Muerte en la aristocracia

“Morir es lo más hermoso que podías hacer, lo más fuerte, lo más”

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Esta mujer era bella. Tenía dinero, fama, amantes, pero decidió acabar con su vida, ¿un suicidio por una depresión endógena? ¿Tal vez exógena? ¿Quizá saboreó una enorme desdicha? Este personaje no consiguió ver más allá y se lanzó a un canal. El suicidio ofrece la ventaja obvia de huir de las agotadoras responsabilidades cotidianas. Quizá ella no encontraba ningún sentido a su relación con los seres humanos, quizá juró que no olería jamás a vieja. También podría haber sido una Peter Pan en femenino, una Peter Pan ya algo madura, ¿Planificó su muerte o fue un arrebato?

Esta aristócrata suicida es para mí un misterio, de hecho, el drama del suicidio siempre lo ha sido. Tengo que reconocer que mi historial con respecto a esto deja un lugar a la duda o a la sospecha, pero prometo por lo más sagrado que esta vez no tiene nada que ver. Aunque sea yo la que posa, me siento muy distanciada de mi personaje. Mis estados de ánimo se pueden calibrar muchas veces através de mis fotos, pero esta vez no es el caso. Para esta sesión quise centrarme en un personaje femenino que aparentemente lo tiene todo, pero no es capaz de encontrar ni en bienes materiales o inmateriales la felicidad. Tampoco en sus virtudes.

Hace nada el escritor Antonio Muñoz Molina escribía lo siguiente sobre el suicidio: “Me gusta pensar en el suicidio no como un acto real en el que pudiera incurrir algún día, (a pesar de todo, por encima de todo, amo la vida) sino como un acto humano de elección trascendental; sublime. Es como tener una puerta disponible para salir de una fiesta inaguantable. Ya lo dijo una vez Albert Camus: que el problema filosófico más importante era si la vida merece la pena o no vivirla, y escribió el Mito de Sísifo para explicarse”.

Yo no sólo he pensando en suicidarme, lo he intentando varias veces. En la actualidad he salido de mi larga depresión y creo que vivo uno de los momentos más felices y satisfactorios de mi vida. No obstante, por haber vivido este tema tan turbio tan de cerca, los suicidas me interesan. También un hecho muy sencillo: creo que casi todos hemos pensando alguna vez en dejar de existir, en acostarnos una noche y desear no abrir los ojos al día siguiente. Nadie quiere suicidarse, sin ayuda es algo doloroso y angustioso. Las personas no quieren suicidarse, las personas quieren dejar de existir. Pero si nuestra existencia dependiera de un botón, tan pequeño y sutil como la tecla de un ordenador o de un móvil, muchos se lo pensarían muy seriamente. Y aquí es donde quiero llegar, ¿no es verdaderamente interesante que nosotros, programados para vivir, con miedo natural al dolor y a la muerte, de vez en cuando le marquemos un pequeño pulso a la vida? Aunque sólo sea pensándolo. Creo que a veces el suicidio es un acto de transcender a la vida, de no conformarnos con las leyes de la existencia. Y el ser humano, en cuanto a transgredir leyes naturales, es el Rey… tanto para construir y destruir, tanto para crear o eliminar.

Por mi experiencia personal, no juzgo a los suicidas. Los hay quizá quienes hayan acertado: posiblemente su vida hubiera sido un tormento hasta el final, mejor estar muertos. Y posiblemente los hay quienes se hayan matado no pudiendo vivir una vida maravillosa que le esperaba en un futuro.

La fotografía me ayuda a darle vueltas a este tema tan escabroso, tan tabú. La fotografía me ayuda a reflexionar y a comprender la primera causa de muerte no natural en el mundo, la fotografía me ayuda a explicarme por qué en algunas culturas es una salida honorable y en otras punible. Y a preguntarme por qué en algunas etapas de la historia ha sido un privilegio o algo bien visto, incluso un acto prohibido a los plebeyos o un derecho exclusivo de las capas más altas de la sociedad.

Fuera de todas estas reflexiones, a las cuales ninguna o pocas respuestas tengo, empezaré por presentaron tres fotos, que seguro que algunos ya conocéis, que creo que están hermanadas con mi aristócrata. Las primera foto es de Robert Wiles y las otras dos, de Lee Miller.

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Evelyn McHale, de 23 años, pensó que jamás sería una buena esposa para su marido. Y se lanzó desde lo alto de un edificio. Es considerada una de las suicidas más bellas de la historia de la fotografía. Poco se sabe sobre el soldado de las SS flotando en el agua, pero sí sobre su compañera de ideología, la hija del tesoreso nazi, que se quitó la vida en Leipzig junto a su familia cuando el régimen nazi hizo aguas.

