Pájaro de fuego

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Soy muy reacia a trabajar con modelos (a esto le dedicaré un post más adelante), pero lo cierto es que la sesíón de Caroline Bouchet fue preciosa, muy agradable. Y es de agradecer cuando el equipo te pone las cosas tan fáciles, que puedes decir que han encajado como un puzzle en tu universo.

Por una tarde, esta preciosa francesa de ojos azules, interpretó mi Pájaro de fuego, un personaje con mucha fuerza, un águila en llamas en potencia. Me la imaginé con un maquillaje alegre, casi parecido a las plumas, y tuve el placer de conocer a Azucena Vitorio. No conozco el mundo de las maquilladoras en Sevilla, pero fui a dar, gracias a su sobrino Ramsés, con una persona muy recomendable.

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Nos plantamos en casa de Caroline y la estuvimos aderezando durante una hora y media, preguntándonos cuál sería el paraje idóneo para realizar la sesión. Al final nos montamos en el coche yo, los padres, la modelo, la maquilladora y el chico de la modelo y carretera y manta que nos fuimos a buscar un terreno grande, de horizontes amplios.

Me brillaron los ojos cuando vi un incendio desde la carretera, en la parte de atrás de una colina. No os lo toméis a mal, el fuego estaba controlado y era de rastrojos y a contraluz, con el sol poniéndose, era un auténtico espectáculo, ¿Por qué no hice la sesión con el fuego de fondo? Pues porque me hacía unos contraluces muy difíciles de manejar que me oscurecían casi por completo a la modelo. Me dio una rabia increíble, ¿qué elemento más idóneo que un incendio para mi pájaro ardiente?

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Creo que estuvimos maltratando a la víct…digo a la modelo durante tres cuartos de hora. La hice andar y pegar saltos descalza por aquel campo de trigo segado y no protestó en ningún momento. Hay modelos que no me las merezco. También siento un profundo agradecimiento hacia Adrián, su chico, que fue el perfecto ayudante. Estuvo todo el tiempo atento a la modelo y captaba a la perfección cualquier sugerencia que yo le pidiera.

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¿Dificultades? Pues más que nada, económicas. Llevábamos una tela de 10 metros (que al viento hacía efecto paracaídas y te podías ir con ella) y porque estaba en Sevilla, pero comprar tantos metros de tela es muy caro. En Madrid lo es más, pero en Sevilla hay una tienda de telas en el polígono PISA donde pude comprar esta tela roja a 2’50 € el metro, que no está nada mal. La tela roja de “Minerales de sangre” sólo eran cuatro metros y resultó mucho más cara. Por otro lado, yo no conduzco y para el desplazamiento a veces dependo de los demás. En ese aspecto los padres de Caroline se portaron fenomenal y puedo decir que, sin tenerlo planeado en un principio, se convirtieron en una parte imprescindible del equipo.

No me puedo quejar, llevaba mucho tiempo queriendo hacer esta sesión y se me presenta esta pelirroja como caida del cielo… creo que es allí arriba donde se suelen sentir a gusto los pájaros.

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Two years together

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Me he propuesto todos los años hacer una foto para celebrar que el amor dura. Hace nada estuve hablando con mi buena amiga Paz Ayuso sobre el sentido de los rituales humanos. Y es que a veces es importante celebrar los eventos más bellos de la vida, ya sea de manera pagana o sacra. Me refiero a estar muy contentos por ser felices en pareja, a estar radiantes por la creación y venida de un hijo al mundo, a consentirnos un momento de alegría por haber sobrevivido un año más a la vida, que no siempre nos lo pone fácil. Los cambios y lo más bonito hay que celebrarlo y cada uno puede hacerlo como socialmente se propone o salirse del camino preestablecido y hacer algo que le haga feliz.

 A mí me hace feliz hacer fotos, así que al cumplir dos años junto a mi Guille, salí a hacer con él y mis perritas una foto.

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Decidimos buscar un arroyo de aguas limpias, cristalinas y poco profundas. Tenemos la suerte de vivir en Madrid y de tener a menos de una hora en coche la sierra, que es una auténtica maravilla. Nos situamos en el arroyo de Majadilla, muy cerca de La Pedriza o el Real del Manzanares. Si os interesa este tipo de enclaves, por la zona hay varios arroyos para hacer fotos, divertirse y relajarse. Ahora bien, hay que madrugar, porque la entrada de vehículos es limitada.

 Allí nos plantamos a las nueve y media de la mañana, con dos sillas y nuestro humilde equipo. Las sillas se caían a trozos, pero nos las estábamos reservando para maltratarlas un poco en alguna fotografía. Tenéis que ver a todos con botas de senderismo, bien equipados o simplemente domingueros con nevera, tuppers, bañadores y toallas y a nosotros con dos sillas roías y yo con un vestidito y unas sandalias muy monas. Cada loco con su tema, oiga…

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Primero me metí yo para buscar el paisaje más bonito y el terreno más estable para colocar las sillas. Me arrastré con mis legendarias bambas de Camper (anda que no han sufrido…) entre las enormes piedras y cantos rodados y encontré dos enclaves poco profundos y nos pusimos manos a la obra. Plantamos el trípode en medio del arroyo con mi Pentax k-x (porque yo lo valgo y porque llevo la temeridad en la sangre) y por qué negarlo, ese trípode de 15 euros se portó de p. madre. Ni un susto nos pegó, se mantuvo firme y quietecito durante toda la sesión, lo pusiéramos donde lo pusiéramos.

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El agua estaba bastante fría, pero yo por una foto me meto donde haga falta, los que me conocen bien lo saben. Al final me acostumbré y en tres horas no puse un pie fuera. Guille hizo un esfuerzo supremo, porque tiene un poco alma de gato y le tiene manía al agua. Menos mal que el enclave era una preciosidad, estaba todo limpio y hacía calorcete. Las condiciones fueron muy agradables.

 ¿La única pega durante la sesión? Que mis perras tienen la increíble capacidad para hacer suyo el territorio en el que están más de un cuarto de hora, por lo que cualquiera que aparece por ahí es EL ENEMIGO. Y se ponen a ladrar como los locos: a personas, a perros, ¡y a vacas! De vez en cuando pasaba alguna que otra y la liaban pardísima. Son el mal y el crimen con pelo. Ahora bien, lo que nos pudimos reír con ambas bañándose no está escrito. Jamás las había visto nadar como ayer, se lo pasaron bomba. Para los amigos perreros, os recomendamos el lugar encarecidamente.

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Por último, quisiera añadir un momento mágico. Ahora es temporada de libélulas y resulta que se encariñó conmigo una azul metalizado que era una auténtica maravilla. Nunca me había pasado nada igual con un insecto: primero se posaba muy cerquita, luego en mi vestido y finalmente en mi brazo, en mi hombro, en mi dedo, en mi cara… y porque nos fuimos, porque si no ahí se quedaba. Era una libélula hermosa, coqueta y amiga. Por mucho que nos acercábamos con la cámara no se espantaba, parecía de cuento.

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