Lorena, eléctrica

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Hace tiempo que tenía ganas de dedicarle una foto a la escritura de la luz, a las fuerzas motoras que son la base del oficio al que he decidido dedicarme aunque me muera de hambre. Quería realizar una foto a la mezcla de todos los colores, a ese rayo de luz blanca que moldea y da forma a mis pequeños universos, a esa sábana que recoge, como en un paño inmaculado, a mis hijos todavía berreantes. Aunque no lo parezca, esta es una imagen que trata la metafotografía… incluso en ella está inserta la historia de la luz en mis fotos. En un inicio, la fotografía de interiores, con iluminación con flexos, ¿quién no ha iluminado (o sigue iluminando) una foto con flexos o pequeñas lámparas? Son los primeros focos como un pilar de libros es nuestro primer trípode. Luego está la luz natural, a quien sirvo en la actualidad. Ni iluminación artificial ni reflectores, ni nada, sólo la luz que al día se le antoje proporcionarme. No obstante, lo reconozco, me pica la curiosidad por saber cómo cambiarían mis fotos con un pequeño reflector… o hablando de los orígenes, quizá debería empezar por una cartulina forrada de papel de aluminio.

Después de estar planeando esta foto durante un mes, cada vez que miraba el tiempo, anunciaba lluvia. Temiendo un poco por la modelo (que no por mí), me dije que esa foto se hacía lloviera o no, aunque tuviera que realizar la sesión paraguas en mano. Fotografiar bajo la lluvia es todavía un misterio para mí, pero me pica enormemente la curiosidad.

El sábado en Ávila nos despertó con lluvias alternantes, cielos cargados y un viento fortísimo. Por momentos llegué a pensar que si me animaba a colgar las bombillas en aquella encina muerta que tanto  me había seducido, chocarían entre sí y se romperían. Era muy perturbador, después de haber anunciado y prometido esta foto a tanta gente, después de habérmela prometido a mí misma, no podía volver a Madrid con las manos vacías. Y me puse a pensar frenéticamente en otra idea… muy chula, por cierto, pero afortunadamente, mi idea inicial no se fue a pique.

¿Cómo comencé a moverme con este proyecto? Primero necesitaba bombillas. Bombillas fundidas, para ser más exactos. Comprarlas era una puñetera locura, además de que las tradicionales, esas redonditas con forma de gota o campana, ya apenas se venden. No obstante, en el hipotético caso de que hubiera presupuesto ¿qué hacía yo con las 100 bombillas que quería conseguir? “Pídelas por el barrio”, sugirió Guille. Así fue comencé mi tour por Malasaña, pidiendo comercio por comercio bombillas fundidas:

– ¡Hola! Estoy recogiendo bombillas fundidas…

– ¿Bombillas fundidas?

– … sí… para un proyecto fotográfico, ¿no tendréis por casualidad alguna, ¿no?

Es curioso, pero Malasaña es como una pequeña comunidad porque, salvo excepciones, son vecinos realmente fraternarles, amables y sonrientes.Las respuestas eran las siguientes, según iba ampliando la periferia del barrio y me iba alejando de él.

a) ¡Pues creo que tengo dos que se fundieron el otro día! Voy a ver: y volvían triunfantes, tras rebuscar en la basura, con una o dos bombillas en la mano. ¡Pues muchas gracias! Y me iba tan contenta con mi trofeo.

b) “Pues no, de momento no se me ha fundido ninguna, pero si de aquí al jueves 26 se me funde alguna, nos acordamos de ti y te la guardamos. Pues muchas gracias igualmente 🙂

c) “¿Que quieres esa que está ahí?” Bueno, pásate mañana, que ya te la bajaremos. Y al día siguiente volvía a estar allí. Pero no la habían bajado. Estos locales, que en un inicio no quisieron quitar la bombilla, nunca las quitaron, aunque yo me pasara por allí todos los puñeteros días, en plan plasta. Ruego que se acuerden de mí cuando un día las desenrrosquen y las tiren a la basura, en ese cubo serán muy útiles.

d) “Uhm… ¿y para qué quieres tú las bombillas?” Y me miraban acusadoramente, como si fuera una contrabandista o algo por el estilo.