Edgar Allan Poe, ¡nuestro loquísimo Poe! Alegaba que “no hay tema más apto para la poesía que la muerte de una mujer joven”. Suscita sentimientos encontrados descubrir que, entre tanta desgracia, también puede hacer acto de presencia la belleza.

Por último, esto me lleva a un cuadro mil veces interpretado, mil veces admirado: Ophelia muerta del pintor prerrafaelita John Everett Millais, ¡que por belleza necrofílica no falte!

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Puestos ya en calentamiento, creo que ya se puede hablar de lo que rondaba por mi cabeza cuando pensaba en esta última foto… que por cierto, estuvo apunto de ser principal esta otra:

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A algunos les gustará más la primera, a otros la segunda: no entro. Tengo la total seguridad de que la primera foto es la que más se ajusta la idea que tenía en la cabeza. Creo que no he hecho una foto que suscite tantos comentarios del tipo:

“Tenía una idea en mente parecida”.

“No estoy de acuerdo con el encuadre”.

“La luz no es la adecuada”.

“La pose del cadáver debería ser más forzada”.

“Veo algo rígido el cuerpo”.

“Yo lo que habría hecho es…”.

Pues hay cadáveres y cadáveres, pero el mío está tieso, lamento presentaros un cadáver de lo más común. Y para los que no lo quieran tieso, les dejo la segunda foto. Aprovecho este pequeño párrafo para advertir una cosa: si por algún momento pensáis que me equivoco con mis fotos, tenéis una opinión muy errónea. Nada en mis imágenes es fortuito, nada es casual, todo está increíblemente pensado, desde los encuadres, las poses, la luz, el paraje, el modelo, la idea, TODO. Señores, el arte no es democrático, ¿que no os gusta? Os invito a rehacer la foto, haré como que no me he dado cuenta de cuál es el motor que os lleva a hacerla. Pero hacedla. No me vengáis con “críticas constructivas”, porque vuelvo a repetir que nada en mi fotografía es ingenuo, no me estoy equivocando. Si después de días o meses pensando en la foto, disparo 100 instantáneas y me quedo con una, es porque en mi proceso selectivo/ creativo estoy muy segura de lo que hago. Ey, y tampoco penséis que no pido opinión, porque a veces se la pido a mis amigos más íntimos, que son increíblemente sinceros y a los que suelo hacer caso en la mayoría de las veces.

Aclarado este punto, empecemos con el making-of 🙂

“Guille, Ruth no va a venir, está mala, ¿qué hacemos? ¿Vamos o no vamos a La Pedriza?”, le pregunto apoyada en el coche, con una bajona de la leche. “Pues vamos, algo se nos ocurrirá”. Esta sesión en un principio iba a ser acuática, sumergida. Llevaba un mes con la foto en la cabeza, con Ruth (la modelo de la sesión nocturna) flotando en el agua con un hilo de sangre entre sus labios. Era el impacto, la caída, el instante en el que la muerte nos da la mano y perdemos 21 gramos. Pero Ruth no podía venir y todos mis planes, tan cuadriculados, tan milimétricos, se fueron al traste.

Para colmo, cuando llegamos a La Pedriza a las diez menos algo de la mañana, había una cola de coches para entrar que daba vértigo. Otra bajona, “Guille, ¿qué hacemos? ¿Vamos andando?”. Así fue como nos aventuramos a andar unos seis kilómetros de ida y seis de vuelta, yo con unas bambas Camper monísimas y él con unas botas de ciudad, cargando con el equipo y sin agua. A medio camino, por delante, esto:

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Y si mirabas hacia atrás, esto otro:

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Iba cansada, pero inspirada. Las perras estaban felices, radiantes, corriendo como cabras, subiendo y bajando dos veces las cuestas que nosotros ascendíamos jadeando… y de vez en cuando, encontraban un tesoro-piña. “Mientras os esperamos, flojos, yo me quedo mordisqueando esto”. O algo así nos querían decir.

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Tras hora y media andando para llegar a Canto Cochino, Guille dijo: “Leila, ¿lo que escucho no es el sonido del agua?”, ¡Y lo era! ¡Hurra! Y nos desviamos alegremente. Ya teníamos escenario de la foto, ya podíamos beber algo, ¡Agüita rica y fresquita!

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Pero vaya, quizá demasiado fresquita. “Guille, dispara desde este puente, el encuadre aquí, yo acá, que la foto respire por allá, que se vea tal…” Y empecé a vestirme con la camisa blanca, la falda de tubo, los pendientes y pulseras de perlas, los collares de brillantes y mis tacones. Los excursionistas lo flipaban… pero claro, no llegaron a fliparlo del todo hasta que no me vieron que me metía, con tacones incluidos, en el arroyo. Poquito a poco me iba metiendo en el agua, tomándome mi tiempo, pensando que necesito encarecidamente mi fotografía, que sólo serán unos minutos, que no tardaríamos nada.

