El beso

Tu rostro está detrás de cada rostro./ Tu boca es cada boca que me besa.

Francisco José Martínez Morán.

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No sabéis hasta qué punto soy un colmo de inseguridades cuando trabajo con una modelo que no soy yo. Por eso el día anterior a esta sesión me costó tanto concentrarme en el sueño. Creo que ha sido uno de mis grandes avances en el terreno fotográfico este año, intentar superar mis miedos y trabajar con personas cercanas a mi entorno. Primero empecé con mis hermanas o mi Guille y este año he conseguido realizar sesiones con Sara de Cobos, Zuriñe Goicoechea, Sara Galleguillos, Ruth Clown, Yeray Quirós, Lorena Mateo, Caroline Bouchet o Diana Galayo. Sí, Diana ha sido mi última víctima, esta preciosidad que veis aquí.

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Cuando le propuse una fotografía con tintes lésbicos y le di a “Enviar”, me dije, “¿Qué he hecho? ¿Pero qué tontería he hecho?”, pero cuál no fue mi sorpresa, cuando recibí su respuesta entusiasta con el proyecto. Desde aquí le doy las gracias a Diana, por ajustarse a mi mundo como un puzzle, por ser una modelo ideal en mi universo. En ella he encontrado más frenesí que condescendencia y eso para mí es increíble.

Fue la fotógrafa Mara Hernández la que me habló de este puente verde, que me parece lindísimo. El acceso no es fácil si vais con un gran equipo, pero yo tengo el privilegio de rodearme de unos cuantos incondicionales que durante la realización de las fotos me siguen hasta el fin del mundo. Así pues, cuando les señalé en el horizonte el puente, no lo dudaron ni un segundo: “Pues vamos para allá, por una foto cualquier cosa”. Nos desplazamos con nuestros bártulos y, charlando animadamente y caminando por las vías, llegamos al famoso Puente de Arganda.

Os voy a dar cuatro pinceladas sobre el enclave de esta foto, porque creo que con ello gana fuerza. Se trata de un cruce antiquísimo que se remonta al s.XV, por donde cruzaban mercancías procedentes de Valencia y Levante hacia la capital. Este paso de tránsito en barco se prolongó por el río Jarama hasta el s.XVIII y no fue hasta el año 1818 cuando se construyó un puente de madera en los meses de verano, cuando el caudal era más débil. La consiguiente contrucción y evolución de este puente tiene más de un siglo. Entre las anécdotas más interesantes está la evacuación por este paso de todas las obras del Museo del Prado, con motivo de la Guerra Civil en 1936. Todo esto está muy bien descrito en el documental de Alberto Porlán, “Las cajas españolas”. Más adelante fue un objetivo militar muy valorado por ambos bandos en la defensa de Madrid y, debido a la cercanía del frente y la posición estratégica del puente en el transcurso de la Batalla del Jarama, la estructura quedó muy dañada. Lo que estamos viendo en la foto y lo que se conserva hoy en día es la restauración realizada en la posguerra ¿Que si en la actualidad transitan trenes? Pues nada serio desde 1963, pero los domingos pasa El tren de Arganda, “el que pita más que anda”. Si alguno de vosotros es un forofo de los trenecitos, creo que esa máquina os puede interesar.

Podría perderme en referencias culturales con respecto a este puente, donde se han rodado numerosas películas, pero me quedo con la cita de Hemingway que aparece en su novela “Por quién doblan las campanas”, donde lo describe como Fino, de metal, elevado y con aspecto de telaraña.

¿Cómo realizamos esta foto? Es una imagen realmente sencilla. Quizá la única complejidad fue no clavarse ninguna astilla en los pies descalzos e interpretar con cariño ese beso mientras luchábamos contra el vértigo, pues a ambos lados de la viga de madera sólo había abismo. Tuve que poner a Diana allí sentada un rato para que se acostumbrara… entre otras cosas porque la foto iba a ser con los ojos cerrados, por lo que el esfuerzo de mantener el equilibrio iba a ser el doble.

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¿Qué fue lo que me motivó a realizar esta foto? Pues quizá luchar contra carteles como estos.

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Apoyar actos como estos otros:

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Y aplaudir rabiosamente por estos otros:

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El primer cartel lo subió mi amiga Merche al Facebook, y advirtió de que ya estaba calentando su caldero de bruja feminista para echar algún niño malo. Bueno, lo del niño malo me lo he inventado yo; personalmente yo echaría a cualquiera 😛 De todas maneras,  no puedo comentar este cartel fuera del tono jocoso, entre otras cosas porque exceptuando el tema de la brujería o los niños, el resto de los puntos me parecen muy razonables y fáciles de defender.