Casi todos los comercios aportaron entre una y seis bombillas, pero el premio se lo lleva la tienda de bombillas que hay en la calle Manuela Malasaña, que aportaron nada más y nada menos que 97 bombillas.

¿Quién es la modelo? Lorena Mateo López, nada más y nada menos que la hermana de Guille. Deben de llevar la belleza en los genes, porque yo les veo muy guapos a ambos. En la foto principal no se aprecia mucho, pero os adjunto una en la que se ve su rostro más de cerca.

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Lorena vive en la actualidad en Chile, como esas miles de estrellas que nuestro país, cual agujero negro atrofiado, ha ido escupiendo últimamente. Mientras escribo esto, la madre de Lorena me llama llorosa desde el aeropuerto, “Acabamos de dejar a la niña…”.

Los padres de Guille, en su casita de Ávila, le hicieron una fiesta de despedida. No sé si es que yo no soy de grandes multitudes, pero hubo un momento, en el que estaba sentada en un escalón, sola y taciturna, con mi vaso de sangría en una mano y mi delicioso bocadillo de pimientos y tortilla de patata en la otra, ¿Por qué estábamos haciendo esa fiesta? ¿Por qué se va Lorena? Lorena se va porque este país de mierda no le ofrece las oportunidades acordes a su valía y formación, porque este país está plagado hasta las entrañas de ladrones, de cínicos, de corruptos, de jetas, de timadores, de paletos, o lo que últimamente viene a ser lo mismo, de banqueros, políticos y grandes empresarios, oportunistas hijos del mal a los que dan ganas de acercarse y ciscarse en su puta madre. Como mínimo.

Lorena, mientras redacto ahora mismo estas palabras, me ha escrito triste que nos quiere, que nos echa de menos y que ya no puede escribir más, que le quedan 5 minutos de internet, que en una hora se sube al avión. Sube a ese maldito avión y nos deja a todos con los corazones tan apagados como las bombillas fundidas que conseguí para esta foto. Así pues, mientras comía en medio del tumulto, en medio de aquella enorme fiesta, entre tantísima gente, me preguntaba por qué narices estábamos de jarana y no salíamos a la calle en barricadas a tirar piedras a los escaparates, a quemar cajeros, contenedores y coches, a levantar adoquines, a pegar patadas en las puertas de las sedes políticas, vociferando su nombre, “¡LORENAAAAAA!” como perfecto grito de guerra.

Lorena. Hay tantas Lorenas…

Mientras pensaba todo esto, terminé de comer mi bocadillo, piqué ensaladilla rusa, tal vez boquerones en vinagre y no sin humor me disculpé ante los amigos de mi modelo: “Lo lamento, chicos, pero os la secuestro un rato antes de que me la emborrachéis, que me la llevo a afotar”.

Nos dirigimos hacia nuestra encina, ya engalanada de tintineantes bombillas. Nos habíamos tirado toda la mañana subidos a una escalera colgando las bombillas. Yo las colgaba en lugares estratégicos y un equipo alternante con Guille a la cabeza les ataba hilo y nylon en pequeños nuditos. Hablo de lugares estratégicos porque hacía un viento increíble. No hubo una racha fuerte en la que no pensara que iban a chocar entre sí y romperse. Las colgaba a diferentes alturas y así fue cómo a lo sumo se nos rompieron unas tres o cuatro bombillas.

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Eduardo, Miguel, Leticia y su chico, Franki o los propios hermanos Mateo López: mi equipo ampliado, la mayoría gente que no conozco y que se ofreció desinteresadamente a ayudar. Gracias, miles de gracias a todos, sin vosotros habríamos tardo quizá un par de horas más en montarlo todo. Pero sobre todo gracias a mi Guille. A veces hacemos tan buen equipo que pienso que deberíamos ponernos un nombre. Le preguntamos a Milka y a Menta que cuál veían más oportuno y nos sugirieron algunos como “Pelota”, “Caca” o “Premio”. No volveremos a preguntarles más.