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Pero la primera en alucinarlo por los cuatro costados, fui yo: QUÉ FRÍO. Todo lo que yo os pueda contar sobre la temperatura del agua está demás.

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De vez en cuando, hasta teníamos alguna intrusa en la foto y aprovechaba para sacar todo lo que podía mi cuerpo del agua. Al recostar la cabeza, casi me estallaba. Fue ahí cuando me ratifiqué en una teoría: que para mí muchas veces una foto está por encima de mi salud.  Y así me vino una hora de hipotermia, que no se me iba ni al sol, pegada a las rocas como un lagarto. Y eso que llevábamos toallas y mudas. Por cierto, el puente que hay detrás de mí es desde el que hicimos la sesión.

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Al final acabé en un chiringuito, tiritando y sorbiendo una menta-poleo. Mira que yo he hecho auténticas locuras, pero creo que no he pasado más frío en una sesión que en “Sirena varada”, “Minerales de sangre” y esta. Y peor: jamás me ha costado recuperarme tanto.

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¿Y lo peor de todo? Que todos los perretes que pasaban por ahí, iban tan felices por esas aguas gélidas: Milka, Menta… y esa amiguita lobuna que se llamaba kala y que se camufla en las piedras del arroyo. Estos seres están hechos de otra pasta.

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Pero también hicimos amiguetes, además de perrunos, humanos:

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Volvimos terríblemente cansados, pero muy satisfechos con la sesión. Menos mal que no vino la modelo. Sé que los maltrato un poco, pero cuando una sesión es tan dura prefiero hacerla yo. Ahora espero que se comprenda que la sesión no haya sido acuática. Si nos hubiéramos sumergido nos habría dado algo. No obstante, no he renunciado a la foto acuática, la tengo en mente. Una vez que hago una foto en mi cabeza, no paro hasta conseguirla, aunque tenga que esperar de nuevo un año.

Para finalizar, pido disculpas a mis padres. Les pido perdón porque sufren cada vez que trato este tema, cuando lo hablo o cuando lo trato en fotografía. Sólo quiero que se comprenda que no puedo ponerle límites a mi fotografía, ni a mi imaginación, me muero si reprimo alguna foto, me da mucha ansiedad. Cada vez que hago una fotografía medianamente oscura, siempre pienso en mis padres y me siento algo culpable. Entiendo que se sientan mal, pero no pienso poner fronteras a mis fotos. Junto a mis seres queridos (perras incluidas) es lo único que me importa en este mundo, se me dé peor o mejor.

En mis imágenes a veces interpreto las reglas de la vida. Dentro de nuestra existencia, están implícitos hechos como la pérdida y la renuncia, todos hemos vivido momentos en las que las cosas nos han ido realmente mal y unos lo han sabido superar con más fortaleza que otros. Respiramos sabiendo que personas cercanas y posiblemente muy amadas se van a ir, personas con las que sin su compañía no concebiríamos igual el mundo. A lo largo de nuestra vida pueden producirse desgracias irreparables y aún así, la mayoría firmamos por vivir hasta el final. Sin embargo hay un porcentaje, nada reducido, que coge el toro por los cuernos y comete un acto que marca un punto y final en su vida y un punto y aparte en las nuestras, en las vidas de los que les han querido.

No se trata de juzgar las decisiones ni los actos de nadie, sino de sumergirse en ese remolino de sentimientos que es el ser humano, en ese terremoto que nos sacude y que desafía las leyes de la propia vida, tanto para declinarla, como para trascenderla en vida… o en muerte.

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La planta insatisfecha de mi vida

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Esta primera foto es la que he escogido como principal, pero a mi Guille le gusta más la Cara B 😛 He hecho dos ediciones diferentes de cada una, porque si hago la misma me aburro ¿Y a vosotros? ¿Cuál os gusta más?

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Este es un gran ejemplo de fotografía improvisada. Muchos me preguntan por el proceso creativo de mi trabajo y la verdad es que hay de todo: desde fotos que las improviso en el momento, dependiendo de lo que me inspire el lugar, desde fotos que me las pienso en una semana, hasta fotos que tengo que macerar meses o un año.

La enorme complicación que tuvimos al hacer esta foto y que nunca me había pasado, es la celeridad con la que se nos iba la luz de ocaso, no sé si tendrá que ver con que estemos perdiendo más luz al día. Tenía que estar cambiando constantemente la velocidad y el número f, casi unos valores distintos por cada tres disparos durante viente minutos. Sí, veinte minutos, que mis sesiones suelen ser un visto y no visto. Que no os extrañe que sea tan rápida fotografiando, lo que pasa es que la foto ya la llevo hecha en la cabeza, llevarla a la práctica es cuestión de minutos si no tengo que confeccionar un escenario previo… o si no tengo gafe, que hay veces que me lío a disparar y a disparar y no sale lo que yo quiero.

