, dolor de cabeza, el brazo escayolado, resfriada y con herpes. Creo que debido a esto, a que la tenía sin jersey, con unos cuantos troncos apoyados en el torso y a mi enorme cansancio, las fotos salieron casi todas desenfocadas. Cuando las pasé al ordenador me subía por las paredes, ¡cuántas fotos bonitas para la basura! Menos mal que la que realmente me interesaba estaba bien enfocada. Yo creo que fue un toque del destino: “Te dejo la foto que querías, pero la próxima vez mira la pantallita con el zoom cada vez que dispares, mira en el momento que todo va bien: la luz, el enfoque… así no se hacen las cosas, Leila”. Aprendida la lección. Tenía unas fotos superdivertidas en un tronco con Emma y Carlota -su mamá- y no ha salido ni una. Pienso volver estas fiestas a repetir lo que no salió, palabra.

* En esta foto se puede ver un trabajo mal hecho: los pinos del fondo están más enfocados que la modelo, se me fue el enfoque a la luz, pero estas cosas, a estas alturas, ya debería controlarlas. Entono con rubor el mea culpa.

Emma making

No obstante, me di cuenta de que tenía problemas de enfoque con la cámara cuando quise hacer una macro de esta flor de romero. No sé si soy yo o es que mi Pentax kx me está empezando a fallar. Ya estaba un poco mosqueada de aquí a unos meses atrás con la resolución de la cámara, quizá porque el objetivo que tengo está deteriorado. Veremos si estas navidades consigo algo de dinerillo y el año que viene tengo herramienta nueva de trabajo. Es complicado ahorrar en mi situación económica, pero de momento me las apaño bastante bien con mi Pentax, sólo hay que estar pendiente y fotografiar en modo manual todos los parámetros.

Flor de romero

Es la primera vez que hablo de Emma en mi blog, pero probablemente es mi modelo más conocida y, llevándolo a un terreno más personal, mi modelo fetiche. Llevo fotografiándola de manera seria desde que tenía 7 años y con ella, su personalidad, su carácter y su rostro, mi fotografía se ha ido adaptando y evolucionando. Parece mentira, pero esta señorita que veis en la foto la he visto con trozos de placenta por todo el cuerpo y cabello. También le he cambiado numerosas veces los pañales, dormido con canciones y alimentado entre miles de bromas y teatros. Pues bien, esta misma señorita va a cumplir en cinco días 15 años. Ya no es mi pollito de plumas suaves y amarillas, es mi adolescente-pavo cada vez más bella.

Para ir cerrando esto, quiero dedicar un breve apartado lo más educadamente posible a los señores que agregan a mi hermana al Facebook. Veamos, ¿cómo explicarlo? Emma va a cumplir en breve los 15 años, pero lleváis haciendo esto desde que tenía 13. Y yo me pregunto para qué un hombre le pide una solicitud de amistad a una menor que no conoce de nada. No quiero escribir lo que estoy pensando, porque seguramente es lo que pensáis muchos de los que me están leyendo. Me siento responsable, porque no han llegado a ella de otra manera que no sea vía mis fotos. Creedme si os digo que esto me genera muchos dilemas y otras tantas arcadas. Emma sabe perfectamente que no debe de aceptar a nadie en las redes sociales que no conozca y, cada vez que se trata de un “amigo en común” me lo dice. Creo que está lo suficientemente protegida, controlada y educada para que no suceda nada malo, pero ruego que tengáis un poco de vergüenza.

Si os gusta el trabajo que hace conmigo, podéis escribirle en los comentarios de mi blog o de las fotos donde ella aparece, los lee todos con cariño. Incluso si queréis escribirle por privado algunas palabras desde el respeto y la distancia, sois libres. Pero intentad no ir más allá, porque os puede faltar mundo para correr. Sólo eso.

También quiero añadir que, las fotos de Emma, a no ser que sean amigos muy cercanos y de confianza o familiares, no están en venta.

En fin, dicho esto, que creo que era importante comentar, voy al making, que fue breve. El pinar lo estaban podando, así que con todo el esfuerzo del mundo, me puse a partir ramas para confeccionarle un vestido de pino, mientras ella estaba quietecita y aguantando el peso de las ramas -que no es cualquier cosa-. De fondo teníamos a nuestro señor padre gritando NIÑAAAAAAAAS y nosotras constantemente respondiendo QUE ESTAMOS HACIENDO UNA FOTOOOOOOOO. Pero claro, al final se quedó él gritando sólo por el bosque, hasta que se cansó, nosotras acabamos y le dimos alcance.

Emma making II

Pinar

La mamá estuvo presente todo el tiempo. Adoro salir de excursión con ellos, porque es algo realmente inspirador. La naturaleza, la familia, la luz, mi imaginación y mi cámara. Esto me lleva a unas palabras de San Francisco de Asís. No soy religiosa en modo alguno, pero este Santo me cae en gracia por varios motivos. Hay una frase suya con la que me siento muy identificada desde que estoy viviendo con lo justo en otra buhardilla a causa de las obras en la mía: “Necesito pocas cosas y las pocas que necesito, las necesito poco”. Dadme una cámara, un libro, desconexión temporal del mundo -a ser posible en la naturaleza- y seres queridos. Para mí ahí está la definición de la felicidad.

Cierro esta entrada con los rayos de ocaso que nos despidieron aquel día, rojizos y perennes, tan llenos de vida como las fotos en las que aparece mi pequeña hermana, cada vez menos pequeña. Va pasando diferentes etapas, pero en todas hay frescura, en todas hay belleza, inteligencia, curiosidad y mucha chispa. Y qué menos. Para mis fotos, sólo pido luz. Miles de gracias por ser mi pedernal, por esa cálida hoguera de imágenes a las puertas del invierno.

Pinos

 

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One thought on “Perenne

  1. Dejando de lado la belleza de la foto escogida (que es una maravilla…) me ha gustado mucho la última en la que aparece Emma (: Qué bonita es (ella y la foto! jaja). Me ha llamado mucho la atención la hilera de piñas en el suelo (: La última foto, la de los rayitos de sol, también me ha gustado mucho. Un besito a las dos, bonitas. Y la siesta que os quedó pendiente… por navidad :p

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