El estilismo de esta foto me fascina y se lo debo a mi buena amiga y fotógrafa Merche Clover, que tiene un armario de vértigo. Creo que ya van tres sesiones en las que recurro a ella para el vestuario, tanto como fotógrafa como modelo. Lorena llevaba una falda con tiras de tul blanco, un vestidito blanco de imitación de corsé adquirido en Japón y un turbante tipo años 20. Merche ya ha usado la falda para algunas de sus sesiones y entre esas fotos se encuentra esta, que es una de sus imágenes más conocidas. A mí al menos me tiene enamorada.

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¿Y Maquillaje? No hizo ni falta, Lorena tiene un cutis increíble, juro no haberle retocado para nada, ni una mancha, ni granitos, ni ojeras. La tuvimos lista en 10 minutos.

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Bombillas, modelo, cámara, ¡ACCIÓN!

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Sí, ya sé que es una injusticia, yo bien abrigadita y ella en tirantes… pero Lorena vino a la sesión en manga corta. Ella dice que en Chile ha pasado mucho frío, pero yo apuesto por la sangría 😛

Esta foto casi se convierte en principal si no fuera porque la que he escogido como definitiva era la que estaba persiguiendo durante meses:

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Bonita y delicada, ¿verdad? Es que Lorena, para ser su primer posado, me atrevería a decir que tiene madera para esto.

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Como podéis ver, las perritas siempre vienen conmigo a fotografiar y esta sesión le daban un toque muy dulce. Fotografiar con animales es muy divertido, salen sesiones muy bonitas, pero no exentas de gritos tipo: “Mentaaaaa, ¡quita de ahíiii! O sales en la foto posando como una señorita o no sales, que no pega nada que salgas pastando como una cabra… ¿Menta? ¡Que salgas de ahíii! ¡Guille! ¡Quita a tu perra del plano!”. Nosotros es que decimos medio en broma medio en serio que Milka es mía y que Menta es de Guille. Razones las hay, todo el mundo dice que Milka se parece a mí y Menta a Guille… pero es que además Menta tiene una papitis aguda que no puede con ella… sospecho que es porque no la regaña y yo sí… vaya, que yo las educo y Guille sólo las utiliza para darles besos, así luego le quieren tantísimo.

A decir verdad, nos brindaron momentos graciosísimos, ojalá os pudiera poner todas las fotos sin aburriros. Hay más fotos de Milka, pero porque ella, al parecerse a su madre, el posado le gusta y se le da bien.

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De hecho, se siente tan cómoda en una sesión, que la pillamos en el tul sobadísima.

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Me encantan los animalicos y el tul, hacen un conjunto adorable. Ahora mismo estoy trabajando para mi próxima foto una falda de tul negro y la dejo en el sofá. Pues cada vez que me despisto, una de las dos se sube a dormir encima y no puedo regañarlas, las hace tan tiernas que muero de HAMOR.

Y esta foto me gusta mucho, me transmite tanta paz y ternura que la tengo ahora de fondo de pantalla.

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No sólo mis perritas estuvieron merodeando por la sesión, también su amiga Chula, el perro-hiena que tiene los ojos más extraños y hermosos que haya visto en un perro. Los tiene mitad azules, mitad color miel. Pero no uno miel y otro azul, tiene como los ojos partidos, cada iris mitad azul, mital color miel y marrón.

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¿Su dueña? Esta señorita de aquí, Carla:

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Le gustó muchísimo esta bombilla. Era quizá de las más bonitas, como si fuera una burbuja de cristal. Creo que al final se la llevó. Carla no es muy charlatana, pero fue una presencia constante durante la sesión. Creo que el escenario que teníamos montado llamaría la atención de cualquier niño, no sólo dispuesto a soñar, sino también dispuesto a vivir lo que más se le parezca a un sueño.