Al final resulta (como nos pasa a muchos en fotografía), que después de disparar con diferentes parámetros en la cámara, las que más me gustaban eran las que estaban quemadas… y no tuve ningún problema en trabajarlas. Esto es como quien decide trabajar con ropa ya usada y con defectos para darles un nuevo uso. Pues eso es lo que yo he hecho, porque me da igual de rabia tirar fotos que comida a la basura.

La foto está realizada en el Parque del Oeste. Nos sentimos más cómodos allí porque puedes tener a las perritas sueltas sin que la poli te multe. Personalmente, el Retiro me gusta más, pero no nos dejan llevar a las perritas sueltas hasta el anochecer. El Parque del Oeste tiene una luz estupenda y unos rincones muy lindos para usar como escenarios en fotografía, lo recomiendo mucho. Lo único malo es que si durante el día vais a hacer un desnudo hay demasiada gente. No es que os vaya a pasar nada, pero durante la sesión un chico que estaba haciendo footing casi se estrella contra una farola de tanto mirar. También se acercaban los dueños de perros al ver que nosotros teníamos un par, pero en cuanto veían que había una sesión de fotos con una chica en top-less salían huyendo con sus canes… no sé si por decoro, por no molestar, vergüenza ajena o las tres cosas a la vez. Por otro lado, si sois modelos o fotógrafos tímidos, tampoco es recomendable.

Esta es mi chica salvaje, mi mujer de muñones. Se alimenta de silencio, incógnitas y miradas. Si la observáis un ratito, crecerá más deprisa, mientras más ojos la miren, más grande se hará.

Os enseño también un posado durante la sesión que me gusta mucho. Quizá simboliza la semana loca que he tenido de posados para arriba y para abajo, pero bueno, son un dinerito extra que me viene fenomenal, esto de trabajar por vocación no le hace rico a nadie… bueno, a muy pocos.

Os dejo el enlace a mi portfolio como modelo de Fotoplatino:

http://www.fotoplatino.com/fp25837

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¿Qué me ha inspirado esta foto? Woody Allen siempre decía que el secreto de la creación está en saber cómo ocultar tus fuentes, pero yo tengo muy asumido mi gran bagaje como consumidora de fotografías y soy consciente de que algunas obras me han influido enormemente a la hora de producir alguna de mis imágenes. En este caso, acuso a Laura Ballesteros (foto de la derecha) de la influencia en esta foto, aunque por ejemplo, la gran Brooke Shaden no pudo resistir el retorcerle el pescuezo a su personaje en “An imitation of form” (izquierda) o mi compañero Alain Perdomo, mientras yo maquinaba con “La planta insatisfecha de mi vida”, publicó la fotografía central, que me gusta mucho.

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La foto de Laura la tenemos en casa. Somos unos pequeños coleccionistas de arte y poco a poco vamos llenando nuestras paredes de pequeñas piezas que ya forman parte de nuestra vida e imaginario, generando nuevas vidas, nuevas vidas, nuevas imágenes.

Knockin’ on Heaven’s Door

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Los papás de Guille se han hecho una preciosa casita en Ávila, en concreto en un pueblo que se llama Velayos. Ya son dos las escapadas de fin de semana que hemos realizado allí y es una gozada. No porque sea muy fan de las dehesas abulenses, que también, sino porque ayuda a desconectar un par de días de todo lo que te preocupa… y ya de paso, de todos los que te generan preocupaciones.

No hay internet, uno de nuestros grandes vicios, y desconectar de las redes sociales es saludable para cualquiera. Dedicamos todo nuestro tiempo a leer, a escribir, a dibujar, a pasear y a hacer fotos. Además la temperatura es perfecta… y lo mejor de todo, ¡en invierno nieva! Y esto para un oso polar como yo es una fiesta ¿Os imagináis esas dehesas como mantas blancas de nieve hasta el infinito? En eso pensábamos Guille y yo cuando íbamos buscando el terreno idóneo para la foto. Esta fotografía es muy sencilla y con unas muy poquitas nociones de Photoshop la puede hacer cualquiera.

¿Qué necesitamos?

Enfocar bien y encuadrar al gusto del fotógrafo. Si tenemos a alguien a quien martirizar, mejor.

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Una cuerda bien gruesa, por si luego queremos que la foto respire bien, que se vea.

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Un salto (bueno, en el fondo fueron varios, hasta que rocemos el agotamiento personal de cada uno).

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Y ya tenemos el material necesario para hacer nuestra composición.

Creo que este post es un gran ejemplo de lo muy en grande que nos lo pasamos cuando salimos a disparar fotos. Esta es mi familia. Y mi familia es de lo más divertida. En este making-of me centro tanto en mis perritas y en Guille porque realmente, todo esto es lo que en ocasiones hay detrás de cada foto, una tarde risas y distensión que hacen que cuando tenga la foto principal por delante, me acuerde de todo esto. Las circunstancias en las que fotografío para mí son muy especiales y les doy mucha importancia.