La segunda foto es genial, fueron dos chicas francesas, en Marsella, que pasaron frente a una manifestación homófoba y se les ocurrió nada más y nada menos que darse un beso delante de todas esas desgraciadas. Sus caras no tienen precio. Y es que no hace falta ser homosexual para promover la defensa de los derechos homosexuales… pero, ¡qué digo! Los derechos de CUALQUIER PERSONA. Es exactamente lo mismo que el machismo, no sólo los afectados por esta mentalidad deberían manifestar su rechazo y ni luchar contra el sexismo.

Seguidamente, la tercera y valiente foto de estos manifestantes rusos me hace pensar, ¿por qué tenemos que calificar un acto de cariño como un beso como algo valiente u oasado en estos contextos? Pues porque muchos Estados, más de los que a mí me gustaría, son homófobos. Y lo digo por decir, porque la sola existencia de un país homófobo ya es demasiado. Excuso decir lo que he tenido que ver en Francia tras promulgar la ley del matrimonio homosexual o la de gilipolleces múltiples que se están diciendo y haciendo (que es lo preocupante) en Rusia. Y así una larga lista de países que convierten un acto amoroso -creedme, el amor es lo mejor que hay en este mundo, lo mejor que tenemos- en un acto enfermo y criminal.

España no es que seamos unos angelitos, pero creo que la homosexualidad se va normalizando y, aunque todavía queda un poco por evolucionar, creo no somos de las peores sociedades en este aspecto… en otros (y muchos) sí.

Más arriba he sacado a relucir el término “persona”… entre otras cosas, porque a veces se nos olvida que por encima de nuestra edad, sexo o condición sexual, somos personas. Sólo se aman las personas, sólo se casan las personas y, salvo ciertas patologías/ parafilias, nos deseamos entre personas, independientemente de cuál sea nuestro sexo. No obstante, os confesaré cuándo fui de verdad consciente de que el rechazo a la homosexualidad era una de las manifestaciones más absurdas que en ocasiones profesa el ser humano. Está muy relacionado con qué me inspiró esta foto.

¿Os acordáis de la historia de Valerie en V de Vendetta? Creo que los que hayamos admirado este largometraje se nos habrá quedado en las retinas ese magnífico beso entre sábanas naranjas entre Valerie y Ruth. A mí su historia me emocionó en lo más profundo… de hecho, si tras ver este vídeo no os emocionáis, es que tenéis la empatía de una piedra. Porque lo que a mí realmente me unió a este personaje, lo que de verdad me llegó no fue su condición de lesbiana, sino su capacidad de amar, facultad que tiene no sólo todo homosexual, sino todo ser humano.

Aunque si de besos gais se trata, creo que en Brokeblack Mountain tenemos varios. En esta secuencia, si obviamos la enorme decepción de la mujer (yo me la llevaría, oiga, las cosas como son), creo que tenemos uno de los besos más apasionados y anhelantes de la historia del cine.

Por último, os dejo con un spot publicitario de Heinz que me encantó. Agradezco en lo más profundo que entre las miles de marcas que hay en el mundo, esta sea una de las pocas que reproduzca lo que podría ser una situación muy normal de vida familiar. De cualquier familia.

De esta manera, y después de estos humildes ejemplos, me sumo a todos aquellos que, siendo gais o no, se animan a defender esta causa con un simple y sencillo beso. Por otro lado, lo que me ha movido a recrear un beso lésbico en mi fotografía, no es sólo un afán de denuncia, sino un grito por la belleza. En la belleza que puede haber tras dos personas que son capaces de amar.

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Por cierto, fue mientras hacíamos esta foto cuando la Milkita se hizo daño. Creemos que pudo caerse por algún desnivel no muy alto. El caso es que la sesión se cerró cuando escuchamos un gritito de dolor y nos apareció esta petarda cojeando y con esa heridita que veis en el pecho. Las heridas se prolongaban por el interior hasta la ingle.

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No obstante, no pasó nada, sólo fue un susto. Cojeó hasta el día siguiente y las heridas se cicatrizaron con normalidad. Se ve que al andar le tiraba o algo y le molestaba.

Por último, aclarar los dos primeros versos que encabezan la fotografía principal. Pertencen a mi buen amigo Francisco José Martínez Morán y los saqué de su poemario, Variadas posiciones del amante. Desde el primer momento en el que se los oí recitar, me vino a la cabeza esta foto. No sé a quiénes, de todo el abanico de escritores que nos brinda el panorama literario actual, serán recordados, pero me atrevería a decir que este buen hombre es uno de los grandes, de las personas con más talento literario que conozco, además de ser una persona sensible y admirablemente culta. Yo siempre digo que el de los escritores es el gremio más egocéntrico que conozco y el de los fotógrafos el más ególatra. Pero siempre hay excepciones, y os puedo asegurar que es de las personas más humildes que conozco. Francisco es una persona buena, una persona buena que, con el poemario antes citado, ha conseguido que llegue a amar más todavía -si cabe- a mi Guille, corazón de mi corazón, pasión de mis pasiones.

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