Centrándome en los detalles, no quiero dejar de enseñaros las múltiples caras de la encina muerta. Puede que ya no tuviera vida, pero a mí no se me ocurre mejor manera de hacerla renacer que prolongarla en una foto o adornarla con bombillas, darles un uso más allá de la condición de tronco muerto. Además, fijáos en las caras y bocas que le encontramos, ¿no son tan fascinantes como perturbadoras?

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La sesión fue muy bella, de hecho, la hice bajo uno de los sonidos que más me gustan: el de los truenos. Se acercaba una tormenta de la leche al fondo, justo a la izquierda de la foto. Y menos mal que decidí hacer la foto en el momento oportuno, durante el tiempo oportuno, porque a los minutos de terminar cayó una tromba de agua alucinante… como las que a mí me gustan. Aquí tenéis a una de las mayores admiradoras de la lluvia y las tormentas. Al acabar, el cielo seguía muy cargado, pero nos dejó este tenue arcoiris.

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Al acabar la tormenta, el cielo volvía a estar más o menos despejado, así que decidimos ir a quitar nuestras bombillas y hacer un Stop Motion… pero a las diez fotos, empezó a llover de nuevo. No pudimos hacer todas las fotos hasta el día siguiente, con un pequeño accidente incluido. Guille quitaba bombilla y yo disparaba una foto. Pues en una de estas, una de las patas de las escaleras se dobló y mi Guille se me fue al suelo, con unas cuantas bombillas incluidas. Se hizo algunos cortes y heridas, pero con un poco de amore y cuidados, pudimos seguir hasta al final. Cuando consigamos montar el Stop motion os lo enseñaré, será el primero y el más cutre, pero para ensayar no está mal ^^

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Realizar esta foto no ha sido fácil. Desde la “instalación” que ha supuesto, hasta el largo tiempo y esfuerzo invertido. Además el día anterior incluyó una llamada desesperada a mi Santa Madre (como si ella, a cientos de kilómetros de distancia, pudiera solucionar algo): pensé que no podría hacer esta foto, que no me dejaría el mal tiempo, que se romperían las bombillas, incluso temí que yo sola no tuviera tiempo de montarlo todo… pero los planetas y karma incluido se alinearon y aquí os puedo enseñar esta sesión, de final feliz.

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Gracias, Lorena, por unirte a esta otra aventura, por enriquecer un poco más mi universo, por ayudarme a parir esta foto de potentes pulmones, por dedicarme un poquito de tu tiempo cuando justo ese día estaba dedicado a ti. Te he tenido muy cerca, a golpe de obturador, te tengo cerca, en mi mundo, en mis fotos y, a pesar de todo, te lo pido muy seriamente: Vuelve, Lorena, siempre eléctrica. Tu luz ilumina muchas vidas.

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3 thoughts on “Lorena, eléctrica

  1. Pingback: La historia de una foto que los tenderos de Malasaña hicieron suya | Somos Malasaña

  2. (Aplauso!!!!) Precioso trabajo Leila y menudo curro!!! Todas las fotos son estupendas y singulares. Cada día me gustan más tus perritas, están para comérselas y un bravo especial para la foto que casi se convierte en la principal, transmite muchísimo. Besis artista!

  3. Mucho trabajo, sí, pero a la vez, qué gustazo !! Es que en realidad, se está disfrutando tanto de la puesta en escena, como del resultado final que es una maravilla. He leído y visto los pasos que habéis seguidos, y de verdad que es una gozada…si yo pudiera, me apuntaba como ayudante, como humilde ayudante en vuestras “aventuras” fotográficas. Es tan estimulante estar con gente tan creativa.
    Esto es importante porque te cuento que despues de llevar todo el atrezzo (vestido blanco, flores de papel, lapiz de labios rojo, etc…) y despues de persuadir a mi hija para hacer de Ofelia en un bonito riachuelo, afluente de la Dordogne….se anula la sesión porque el agua estaba muy fría, dice su padre, aichhhhh…..no era para tanto, era verano, pero ya me dió pena obligar a mi hija…jajaja, hubiera hecho el papel de Ofelia pero no tengo el físico, y quién iba a hacer la foto….
    Leila, sigue con esa imaginación….es génial !!! Besotes.

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