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Por cierto, ahora comprenderéis que yo diga que Guille es un niño: “¡Oh! ¡El campo! ¡El cielo! ❤ ¡Aire libre! ¡Una cuerda! Voy a saltar a la comba con ella… ¡Oh!  ¿Pero qué veo? ¡Un perro! Vayamos a darle caza cual cowboy” Y no es coña.

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Las perritas corren como los locos y es una pasada verlas trotar después de tenerlas en el piso de 60 metros cuadrados en el que vivimos o de pasearlas atadas por el centro de Madrid o de soltarlas en la plaza. La sensación de libertad y euforia que tienen es contagiosa. Luego cuando volvemos a la capital me miran con una cara que viene a ser un “¿Por qué hemos vuelto? Menudo aburrimiento, vaya asco de vida”. Claro, que luego las llevas a Miguitas, la tienda de repostería canina que hay en San Vicente Ferrer (Malasaña) y con un trocito de bizcocho de yogurt e higadillo de pollo o unas galletitas de atún se les quitan todos los males.

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(Me hacen gracia estas dos últimas fotos, son rubias con el trigo, se camuflan).

Esta sesión está hecha nueve días antes de esterilizar a Menta. La tengo ahora triste, a mi lado, no entiende nada. Ella creía alegremente que salía a dar un paseo y cuando se dio cuenta estaba en casa con la tripita cosida. Me mira con ojitos de incomprensión. Además se le ha formado un seroma debajo de los puntos y estoy muy preocupada. Le estamos drenando la herida, dándole todos los mimitos del mundo. Las ganas que tengo de volver a verla corriendo como un Potro salvaje son infinitas. Digo “Potro salvaje” porque mi hermana Mónica la llama así. Y a Milka “Sabandija”  o “Croqueta” 😛

Este es Menta, Alias, “Potro salvaje”.

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Y esta es Milka, líder de la manada (sí, ella manda en casa), Alias, “Sabandija”.

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Sin mis perras no voy a ninguna parte. Como versa la canción de Lana del Rey, “Video Games”, “Heaven is a place on earth with you”, que viene a ser algo así como “Contigo el cielo tiene un lugar en la tierra” (yo traduzco para mi mami, que me lee <3) En resumidas cuentas, con mis perras y con mi Guille es muy difícil desear llamar a las puertas del cielo. Que de esas cosas se encargue la fotografía.

Los ojos en mi vida y la fotografía

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Me han pedido para un posado una fotógrafía de mi cara sin maquillaje y ya que estamos, me dediqué a darle un toque anómalo.

Días después me paré a pensar en por qué me dio por jugar justamente con ese ojo, por qué lo deformé, por qué lo he hecho más grande, por qué la fotografía del ojo deformado la hice a BN, por qué la del ojo grande, a color. El subconsciente no deja de sorprenderme, y es que mi padre es ciego de ese ojo y mi hermana Mónica, que ve muy poquito y está afiliada a la ONCE, no sólo tiene ese ojo ciego, sino que no se le ha desarrollado del todo. Mi hermana Emma tuvo que ser operaba de la vista (un cortecito en un músculo) porque el ojo se le metía hacia dentro. Esto es claramente un tema hereditario en el que de vez en cuando, muy de vez en cuando, pienso.

Tengo un par de fotos del año 2010 dedicadas a la vista de mi hermana Mónica, pero a ella no le gustan (a mí sí…):

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Yo tengo la suerte de ver muy bien por ese ojo, aunque de vez en cuando, sobre todo cuando tengo la vista cansada y no tengo las gafas puestas, es mi ojo estrábico. De pequeña llevé durante muchos años un parche en el ojo y en la actualidad ya está casi curado. La evolución ha sido muy positiva, por qué negarlo.

Mi vista jamás me ha acomplejado, pero os contaré una anécdota que me pasó cuando era adolescente y que fue la única y última vez que lloriqueé de puro rubor por este tema.

Estábamos en la clase de inglés ensayando para una pieza teatral, creo que era una obra de Hamlet. De repente, mientras yo hablaba, una de mis compañeras, a la que yo como personaje me estaba dirigiendo, me dijo: “Leila, ¿quieres hacer el favor de mirarme mientras me hablas?” Y yo, ofendida, le respondí que la estaba mirando. Pero ella insistía: “Pero a ver, QUE ME MIRES A MÍ”. Y se señalaba los ojos con el dedo. “Y no aquí”, y señalaba con el dedo el quinto pimiento. Yo hacía esfuerzos terribles por centrar mi vista en ella… o al menos mi vista estaba centrada en ella, pero mis ojos iban por otro lado. Toda la clase empezó a reirse y yo salí disparada por la puerta, lloriqueando, en dirección al cuarto de baño. Me eché agua en la cara, me froté los ojos, los mantuve cerrados un rato. No vino nadie. Al volver a clase, un compañero me preguntó que si ya me había arreglado los ojos.

Es una tontería de anécdota, pero de esas situaciones que te marcan a esas edades en las que estamos tan susceptibles por todo. Los adolescentes o los niños a veces son crueles, qué le iba a hacer yo. Peor lo pasaba mi hermana Mónica, sometida al bullying toda su vida. Recuerdo una monitora del autobús que la sentaba todos y cada uno de los días con un hijo del mal que le susurraba al oído, “Bizca, Bizca, Bizca, Bizca, BIZCA”.

Cuando somos niños todos somos más vulnerables, más inconscientes, pero ya de adulta, mi decisión ha sido reírme de mis propios defectos, tomármelos con humor, incluso de una manera artística. A veces los defectos físicos, los que no dependen de nosotros, tenemos que convertirlos en nuestro propio escudo, no en una lanza que puedan coger los demás para hacernos daño. Que las mujeres tengamos pelos en las piernas no es un defecto en sí, pero yo el otro día me planté en la plaza con mis perras con tacones de vértigo, minifalfa y sin depilar. A la mierda todo, quería ponerme esos tacones y me daba pereza pasarme la dolorosa depilady de las narices.

Por último, ya que estamos, quisiera decir que me puso contenta el hecho de que la ONCE ganara el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Las facilidades que proporciona esta organización son un auténtico privilegio, pocos países tienen una asistencia a los invidentes o a los discapacitados visuales como nuestro país. En fin, para algo que tenemos bueno, felicitémonos.

La próxima vez prometo no pegar el visor de la cámara tanto al ojo 😛

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Alevosía y nocturnidad.

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Baños de luna y muerte.

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Los amantes perdidos.

Modelos: Ruth Clow, Yeray Quirós, Guillermo Mateo y yo.

Iluminador: Eduardo Pico.http://www.flickr.com/photos/33epico/

Maquilladora: Diana Galayo.

Seguratas: Milka y Menta.

Fue tras mi primer ensayo para mi taller para estimular la imaginación fotográfica, cuando Eduardo me propuso realizar una sesión de fotografía nocturna, haciéndose él cargo de la iluminación. Yo siempre he sido muy curiosa, así que ante una propuesta de fotografía experimental, le dije que de tirona (expresión sevillana que viene a decir: “palante”). Así que ya veis qué suerte: yo maltrato a mis amigos como cobayas para un taller personal y a cambio recibo un iluminador. Aquello resultaba muy rentable.

Pero me quedaban los modelos.

Hace más de un mes le escribí a Ruth para pedirle un desnudo integral junto a un chico, también desnudo.

Lo miro ahora con perspectiva y me pregunto cómo pude tener tanta cara dura, cómo pude atraverme sabiendo de antemano que ella no realizaba desnudos. Pero el caso es que me dijo que si era con su chico, Yeray, sí que lo hacía. Yeray no es modelo profesional y Ruth no sé si es una modelo profesional, pero tenía constancia de que trabajaba con profesionalidad (que no es lo mismo) y para mí eso es primordial. En cuanto a Yeray, a veces me sorprende la capacidad interpretativa de las personas. Creo que por ser humanos, tenemos ese don natural, que a unos se les da mejor que a otros. En la vida no paramos de interpretar, la vida a veces es un posado: desde contar una mentira, hasta ser educado con alguien que nos cae mal.

Así pues, confié en esta pareja para realizar mi primera sesión de fotografía nocturna. Y creo que no me he equivoqué. A veces más que un físico, lo que tenemos que buscar en un modelo es alma. Y ellos derrochaban esa fuerza que yo necesitaba para mi universo.

Para los interesados en seguir a Ruth o proponerle una sesión de fotos interesante, os dejo su página de Facebook. Yo la estoy tanteando como modelo fetiche y nos espera una sesión acuática tremenda a finales de septiembre.

https://www.facebook.com/xCloWolf?fref=ts

Pero también quería sangre. Y así fue como conocí a Diana, a quien confié la parte más sucia y cruenta del proyecto: enguarrinar la piel y la ropa de los modelos y confeccionar sangre, mucha sangre 😛 Es una chica muy creativa, no sólo realizó la sangre con detergente y colorante para la comida, sino que es capaz de cocinar ¡macarrones azules!

El día anterior a la sesión me costó dormirme, pero durante las pocas horas que dormí, soñé que follaba con Guille desesperadamente. Me lo pasé tan bien, que me lo tomé como un buen augurio. Y así fue cómo, tras volver de la sesión a casa a las tres de la mañana, me acosté con la misma sonrisa de oreja a oreja que con la que me levanté.

Pic-nic, velas, ¡ACCIÓN!

Maquillaje…

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Preparación de los Flashes (que lleva su tiempo, ¡contad con él!)

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Enfoque…

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Y con un poco de imaginación, sentimiento y sensibilidad, puede salir cositas tan preciosas como esta:

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¡O esta otra! Pero ojo con esta foto, porque está hecha sólo y exclusivamente con luz de luna, ¡10 segundos de exposición! Es una auténtica pasada, si llego a saber que salían tan bien con luz de luna, habría hecho más fotos sólo con la luz del satélite ¿Cómo conseguimos que Ruth pareciera un fantasmita? Pues nosotros no nos movimos, pero ella estuvo 5 segundos en la foto y los otros cinco, se salió.

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Cuando trabajas con gente que sabe lo que hace, cuando hay talento y profesionalidad, todo va sobre ruedas, te sientes cómodo y te ríes mientras trabajas. De verdad que no puedo parar de señalar lo afortunada que soy, ¿cuántos de vosotros os reís trabajando?

Diana no paró de trabajar, mientras unos posaban, maquillaba a los otros. Ruth, como buena muñequita, sufría pisando descalza las piedrecitas del camino (no por ello iba yo a tener piedad :P) y Yeray, siempre muy serio, muy guapo, con esos rasgos medio árabes medio asiáticos que tiene y dando lo mejor de sí, posaba sin rechistar.

Tuve la enorme suerte de contar con la Nikon 600D de Eduardo y con ella hicimos una fotos de altísima calidad, sin nada de ruido. Son unas fotos tan enormes, que colapsaban mi Photoshop. Sí: mi cámara es una patata, mi ordenador también, pero la fotografía es un arte carísimo y una tiene los recursos que tiene.

¿Recomendaciones que a lo mejor obviamos para realizar una sesión nocturna?

a) Una buena cámara. Sí, lo siento, chicos, pero si queréis posar 10 segundos a la luz de la luna y que la foto salga estupenda, se necesita una cámara de más de 2000 euros. Imaginad, yo estaba calculando un posado de 11 minutos con mi Pentax k-x…

b) ¡Velas! Os parecerá una tontería, pero llevaos velas y una linterna, que luego para iluminar vuestras cosas, el equipo o para echarle un cable a la maquilladora mientras trabaja, son imprescindibles.

c) Una lucecita como la de la pantalla de un móvil para que la cámara enfoque antes de que salten los flashes.

d) Seguridad. Os parecerá mentira, pero mientras estáis en la oscuridad, puede haber muchos voyeurs o ladrones, vuestro equipo es muy caro y eso es muy goloso. Yo llevaba a Milka y Menta y al que se acercaba lo echaban a ladrido pelao, pero para quien no tenga perros ladradores, os aconsejo que pongáis todas las cosas en el centro, nunca junto a un árbol/matorral/zona espesa. Justamente aprovechando esto los otros se acercan. Si colocáis todas las cosas apiñaditas en un claro y en el centro, al menos el voyeur o ladronzuelo tendrá que reunir el coraje de exponerse.

e) Es importante que llevéis lo imprescindible y lo tengáis todo localizado. Mirad bien dónde dejáis las cosas, porque yo estuve apunto de perder las gafas y Menta perdió su collar negro en medio de la oscuridad y no pudimos recuperarlo. Mirad dónde dejáis la ropa, el pintalabios, el flash de mano, la base del trípode, etc. Os ahorraréis disgustos.

Por último, quiero dar las gracias a todo el equipo, para mí ha sido una experiencia increíble. Poco a poco voy empezando a trabajar con más personas en mis fotos y, aunque soy muy fan de irme por ahí con Guille y mis perritas a pasármelo bien mientras vivo en mi mundo y genero otros, hay que reconocer que los resultados con más personas especializadas son interesantísimos. Todo esto me hace crecer como artista, como profesional y como persona. Cuidad muy bien a los que trabajan de buen rollo en vuestros proyectos, porque este tipo de personas son puro aliento y han colaborado con vosotros desinteresamente. No todo el mundo está dispuesto a volcarse de manera tan bonita en un proyecto de intercambio.

Para terminar (no podía faltar), dejo una foto de mis perritas en su mayor diversión de la noche: los aspersores. Se la hizo Eduardo y cada vez que veo esta foto, sonrío. De verdad que los perros son de los seres más divertidos que conozco. Siempre que puedo, me llevo a Milka y a Menta a mis sesiones.

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Por cierto, qué menos que acabar este post con la GRAN protagonista la noche, esa luna llena de agosto, la más brillante del año. Creo que fuimos muchos los que pusimos nuestros ojos en ella esa noche. En realidad, imaginad que es un espejo, que lo mismo que refleja la luz del sol, reflejan los ojos de quieren pusimos esa noche la vista en el cielo. Habríamos fotografiado millones de miradas, millones de anhelos, millones de sueños.

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Lo que aún no existe

“En tus ojos puedo ver
ciervos azules copulando”.
Neorrabioso

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Guille duerme muy poco, así que cuando empecé a construir el nido, no le desperté. Era por la tarde y aquel montón de ramas de encina me estaba llamado. No está bien descubrir cuáles son nuestras fuentes, pero creo que tenía en el subconsciente el nido para niños que hizo Eugenio Recuenco en el Video clip de Rammstein, Mein Herz Brennt.

La idea de un nido humano va muy enlazada a varios aspectos. Para empezar, ¿a qué solemos asociar el vuelo de los pájaros? Creo que muchos pensamos en la libertad. Siempre con la idea de libertad en la cabeza, que va asociada a cualquier fotografía en cuya inspiración están presentes los pájaros, quise representar la idea de lo que aún no existe, en lo que se está gestando, en lo que espera latente, mientras toma forma, para erigirse futuramente en vida. Cuando no tenía pareja o estaba sufriendo con una (que era la norma), siempre me preguntaba qué estaría haciendo aquella persona de la que me enamoraría años después y que me traería la paz definitiva, el equilibrio emocional perfecto. Esto no debe de ser así, pero siempre tendemos a pensar que, frente a nuestros males, debe de haber un karma que nos hará justicia. Y yo estaba esperando esa justicia amorosa que supuestamente tanto nos merecemos todos. Yo tuve suerte, pero no nos engañemos, la vida sigue su curso, impune, indiferente a lo que nos merezcamos o nos dejemos de merecer.

Con esta foto quiero representar ese limbo, ese estado latente de semiexistencia en la que estamos esperando en una placenta, dentro del vientre de una madre que nos protege, que nos reserva para lanzarnos a la acción en el momento más oportuno… o inoportuno.

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Supongo que el día que decidí salir a la calle a vender mis fotos a Fuencarral empezaron las contracciones y que cuando un chico en bici plegable, rapado, de intensos ojos azules y de constitución atlética, se paró a comprarme dos fotos y me pagó el doble por la gasolina que se ahorraba, el grito del niño estalló en todo su esplendor, los pulmones se llenaron de aire y ambos empezamos a respirar como dos niños perdidos y furiosos… porque no sé si os lo he dicho antes, pero Guille y yo somos siameses de mente, ¿qué si no, me ligaba a esa bestia dormida?

Esta foto representa un sueño del pasado, lo que todavía no existía mientras escribo estas palabras. De hecho, mientras me destrozaba las manos entrelazando ramas, tampoco Guille existía, también Guille estaba soñando.

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Guillermo es un chico con barba, de constitución atlética aunque no la trabaje mucho y prefiera leer un libro, jugar en el ordenador a Eve o pintar miniaturas de plomo, sus ejércitos del Caos o hacer dibujos igual de pequeños que sus figuritas. A veces tengo la impresión de que es un niño. Así pues, a pesar de que la foto estaba planeada desde hacía un día, a pesar de que sabía que le tocaba posar, pataleó, se quejó de que las hojas de encina pinchaban, de que no quería posar desnudo, de que dentro del plástico hacía calor. Me instó a que hiciera la foto rápido, pero a la vez que tuviera cuidado y que no me cayera de las escaleras.

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Luché con todas mis fuerzas para no perder el equilibrio a causa del vértigo, ¿alguna vez habéis trabajado desde lo alto de unas escaleras? Desde el último peldaño, el más amplio. Desde ahí, sin mirar por el visor, luché encarecidamente por encuadrar mientras alzaba la cámara cual Rafiki al pequeño Simba.

-“¿Quieres Coca-cola?”.

– “No, pásame mi ropa”.

– “Vale, ¿pero quieres beber algo? Estás completamente sudado”.

– “No, pásame mi ropa”.

Y así fue como el niño Guille se vistió y jugó a encerrar dentro del nido a las perritas y a hacerse fotos con ellas.

A veces pienso lo que nos duele unirnos a la naturaleza. Desde que poso o hago posar a los demás para mis fotos, nos hemos cortado, pinchado y arañado con ramas, hemos pisado caminos de piedras grandes y pequeñas, nos hemos tirado a aguas fecales, a aguas estancadas, nos hemos tumbado entre espinos, nos hemos rebozado en barro, hemos estampado nuestro rostro en la arena y las olas del mar… Quizá es un recuerdo doloroso del mundo al que pertencemos y vivimos, del mundo que necesitamos y del cual a la vez necesitamos protegernos.

Mis pequeños universos se desarrollan fuera del escudo humano que tantos siglos nos ha costado forjar, es un retorno a lo más primitivo. Quién sabe, tal vez a una placenta en el vientre azul de nuestra redonda y enorme madre. Como diría mi buen amigo y admirado poeta Batania, esa pelota…

“(…)
que sigue rodando
azul
hacia el despeñadero
mientras el director de la escuela
se asoma a la ventana y piensa,
melancólico,
que los niños ya no tienen
ganas de jugar”.

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